Haiki
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El eneatipo 9, la pereza (de sí mismo)

Muchas veces se presenta al nueve como una persona holgazana y perezosa; lo cual, no es demasiado atinado. En palabras de Claudio Naranjo, el nueve tiene pereza, pero “pereza de sí mismo”. No se escucha y pasa su vida confluyendo con los demás.

Si te apetece conocer mejor a este eneatipo ubicado en la parte más alta del símbolo del eneagrama, ¡este post te gustará!

Nota importante 1: Todo lo que leerás en este post está basado en nuestro aprendizaje leyendo los libros de Claudio Naranjo y asistiendo a los SATs. 
Para profundizar en el Eneagrama siempre recomendamos hacer la formación del SAT.
Nota importante 2:Lo que leerás a continuación es la descripción del eneatipo en un estado de neurosis avanzado. Lo normal es que nadie tenga todas estas sombras a tope y te puedas identificar de manera gradual con lo que aquí te contamos.

1 Características generales del eneatipo Nueve

1.1 Rasgos de personalidad del eneatipo Nueve

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La palabra confluencia suele usarse en la hidrografía para concretar el momento de unión de dos o más corrientes de agua. Y este es el término más preciso para resumir lo que le ocurre a este eneatipo.  El nueve confluye y se confunde con el otro.

A diferencia de sus compañeros de tríada, los ochos, el nueve se olvida de sus verdaderas necesidades y se pasa la vida haciendo para que los demás estén bien. Y ¿cómo está él mientras tanto? El nueve ni lo sabe; no es importante cómo se encuentra. De hecho, no se para ni a sentirlo. Vive en la más absoluta desconexión de él mismo.

El nueve tiene pasión por pereza. Pereza que, en palabras de Claudio Naranjo, también podría ser una pereza de la conciencia: «Una sordera para el espíritu y de pérdida del sentido de la vida.» Este vacío existencial se llena con la confluencia con el otro.

Parece pereza, pero es una desconexión fulminante con su realidad.

Desde ahí, siente que no es adecuado ni importante para nadie. La falta de cuidados que recibió en la infancia, ese no ser visto, curiosamente, lo tradujo en un «ahora seré yo quien cuide de todos»; de todos, menos de él mismo.

Sin embargo, a pesar de no conectar con su emoción, sí puede conectar con la emoción del otro –sobre todo con el sufrimiento- y ser una persona con mucha empatía. El problema viene de que, generalmente, resulta demasiado empática y termina sufriendo por el otro entrando en la misma vibración que su interlocutor. Al perder esta distancia, la confluencia nuevamente se hace notar y se pierde de sí mismo. Desde aquí, las necesidades ajenas siempre será más importantes que las propias. Si esta hiper-empatía va a más podríamos hablar del trastorno de un de personalidad. En cualquier caso, sin llegar a estos extremos lo importante en el eneatipo nueve es que esté atento a estas situaciones  e intente buscar un término medio que le permita empatizar con el otro, pero sin olvidarse de sí. La empatía, como bien sabemos, es una cualidad muy necesaria y no a todos los eneatipos les sale de manera espontánea.

En contraposición con los ochos, la descripción que vendrá a continuación pudiera indicar que los nueves no son un eneatipo que tiene demasiados problemas. Casi, casi, pareciera que está medio sano; pero bien sabemos que todos los eneatipos tienen (o pueden tener) el mismo grado de neurosis. El camino de crecimiento personal es para todos el mismo. Cada eneatipo dista del centro del símbolo del eneagrama la misma distancia y, por lo tanto, todos ellos tienen el mismo tamaño de sombra.

En cualquier caso, es el número central de triada de la acción y, de partida, es un eneatipo visceral. De hecho, en un momento dado, puede ser el de más acción de todos los eneatipos.  Eso sí, mientras el ocho satisface sus necesidades, el nueve no la huele y mientras el uno contacta con su agresividad y va a por lo que quiere, el nueve no se lo permite.

De hecho, es como si el uno estuviera en contacto permanente con la rabia (otra cosa es que la muestre) y el nueve sólo contactase con ella cuando explota de tanto aguantar. 

Tienen una forma de ser que cae bien. Son amables y afables, no crean problemas, no son narcisistas y, de hecho, se podría decir que cuadran bien con el prototipo de bonachón.  Con ello garantiza que el otro no le agredirá y, si es posible, entrará en vinculo con él. Vinculo que, como decimos, tiene un problema de límites. Es como cuando el niño hasta los 12 meses «piensa» que es la madre misma. Igual ocurre con los nueves, se olvidan tanto de sí, que piensan que el otro y ellos es una misma cosa. Y si esto es cierto (para ellos lo es), no habrá peligro de ser abandonados.

A su vez, aunque no es cosa sencilla, el nueve tiene el poder de transmutar esta apatía por él mismo y convertirse en una persona centrada que será insuperable en la mediación de cualquier conflicto.

Pero mientras llega a este estado, el nueve suele vagabundear por la vida, intentando no ser visto (y, normalmente, consiguiéndolo).  Aunque en general es gente voluminosa, muchas veces, tienen la capacidad de no llamar la atención.  Tienen miedo de ellos mismos y ni se plantean sacar todo su potencial y ponerse a brillar. Se sitúan en la antítesis del eneatipo dos. A los dos se les ve aunque no quieran y, por otro lado, además !suelen querer!

Normalmente, el nueve, y en esto coincide con los sietes, si ve problemas, esconde la cabeza como la avestruz y si te he visto no me acuerdo. Son resignados y evitan la confrontación. Necesitan que todo esté en paz y armonía. Cuantas menos cosas estridentes ocurran, mejor.

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El eneatipo nueve en su versión más extrema desde el punto de vista neurótico, suma a su pasión por la pereza y su fijación en la confluencia su capacidad de aguante casi sobrehumana. Haciendo un juego de palabras, podríamos decir que “su misión” en la vida es la misma “sumisión”. Desde aquí, se conecta con el mecanismo del “yo soporto todo” que es diferente del “yo puedo con todo” del eneatipo dos. Además, como iremos viendo, el masoquista es uno de los caracteres de la bionergética y suele cuadrar de perlas con nuestros resistentes nueves. Muchas veces, esta capacidad de aguante es sutil; es decir, se han acostumbrado a aguantar tanto que dan por sentadas demasiadas cosas. Cosas que a otro eneatipo le chirriarían de inmediato. Así, no es extraño verles aguantar malos modos de sus parejas o frases vejatorias de sus progenitores. Quizás no sean mensajes que en sí mismos sean insoportables, pero la suma de muchos de ellos sí que hace mucho más daño del que pueda parecer. Por ello, es muy importante que, en la medida de sus posibilidades, el enatipo nueve, vaya cortando este tipo de relaciones o por lo menos las vaya mitigando. Le conviene mucho plantarse ante el siguiente desprecio o falta de respeto. !No seguir pasando todas! porque si continua así, la explosión de rabia en el momento menos adecuado también está casi asegurada. Y ese enfado, en realidad, será fruto de la última gota que colmó el vaso.

Pero volviendo a la pereza, conviene matizar varios aspectos.

¿Es el nueve un eneatipo que se queda en la cama mirando al techo? Puede hacerlo; pero, generalmente, no está en esas. Lo que le mueve es estar en la acción, aunque ciertamente, es una acción robotizada. 

El nueve no es que no haga, hace y hace, pero le cuesta dejar de hacer lo que está haciendo para hacer otra cosa que le sea más provechosa. Es como si fueran por la vida en piloto automático.

En este sentido, Gonzalo Morán, apunta

“(…) Los Nueve suelen usar el mecanismo de «narcotizarse»; es decir, llenarse con actividades superfluas que los mantengan distraídos: esto puede variar desde ser adictos a la televisión, a hacer crucigramas o arreglar primorosamente su jardín…mientras se les quema la comida. 

Cualquier cosa es válida con tal de «distraerse». Los Nueve suelen ser bastante despistados, se distraen fácilmente, pierden el hilo de las conversaciones, no recuerdan las cosas y suelen «desconectarse» de las cosas , «colgándose mentalmente» («estar en babia» como se suele decir) muchas veces no enterándose de lo que se dice o de lo que sucede a su alrededor.

Esto también los lleva a una cierta apatía, como si cuando se cayera el mundo ellos simplemente se limitaran a encogerse de hombros con resignación y seguir haciendo sus crucigramas o mirando su novela favorita”.

(ver post)

Con todo ello, el nueve se narcotiza con estímulos externos para no reconocer sus verdaderas emociones. Pueden desenchufarse de sí mismos con un sin fin de actividades y adiciones. Jugarán de manera compulsiva a videojuegos y no pararán de tragar telebasura (también comida basura). 

Cualquier cosa antes que encontrarse de frente con su realidad.

Así, ni siente ni padece y, aparentemente, lleva una vida tranquila y apacible.

Son pasivo-agresivos; es decir, tú les dices algo que te ha molestado de ellos y ellos se hacen los locos o se salen por la tangente (parecido a los sietes). Esta forma de no encarar la conversación puede parecer que no es violenta; pero, en el fondo, también lo es, pues no se puede debatir con ellos e intentar arreglar el problema. 

Además, así, ellos aguantan un reproche por aquí, otro por allá, y se van sintiendo siempre recriminados. Por ello, hay un día en que la gota colma el vaso y explota con agresividad desmedida. Luego se sienten fatal y vuelven a lo de siempre.

Como los cincos, son un eneatipo “lento”, en contraposición a otros muy “rápidos” como el siete o el ocho.

La palabra pereza viene del latín pigritia, que en un principio tenía más que ver con la flojera  que con la holgazanería. Flojera por ocupar su sitio y salir de este mundo robotizado.

A nivel intelectual suelen presentar bastante desinterés.

Como bien dice Claudio Naranjo

“(…) La combinación de pérdida de interioridad con el carácter resignado y abnegado que la acompaña resulta en un síndrome de «terrenalidad» confortable y bienintencionada, que puede ser exagerada hasta el punto de la literalidad y la estrechez. El eneatipo IX no sólo es alguien que no ha aprendido a amarse a sí mismo como consecuencia de la falta de amor, sino alguien que olvida su frustración amorosa por medio de una especie de paquidermismo psicológico, una sobresimplificación, una amputación psicológica que hace de éste el menos sensible y el más estoico de los caracteres.(…) es el tipo de persona  contento y generoso, cuya «apatía» no se revela tanto en una aversión hacia los asuntos espirituales como en una pérdida de interioridad, una aversión a la exploración psicológica y una resistencia al cambio que coexiste con una estabilidad excesiva y una inclinación conservadora. Su lema -para él y para los demás- podría ser «no balancees la barca».”

También se les asocia con la palabra latina Acidia, que venía a significar desidia (sin cuidado). En este sentido, tendría que ver con la ausencia de energía y tiene incorporada una cierta carga de tristeza

Claudio Naranjo también les otorga una “pereza del alma”.

Les cuesta saber cuáles son sus prioridades. Quizás tienen que entregar un trabajo el viernes, y hasta el jueves han estado haciendo otra cosa que no urgía para nada (confunde lo urgente con lo importante). 

Así que, el viernes tienen que volverse locos para entregar. 

Aparentemente, no han parado y puede parecer que son supereficientes (porque suelen conseguir entregar); pero, a diferencia de los treses, les cuesta poner el foco y planificarse bien. El tres es más maleable, tiene más cintura; mientras que el nueve es más tozudo y le cuesta pivotar de un lado al otro.

No tiene un objetivo claro, no es una acción para conseguir lo que él quiere, es un estar en el hacer, para no estar en contacto con sus deseos y sus necesidades

Así, normalmente, el nueve está en contacto con la gula (como el siete); con la gula de hacer mil cosas o de comer como si no hubiera mañana, pero el nueve no tiene el entusiasmo del siete. El siete disfruta en todo ello, el nueve no está en la acción desde el goce real. 

De hecho, ellos son los grandes masoquistas del eneagrama y son capaces de soportar carros y carretas. Eso sí, aunque habitualmente no contactan con la ira, cuando ya no pueden más, pueden tener reacciones iracundas desproporcionadas (¡para algo son compañeros de viaje de sus vecinos los unos y los ochos!).

Por otro lado, a diferencia de los eneatipos inferiores del eneagrama, cuatro y cinco, que están en la carencia, ellos están en la aparente abundancia. Pero es una abundancia normalmente material y concreta. Si rascamos un poco, veremos que detrás de ella, hay una carencia inmensa. 

Además, el cuatro y cinco, en general son bastante delicados y frágiles y el nueve, en un principio, es resistente y un tanto tosco.

Con sus excesos con la comida, el eneatipo nueve, consigue anestesiar lo que realmente le pasa por dentro. 

Mucha comida, muchas tareas por hacer, de todo mucho; pero, en el fondo, todo muy vacío. El nueve no se sacia y esta abundancia, en el fondo, es muy egoísta. De hecho, cuando confluye con el otro, no es que quiera ayudarle especialmente; es su táctica para estar entretenido y no tener que ocuparse de sí mismo.

La fijación que usaba Oscar Ichazo para el eneatipo nueve era la indolencia. Sin embargo, Claudio Naranjo prefería el término griego achedia (sin cuidado) que tiene que ver más con una pereza del espíritu y una resistencia al cambio (sobre-adaptación).

Con ello, se consolida un carácter resignado que no solo no ha aprendido a amarse a sí mismo, sino que se vuelve un ser insensible (piel gruesa), con una capacidad de aguante estoico desproporcionada.

En palabras de Stephen M Johnson:

“(…) El cuerpo del masoquista es grueso, con músculos poderosos que bloquean la negatividad subyacente. Son excesivamente agradables y sacrificados, al tiempo que presentan un comportamiento pasivo-agresivo”.

Esta sobre-dependencia del otro muchas veces es compartida con el eneatipo cuatro e incluso con el enatipo seis.

En el caso de los envidiosos tiene más que ver con lo que en bionergética se denomina oralidad (demanda continua), en los nueves por el miedo y nuestros nueves con una entrega complaciente sin límites. Es decir, los dos están en el otro, pero uno pidiendo y otro confluyendo.

El eneatipo nueve, también comparte con los cuatros la auto-culpabilización, lo que les lleva a ambos a una desvalorización de sí mismos.

Destacan por su voluntad de servir y sacrificarse y, al igual que los seises, son “buenos” recibiendo ordenes.

Los nueve son simples, se conforman demasiado pronto y les cuesta tomar la vida como viene. Les viene bien un cierto grado de inconformismo para salir de su aletargamiento vital. Cuando comienzan a sentir cierto vacío, es señal de que comienzan a contactar con sus necesidades. Mientras tanto van en piloto automático presos de su propia narcotización.

Como decimos, no están en la pereza del no hacer, sino en un hacer robotizado, un hacer con ecos masoquistas. En palabras de Claudio Naranjo:

“(…) se puede considerar la robotización como una consecuencia de la pérdida de interioridad, de la alienación de sí mismos. En conjunto, nos sorprende la paradoja de que esta forma tan esforzada y sufriente de estar en el mundo esté enraizada en una pasión por el confort: un confort psicológico comprado a un precio demasiado alto».

Todo ello les lleva a lo contrario de la necesaria aceptación que es la resignación. Juegan a estar muertos en vida y, desde ahí, entran en simbiosis con su entorno por pura superviviencia.

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El Nueve en el amor

El eneatipo nueve, el amor, lleva al extremo todo lo que venimos diciendo y le falta un poquito de egoísmo. Ser tan complaciente será siempre un mal negocio.

De partida, pone al otro por delante de él y cuando alguien no se quiere primero a sí mismo, el amor que puede ofrecer al otro es un amor cargado de necesidad. Confunden el amor con el apego. Es una forma infantil de poner la felicidad de uno mismo en manos del otro. Este mecanismo de evitación de la confrontación, en el nueve, se ve llevado al extremo; pero cuidado porque, en menor o mayor medida, otros muchos eneatipos como por ejemplo el cuatro también lo hacen. 

Los nueves son demasiado adaptables y esta es su particular manera de manipular. Es decir, si ellos están tan pendientes del otro, el otro nunca les dejará. Así “controlan” la situación y, además, se pueden vender como una especie de ángeles guardianes de sus parejas. 

En el fondo, hay un miedo atroz a la soledad, una desconfianza permanente en el otro y una inseguridad en uno mismo aplastante. Por todo ello, la codependencia, en el mejor de los casos, es un mal parche en este complicado mundo del amor.

Es una manera de reducir el miedo al abandono y el rechazo; pero, evidentemente, es pan para hoy, hambre para mañana. Sostener una relación así en el tiempo, es la mejor manera de garantizar la autoanulación y alejarnos de la felicidad.

Una de sus ideas locas es “la necesidad del otro siempre es más importante que la propia”.

También usan la deflexión como mecanismo de defensa, que viene a ser la imposibilidad de un contacto real  e intenso con el otro. Es decir, la confluencia de la que hablamos es una fusión desde el ego, no desde la esencia.

Ellos siempre han de poner buena cara a todo lo que ocurre; perdonan infidelidades, olvidan humillaciones y todo ¿para qué? 

Para no contactar con el dolor que realmente sienten. Por lo tanto, son perdones y olvidos mecánicos; no los hacen desde haber integrado lo ocurrido para luego decidir si perdonan y olvidan (o no).

Si están con una pareja, pase lo que pase, lo único que querrán es que la relación continúe. Tienen una resistencia al cambio brutal.

Pueden tener bastante desinterés por lo sexual y les costará la vida ponerse en modo “sensual on”. No son propensos a estar en el placer y dejarse sentir.

Por aquí les vemos, nuevamente, en las antípodas de los doses. 

Recordemos que uno de sus mecanismos de defensa es la retroflexión; es decir, antes que alguien les haga daño, ya se lo hacen ellos mismos. Así se convierten en objeto y diana de sus dardos envenenados. En este sentido, jamás harán reproches o reclamaciones a sus parejas. En cambio se comerán sus palabras, produciendo esto un daño emocional interior de gran dimensión.

El Nueve en el trabajo.

En su estado más patológico, serían los peones de carga. 

Tienen un punto estoico y pueden ser bastante hiperactivos en el terreno laboral.

Pueden soportar al más tirano de los jefes y estar en un entorno laboral tóxico, totalmente desconectados de la realidad. Son cumplidores

En general, no les pidas ni la creatividad del cuatro, ni el entusiasmo del siete, ni mucho menos  la eficiencia del tres, pero ellos no son de fallar. 

En cualquier caso, hagan lo que hagan, son mucho más valiosos de lo que parecen.

Para ellos, con que haya cierta armonía en el entorno laboral será suficiente. No son de soñar mucho y aspirar a grandes metas.

Si hay un compañero en apuros, allá estarán ellos para solucionar el tema; si hay mucho trabajo y “toca” quedarse el finde a trabajar, ellos saldrán de voluntarios. Incluso si hay que comerse algún marrón los tendremos siempre disponibles.

Intentarán ser lo más prácticos posible, y evitarán cualquier tipo de complicación.

Son los reyes de la procrastinación y dejan todo para el último momento. 

Tenemos un querido amigo, asesor fiscal, que “siempre” “casi” las lía parda. Y aquí lo importante es siempre y casi. Normalmente, no termina liándola y todo va bien, pero juega con fuego y sorprendentemente no se suele quemar.

Por ello, les conviene ir despertando para poder salir de esta situación de sometimiento y aguante continuo. Tienen especial dificultad en decir no, por lo que les veremos asumiendo lo inasumible. No saben poner límites a sus jefes o compañeros de trabajo que, a menudo, se aprovecharán de ellos.

Se habla de ellos como personas indolentes; es decir que se resignan con lo que tienen. Esto es muy diferente a la sana aceptación de lo que hay -que es algo que va bien para cualquier eneatipo-.

Si salen de esta rueda invisible, pueden pasar otros niveles y ser mucho más útiles al mundo.

Como decíamos previamente: si han tenido un cierto recorrido personal, pueden ser clave en los conflictos y convertirse en unos grandes mediadores.

El Nueve en la alimentación

Son gente totalmente descuidada, y, en el terreno de la alimentación, les dará igual qué comer mientras se abundante en cantidad de comida y en cantidad de veces que se sientan a la mesa. Comen con compulsión.

Son personas a las que les gusta estar acomodadas y la seguridad. Por ello, pueden tener una despensa llena para por si acaso. Despensa que representa la mochila que ellas mismas llevan a cuestas por no enfrentarse a su propia realidad.

Fueron niños que estuvieron atiborrados y ya de mayores, piensan que eso es lo normal. Los atracones son continuos y es más que posible que vuelvan a hacer lo mismo con sus hijos. El nueve se autoanula y esta forma de alimentarse es la mejor manera de autodañarse inconscientemente.

Para ellos, la comida sustituye cualquier contacto con su interior y se dan a ella con pasión. Suelen tener sobrepeso y una salud un tanto mermada.

El eneatipo 9 frente al mundo.

Esta es una sección que desarrollamos en nuestro curso del Eneagrama de las relaciones. Si quieres saber más puedes echar un ojo por aquí.

Y si quieres un ejemplo de cómo lo hacemos, te puedes ir al eneatipo 2 (ver aquí) y ahí vas a encontrar un vídeo que te puede gustar mucho.

Testimonio del eneatipo nueve.

«Fui la tercera de cuatro hermanos y mis recuerdos de la infancia no son muchos. No me pasaron grandes cosas y mis padres hacían lo que podían para que estuviéramos atendidos. Se esforzaban mucho en sus trabajos y nosotros nos cuidábamos entre nosotros. En el cole fui una chica aplicada y procuraba no llamar la atención. Tenía buenas amigas y aun hoy conservo amistades de la infancia.  En la adolescencia comencé a engordar y esto me supuso un problema para acercarme a los chicos. No tenía  confianza en mis posibilidades; así que, adopté el rol de la mejor amiga. Me venían a contar todas sus penas y yo comprendía a todos y todas. Pero ningún chico se fijaba en mí para ser pareja. Esto me hacía sufrir mucho. Yo, en silencio, fantaseaba con tener mis novios, pero no daba ningún paso. Así, llegué a la Universidad y entré en una carrera que no me gustó nada. Duré menos de un año y la abandoné. Siempre había sido muy disciplinada y había hecho varios trabajos en verano en una fábrica; así que, entré a trabajar en una empresa textil. Un trabajo sencillo y mecánico que no me daba quebraderos de cabeza y me permitía ganarme bien la vida. Con 22 o 23 años comencé a beber a escondidas. Cuando salía de fiesta era la más tranquila del grupo, pero cuando llegaba a casa yo seguía bebiendo mis cervezas. Me acostumbré a ello y durante varios años bebí mucho. Ahora veo que tapaba una vida triste y aburrida.  Por suerte, pude pedir ayuda y entré por unos meses en un programa de rehabilitación. También, tenía pésimos hábitos alimenticios. Comía a todas horas incluso de noche. Sufrí transtornos de sueño y a media noche me daban ataques de hambre increíbles y me zampaba botes de nocilla a cucharadas. Fumaba a todas horas y odiaba hacer deporte. Mi cuerpo se fue resintiendo y hace 5 años con un sobrepeso de más 30 kilos, tuve un buen susto con alta presión arterial y  niveles muy elevados de colesterol. Me quedaba sin fuerza y pase de ser una chica fuerte a ser una señora sin energía. 

Fueron años de mucha tristeza; aunque yo, de cara a fuera, seguía aparentando que todo iba bien. Me costó pedir ayuda; pero, por suerte, mis hermanos me apoyaron cuando les conté cómo estaba de verdad. El mayor es médico y me acompañó en todo el proceso. Un proceso de sanación que comenzó por la parte física. Aun hoy tengo algún kilo de más, pero me encuentro muy bien. No bebo ni una copa y dejé de fumar. Esto fue lo más complicado; se me hacía imposible. Ahora toca ponerme a hacer deporte, lo cual sería estupendo pero !!me da una pereza enorme!! En el trabajo pase al comité de mediación y creo que hago una buena labor. Defiendo a los trabajadores, pero tengo muy claras las necesidades de la empresa. Creo que estoy en un lugar donde puedo desarrollar mis cualidades personales. 

Hace un año fui mamá y esto lo cambió todo. Tengo que tener cuidado pues veo que me entrego sin límites en la maternidad. Mi pareja tiene tendencia a esconderse en su cueva y, si no le digo nada, no ayuda mucho en el cuidado de la niña. Aun así, lo vamos hablando y veo que se esfuerza. Como mamá me veo muy alegre y aunque los primeros meses fueron muy duros, ahora voy sacando la cabeza.  Veo un futuro limpio, sin humo, donde brilla el sol. Han sido años de terapia muy duros. De no querer ver el cariño que no recibí en la infancia, de seguir olvidándome de mi; pero, a la vez, de tomar conciencia de ello. Me siento agradecida a la vida y tengo ganas de ir a por otro niño o niña. Veremos.»

Nieves P.P

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1.2 infancia de los Nueve

Pueden haber crecido en una familia numerosa donde la atención de sus progenitores no se centraba demasiado en ellos.

Además, cuando lo hacía, muchas veces, era para obligarles a comer más. También fueron muy ordenados por su papá y mamá para que no dieran guerra. Es como si siempre hubieran sido pisoteados suavemente. Tan suave que ellos ni lo veían. No sufrieron episodios dramáticos como sus vecinos ochos; todo estaba en una aparente calma. Pero en su infancia, el niño nueve siempre quedaba por debajo, el último, sin el aliento necesario.

El niño nueve no reclama, ellos colaboran para que todo vaya bien. Se hicieron invisibles desde bien pequeños.

Estamos, nuevamente,  ante otro carácter que se hizo mayor antes de tiempo y no conectó en su totalidad con el disfrute de ser niño. 

Desde ahí, contactan con el masoquismo y con la herida de la infancia de la humillación.

En cualquier caso, ellos, en la actualidad, recuerdan una infancia estupenda y no echan nada en falta. 

Su tendencia a la idealización no les deja ver que sus papás también se pudieron equivocar y que ellos lo pasaron mal por eso.

1.3 El eneatipo Nueve en la bioenergética.

Casi todos los nueves son masoquistas y muchos masoquistas son nueves.

Por otro lado, aunque hay muchos masoquistas nueves, no es carácter exclusivo de este eneatipo. Puede haber muchos cuatros también masoquistas o con heridas masoquistas.

Desde aquí, hay que entender que “masoquista” en bioenergética no significa que disfruta del displacer; si no que tiene tanto miedo al castigo que no puede disfrutar con normalidad del placer.

Así, puede haber nueves rígidos, pero es extraño. Difícil de imaginar un psicopático nueve. Podría ser pero, desde luego, no sería el psicopático seductor. 

Casi imposible que un oral o un esquizoide se puedan ubicar en el nueve. 

Por ello, cuanto antes dejen de reprimir y tragar, mucho mejor.

Como decimos, muchos nueves son bastante redonditos y voluminosos.

Más sobre los caracteres de la bioenergética por aquí.

Pasión (tendencia emocional): Descuido (pereza de sí mismo -autoolvido-) / comodidad.
Fijación (pauta fija de pensamiento): Indolencia (apatía) / Sobre adaptación (confluencia).
Mecanismo de defensa:  Narcotización (deflexión) / evitación del conflicto.

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2 Los subtipos del eneatipo Nueve

Los subtipos del nueve, como ocurre en sus vecinos los ochos, no se diferencian tanto entre sí como en otros eneatipos. Podríamos decir que aquí no nos encontramos el contranúmero.

2.1 El Nueve Social:

El nueve social trasforma la pasión de la pereza en la pasión por la pertenencia. Necesita sentirse parte de algo más grande y, por ello, se convierte en el más bonachón de los bonachones. Valora la amistad y suele tener una presencia en lo social desde la participación. 

No tomará las riendas de un grupo, pero intentará aportar con sus intervenciones. Eso sí, su tendencia a no ser visto, le hará estar en una frustración constante. Le pasa un poco como al tres conservación que quiere ser visto, pero sin que se le note que hace esfuerzos para ello. Nuestros nueve sociales, igualmente, quieren pertenecer, pero se empañan en no ser vistos. Si en el grupo hay conflicto, su tendencia será a la evitación. Como apunta la terapeuta Miriam Ortiz de Zárate: «Me costaba mucho abordar situaciones de conflicto. De hecho, me costaba verlas. Podía tener personas a mi alrededor que me hacían daño, que me agredían, y yo tenía una enorme capacidad de aguante, no me daba cuenta, actuaba como un puching ball, y me dejaba recibir los golpes sin hacer acuse de recibo. Ahora, percibo claramente las agresiones; sé cuándo algo me hace daño o me duele. Esto me ha pasado especialmente con mi pareja: ha sido duro aceptar sus mecanismos de venganza (y los míos). Poner mis límites, defenderme, abordar conversaciones difíciles, son cosas que antes no sabía hacer y que ahora hago mucho mejor. (…)  Siempre he tenido que hacer algo extra para sentirme con derecho a estar en los grupos y nunca me he visto totalmente integrada: era un anhelo que no se satisfacía, una fantasía que no tenía correlación con la realidad. Por ejemplo, soy miembro fundador de un coro desde hace diez años y una de las cantantes más antiguas, soy la presidenta y tengo una relación especial con el director, con el cual somos buenos amigos desde hace veinte años. Sin embargo, constantemente me ataca la idea de que no pertenezco, de que no me he ganado suficientemente el derecho de estar ahí, que no canto tan bien como… Es totalmente irreal, una fantasía. Puedo verlo y me puedo reír, pero es un tipo de pensamiento recurrente, especialmente si estoy susceptible o si aparece cualquier dificultad.»*

Aun con todo, el nueve social tenderá a la prudencia y discreción y hará lo que sea porque el grupo esté cohesionado. Así, muchas veces, la tendencia habitual del nueve a la confluencia, se ve directamente en el grupo. Es como si pudiera hacer cualquier cosa para que el grupo esté bien (olvidándose, nuevamente, de él mismo).

Cuando sale de su neurosis, curiosamente, puede pasar de no ser visto en el grupo a convertirse en un buen jefe. Un jefe con un mando generoso que sí ve al otro y pone mucho cuidado en su mandato.

2.2 El Nueve Sexual:

Tienen un problema claro de límites con su pareja.  Transmutan su pasión innata por la pereza de sí mismo, por la pasión por la simbiosis. Es una adicción en la fusión con el otro. Aunque es tentador usar la palabra unión para el eneatipo nueve sexual, sería más preciso usar otras de corte más neurótico como simbiosis o fusión.

Como veíamos con el amor de algunos cuatros, tienen tendencia al amor romántico, con todo lo que ello implica de imposibilidad real de amar.  Los nueve sexuales pueden tener un punto emotivo mayor que sus compañeros de tríada.

Es como si ellos desaparecieran. En vez de hablar en primera persona pasarán a hablar siempre en plural. El “nosotros” es su nueva identidad y pensarán siempre lo que es mejor para su pareja, y ellos quedarán en último lugar. Así se hacen invisibles para sí mismos y se ponen al servicio.

Todo este movimiento anti-narcisista, del que tanto pueden aprender los sietes o treses, a ellos les termina sentando fatal. Cuando se lleva al extremo el altruismo o ser excesivamente bueno, tampoco funciona. 

Al final, viven en la confusión y en la identificación con el otro. Un otro que también puede ser objeto de proyecciones.  

Son leales y celosos.

Con todo ello, pierde autonomía y conciencia de lo que es, realmente, importante para él.

Es como si ya de adultos, como le ocurre al nueve social con el grupo, siguieran buscando la fusión que tuvieron con mamá durante el primer año de su vida.  El tema del contacto-retirada no lo tiene bien pillado; por ello, será estupendo que vayan practicando, en la medida de sus posibilidades, con pequeños distanciamientos de su pareja.

En realidad, se produce una renuncia del instinto sexual propio, en favor del de sus pareja.

Como vemos en el enatipo nueve el subtipo sexual lleva al extremo su incapacidad de sostenerse sobre sus propios pies y, en consecuencia, el otro pasa a ser todo para él.

Como dice, Juanita Richter, en los 27 personajes en busca del ser:

“(…) en España existe la mosquita muerta: nadie notaría a esa persona, se confunde con el diseño del papel de la pared. En inglés se dice que hay personas que son como las flores de la pared: se pierden en el entorno.

Tienen una necesidad de ser a través del otro. Se produce una especie de sustitución. Porque el nueve sexual no tiene su propio lugar en el mundo.”

Siguiendo con Richter, ahora en primera persona, “con los hombres he tenido menosprecios, no he recibido lo que querían dar, me he ido con actitud de sobrada y luego me he perdido.

Yo siempre me preguntaba por qué soy tan invisible para los hombres. Y me di cuenta que no los veo yo a ellos. En realidad no había estado sola sino que había hecho de pareja de mi hijo.Cuando entendí esto, me puse las pilas para liberarlo a él y para emparejarme yo.”*

Este subtipo tiene gula por comida, pero lo hace con cierta discreción. Se atiborran pero lo hacen en un rincón sin que les vea nadie.

La abnegada Marge Simpson es un buen ejemplo de eneatipo nueve. Probablemente sexual.

(A nivel físico, no cuadra nada. Encajaría más con un carácter oral)

2.3 El Nueve conservación:

Tiene pasión por la comida y pone en ella todas sus esperanzas de satisfacción.  Transforma la pasión por la pereza por la pasión por el apetito. Con sus voraces ganas de comer tapan su desconexión con la emoción de la ira o el deseo.  Suelen ser gente con problemas de obesidad y les puede gustar beber más de la cuenta. Pueden ser, en secreto, alcohólicos.

Es quien lleva más al extremo el tema de la invisibilización y son capaces de desaparecer de este mundo. 

Estar con la gente les saca de su zona de confort; así que, prefieren evitarla. Son muy tímidos y vergonzosos y, si pueden, se escaparán de cualquier aglomeración. 

Aun con todo, sí tendrán presente a su seres cercanos, familia y amigos, pero el resto del planeta les puede sobrar.

En cualquier caso, a diferencia del ocho conservación, que era fiero a más o no poder, el nueve conservación es un bonachón.

Por todo ello, el nueve conservación se tiene que volver un poco más «egoista» y salirse esa obsesión por el apetito. La terapeuta Emilia Ligi reflexiona: » El proceso de apertura me ha hecho conocer e integrar los opuestos, lo masculino y lo femenino, y ha dado forma a mi materia. También le he dado permiso para existir a mi egoismo y a mi placer. Conocer el lado oscuro, aceptarlo, me ha convertido en un ser tridimensional y no en una pintura egipcia. En un trabajo chamánico sobre nuestro animal-guía, apareció una mosca que se posaba con insistencia en mi mano. La acepté como animal-guía. Pero ¿cómo aceptar a este ser atado, por la cultura, al mal, al diablo? Sencillamente, aceptando tener en mí aquel lado humano poco conocido e indeseado: al escuchar sus razones, he podido darle la libertad de actuar y he descubierto que no quería matar a nadie. Al contrario, es un sano egoismo que convierte mi vida en algo mejor y que coloca el sentido del altruismo en un lugar menos absoluto: un paso importante hacia el equilibrio interior. Mi barriga ha sido el contenedor de la expresión de mi espiritualidad; desde la niña interior he accedido a una espiritualidad que me ha permitido ver las cosas desde otro plano. Y, desde allí, he visto y comprendido cuál es mi materia y mi caos primordial, y cómo había llegado a quedarme allí parada, usando solo la parte del cerebro reptiliano. Si queremos ver la huella de nuestro pie, debemos quitarnos de encima».*

*Extracto del libro 27 personajes en busca del ser de Claudio Naranjo.

3 ¿Cuál es el camino de sanación del Nueve?

El nueve es un eneatipo que ha de pasar a la acción, pero a la acción que le conecta con sus deseos y necesidades.  Desde ahí, las relaciones se vuelven diferentes y comenzará a no caer tan bien. Esto es un signo inequívoco de que está en la dirección correcta. 

Necesita parar, para mirar adentro; así que, como casi siempre, la meditación es recomendación imprescindible para avanzar en el camino de crecimiento personal.

Nuestro compañero satero, Grabriel Aguilera (nueve conservación), en este mismo blog, comentaba,

“(…) Quizás lo que más me sorprende de mi eneatipo es la capacidad, aparentemente sin límites, de evasión del contacto conmigo mismo. Estas evasiones se producen muchas veces de manera simultánea, como ver la televisión a la vez que leo un artículo de matemáticas y juego al solitario del ordenador. Últimamente ya no me peleo tanto con ello, y me permito estas evasiones a cambio de no interrumpir mi disciplina del yoga (incluyendo la meditación). Se podría decir que estas dos partes en lucha de mí mismo han llegado a un cierto equilibrio.”

(ver post)

Es fundamental que el eneatipo nueve mire al tres e integre parte del narcisismo que tiene este eneatipo. Necesitan ponerse por delante del otro para salir de su círculo vicioso. 

Un punto de vanidad, también, les será muy útil para atreverse a pasar a primer plano.

En este sentido, han de aprender de los niños. Ellos, en general (a no ser que ya apunten maneras nueve), se hacen ver, van a por lo que quieren y ponen empeño (sin importarles si resultan molestos) en conseguirlo.

De los treses, lógicamente, también han de aprender a contactar con el corazón. Al tres también le cuesta, pero tiene ese potencial.

De los seises han de aprender a poner orden en sus ideas y pasar a la acción desde el coraje. Deben detener sus ganas de fusionarse y aprender a decir no.

Para ellos, es un ejercicio muy sano, decir que no a casi todo. Probar a hacer lo contrario de lo que han hecho toda su vida.

En cualquier caso, lo que hará que el nueve esté más en contacto con su esencia es dejar de confluir mecanicamente y poner mucho más interés en su propio cuidado. 

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El refranero de los nueves:

Prefiero tener tranquilidad a llevar la razón.

Ante todo, mucha calma.

La pereza es la madre de todos los vicios.

Un hombre con pereza es un reloj sin cuerda.

Ante las injusticias y adversidades de la vida… ¡calma!.

Una vida feliz consiste en tener tranquilidad de espíritu.

Contra pereza, un palo en la cabeza.

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Texto redactado por   Haiki

Agnieszka Stepien y Lorenzo Barnó

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4 COMMENTS
  1. Avatar
    Marta

    Para mí, es importante prestar atención a mis necesidades (desde la más simple a la más compleja), y sobre todo situarme «antes que»: antes que la necesidad ajena está la propia.
    Y aún así…a veces me pillo haciendo todo lo contrario, y aquí es muy sanador ser compasiva conmigo misma: me he desviado del camino, es momento de regresar.

    1. Avatar
      admin

      Lo importante (y lo difícil) es ir pillándonos. Este es el camino, Marta.

  2. Avatar
    Marta

    Al leer este artículo, he sentido como todavía se me remueven las tripas con «se olvida de sus verdaderas necesidades»: en mi caso, es una sensación de alerta, como una autovigilancia para decirme «eh, vigila que te vas».

    También resuenan:
    «desconfianza permanente en el otro y una inseguridad en uno mismo aplastante» + «retroflexión; es decir, antes que alguien les haga daño, ya se lo hacen ellos mismos. Así se convierten en objeto y diana de sus dardos envenenados».
    Para ambos recurro a la compasión para conmigo y un «por hoy, me dejo en paz».

    Y ya con lo de «El tema del contacto-retirada no lo tiene bien pillado» y «comenzará a no caer tan bien. Esto es un signo inequívoco de que está en la dirección correcta.» He sentido como se dibujaba una sonrisa en mi cara…
    😉

    1. Avatar
      admin

      Seguro que esa sonrisa esconde todo un mundo detrás. Lo importante del nueve es entender bien su mecanismo, porque, en nuestra opinión, en muchos sitios no está bien contando. Nos alegra que el post te haya resultado interesante.

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