Haiki
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El eneatipo 8, la lujuria.

Hay un eneatipo que no está ni el pasado ni el futuro; se maneja a la perfección en el presente. Eso que, en principio, podría parecer algo maravilloso, también tiene sus problemas. Como casi todo en la vida, cuando se lleva al extremo, no funciona. Y el problema es que los temidos ochos viven en un “aquí y ahora” continuo sin tener demasiado presente a los demás; es decir, satisfacen sus deseos por encima de todo y todos. 

Si quieres saber más sobre ellos, ¡este post te va a gustar!

Nota importante 1: Todo lo que leerás en este post está basado en nuestro aprendizaje leyendo los libros de Claudio Naranjo y asistiendo a los SATs. 
Para profundizar en el Eneagrama siempre recomendamos hacer la formación del SAT.
Nota importante 2:Lo que leerás a continuación es la descripción del eneatipo en un estado de neurosis avanzado. Lo normal es que nadie tenga todas estas sombras a tope y te puedas identificar de manera gradual con lo que aquí te contamos.

1 Características generales del eneatipo ocho

1.1 Rasgos de personalidad del eneatipo ocho.

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El ocho está en la antítesis del miedo

Comparte triada de la acción con el nueve y con el uno. 

Mientras los nueves pueden estar en un hacer mecánico, los ochos siempre están en un hacer dirigido a satisfacer sus impulsos. El nueve se desliga de lo que necesita y el ocho sólo hace por satisfacer estas necesidades básicas.

Al eneatipo ocho normalmente lo presentan como el «jefe» y no se incide tanto en la parte antisocial y destructiva que tiene, realmente, este eneatipo. Por ello, mucha gente erróneamente se ubica en un principio por aquí, cuando en realidad son doses, cuatro sexuales o seis contrafóbico. NO hay tantos ochos como se piensa. No es lo mismo verse en las cualidades de un «jefe» que reconocer la pasión por la «Lujuria».  Es una intensidad máxima en la satisfacción de sus propias necesidades.

A partir de aquí, leerás una descripción del eneatipo ocho que pudiera parecer muy negativa. Eso no es así, el ocho es un eneatipo igual de “bueno” y de “malo” que el resto. Lo que ocurre es que es más extremo y escandaloso. Desde ahí, puede parecer el eneatipo más “chungo”, pero esperamos que quede claro que no es así.

Sienten una atracción especial por el riesgo, la intensidad y la agresividad llevada al límite. Además, es el que contacta con la rabia y es capaz de expresarla incluso con violencia. Esto no es exclusivo de ellos, recordemos que la Santa Inquisición, plagada de unos, no podía ser más violenta.

Busca el placer desde su propia insensibilidad. Es todo muy básico y mundano. No hay lugar para lo delicado y pausado. Su neurosis les lleva a no ver al otro y a tener la fijación de la venganza.  El concepto de justicia, su justicia, también puede entrar en juego, pero, por desgracia, sobre todo para ajustar cuentas pendientes. El perdón no entra en su vocabulario. Desde ahí, puede tener un punto sádico.

A su vez, la agresividad en sí misma, puede ser algo muy necesario y que a otros eneatipos, como por ejemplo algunos treses, les cuesta muchísimo contactar con ella.

El ocho va por la vida como si todo fuera posible para ellos. Junto al tres, dos y siete es un carácter eminentemente narcisista. No tienen en cuenta al otro y pasan a la acción en un pis pas. Esta reacción tan rápida les hace estar al borde del precipicio de manera constante. Es como un resorte que se acciona sin dejar espacio a la reflexión. De hecho, cuando sí ven al otro, es para verlo como una posesión y alguien a quien proteger. Así  como el dos hace algo parecido al ver en el otro alguien a quien ayudar para que luego le devuelva el favor, el ocho ve alguien a quien defender. Pero tiene que ser de los suyos y lo defenderá a su manera, más allá de si es la más conveniente o no.

La empatía no es su mejor virtud. Mientras que los cuatros son un eneatipo de gran emocionalidad, los ochos se encuentran en el extremo opuesto y son, en un principio, los más insensibles del eneagrama.  Muchas veces, hablas con ellos y se van en medio de la conversación. Si por lo que sea el tema ha dejado de interesarles, se las piran y listo. No guardarán las formas y son indomables.  Los verás manejándose a sus anchas en la ley de la selva y su instinto de supervivencia les hará resistir situaciones límites.

Tienen tendencia a la omnipotencia. Pueden resultar un tanto chulescos. Desde ahí, se creen los reyes del mambo. Sin embargo, esta superioridad lo único que hace es alejar a sus seres queridos. En un eneatipo con mucho contacto con su parte animal, que huye de ser domesticado y ve “la educación” como una manera de prostituir su autenticidad. Por aquí, se diferencian de sus compañeros de tríada, los unos, y se colocan en la antítesis de la corrección del eneatipo tres. Los treses pueden llegar a ser bastante hipócritas, mientras que los ochos fardan de su honestidad radical.

Como decimos su, pasión es la lujuria. Lujuria no sólo sexual, que también. Tienen tendencia al exceso descontrolado y se mueven como nadie en las situaciones límite. Se podría decir que, incluso pueden ser todavía más orgullosos que los doses (lo cual es bien difícil), y se les identifica con la soberbia y prepotencia.


Lemmy, el cantante de Motorhead, podría ser un buen ocho.

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El problema de sus excesos es que cuando se juega tantas veces con fuego, tarde o temprano, se terminan quemando y los ochos se han quemado varias veces. Pero es un eneatipo que se identifica con la fuerza; así que, termina resurgiendo de sus cenizas.

Son gente muy dura y curtida en mil batallas. No muestran su dolor y tampoco piedad.

De hecho, más que de fuerza podríamos hablar de potencia que es la fuerza en función de la rapidez. Son gente superrápida; para cuando tú vas, ellos ya han vuelto. Vamos… que se las saben todas.

En este sentido, Gonzalo Morán, apunta

“(…) Los Ocho rechazan todas las emociones que consideran «débiles»: tristeza, miedo, depresión, vergüenza, remordimientos, ternura, carencias, anhelos, etc. y parecieran ser insensibles al sufrimiento, gracias a su Mecanismo de Defensa de la Negación. Un buen ejemplo de esto es una historieta en donde muestran a un Mexicano apuñalado (México es un país con fuertes características Ocho) y un amigo le pregunta: «¿¿Te duele Manito???» a lo cual el susodicho responde: «Nah, …Solo cuando me río…».

Para un Ocho la rudeza es fuerza, la falta de consideración por los demás es honestidad y la persecución insensible de sus objetivos es «supervivencia». Es como si se dijeran a sí mismos : «Si al menos no me AMAN, me TEMERÁN»”

(ver post)

Como bien dice Gonzalo Morán, uno de sus mecanismos de defensa es la negación. Negación de su propia delicadeza y del propio dolor (tanto físico como emocional).

Pueden ser muy violentos y tienen un punto sádico. Castigarán sin miramientos a quien ellos crean que se lo merece. Con la autoridad tienen un “quilombo” permanente.

Junto a los doses sexuales son los “chicos malos” del eneagrama. De hecho, en su estado más grotesco, dejarán el papel de chico malo para el dos y ellos se apropiarán el de “macho alfa”.

Y más allá de la ayuda (en el fondo interesada) de los doses, el ocho no ayuda, el ocho salva.

Harán cualquier cosa antes de mostrarse débiles.

Van por la vida en modo desafiante y pueden ser muy vengativos.

Con un ocho mejor no meterse, sus respuestas suelen ser desproporcionadas.

Recordamos a una compañera satera ocho, contando las “maldades” que le hizo a un exnovio que la había traicionado y se te ponían los pelos de punta. 

El término medio no va con ellos: o blanco o negro, o estás conmigo o estás contra mí.

Es el eneatipo que mejor conecta con la rabia; ellos no tienen problema para sacarla y, al igual que los cuatro sexuales, podrán decapitar a quien se interponga en su camino.

Tienen una dirección clara y van a cumplir su objetivo sin ningún remilgo. Suelen tener una vida muy intensa; son adictos a las emociones fuertes y por donde pasan no vuelve a crecer la hierba.

Han podido vivir mil peripecias. Un año en la vida de un ocho es como una vida de intensidad de otro eneatipo.

Se dice que son buenos líderes, pero para que ello, tienen que estar muy muy centrados y lo normal, como en todos los eneatipos, es que el ocho esté a lo suyo.

Si realmente hay un despertar de la consciencia,  es cierto que todo lo que hemos explicado se rebaja en gran medida y, entonces, y sólo entonces, el ocho puede relacionarse con otra gente.

Siempre será muy categórico y vehemente, pero su nivel de violencia habrá remitido. Aún así, habrá eneatipos, como el cinco o el seis, que no quieran saber nada de ellos.

Su apariencia siempre será fiera y tendrán un punto salvaje. Tienen puesta una coraza, real y metafórica, que les permite resistir los golpes más fuertes.

Contactan con facilidad con su instinto y con sus deseos. En lenguaje naranjiano, como veremos en el apartado del amor, son propensos a lo dionisíaco.

Esto que, por ejemplo, para un seis sería algo fantástico para ellos es un problema. Al no tener medida de las cosas, lo llevan todo al extremo y no paran hasta satisfacer estos deseos. Lo malo es que su nivel de insatisfacción también es elevado; por lo que, en el fondo, no terminan nunca de sentirse satisfechos.  No es complicado que, desde ahí, puedan ser presa de más de una adicción.

Tienden a la soledad y muchas veces es una soledad impuesta desde fuera. En el grupo, muchas veces, son percibidos como gente molesta, personas que se saltan las normas, gente que hace frente a la autoridad y que no se cortará en decirle al rey que va desnudo.

No son moralistas como los unos, tienen sus propias reglas y pueden tener valores claros; pero, son los suyos y son extremos. 

Si fueran un estilo musical, serían hardcore. Los cuatros sexuales podrían ser los más punkis, pero ellos serían los que terminarían arrasando con todo. En palabras de Ichazo, “la fijación del ocho es la venganza”. No hablamos de la típica venganza que se sirve en plato frío. La venganza del ocho es en caliente y, muchas veces, desmedida. Si pueden humillar al otro, lo harán sin despeinarse.

Como bien dice Claudio Naranjo

“(…) El fenómeno sádico de disfrutar con la frustración o humillación de los demás puede considerarse como una transformación de tener que vivir con la de uno mismo (como un subproducto del triunfo vengativo), igual que la excitación de la ansiedad, los gustos fuertes y las experiencias recias representan una transformación del dolor en el proceso de endurecerse uno mismo ante la vida. (…) Es fácil apreciar cómo la dominación y la agresividad están al servicio de la lujuria: particularmente en un mundo que espera la contención del individuo, sólo el poder y la capacidad de luchar por los propios deseos puede permitir al individuo dar rienda suelta a su pasión de expresar el impulso. La dominación y la hostilidad están al servicio de la venganza, como si el individuo hubiera decidido en los primeros años de su vida que no vale la pena ser débil, adaptable o seductor, y se ha orientado hacia el poder en un intento de tomarse la justicia por su mano”.

Son gente desordenada y que tiende a perder el control (antítesis del tres).

De partida, no se fijará demasiado en el otro y tampoco empleará mucho tiempo en juzgarle; eso sí, si lo hace, será contundente y letal. Son pasión en estado puro.

Les cuesta ver que ellos, tan auténticos, también tienen su sombra y, por lo tanto, tienen complicado comenzar el camino hacia la luz. 

Están siempre en la batalla continúa y esta lucha, muchas veces, no es con el enemigo real del presente; están luchando con sus fantasmas del pasado. Les cuesta mucho estar en paz. No dan nunca su brazo a torcer.

Si sufren abandono o traición, que nadie espere el perdón del ocho.

Si están más neuróticos de lo habitual, serán gente antisocial y peligrosa.

No serán cuidados con el lenguaje, ni intentarán ver lo positivo de cada situación. Ellos no filtran, no dulcifican nada; según les viene lo vomitan al mundo.

También, curiosamente, se pueden parecer, en las formas, al seis contrafóbico. La diferencia es que el seis sexual entra en acción cuando siente el miedo, y el ocho no siente el miedo. Entra en acción desde el instinto y el deseo. Quiere algo y va a por ello.

Tienen un punto primitivo y tosco y, a la vez, pueden estar en contacto con un mundo ancestral que el resto de eneatipos ni huelen.

Algunos doses (sobre todo sexuales) pueden asemejarse a los ochos incluso físicamente. 

Si fuera un animal podría ser un gallo de pelea o  el rinoceronte negro. Este último es un animal de aspecto poderoso con el que no dan ganas de hacer bromas

Como sucede con el rinoceronte negro, hay más bien pocos ochos. En el caso, del rinoceronte negro, además, está en riesgo de extinción. Esperamos que no ocurra lo mismo con los ochos ;-)

Las crías de estos bichos nacen pesando 40 kilos y a los pocos días pueden hacer vida casi de adulto. Todo esto, como veremos, también los empareja con la infancia de los niños ochos.

De partida, les costará contactar con sus sentimientos y mucho más mostrarlos. No es que no sientan, sienten; pero, miran para otro lado y se dejan llevar por lo instintivo.

Pueden entrar en la lujuria más extrema. 

Son adictos a la adrenalina. Cuando otro eneatipo está viviendo emociones fuertes, el ocho todavía está esperando a que empiece la fiesta.

Su nivel de intensidad medio es muy superior al de los demás, por lo cual, la cotidianidad con ellos es complicada. Hasta que no entienden que abruman y son capaces de bajar un marcha el mundo les resulta esquivo.

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El enetipo OCHO en el amor y sexo

En el amor van a tope y, como vamos diciendo, la lujuria está muy presente en sus vidas.

Eso sí, pueden confundir amor con deseo y deseo con posesión. En cualquier caso, para ellos es un tema crucial.

Lo que para la mayoría de eneatipos puede ser un tabú sexual, para ellos puede ser el pan nuestro de cada día. Pueden tener tendencia a lo morboso y problemas con la pornografía.

También conviene recordar que el origen etimológico de la palabra lujuria no es sexual. Lujuria viene de lujo y tenía que ver con todo tipo de excesos. Y los ochos si algo son es excesivos. Si va a haber sexo lo habrá a toneladas y follarán como panteras. 

La suavidad y los preliminares, en principio, tenderán a saltársela. 

Así que, cuando conectan con alguien que está en la misma onda que ellos, las cosas fluirán (por lo menos por un tiempo); pero, cuando no es así, habrá un gran encontronazo y puede pasar cualquier cosa.

En estado patológico pueden entrar con facilidad en el mundo de las perversiones.

Está claro que cuando la lujuria aparece sin control, puede ser un problema. Pero, podríamos decir que, para algunos eneatipos, en esta sociedad tan castradora que hemos construido, poner un punto de lujuria en sus vidas podría tener su gracia.

Si alguien tiene intención de controlar a un ocho, será poco menos que intentar poner puertas al campo. El ocho luchará a muerte por lo que él entiende que es su libertad. Y si de paso aparece el riesgo, mejor que mejor.

El eneatipo OCHO en el trabajo

En el trabajo pueden pasar del extremo de ir a su bola a, en el caso de estar medianamente centrados, ser los jefazos del invento.

En este caso depende de su nivel de conciencia porque puede evolucionar de no ser capaz de organizarse a sí mismo a poder organizar a mucha gente. Por desgracia, incluso estando en su peor estado, muchas veces son capaces de ocupar puestos de poder.

En cualquier caso, de partida, son anárquicos y les cuesta seguir normas; así que no será fácil integrarlos en un equipo de trabajo.

Eso sí, como decimos, si ya van teniendo más recorrido interior, pueden ser buenos líderes de organizaciones en las que, sí habrá normas, pero serán las suyas.

Tiene tendencia al poder. Si se pone a montar empresas, puede montar muchas y muy grandes. Les irá bien o mal, eso no es tan importante como el hecho de poder volcar por aquí su intensidad. Para él, a diferencia de un tres social, mostrar su poder no es importante; con que lo sienta él es suficiente.

El eneatipo OCHO en la alimentación

La tendencia al exceso la llevarán a todos los terrenos de su vida. Si pensamos en su alimentación, como es de esperar, será abundante y desordenada. Pueden ser tremendos carnívoros y no atender demasiado a que los alimentos sean saludables.

Lo importante es la cantidad y engullen más que mastican. 

Eso de “un poco de cada cosa”, para ellos está bien, pero como aperitivo. Luego “me pones un mucho de cada cosa”. 

Y desde ahí, desde el exceso, se encontrarán, curiosamente, vacíos. Siempre tendrán ganas de más.

El eneatipo 8 frente al mundo.

Esta es una sección que desarrollamos en nuestro curso del Eneagrama de las relaciones. Si quieres saber más puedes echar un ojo por aquí.

Y si quieres un ejemplo de cómo lo hacemos, te puedes ir al eneatipo 2 (ver aquí) y ahí vas a encontrar un vídeo que te puede gustar mucho.

Testimonio del eneatipo OCHO.

«Mi infancia fue una caos absoluto. Era hijo sólo y siempre estábamos cambiando de país. Mi padre era diplomático y cada dos o tres años nos mudábamos. Nunca sentí que tenía raíces. Mis recuerdos en los múltiples colegios en los que estuve están marcados por las peleas. Yo era bastante grande y no tenía miedo al enfrentamiento. Al ser el nuevo siempre había algún niño que me buscaba la boca y yo respondía de manera desproporcionada. Llegué a golpear a un profesor que me gritaba constantemente. En casa siempre estaba solo y enfadado. Mis padres me dejaban con las curadoras y no se preocupaban demasiado de mí. Se separaron cuando tenía 12 años y quedé con mi madre por unos años. En la adolescencia no hubo forma de controlarme. Todo exceso me parecía poco. Tuve varias novias a la vez y más de una vez tuve comportamientos violentos con ellas. Me recuerdo muy muy machista. En el Instituto las cosas no iban bien. Repetí dos cursos y no era capaz de concentrarme con nada. Se puede decir que disfrutaba mucho siendo el chico malo. Aun con todo, sentía un vacío en mi interior que no sabía cómo llenar. A los 16 años comencé a entrenar Full Contact y en un año ya estaba compitiendo y ganando casi todos los combates. Al año siguiente me puse en serio con el boxeo y encontré un entrenador que, por una vez, me supo traer a mandamiento. Entrené fuerte y por temporadas dejaba de salir para poder competir mejor. Se puede decir que me salvó la campana, porque era carne de cañón para acabar fatal con las drogas. 

Mi vida amorosa era una locura absoluta y yo enfermaba de celos o, al revés, necesitaba sexo a todas horas. Todo tipo de sexo y en cualquier condición. Era un obsesión. También, recuerdo que una novia me dejó y le destrocé el coche. No lo quemé porque me pareció excesivo, pero estuve a punto. En otra ocasión, encontré a un tipo con mi novia y le di una paliza tremenda. Ahora, lo recuerdo y se me cae el mundo encima; pero, en esos momentos, me parecía lo justo. Para mí no había otra opción. Incluso coqueteé con el mundo de la pornografía y rodé alguna película. Por suerte, rápidamente vi que no tenía la paciencia ni el aguante para estar en ese mundo y lo dejé. 

Hice varios cursos para aprender a invertir en bolsa y fui a lo bestia con todo lo que tenía. Incluso con lo que no tenía y, como era de esperar, perdí hasta la camisa. Bueno… durante un año o dos me fue bien, pero luego comencé a hacer locuras y me quedé en la ruina más absoluta.  No tenía nada. Bueno sí, deudas muchas deudas. Mi padre no me hablaba desde los 18 años. Mi madre estaba siempre enferma y empastillada hasta las trancas. Me encontraba en un abismo absoluto. Sin amigos, sin nada.  Tenía como 25 años y no veía ningún futuro.  Por esa época, comencé a trabajar de camarero, pero todo lo que ganaba me lo gastaba en la noche. Era incapaz de ahorrar nada y comenzar a pagar las deudas. Aun así, por suerte, entré de socio en una discoteca en la que se movía mucho dinero y comencé a sacar la cabeza. Tenía ya dos hijos con dos mujeres diferentes, a los que no hice ningún caso. Cuando cumplí 30 años murió mi padre y al año siguiente mi madre. Ahora sí que estaba sólo en el mundo y acudir a los dos funerales me hizo darme cuenta de toda mi mierda. Vi mi vida pasar y sentí que o daba un giro de 180 grados o me iba al garete. 

Y así fue, dejé la discoteca, dejé la mala vida y me recluí en un caserío para hacer quesos. Curiosamente, en contacto con la naturaleza, encontré una paz que jamás había podido ni soñar. Desde ahí, comencé a devorar libros de autoayuda y, por fin, llegó a mis manos el libro que lo cambiaría todo: Carácter y neurosis de Claudio Naranjo. Por fin entendí que no estaba loco o por lo menos no más loco de lo normal. Que mi personaje era así de excesivo y yo, mi yo real, había sido un títere de mi personalidad. Fue un antes y un después que me llevó a comenzar un camino de crecimiento personal que, aun hoy, considero que está empezando. Aun así ya han pasado más de 10 años y mi vida tiene otro color. Tengo gente trabajando para mí y los quesos van viento en popa. Intento no ser un mal jefe, aunque muchas veces me veo como un auténtico tirano. Lo bueno es que me rodea gente que me ya me va conociendo y me ponen límites muy claros. Los veo y los respeto. Me gustaría retomar la relación con mis hijos, pero siento que ya llego tarde y que puede ser peor aparecer ahora en sus vidas que seguir al margen. No sé, es algo que me quita mucha energía y cada día lo veo de una forma. 

Y estos son algunos capítulos de mi vida. Una vida intensa, sin límites y totalmente descontrolada. También, podría parecer una vida muy vivida; pero, yo no la veo así. Creo que, ahora, es cuando de verdad comienzo a vivir. Siento el miedo por primera vez y desde ahí, tengo algo de prudencia. Siento mis emociones y puedo expresarme desde esta vulnerabilidad. Ya no veo a la mujer como un objeto. Se puede decir que sí he dado pasos. Ahora viene lo mejor o !eso espero!!»

Fran B.O

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1.2 infancia de los ochos.

Algunos autores, hablan de ellos como los “niños supervivientes”.

Suelen haber tenido una infancia bastante ajetreada y polémica. Son niños que han podido tener progenitores violentos -quizás sólo uno de ellos- y haber crecido en una familia desestructurada. Así, han podido recibir maltrato físico de manera habitual, y han tenido que soportar muchas veces papás enfermos o, por ejemplo, alcohólicos. Conforme fueron creciendo, el adolescente ocho también ha podido plantar cara al padre y, en ocasiones, tener situaciones límite.

Muchas veces, se han hecho mayores antes de tiempo. Incluso han podido saltarse la adolescencia para pasar de niño a adulto en un abrir y cerrar de ojos.

Han podido estar en reformatorios o haber sido apartados del resto desde muy pequeños.

Con todo ello, en algún momento, han sentido que se hacía una injusticia muy grande con ellos.

Se les hizo entender desde muy pequeñitos que ellos eran malos; así que, decidieron quedarse con el papel.

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1.3 El eneatipo ocho en la bioenergética

La relación con la bioenergética, en este caso, es bastante clara, y el carácter rígido es quien mejor acoge a los ochos. De hecho, la mayoría de ellos, son rígidos fálico narcisistas. Pueden tener también un punto masoquista o psicopático, pero la herida principal será la otra. Es casi imposible que un esquizoide o un oral se puedan identificar con el eneatipo ocho.

Suelen ser cuerpos muy potentes y desafiantes

Tienen la mirada de hielo que solo cambia hacia la del odio cuando conectan con la rabia. El ocho no mira, el ocho escruta.

Tienes físicos muy resistentes, por lo que cuando su cuerpo les avisa de que algo va mal con algún pequeño toque, el ocho hace caso omiso. Muchas veces, necesitan un susto muy grande, como algo que afecte al corazón, para tomar conciencia de que igual su forma de estar en la vida no es la mejor. Desde ahí, desde la bajada de su pedestal, quizás puedan contactar con su ternura y comenzar su evolución hacia una vida más serena.

Más sobre los caracteres de la bioenergética por aquí.

Pasión (tendencia emocional):  Lujuria (sadismo) / prepotencia 
Fijación (pauta fija de pensamiento): venganza (desafiador) / Dominación / castigo
Mecanismo de defensa: Negación: idealiza la fuerza (Desensibilización) - evita la debilidad.

2 Los subtipos del eneatipo ocho

Así como en la mayoría de los eneatipos hay una gran diferencia en alguno de sus subtipos en los ochos, como también ocurre en el nueve y en el cinco esto no es tan evidente. De hecho, muchas veces, no es tan obvio ver qué subtipo es un ocho a no ser que esté en un estado neurótico máximo.

2.1 El ocho Social:

Es el que se muestra más hacia afuera de los ochos. Para no ser tan temido, dulcifica un poco su imagen, aunque no deja de ser un lobo con piel de cordero. Aun así, no deja de ser una personalidad antisocial que intenta ser social.

Si ven una injusticia (que no sea provocada por ellos), pueden aparecer en el auxilio, pero su intervención tendrá siempre un punto igualmente injustamente violento. La  pasión de la lujuria transmuta ahora en una especie de complicidad. Pero no sería una complicidad dulce y delicada; más bien sería como un pacto de sangre entre hermanos que irán a muerte si algo mal pasa. Una lealtad extrema que de tan intensa se vuelve nociva.

En el amor el social sigue con la idea de abandono, de navegar e al negación y pasar a la acción siendo una persona cínica. Pone en juego su parte áspera y espera que a alguien más también le sirva. Reprimen su parte íntima para mostrarse supuestamente poderosos. Así, confunden el amor y pasan al odio en un momento. No es un odio puntual como el de los cuatro sexuales. Es un odio constante, con todo, y del que le es muy difícil salir. La terapeuta María Elena Tinoco, recuerda de su infancia: «(…) Sentía un odio enfermizo contra mi padrastro. A la menor provocación, le dábamos unas madrizas bien fuertes. Mis hermanos eran más chicos que yo, así que les decía: «si no se los chingan, yo me los chingo a ustedes». Mis amigos eran en su mayoría varones. Amigas, solo tenía una de la escuela; las otras eran conocidas, del reventón. Mi anhelo de seguir con la escuela secundaria fue impedido por la miseria en que vivíamos; así fue que me tuve que ir a trabajar. Hacía la limpieza en un spa. Salía de casa a las cinco de la mañana y regresaba a las cinco de la tarde. No sabía qué quería, no sabía quién era, me sentía perdida en medio de una situación muy difícil en casa. Solo vivía para entregar mi salario a mamá y estar a la defensiva con mi padrastro. Mi existencia no parecía tener ningún sentido. Creo que ahí fue donde más desarrollé un desprecio muy grande por la vida misma; y al mismo tiempo reconozco que aparecía en mí también un deseo de suicidio, pero más como venganza, para que se sientan culpables otros. El deseo de matar o de que alguien se muera también era constante».*

Con todo ello, si el ocho social consigue mirar hacia adentro, y salir de esta espiral de odio e intensidad máxima, puede pasar a otra vida. Desde ahí,  le será más sencillo  emprender su camino de crecimiento personal, pudiendo llegar a ser buenos jefes. Aun así, tendrán un estilo de liderazgo muy protector e irán a muerte con los suyos. Quien se atreva a tocar a alguien de su entorno, será bueno que comience a rezar lo que sepa.

Esta energía a mucha gente le resulta atractiva y, a veces, se juntan el hambre con las ganas de comer; es decir, hay gente que necesita ser, de alguna forma, protegida y para ellos un ocho social, más allá de su centramiento o descentramiento, es alguien que les puede garantizar esta sensación de seguridad.

Tienen  tendencia a proteger especialmente a los más débiles.

Pueden acercarse a grupos con una carga ideológica fuerte  y, si les dejan, ocuparán una posición de poder.


John Wayne podría ser un buen ocho social.

2.2 El ocho Sexual:

Son los ochos más intensos y rebeldes. No una rebeldía, rollo dos, para salirse con la suya. Es una rebeldía confrontativa, de poder, de acción. Se podría decir que tienen un desapego social total.

Son provocadores y harán ostentación de su «cualidad» de salirse de la norma y de ir con todo para satisfacer sus necesidades más mundanas. Podrán sacar pecho también de su anti-intelectualidad y la parte animal entrará en juego desde el primer momento. En un momento dado, esta parte tan instintiva se puede confundir con una emocionalidad real. De hecho, no es que no sientan, sienten y además a tope, pero les puede las ganas de poseer y el instinto de conquista.

Pondrán a prueba a su gente cercana y al menor indicio de que alguien no está con ellos a muerte, lo sentirán como una traición.

La pasión de la lujuria se transmuta en La posesividad. Son los ochos que en estado de neurosis extrema son muy posesivos y la pueden liar parda en el terreno de pareja. 

Con todo ello, tienen un problema claro con los límites. Son, inconscientemente, los grandes invasores del eneagrama. Eso sí, ¡ojito con que nadie invada sus propios  limites! Si no se centran, pueden ser maltratadores.

Para ellos no hay mañana, y son muy territoriales.

Nuestra amiga satera, Leonor Cabrera, en este mismo blog, comentaba,

“(…) Mi eneatipo es un 8 sexual y lo que me hace identificarme con él es el haber intentado durante toda mi vida ser fuerte y poderosa para que no me dominen y para poder ser yo la que domine. También me hace identificarme con este eneatipo el haber buscado desde siempre la intensidad en la vida: cuando era adolescente a través de la competición como atleta, después como periodista y ahora en mi propio proceso de desarrollo personal cuando voy a un curso o cuando medito. “La vida tiene que ser intensa y tengo que exprimirla al máximo” sería una de las ideas locas que me hace identificarme con este eneatipo”.

(ver post)

2.3 El ocho conservación:

Siempre buscarán la satisfacción de sus deseos y necesidades más primarias. En este caso transmutan la pasión de la lujuria directamente en la satisfacción. Está obsesionado con su deseo y lleva muy mal la frustración de no conseguir lo que quiere.

Como buen instinto conservación, y siguiendo la idea que comentábamos de lujuria-lujo, tienden a la acumulación y al exceso en lo material. 

Como no les interesa especialmente encajar en ningún lado y su parte social está olvidada, hacen lo que les viene en gana y pasan de todo.  No mantendrán una conversación de ascensor por llenar el silencio. Para ellos está bien hablar poco, siempre y cuando puedan sacar su garras e ir a por su presa. Lo harán pasando de cero a cien en un segundo. Una vez conseguido su objetivo, volverán a su guarida. Su egoísmo es desproporcionado debido a que su instinto de conservación funciona, desde siempre, desde la pura supervivencia.

Para ellos la vida es una jungla y no sobrevive el que mejor se adapta al cambio, sino el que tiene más fuerza.

A diferencia de sus compis de triada los unos, que están obsesionados con cumplir la norma, el ocho conservación ni la conoce. No le interesa lo que se supone que hay que hacer. Él hace lo que siente y lo valida siempre. Suelen tener una extraña concepción del bien o la bondad. En palabras, del genial Juanjo Albert: «(…) lo que los ocho de conservación necesitamos entender es que, apoyándonos en nuestra idea de que la bondad y las buenas intenciones no existen, lo que hacemos es descalificar y desacreditar ante nosotros mismos y ante los demás cualquier sentimiento o persona, idea o institución que se oponga a nuestros deseos. También, descalificamos por el mero hecho de tener algo en contra de lo que ir. Cuando un E8 se acerca a la terapia, esto es algo que ya intuye. Aunque no crean demasiado en el proceso terapéutico, es desde esta intuición que se acercan a él. A partir de aquí, es necesario ir asumiendo la angustia que origina el vacío de no tener razones para ir en contra de lo que  sea. También hay que asumir que este movimiento compulsivo solo responde a la intolerancia, la frustración y a la angustia, y que, en el fondo, no es más que un deseo de venganza del que ni siquiera se sabe el porqué. Es saludable, por tanto, abrirse a la comprensión de que algo debe de estar tapando esta compulsión al ataque, puesto que no hay razones objetivas para atacar. Los ocho conservación también necesitamos abrirnos a la comprensión de que, en la realidad, hay algo más que lo puramente material y físico, y que nosotros somos algo más que un cuerpo. (…)  Los E8 conservación también necesitamos reconocer que la generosa protección al grupo — que alcanza el punto de permitir a los demás que se apoyen en nosotros— nos es más que un modo con el que aseguramos nuestro estatus y ocultamos la inseguridad. Debemos darnos cuenta de que esta generosa oferta impone la condición de que las cosas se hagan siempre a nuestra manera, y exige que los demás renuncien a una parte de sus vidas y a sus modos de hacer. Todo esto implica una obediencia a la que llamamos falsamente lealtad.»*

Como vemos, esta exigencia en el otro a que se deje proteger tiene más trampas de las que pudiera parecer.

*Extracto del libro 27 personajes en busca del ser de Claudio Naranjo.

3 ¿Cuál es el camino de sanación del ocho?

El camino de sanación del ocho pasa por el amor. Su tabla de salvación es dar y recibir amor. Contactar con su niño interno. Es un trabajo largo pero que vale la pena.

Cambiar indolencia por inocencia.

Al ocho le hace mucho bien decir: “no puedo con todo”. 

En este estado de crecimiento personal, el ocho puede resultar el más atractivo de todos los eneatipos.

La transformación de este eneatipo es la más espectacular de todos. Puede pasar del odio al amor y vivir este cambio desde la autenticidad más extrema. 

Porque incluso en estado patológico es un carácter transparente; al ocho le ves venir.

Por ello, le hace tanto bien mirar al eneatipo dos, obviar su orgullo y quedarse con su parte amorosa y tierna. Pueden aprender de ellos a ser cariñosos, cuidadosos y delicados

De los cincos pueden tomar su capacidad de observación y reflexión. Si antes de pasar a la acción son capaces de detenerse y evaluar pros y contras de lo que van a hacer, ya habrán dado un paso de gigante.

Cuando un niño está comenzando a jugar al ajedrez, uno de los ejercicios más complicados para ellos es pensar antes de coger la pieza. Su tendencia es pillar la pieza cuanto antes y pensar dónde dejarla. Les cuesta tener paciencia y contener su impulsividad. Por ello, se nos ocurre que, en el caso de que no sepan jugar, aprender ajedrez podría ser un buen ejercicio para ellos. En el caso de que sí sepan, no jugar partidas rápidas (lo más tentador y habitual) y ponerse a jugar partidas lentas.

En cualquier caso, rebajar la intensidad es clave y, aunque en un principio les parece imposible, centrarse en la meditación es fundamental para llegar a estados de quietud y calma. Desde esta nueva tranquilidad pueden sonreír al mundo y ya no necesitan intimidar a nadie para ser ellos mismos.

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El refranero de los 8:

Más chulo que un ocho.

El que quiera ser líder debe ser puente.

Donde hay patrón, no manda marinero.

Ojo por ojo, diente por diente.

A cada cerdo le llega su San Martín.

Donde las dan las toman.

El que a hierro mata, a hierro muere.

Después de la tempestad, viene la calma .

La Justicia es muy cretina, sino mata al que asesina.

Corazón cobarde no conquista damas ni ciudades.

Ordeno, y mando.

Caiga quien caiga.

Arrieros somos y en el camino nos encontraremos.

Tener más valor que el Espartero.

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Texto redactado por   Haiki

Agnieszka Stepien y Lorenzo Barnó

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2 COMMENTS
  1. Avatar
    Virginia

    Qué ha pasado con el 7???

    1. Avatar
      admin

      Está en el horno!! Los sietes son de cocción lenta. El lunes los tendremos con nosotros!!

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