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Los subtipos de los eneatipos. El eneagrama de los instintos.

Los subtipos de los eneatipos. El eneagrama de los instintos.

Tener claras las tres triadas del Eneagrama (Emocional, Racional y Acción) es un primer paso para entender los 9 eneatipos. Una vez entendidos los 9 personajes básicos con los que nuestros egos se identifican, toca seguir profundizando. Quedarse tan sólo con las 9 tipos de personalidad es como ir a un combate con los brazos atados. Por muy bueno que seas con las piernas tienes las de perder. Por ello, animamos a entender muy bien los tres subtipos de cada eneatipo. De esta forma, recordando uno de los libros de Claudio Naranjo, llegamos a los 27 personajes en busca del ser.

Con todo ello, lo mejor será darnos una vuelta por cada uno de los eneatipos y sus subtipos. ¿Nos acompañas?

Cuando bordeamos un abismo y la noche es tenebrosa, el jinete sabio suelta las riendas y se entrega al instinto del caballo”.

Armando Palacio Valdés

Cada uno de los subtipos tiene que ver con los que se denominan los instintos (Conservación, Sexual, Social).

Cada Instinto tiene patrones comunes que cobran su sentido en función del eneatipo que estemos hablando. Es decir, si por ejemplo hablamos de un siete conservación (familia) y de un tres conservación (Seguridad), veremos ciertas tendencias cercanas a la contención y la planificación, pero los matices será muy diferentes. En este caso, el siete seguirá presa de su gula y el tres de su pasión por el reconocimiento.

Los instintos tienen tanto la parte luminosa que nos conecta con el mamífero que somos y con el niño que fuimos, como una parte más oscura que se viste de neurosis. En la siguiente descripción, en favor de poder radiografiarnos con más precisión, nos fijaremos en la sombra de cada una de las 27 formas de ser. Eso sí, no olvidar que la virtud o sanación suele estar en la dirección contraria a lo que son nuestros patrones de comportamiento, fijaciones y pasiones. Pero, como decimos, ahora es momento de seguir localizando nuestros puntos flojos o puntos ciegos. No se trata de hacer caricias al ego; bien al contrario, toca auto-observarse y dar un paso al frente.

Cada tirada tiene tres eneatipos en función de un motor fundamental: la emoción, la razón y la acción. A su vez, a modo orientativo, podemos ver en cada triada una gradación en la introversión-extroversión. De esta forma, apreciamos que en la triada sentimental el dos es el más extrovertido y el cuatro el menos. En la triada racional, el cinco es el más introvertido y el siete el más extrovertido. En la triada de la acción el ocho sería el más introvertido (a su manera antisocial) y el uno el más extrovertido (por sus ganas de cambiar el mundo).

En este post vamos directamente a lo que son los rasgos principales de cada subtipo sin pasar por el análisis que hacemos de los propios instintos. Si quieres acceder a este información, en nuestra opinión, muy valiosa, lo puedes hacer en: Curso – Taller ONLINE Eneagrama de los instintos

1TRIADA DE LA EMOCIÓN

ENEATIPO 2

Claudio Naranjo hablaba de ellas como las Emperatrices, las reinas y las princesas.

El eneatipo dos tiene muy marcados los subtipos. El estereotipo del dos ayudador corresponde más al dos social, mientras que la conexión con la parte más animal e instintiva cuadra bien con el subtipo sexual –pura energía en movimiento-.

Por otro lado, como veremos, el dos conservación aparentemente descuadra un poco de sus compañeros de subtipos. Su talante aniñado y su tendencia a conectar con el miedo, muchas veces, le aleja de este orgullo a flor de piel tan propio de las doses.

En cualquier caso, a todos ellos les conviene dejar de ser esclavos de su desbordante deseo y pasar a ser siervos del amor auténtico.

El / la DOS Social: Ambición

Se muestran más hacia afuera y son las llamadas Emperatrices. 

Tienen una gran dosis de ambición y tanto hombres como mujeres suelen tener un físico muy poderoso. De hecho, sin tener caderas estrechas, suelen tener una parte pectoral muy desarrollada. Esta coraza les sirve para sentirse invencibles, pero también les separa del común de los mortales. Esto les confiere un punto de frialdad que no los hace tan emocionales como a los doses sexuales.

También es el subtipo de los doses que, en un momento dado, podría pasar por una especie de uno. Su soberbia puede ser insultante por momentos y tiene necesidad de ser alguien importante. 

Eso sí, si hay que poner a un eneatipo al mando de una causa justa, las doses sociales pueden ser unas capitanas de barco estupendas. Los unos también, pero tienen que estar muy centrados para que la gente les siga. 

Por momentos podrían recordar a algunos ochos, sobre todo por su sentido de protección de los suyos. Protegerán a su tribu a capa y espada. También prestarán ayuda a quien ellas piensen que lo necesitan -aunque no se lo haya pedido-. Este movimiento, en apariencia positivo, como vamos viendo, tiene más trampas de las que parece.

El eneatipo dos tiene mucha más capacidad de atracción.

La mamma italiana también corresponde bastante con este subtipo.

El eneatipo dos social, a diferencia del dos conservación, es muy competitivo. Situarse de igual a igual es para ell@s un reto y su tendencia es a ponerse por encima. Si para ello hay que exhibir su poderío físico o sexual, lo podrán hacer. Desde ahí, no le es fácil colaborar, pues tiene cierta inclinación hacia dar ordenes. Le cuesta pedir ayuda.

Suelen ser gente con físicos más contundentes y, en algún momento, algunos nueves, curiosamente, se pueden sentir tentados por este suptipo. En cualquier caso, hay dos diferencias básicas. Las doses en general, y las sociales en particular, en términos bioenergéticos, funcionan desde el carácter rígido. En el caso de los chicos, muchas veces, desde el rígido fálico narcisista. Sin embargo, los nueve habitualmente funcionan desde el carácter masoquista. La diferencia, y a veces no es fácil de matizar, es que el masoquista nueva dice «yo soporto todo» y el dos social dice «Yo puedo con todo«. 

Con todo ello, el dos social emplea mucha energía en mostrarse poderoso y esto, muchas veces, le hace perder perspectiva de sus propias necesidades. Además, si está en un estado neurótico importante, al igual que el eneatipo ocho, considera que sentir sus necesidades y pedir ayuda es un síntoma de debilidad y para él/ella es humillante. Cuando el eneatipo dos comienza a pedir, estamos ante un dos que ya va dando pasitos en su distanciamiento del personaje.

Como bien apunta el terapeuta Paolo Baiocchi:

«(…) La historia del dos social incluye una gran negación de las necesidades por una serie de razones. La herida de base que está escrita en el fondo del corazón del abandono, resultado de la perdida de la serenidad familiar y del contacto con la madre por razones que pueden ser diversas. Como niños reaccionamos a esta pérdida con la estructuración de un carácter más autónomo. Comúnmente en nuestra infancia, donde la voz de la necesidad fue callada a costa de la depresión, la autonomía se reforzó profundamente.»*

En este caso no estamos hablando de herida de la infancia del abandono propia del carácter oral de la bionergética que le lleva precisamente a todo lo contrario: la demanda continua desde la oralidad.

A todo esta negación de su propia necesidad, evidentemente, hay que sumar su propia percepción de realeza y superioridad.

Siguiendo con Paolo Baiocchi: «Un rey no pide, sino que obtiene por derecho de casta, y las personas se relacionan con él mediante una actitud de devoción sumisa».

El dos social a pesar de que puede liderar una causa, levantar la bandera y que le sigan con facilidad, normalmente, en un estado de neurosis medio, lo que hace es aprovechar sus dotes de liderazgo y seducción para aprovecharse del grupo que le encumbra.

Con todo ello, el dos social, cuando intenta mostrar sus necesidades o lo que no va del todo bien, contacta con un gran sentimiento de vergüenza. 

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El / la DOS Sexual: Conquista

En este caso estamos frente a la Reina. Este subtipo tiene una parte animal hiperdesarrollada.

En los chicos doses sexuales encajaría bastante bien el prototipo de “chico malo”.

Su intuición les puede llevar a estar muy atentas a lo que le pasa al otro, siendo muy buenas lectoras del lenguaje no verbal.

Es como si la parte instintiva les saliera por los poros. Son seducción en estado puro y se ponen en juego desde el poder. Generan relaciones muy estrechas y para ellas el tema de la pareja es crucial. Otra cosa es el tema del compromiso.

De hecho, físicamente muchas veces no son especialmente bellas/os y, aun así, tienen una capacidad de atracción increíble. Es como llevar esta seducción al siguiente nivel.

Según Claudio Naranjo

“(…) El mundo conoce bien el juego del orgulloso, como lo revela la expresión femme fatale para designar a ciertas mujeres de gran atractivo. Implica ésto que el atractivo de la persona es un bien para ella misma, pero de ninguna manera para quien «sucumbe» a ella. Algo equivalente quiere decir «vampiresa».”

Las doses tienen tanto miedo a ser rechazadas que prefieren rechazar para evitar sentirse en esta situación tan temida para ellas. Con ello, y su falta de paciencia, dejan pasar grandes oportunidades en su vida.

El eneatipo dos sexual tiene tendencia a erotizar sus relaciones. Pone en juego el tema amoroso implícitamente o explícitamente, aunque muchas veces no venga a cuento y la persona con la que se relaciona esté en otra completamente diferente.

De esta forma, lleva al extremo la tendencia de todos los doses de dar por adelantado e intentar cubrir las necesidades del otro -sabiendo que esto ya genera una deuda en la relación-. Con ello, hará sentir muy bien a los demás y éstos no tendrán otra opción que tener a nuestra protagonista en alta estima. Eso sí, si después de que el dos sexual hay dado al otro, no recibe algo a cambio, un feedback positivo, sentirá mucha rabia hacia la persona que, de alguna forma, le ha ignorado (o ha hecho que se sienta ignorada).

Siguiendo este pensamiento, la terapeuta Alba Arena, hablando del proceso terapéutico, apunta:

«(…) Entre las creencias egoicas del dos sexual se encuentra la de ser muy amoroso. En la terapia, esto puede provocar una transposición imaginaria de la pareja terapeuta-paciente en la pareja padre-hijo. Así, el terapeuta puede entrar en competencia amorosa con los padres del paciente, sentirse su salvador, o prestar más atención a las necesidades y deseos del niño interior del paciente que a su capacidad de emancipación».*

El dos sexual es un transmisor de entusiasmo. Por aquí, recuerdan a algunos sietes. Es un encantador de serpientes. Un hipnotizador de la voluntad del otro para terminar recibiendo sus favores y estos pueden ser todo tipo, incluidos los sexuales. Su capacidad de conquista es directamente proporcional a lo vacío que realmente se siente.

Por ello el dos sexual, tiene que salir de su necesidad neurótica de quedar siempre por encima -forzando el amor admirativo hacia él-. Le toca trabajar su capacidad de amar admirando al otro y salir, así, de su narcisismo desbordante.

El / la DOS conservación: Privilegio

Aquí llegan las princesas. Este subtipo no suele ser tan potente como los otros dos;  las doses conservación suelen tener un punto de niñas. 

Estos rasgos infantiles se corresponden tanto en la forma de ser como en propio físico, pareciendo siempre más jóvenes de lo que son. Tienen bastante en común con el aire Peter Pan que se dan algunos sietes (sobre todo, sexuales).

Es como si el privilegio del que se creen merecedoras no les dejase ocupar su espacio en la vida y hacerse cargo de ellas mismas.

También destacar que la seducción típica del eneatipo dos muchas veces se convierte en manipulación en manos de las doses conservación.

Eso sí, cuando ocupan su lugar en el mundo y van siendo conscientes de sus tejemanejes, se convierten en seres luminosos que cualquiera quiere tener cerquita.

De los subtipos del dos, es el que más se puede confundir, en un momento dado, con las cuatros. No llega a ser un contra-dos, pero es un dos particular, pues su orgullo no es tan evidente.

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El eneatipo dos conservación tiene, a diferencia de sus compis de subtipos, a eludir el conflicto. Tiene mucha más paciencia con el otro que las doses sexuales y sociales. Muchas veces, hay como una especie de miedo a molestar o a que el otro se sienta invadido. De alguna forma, con estos comportamientos le hacen parecer muy poco dos. La niña interna asustada puede tener demasiado peso en su vida y le impide decir las cosas con claridad y asertividad. De hecho, en estos mecanismos nos puede recordar al eneatipo siete.

La terapeuta Catalina Preciado, hablando del proceso terapéutico del dos conservación, comenta:

«(…) ¿Por qué acudimos a terapia? Muchos podrán ser los motivos, pero lo comúnmente se reconocen don dos: para reconfirmar sus privilegios, o para confirmar su propio orgullo en la relación de falsa abundancia ya sea con pareja, hermanos o con el jefe.

Al entrar alguna de estas relaciones en crisis, puede ocurrir un rompimiento y es entonces cuando la persona buscará la protección de un terapeuta. Acude en búsqueda de ayuda incondicional y de la resolución de sus problemas.» *

En cualquier caso, es difícil que, al igual que los otros subtipos, un dos conservación reconozca sus carencias de forma abierta. Es más habitual que esté en el lado contrario poniendo al otro de vuelta y media. Como vemos, este carácter más infantil que el sexual y social, puede tener como una especie de pataletas o berrinches.

El dos conservación, al igual que el siete sexual, tienen una pasión loca por seguir siendo niños. No aceptan su adultez y su instinto conservación quiere hacer una foto fija del niño caprichoso y con derecho a todo que fue.

También se diferencia de los otros subtipos en cierta sobriedad en el plano sexual. Tendrán menos dificultades con el compromiso o con estar disponibles, si así lo desean, para una sola persona. Mientras tanto, el dos sexual tendrá tendencia al exceso y la compulsión sexual, buscando siempre los pastos más frondosos para satisfacer sus necesidades.

**Extracto del libro 27 personajes en busca del ser de Claudio Naranjo.

Todo sobre El eneatipo dos, el orgullo.

ENEATIPO 3

Los tres social disfrutan de estar hacia afuera, de ser el centro de atención y de su vida social, aunque sea de manera superficial, no les genera demasiado estrés. Sin embargo, al tres sexual y el conservación todo lo social le cuesta mucho. Lo pasan mal con el hecho de tener que relacionarse con el grupo. Y si tienen que ser el centro de atención les viene aquello de “tierra trágame”. No soportan la exposición aunque sea moderada; lo que para otro eneatipo es algo normal, en ellos genera mucho estrés. 

El TRES Social: Prestigio

Vendría a ser lo que comúnmente se entiende por prototipo del tres. En este caso, están enfocados al éxito. 

Un éxito que muchas veces pasa por viejas ideas de reconocimiento extremo  De hecho, la pasión típica por la vanidad del eneatipo tres, en el subtipo social se cambia por prestigio. La búsqueda del brillo es constante y harán lo que sea para conseguirlo.

Esto viene definido por Oscar Ichazo a finales de los sesenta y a día de hoy continua vigente.

Y ojo que perseguir el éxito no es tenerlo. Algunos treses se miran en otros eneatipos al no verse reflejados en este éxito social. Pero, cuando se miran con más “cariño” y tiempo, se dan cuenta que hay algo que les mueve en este sentido, más allá de lo que hayan conseguido realmente.

Si para conseguir este éxito han de ser unos “trepas” u oportunistas, ahí estarán ellos. El tema ético, muchas veces, deja mucho que desear. Pueden engañar o plagiar para conseguir lo que se proponen sin demasiados miramientos. Al igual que algunos sietes, este subtipo (no los otros dos) cuenta con un nivel de autoindulgencia bastante elevado.

Evidentemente, este rasgo y, todos en general, los estamos llevando al extremo. En realidad no es necesario que para que alguien sea tres social tenga unos valores morales tan bajos.

Es una especie de “triunfador”, pero que, en el fondo, se siente completamente vacío. Por desgracia para ellos, muchos de lo que hacen comúnmente desde su parte neurótica, es lo que se entiende en muchos sectores de la población como una persona de éxito. Alguien que sabe lo que quiere y va a por ello. Todo esto tiene mucho que ver con la cultura patriarcal que nos toca vivir.

Pueden tener una adición explicita o velada al trabajo. 

Mario Conde sería un buen prototipo de tres social. Persona enfocada al éxito con dudosa ética y para la que lo importante es el estatus. Eso sí, a veces, el tiro sale por la culata.

La falsedad extrema es su moneda de cambio con el mundo. Son bastante competitivos y no se puede decir que tengan buen perder. Eso de que unas veces se gana y otras se aprende no lo llegaron a integrar. Les gusta ser el centro de atención y si no lo tienen sentirán que algo están haciendo mal, muy mal. Esta idea se reafirma en las palabras del terapeuta Eustaquio García Vallés:

«(…) Deseamos ser el centro de atención y de la mirada de quien admiramos, y desplegamos todas nuestras capacidades de seducción para lograrlo, que varían en función de las distintas valoraciones que biográficamente hayan sido reforzadas. Para algunos se trata de mostrar la inteligencia, la cultura, la clase; mostramos cuanto sabemos y qué carreras universitarias tenemos. Otros mostramos los símbolos materiales de estatus social: tener una casa bonita, un coche que arrebate la mirada, ropa, relojes, etc. Otros, el cuerpo y la cara, ser lindos, saber bailar… Con todo este despliegue obtenemos una mirada de reconocimiento, pero no a nosotros, sino a esa figura que hemos sostenido durante tantos años con esfuerzo y con gran sentimiento de vacío. Sabemos vender y llamar la atención con una clara adecúación al medio en el que estemos. Pero, por dentro, no nos hallamos: en medio de tantos papeles que representamos no sabemos qué sentimos ni quiénes somos».

Así, el enatipo tres social es muy camaleónico y gasta mucha energía en esta adecuación al medio.

Parecen personas muy estructuradas y con las ideas claras. La realidad es que todo ello es más un montaje para conseguir lo que quieren que algo real. Están siempre adecuándose a los demás y a las situaciones. Todo ello desde una frialdad congeladora.

Muchas veces tiene tendencia al despilfarro y la humildad no la conocen ni por asomo. Es la chulería en estado puro y también ocurre que incluso personas que están lejos de esta idea de triunfo, se hacen pasar por ellas. Es decir, lo importante es lo que el otro vea y si es capaz de enmascarar su situación, lo hará. Quizás estará en la ruina, pero se seguirá haciendo pasar por un empresario de éxito, invitando a todos o mostrando coches de lujo. 

En las redes sociales su vida parecerá un cuento de hadas. 

Instagram parece que está poniendo en evidencia muchos rasgos del eneatipo tres.

Sin embargo, viven desconectados de la emoción propia y no son capaces de estar desde la empatía hacia el otro. Son unos de los grandes narcisistas del eneagrama.

Así, nos encontramos con el más vanidoso de los vanidosos. Un carácter amante del poder y las apariencias.

Cuando este subtipo se topa con la realidad, su realidad, la caída suele ser  espectacular. Necesitan que se les acompañe en este contacto con el vacío. Es importante que sientan que también hay gente a su lado, sin que tengan necesidad de hacer nada. 

Canción perfecta para ejemplificar la energía del tres social. Por cierto Freddie Mercury podría encajar bien este este subtipo (quizás también en el siete sexual).

El TRES Sexual: Imagen de sí mismo

Este subtipo es el rey del control. Su pasión de la vanidad se transforma en la necesidad de resultar atractivos. Anulan su libertad instintiva para adecuarse a lo que supuestamente la sociedad demanda. Una sociedad cada vez más represiva que hace que nuestros adaptables protagonistas contacten con su propia castración y se enroquen entorno a ella. Como buen sutpito sexual pone su foco en la pareja y olvida su capacidad de goce en favor de que el otro esté siempre satisfecho.  Están demasiado pendientes de agradar y complacer y con ello terminan siendo demasiado dependientes.  Siguiendo esta idea, rescatamos las palabras de la terapeuta Lorena García de las Bayonas:

«Para el tres sexual, una separación es su peor pesadilla: es mejor morir que separarse, parece pensar, o imagina que ello es lo más parecido a la muerte. Ante una separación, puede incluso experimentar pensamientos de suicidio y empezar a consumir drogas para ahogar el sufrimiento. Le teme mucho al dolor y, cuando entra en él, la sensación es que nunca va a salir, por muchas veces que haya entrado y salido antes. También, puede dejar la terapia rápidamente cuando aparece otro amor, ya que suele encadenar uno con otro para no vivir el dolor de la separación y es asombroso cómo puede llegar a desconectarse rápidamente del amor anterior.(…)  Pedir perdón y asumir la culpa también es algo importante para el tres sexual. El vivir la crítica como algo muy amenazador, ya que le destruye la máscara de persona buena y perfecta, le conduce a montar toda una manipulación para no asumir que, por ejemplo, ha podido hacer daño al otro. La manipulación pasa por presentarse como víctima, autoengañándose y dándole a todo la vuelta como si fuese el otro quien le hace daño por criticarle. Una buena tarea es la de dejarse cuidar por la pareja para salir del automatismo de ser él quien se ocupe de todo: se puede comenzar por cosas sencillas, como pedir que le preparen una cena.»

Son personas que NO están tan hacia fuera como el tres social y su vanidad tiene más que ver con la mirada del otro (en singular). Desde ahí, se muestras como buenos y confiables. Contrariamente al tres social,  suelen ser gente muy tímida y que le cuesta mucho mostrar su parte más agresiva.

También, pueden sentir que no son lo suficientemente inteligentes o divertidos y esto les crea mucha inseguridad a la hora de relacionarse. Es como si al exponerse el otro fuera a descubrir que no es oro todo lo que reluce y ese miedo les paraliza.

Muchas veces, no fueron atendidos de pequeños y ahora proyectan en su pareja a papá o a mamá. Es decir, siguen queriendo conquistar el amor, cariño y atención que tuvieron en la infancia. En su infancia se especializaron en no hacer ruido, por ello, cuando ya de mayores su pareja les cuestiona, lo recibirán como un puñal -pero no les será fácil mostrar lo que realmente están sintiendo-.

Normalmente se centran en el amor en pareja y todas las posibles formas de relación con el otro. Ellos y ellas tienen que sentir que son valoradas y, para ello, usarán una seducción sutil hasta límites insospechados. En este sentido, se les podría comparar con el eneatipo 2 pero hay recordar que nuestros protagonistas treses se esfuerzan mucho en esta seducción y al eneatipo dos le sale más natural. 

Además, los doses están conectados con el instinto y el tres sexual está bastante en la cabeza. No son rebeldes, sino que son chicos buenos (o se hacen pasar por ellos). 

Eso sí, las infidelidades tanto de hombres como de mujeres están a la orden del día; también los acercamientos relacionales con gran carga sexual, aunque muchas veces quede la cosa ahí. 

El tres en general, y el  tres sexual en particular,  muchas veces es víctima de lo que llamamos “amor romántico” y tiende a buscar al más guap@ y más exitos@. Valora su físico y/o su estatus por encima de lo que, realmente, es la otra persona.

Incluso si sabe que esta actitud es algo muy superficial, continúa haciéndolo pues es más fuerte que él/ella. El resultado, obviamente, es un desastre y cuesta mucho, desde ahí, que haya una entrega auténtica. 

Nuestro compañero satero y tres sexual, David Cáceres comentaba en este mismo blog:

“(…) He estado mucho tiempo alejado de mí mismo, desconectado por completo. Lo que he buscado es camaleónicamente satisfacer lo que el otro espera de mí. Para ello, he desarrollado gran capacidad de observación e intuición, ya que he tenido que anticiparme a lo que “tú” esperas de mí.

También he cuidado siempre mi imagen exterior, siempre he querido seducir, pero no ser el centro de atención; eso me impone. He querido gustar desde lo sutil. La mirada ha sido mi fiel compañera de seducción, me ha permitido “interactuar sin arriesgar”. Es la forma de captar tu atención y de detectar si podría gustarte, porque yo nunca me hubiese expuesto a decírtelo. Tu negativa, es decir exponerme al “fracaso”, a la vida en definitiva, me rompería mi frágil autoestima. Es como morir en vida. Si no soy ese que agrada, gusta, complace… no soy nada.

Nunca he sabido lo que realmente quiero, me gusta o necesito. Porque la desconexión conmigo mismo ha sido brutal. De hecho, cuando he empezado a “asomarme” hacia adentro me he cagado de miedo: ¡no hay nada cojones!” (ver post)

El TRES conservación: Seguridad / Hacedor

Es lo que se entiende en el eneagrama como un contra-número. No todos los eneatipos lo tienen tan claro como este. El tres “conserva” en un principio no se parece demasiado a los treses habituales. Por ello, muchas veces primero se ubican en otros eneatipos como, por ejemplo, el seis. 

En este caso transmuta su pasión por la vanidad por la pasión de la seguridad, con lo cual ya desde aquí se termina pareciendo al eneatipo seis.

Al igual que el dos conservación no parece muy orgulloso, el tres conservación no aparenta ser vanidoso. Por lo menos, no como se entienden comúnmente la vanidad. Por lo tanto, como bien decía Claudio Naranjo, estamos ante una personalidad contra-vanidosa. De hecho, muchas personas que terminan siendo este subtipo, de partida, ni se plantean ser treses pues las personas vanidosas le repatean especialmente.

Su tendencia natural, a diferencia del tres social, es a ser buenos.

Pero no buenos en lo que hacen, que también, sino a parecer gente buena. Aquí nos recuerdan un poco a los bonachones nueves, pero sin la carga masoquista implícita en el carácter nueve.

Por ello, han de tener mucho cuidado en entender bien su necesidad neurótica de ser tan bondadosos, pues podría parecer que es algo que solo puede tener connotación positiva. El problema es que no eligen el bien como consecuencia de sentirse libres también para no comportarse tan virtuosamente. Para ellos, es la única opción y, por tanto, lo dan todo, incluido el sacrificio de sus propios deseos y necesidades, por ser buenos o, en su defecto, parecerlo. Se enfocan en el cuidado del otro; en que el otro sienta que está a refugio con ellos. En este sentido la terapeuta, Assumpta Mateu, comenta: «En el subtipo conservación predomina el amor maternal como forma de canalizar el amor a través de ser útil a los demás. Para un individuo de este subtipo existe una compulsión a asegurarse el mantenimiento de unas condiciones de seguridad y de estabilidad que le proporcionen la necesaria sensación de tener bajo control su entorno vital. La necesidad de afecto se plasma pues en un constante cuidar al otro y en evitar que surjan situaciones conflictivas o no adecuadas. La adecuación, la adaptación, llega al punto de olvidar su propio sentir en pro de un modelo amoroso. Esta actitud, aunque autogenerada en la infancia con respecto a sus figuras parentales, llega a su máximo conflicto con las relaciones amorosas de pareja.

El amor admirativo, en cambio, no llega nunca a abarcarlo todo en el sentido existencial, es decir, no toma tanto espacio en el seno del individuo. Así, un E3 conservación siente amor admirativo solo con respecto a ciertas personas; la admiración se entrega solo a personas muy evidentes. Es el caso de algunos maestros espirituales, científicos o personas relevantes en algún ámbito que resulta de importancia para el individuo.

El amor erótico suele ser el más subdesarrollado o dormido a nivel consciente. De alguna forma, diríase que la compulsión a hacer, el estar siempre en el hacer, dificulta la apertura al placer. Así, no resulta extraño que este tipo, en el caso de sentir amor admirativo hacia alguna de las figuras mencionadas antes, se vuelque en el trabajo en pro del mundo que el admirado representa, descuidando la esfera del placer y la vida cotidiana»

Como bien dice Mateu esta pasión por el hacer del subtipo conservación, hace que también se le llame  el Tres hacedor y se puede confundir con el cuatro conservación o cuatro tenaz (sobre todo en las chicas). 

Son personas hiperresponsables y que no paran de hacer cosas. Este estar en el hacer les desconecta de sus emociones y aunque no son tan fríos como el tres social, no pueden entrar en la relación con el otro desde la autenticidad. 

A un nivel laboral pueden ser los empleados aparentemente perfectos. Unas máquinas de eficiencia y productividad, pero, pagando el alto peaje de que muchas veces están viviendo la vida de otros.

Por ello, siguen buscando la aprobación constante de las personas cercanas, y eso lo hacen desde una aparente humildad. Por ello, estamos hablando de una vanidad muy sutil.

Les cuesta horrores conectar con su necesidad real. Son personas muy prácticas que siempre tienen solución para cualquier tipo de problemas, los suyos y los de otros. Eso sí, por suerte para ellas, no se ponen a arreglar la vida de otros, a no ser que se lo pidan. Transmiten seguridad y la gente quiere un tres conservación cerquita por esa calma que transmiten; es más, quizás, están agobiados y agotados, pero la sensación seguirá siendo de que lo tienen todo controlado. Se sitúan en la vida desde la posición de que si alguien tiene un problema irá a ellos y lo resolverán.

Al igual que en el resto de treses la mirada del otro tiene un peso increíble en su forma de estar en el  mundo. En un grupo apenas se les verá pero sí que serán capaces de ir estrechando lazos de uno en uno con los miembros que más cercanos les parezcan.

No se muestran para no pasar el mal rato de ser el centro de atención; pero, desde su escondite, siguen ansiando la mirada del otro, el reconocimiento y, sobre todo, la aceptación.  Se empañan mucho en conseguir resultados y siempre tienen un plan para conseguirlos. Parece que su valía depende de lo conseguido y no de cómo ellos son realmente.

Este instinto conservación, como también los seises, evita las situaciones de riesgo e inseguridady aunque no es de tener dinero para aparentar (todo lo contrario), lo necesitan para sentirse fuera de peligro. 

Todo sobre El eneatipo tres, la vanidad

ENEATIPO 4

El cuatro social y conservación tienen bastantes similitudes y contrastan con las características principales del subtipo sexual.

Los dos primeros son contenidos y están en la carencia húmeda introvertida, mientras que los sexuales pasan a la acción y pueden resultar muy violentos.

Claudio Naranjo solía hablar de que los cuatro podían ser sufridores (conservación), sufridos (social) e !!insufribles (sexual)!!

También conviene recordar que, aunque estamos hablando de un carácter eminentemente emocional, tanto los cuatro sociales, como sobretodo los cuatro conservación suelen tener un amplio historial en formaciones de todo tipo. Así como, el eneatipo dos rechaza bastante la parte intelectual, muchos cuatros tienen esta faceta muy desarrollada.

El Cuatro Social: vergüenza

El cuatro social, en general, curiosamente no es demasiado social; de hecho, la palabra clave para este eneatipo es la vergüenza.

Y te preguntarás ¿por qué se llama social si no es social? Pues buena pregunta; pero, nos tememos que en varios subtipos del eneagrama pasa lo mismo. 

Pero, más allá de este matiz, al cuatro social lo reconoceremos porque tiene todo lo que hemos hablado del cuatro en general, pero con un extra de inseguridad en sí mismo. Tienden a dar lástima y captar la atención desde la pena.

De hecho, esta “vergüenza tóxica” puede tener ecos de abusos sexuales recibidos en su infancia. En estos casos, evidentemente, es fundamental que, en un entorno de seguridad máxima, se puedan blanquear estos asuntos del pasado. 

Respecto a la vergüenza también cabe apuntar que el eneatipo cuatro la puede vivir como una especie de miedo anticipatorio. Por ejemplo, si se imagina que tiene que hablar en público, el miedo y la ansiedad se apoderarán de ella.

La vergüenza suele ir de la mano de sus primas: la culpa y la timidez. La culpa que les produce el sentimiento de haber hecho algo mal y la timidez de no sentirse suficiente. Al contrario de las doses, que siempre se sienten llenas, ellas están en la carencia más extrema.

Muchas veces esta timidez les lleva a esconder parte de su forma de ser o incluso de su cuerpo. Puede haber un descontento grande con su físico que en casos extremos les lleva también a problemas de bulimia o anorexia.

En el extremo opuesto a esta relación con la vergüenza se encuentran algunos sietes, que, exagerando un poco, ni la tienen ni la han conocido.

En fin, que tanta vergüenza también es fácil que le conecte con el masoquismo y entonces ya tenemos el lío completo.

Como buen cuatro, el cuatro social se lamenta sin parar y ama ponerse en el papel de víctima. Son los reyes de la auto-culpabilización y la comparación negativa. El otro siempre tiene algo mejor que ellos. Prefieren tragarse su propio veneno en vez de expulsarlo contra otros. Aprendieron desde muy pequeños a introyectar su agresividad, lo cual le puede llevará a somatizar y caer enfermos.

Llegado este punto, rescatamos las palabras de la terapeuta Sonia Gajnaj*:

«Sentía una feroz competitividad que no podía reconocer: una competitividad por el reconocimiento, por ser única y especial, por el lugar… Un lugar para ser, pero un lugar buscado desde un ego eternamente boicoteado, al mantenerlo siempre ocuparlo con lamentos y quejas (…).

El amor solo se daba a través de la queja y el dolor. Me ponía en situaciones en que el otro pudiera dejarme, de modo que solo pudiera ver a la pareja a través de mi desvalorización y de mi auto-odio, despreciándola más cuanto más tiempo permaneciera a mi lado. Esta manipulación se daba en todas las relaciones que establecía. Servía para que los otros me dieran, y también era la manera de retroflectar mi odio y envidia hacia los demás. Otro aspecto habitual en las relaciones de la pareja era mi dependencia de la figura materna y la falsedad consciente puesta al servicio de mantener la relación a cualquier precio. También solía ser muy abandónica y, al mismo tiempo, creía que me abandonaban: primero me entregaba al exceso de contacto y después mi retirada era total.»

Como vemos, esta búsqueda constante de amor lleva al cuatro social a un sufrimiento constante y a un estar a merced del otro.

El Cuatro  Sexual: Odio

Este subtipo se diferencia de sus compañeros de viaje pues sí es capaz de sacar la rabia a pasear y, además, lo hace con una vehemencia extrema. Podemos decir que, el habitual llanto de los cuatros es sustituido por el grito y la increpación violenta. Frente a la vergüenza habitual del subtipo social, en el cuatro sexual nos encontramos un carácter desvergonzado.  Son muy ruidosos e insistentes en sus demandas. Dede ahí, resultan muy pesados y sienten un gran rechazo del mundo. Y a más rechazo, !!más reclamación!! Son intensidad en estado puro -también, muy competitivos- y pueden resultar bastante arrogantes.

Es el llamado “cortacabezas” y en las formas puede recordar al punto sádico que tienen algunos ochos. Algunos autores hablan de ellos como el subtipo “cuatro odio” (nombre que ya daba Óscar Ichazo en el 1969).

En este sentido, la terapeuta Annie Chevreux, apunta *:

«Es esencial para el E4 sexual llegar a comprender que el odio es droga dura, una adicción de la cual uno no se cura para siempre. Insisto en este punto porque tiene que ver con las posturas extremistas que solemos adoptar los de este subtipo y que son verdaderas trabas para el crecimiento. La euforia que produce verse progresar en el proceso de sanación, como la desesperación cuando uno se estanca, son emociones peligrosas que justifican el desanimarse, tirar la toalla, entregarse al caos. Son emociones que retroalimentan el odio hacia uno mismo y lo expanden hacia fuera con todo lo que acarrea de infelicidad propia y ajena.»

También tiene puntos en contacto con el seis contrafóbico pues cuando huelen el miedo, pasan a la acción en vez de paralizarse. Incluso físicamente se pueden parecer a estos seises y abandonan el carácter menudo oral del eneatipo cuatro para convertirse en físicos más robustos que pueden cuadrar con el carácter psicopático controlador. Muchas veces, tienen una coraza superior a prueba de bombas. 

Desde ahí, tienden a la competitividad. 

Respecto a sus seres cercanos son muy, muy, polares. Cualquiera de ellos puede pasar de ser un demonio a un ángel en un pis pas.

Como los otros dos subtipos de cuatros son bastante celosas y posesivas; pero ellas arderán de cólera ante cualquier indicio de infidelidad.

En general son gente muy agresiva y aunque depende de cómo tengan los otros dos subtipos, pueden tener tendencia clara al conflicto. Además, se pueden venir muy arriba y recordar por momentos incluso al eneatipo dos. Hacen gala de no callarse nada y esto, lejos de ser fortaleza, se puede convertir en un problema. 

Si pensamos en un animal, nos viene a la cabeza la mantis religiosa después de haberse zampado a su pareja. Por cierto, estos fascinantes insectos no solo basan su dieta en engullir al macho, sino que incluso son capaces de comer pequeñas aves como colibríes.

El Cuatro  conservación: Tenacidad

Las cuatro tenaces o conservación, se suelen parecer más al cuatro social que al sexual. Vendría a ser una especie de contra-número del eneatipo cuatro pues su envidia no es tan evidente por su gran capacidad de sufrimiento y aguante. Tienen tendencia a un masoquismo estoico.

Un masoquismo que ya vive el niño cuatro conservación desde muy pequeño. Un soportar carros y carretas y encima sin quejarse demasiado. Es como si desde siempre se hubieran especializado en tragarse el dolor.

Es como si la pasión de la envidia típica de este eneatipo, en el subtipo conservación se transformase en una pasión por el masoquismo.  Si a esto añadimos su innegable tenacidad el cóctel molotov está servido. La auto-exigencia es máxima.

Por otro lado, todo lo que hemos hablado de la vergüenza en general, con un grado menor de intensidad, lo podemos encontrar en este subtipo. 

El sufrimiento, lógicamente,  también está presente en su vida, pero el volumen hacia el exterior es menor. No llora tanto como los sociales.

Sin embargo, como a las cuatro sociales, les cuesta sacar la rabia y se la quedan dentro.

También, se suelen parecer mucho a las tres conservación (“tres hacedor”). Evidentemente, no son tan frías como ellas, pero tienen este punto del esfuerzo metido en el ADN. Desde fuera son bastante  iguales; además, como las tres conservación no cumplen el patrón estético del tres social, incluso el aspecto físico puede ser parecido a las cuatro conservación.

También pueden tener un punto en común con los unos a nivel de exigirse demasiado. No es la perfección del uno, pero, por momentos se le acerca mucho.

En este sentido, la terapeuta Cristina Nadal comenta*:

«En mi proceso terapéutico, fue muy importante identificar la enorme voracidad de mi parte exigente. También fue importante el ir identificándola, desidentificándome de ella, cada vez que salía y que sigue saliendo. Es una excelente tarea de largo recorrido, cuyo resultado es rebajar su virulencia pudiendo usar su inteligencia. En este subtipo, el anhelo y el esfuerzo por conseguir aquello lejano aporta la sensación de poder obtener aquello maravilloso que se perdió. El tenaz pretende dejar de ser carente y liberarse de  la mala imagen a través de un esfuerzo constante, a modo de hormiguita, basado en una importante auto-desvalorización. Un esfuerzo que reza: «voy a por ello cueste lo que cueste», y que perpetúa la idea loca de que «hemos venido a este mundo a sufrir y a aguantar». Así, pretende ser querible». (…) buena parte de la tensión está alimentada por el hecho de que el esfuerzo que realiza está destinado a superar una deficiencia que está en la base del rasgo y que en realidad solo es inventada.»

En general es un subtipo que, en el entorno laboral lo da todo. ¿La razón? No es que ellas en realidad quieran estar metiendo miles de horas, es la necesidad de aprobación lo que las lleva a estar entregadas al trabajo. Su intensidad laboral puede rayar muchas veces la propia adicción. Este problema pasa bastante desapercibido en esta sociedad que nos toca vivir y que valora tanto esta sumisión laboral, considerando estas adicciones más una fortaleza que un problema. Es más, cuando la cuatro conservación está tan entregada en el trabajo, entra de nuevo en otro tipo de enfermedad que la hace desconectarse de lo que ella desea.

Todo ello genera estrés y falta de equilibrio. Su autoexplotación no es evidente para ellas y tardan mucho en tomar consciencia de que este no es el camino. 

Suelen tener mil formaciones y títulos. Nuevamente, estaríamos ante la antítesis de un siete, que con un curso rápido de casi cualquier cosa ya se siente con confianza de ponerse de profesor.

En cualquier caso, más allá del entorno laboral, como sus compañeras de subtipo, la pareja siempre será un tema central en su vida y necesitarán a alguien que les dé sus ojos y a ser posible su corazón. 

Con todo ello, el cuatro conservación lo que realmente está conservando es  el propio sufrimiento. Es un sufridor nato. Su ego se siente merecedor de un sufrimiento grande, él puede con esto y con mucho más. Es especial incluso para esto. De hecho, pueden pasarse la vida entera sin un día de sosiego. El sufrimiento y la carencia para ellos es algo adictivo.

*Extracto del libro 27 personajes en busca del ser de Claudio Naranjo.

Todo sobre El eneatipo cuatro, la envidia.

Si te esta gustando este post, te puede interesar echar un ojo a nuestro curso: Eneagrama de los instintos.

2 TRIADA DE LA RAZÓN

ENEATIPO 5

Aunque en principio no hay un subtipo que «desentone» del resto, el cinco social puede sorprender, en un momento dado, porque, no sin esfuerzo, puede salir al mundo y compartir su inmenso saber con más contundencia que los otros subtipos. Aun así, nos nos encontramos un contra-número tan claro como en cada subtipo de la triada emocional. De tener que elegir uno, podríamos apostar por el cinco sexual ya que tiene un punto emocional que le diferencia de sus compañeros sociales y conservación.

El cinco Social: Tótem de conocimiento

Lo primero que habría que aclarar es que, aunque estemos hablando del subtipo social, un cinco social, por muy social que sea, lo será mucho menos que este subtipo en otros eneatipos. Es decir, el cinco social ha de hacer un esfuerzo para estar en el mundo hacia afuera; no es algo que le salga natural.

Como todos los cinco, acumulan mucha sabiduría, pero, en este caso, no les cuesta tanto compartirla con el mundo. Además, su exposición en sociedad siempre será desde la seguridad que le da el conocimiento. Si no es así, se volverá a su refugio.

En palabras del psicoterapeuta, Jordi Pons: «De los tres subtipos del eneatipo 5, las personas de este subtipo son las más intelectuales y tienden a enfocar su intelecto en temas de tipo científico. Les apasiona el conocimiento: «sé, luego existo». Por su gran dedicación a estos temas científicos, pueden llegar a tener un conocimiento experto en las áreas que captan su interés. Dedican su vida a la búsqueda de lo extraordinario. Buscan el origen de las cosas; un conocimiento especial. Tienen la fantasía de que mediante este conocimiento serán más felices.

Socialmente procuran pertenecer a grupos donde el nexo común sea el conocimiento de un tema o afición. Pueden hacerlo como aprendices o discípulos, maestros o instructores. Por ejemplo, el científico que se reúne con un pequeño grupo de científicos y hablan de ciencia en un lenguaje que solo ellos entienden.»

Tienen tendencia a la idealización y se ponen en juego desde el amor admirativo; el problema, es que son muy pocas las personas que ellos consideran dignas de ser admiradas. Eso sí, con quienes lo ven claro, a tope con ellos. Buscan lo extraordinario y alcanzan la excelencia en sus tareas con facilidad. Ya sabemos que al cinco, en general,  le cuesta contactar con lo mundano y terrenal y tiene tendencia hacía mundo superiores (en todos los sentidos), pero en el subtipo social esto es todavía más exagerado.

Por suerte, algunos cinco sociales, como el propio Claudio Naranjo, se entregan a la causa y son excelentes divulgadores de su parte racional. En el caso del maestro chileno, con el plus de haber sabido crear una original y útil menestra con todo lo que fue aprendiendo a lo largo de su vida.

En el proceso de transformación del cinco social hay una vuelta al cuerpo importante y, sobre todo, por lo menos un intento de confiar en el otro. De darle su espacio y tratarle como un igual. En palabras del terapeuta Ángelo Contarino: «Para una persona que creció con el temor de ser invadida, el encuentro con sus semejantes se convierte en una prueba de fuego: es lo que más busca y de lo cual tiene extrema necesidad, y lo que más teme debido a los trastornos que ello puede significar. Las relaciones más cercanas y, por lo tanto, las familiares, son las más transformadoras. Es importante comprender la relación con los padres y fundamental la relación amorosa: una verdadera escuela de crecimiento que pone a prueba y da el empuje hacia metas más ambiciosas. Poder entregarse, reunir modos de amar que, por lo general, están separados, intercambiar aprecio y placer de estar con el otro, pueden crear un fluido tan dulce y nutritivo que repara y regenera los tejidos existenciales dañados.»*

El  cinco  Sexual: Des-confianza

Como en el eneatipo cuatro, entre los cinco sexuales hay gente con pluma muy fina y mucha sensibilidad hacia el mundo del arte.

La búsqueda de lo extraordinario, de lo que no es de este mundo, del subtipo social, se torna en este suptipo en algo más concreto. Tienen más presente al otro aunque, igualmente, les cueste mucho entrar en el vinculo desde el compromiso y, sobre todo, la presencia constante.

La pasión habitual del cinco se transmuta en el sexual en una pasión por la confianza.  Si hace el enorme esfuerzo de dejarte entrar en su mundo interior, exige que haya una confianza absoluta; por ello, será muy pocos los elegidos para entrar en tan frágil y exigente relación.  Desde aquí, es fácil imaginar que vivirá el amor de pareja desde la idealización. El amor romántico estará bastante presente en sus vidas.

Reforzando esta idea rescatamos las palabras de la terapeuta Mireia Darder:  «Nuestra fantasía consiste en que esperamos poder ser y atrevernos a amar cuando aparezca por fin la pareja que nos comprenda. De ese modo, creemos que podremos ser nosotros mismos totalmente, y podemos volvernos muy exigentes con el otro, dadas las extremas expectativas depositadas en él. Esa persona es una idealización y, como tal, es imposible que exista. Al principio de una relación se puede sentir que el otro lo es todo, pero a medida que avanza se va viendo que la persona es humana, con la consiguiente frustración, ante la cual nos inhibimos en lo afectivo con el consiguiente aislamiento. Hasta que se acumulan necesidades básicas de relación y afecto que exigen ser satisfechas y hay que canalizar de nuevo. Entonces, se busca alguien elegido al que contarle confidencias o se busca una nueva pareja para volver a empezar».*

Se le nota con más energía y le puede costar menos pasar a la acción. Tienen la curiosidad a flor de piel.

Aunque, como buenos cincos, tienden a ir a su bola, en un momento dado, sí que tienen al otro presente sobre todo a nivel de pareja. Pueden llegar a tener relaciones estrechas, pero de uno en uno. Tres pasan a ser multitud.

Nuestro compañero satero, Antonio Adanez (cinco sexual), en este mismo blog, comentaba,

“(…) me identifico con la búsqueda de conocimiento y el aislamiento, pero este último mediatizado por la búsqueda de la intimidad con el otro”.

(ver post)

Eso sí, si la relación no es como ellos imaginaban, pueden sentirse rechazados con facilidad. No podemos olvidar que, en general, el cinco tiene la herida del abandono desde la infancia.

Por ello, las personas con las  que se sientan muy seguros y se haya ganado su confianza, pasan a ser dignos de acceder a su mundo interior. Estos privilegiados recibirán toda su atención y cuando decimos toda es toda. El cinco sexual se enfoca como nadie.

Pueden tener un punto excéntrico y desde ahí hay una necesidad/miedo de que se pueda conocer.

El  cinco conservación: Refugio

Es el más tímido de todos los cincos y muchas veces se le llama el “cinco cueva”.  Las pasión de la avaricia se transforma en la pasión por el refugio. La necesidad básica del cinco de retirarse, se lleva al extremo en este subtipo, su fijación por el aislamiento, en un estado de neurosis alto, puede llevarles a lo patológico. Si todos los subitipos conservación, en realidad podrían llamarse auto-conservación, en los cinco conservación más todavía. Ven demasiados peligros en su entorno y, por ello, han necesitado construirse su propia fortaleza.

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casa de los sueños del cinco

Con todo ello, como explica el terapeuta Ignacio Fernández, aparece una nueva fijación que es la evitación del conflicto: 

«El conflicto se vive a nivel interno y es necesario ver los tributos que esto conlleva. Por un lado, el precio es la autoagresión al internalizar la rabia, la ira interna. También, el matar al otro internamente: el cortacabezas interior. Es útil reconocer el mecanismo por el cual, ante lo que se percibe como una agresión especialmente dolorosa, se desarrolla internamente un gran resentimiento que, sin embargo, el cinco conservación apenas se permite expresar hacia afuera. La consecuencia más habitual de este resentimiento es una reacción de alejamiento que puede ir unida a determinadas acciones si se ve amenazado el propio espacio seguro. El resentimiento es una constante y, en algún momento, se necesita ver hasta qué punto se produce un apego a él. Tanto es así, que este apego deriva en una actitud vengativa internalizada.»*

Así, como vemos, el cinco sexual, no es que no conecte con las emociones; sí puede sentir este rabia, pero la reprime. Todo lo que nos ideas y conceptos lo hace desaparecer y evita mostrase mínimamente tocado por estas emociones. 

Pueden ser excelentes investigadores y son grandes observadores. 

Sus aficiones también será solitarias y evitarán al otro en la medida de lo posible.

Disfrutan de su soledad; pero, si no son capaces de salir de ahí, se les pasa la vida y el vacío se va apoderando de ellos.

A veces, pueden “cuatrear” un poco y estar en contacto con el mundo de la creatividad y el arte.

*Extracto del libro 27 personajes en busca del ser de Claudio Naranjo.

Todo sobre El eneatipo cinco, la avaricia.

ENEATIPO 6

El seis social y seis conservación son muy diferentes del seis sexual. De hecho, el seis sexual, que termina siendo el contra-número, pareciera que no tiene miedo. Todos ellos venden seguridad siendo personas, de partida, de naturaleza insegura.  El seis sexual o seis contrafóbico lleva esta característica al extremo. 

En general, los «no sexuales» necesitan más aprobación para pasar a la acción, mientras el sexual pasa al ataque en un pis pas.

El seis Social: Deber

El seis social o “seis deber” es el perfecto soldado. Es muy disciplinado y obediente. Necesita claridad y, por lo tanto, odia la ambigüedad. Si tienen claro dónde está el norte y cuáles son los pasos a seguir, se sentirán tranquilos. Tiene un alto sentido moral y hará lo que tiene que hacer cuando tenga que hacerlo. Para ellos es muy importante tener claro qué esta bien y qué esta mal. Si no lo saben ellos, necesitan una persona que se lo confirme.

En esto se parecen y se diferencian del eneatipo uno. El uno también necesita hacer las cosa «bien», pero no busca una confirmación externa; ellos saben lo que es lo correcto. Ambos, el seis social y el uno, son gente muy precisa. Desde aquí, también podemos hablar de su tendencia a la eficiencia, lo cual les emparenta con el eneatipo tres. También, el uno y el seis social comparten tendencia a la represión de los instintos; es decir, aunque muchos eneatipos están bastante castrados, en estos se ve con más claridad. Es como si el animal interior estuviera bajo siete llaves.  Desde ahí, corren el peligro de olvidar su parte más carnal y que esto mismo les pueda jugar malas pasadas. Tomos los seres  humanos tienen necesidades concretas, también de los más mundanas, y negarlas no hace bien. Si se olvidan de esta parte, pero no por ello deja de estar presente. Por todo ello, desde fuera, pueden parecer similares, pero el seis social no dejará de ser un buen soldado y el uno tiene una autonomía interna que le hace obedecer su propio criterio.

Los seis sociales son buenos cumpliendo las normas y les gusta que el resto también las cumpla. Si no lo hacen, serán críticos con ellos. Y si pueden castigar al que las incumple, mejor que mejor. Necesitan la claridad de las reglas. Si les toca mandar y están un poco descentrados pueden resultar un tanto tiranos.

Defiende a muerte la ideología del grupo.

Son fríos (insensibles) y calculadores. Cortan su parte instintiva por el miedo a entrar en relación y que, desde ahí, surja un vínculo que les haga mostrar su parte más tierna. Con tanto control y su afán por que las cosas no se desmadren,  acumulan mucha tensión.

Pueden contactar ligeramente con la rabia, pero son muy correctos y se la tragan con patatas.

Claudio Naranjo habla de que este subtipo tiene un carácter prusiano.

Por todo ello, el seis social necesita perder el control, salirse de la norma y, sobre todo, contactar con su olvidada intuición. Desde ahí, dejarán de ser obedientes robots desconectados de su cuerpo y emoción. Siguiendo esta idea de progreso del subtipo, el terapeuta y discípulo de Claudio Naranjo, Gerardo Ortiz, sentencia: «No he dejado de sentir ansiedad, pero ya no es una experiencia que me atrapa y se posesiona de mí. Ahora, es más ligera y esporádica en su presentación y, la mayoría de las veces, controlable.

Estoy aprendiendo a ser paciente y a no enojarme cuando las cosas no salen como pretendo o no tengo el control sobre ellas. De igual manera, he incorporado la flexibilidad a mi repertorio conductual y a mi cuerpo a través de la danza y la expresión corporal, lo cual me ayuda a no obsesionarme en pretender que todo tiene que hacerse bajo mis códigos o puntos de vista. También, he conseguido disminuir significativamente el enjuiciar — ese deporte o pasatiempo preferido que nos atrapa a las personas del seis social— , reconociendo también que este aspecto está íntimamente entrelazado con la autoestima, pues cada vez que hacía un juicio, indirectamente estaba manifestando con soberbia que las personas a quienes sentaba en el banquillo de los acusados eran inferiores a mí.»*

El seis Sexual: Fuerza

El seis sexual o contrafóbico es el contra seis.  Funciona en dirección contraría al miedo. Se podría relacionar esta aparente ausencia de miedo con la fuerza y, del mismo modo, el contacto con el miedo del conservación con cierta debilidad. Ambas apreciaciones, evidentemente, son sólo eso acercamientos a la comprensión de los subtipos. 

Suelen intimidar para no ser atacados y presentan una imagen chulesca y prepotente.  Lo de la mejor defensa en un buen ataque lo llevan al extremo. Incluso tienen un tono de voz muy contundente. En este sentido, quien fuera una de las manos derechas de Claudio Naranjo, Grazia Cecchini, apunta: «En los contrafóbicos, la fuerza se cultiva a menudo a nivel físico (casi todos han dedicado tiempo a deportes o experiencias físicas que servían para sentirse fuertes muscularmente). Otro rasgo es el de la fuerza como resistencia a la fatiga, a la represión, a la humillación y al dolor mismo. Este aspecto lo hace asemejar a un E4 conservación. La diferencia es que el E6 sexual cultiva la fuerza como ilusión para sostener el ataque del otro y el miedo. No obstante, para que se produzca una transformación es necesario llegar a niveles más profundos: reconocer la fuerza como una identidad sustitutiva que colma la profunda sensación de no ser dignos y que está puesta al servicio de no sentir necesidad del otro. «Si soy fuerte no caeré en la relación y no me van a herir». «Si soy fuerte, puedo existir, ya sea que tú/el otro esté en relación conmigo (porque sabré defenderme), ya sea que tú/el otro me abandone». La ilusión neurótica de la fuerza está directamente conectada con la ilusión de independencia e incolumidad, y también con el rasgo narcisista de la megalomanía.«

Mucha gente de este subtipo (¡y hay muchos más de lo que pudiera parecer!) tardan en ubicarse en el seis porque para ellos el miedo no es tan evidente. No reaccionan desde la parálisis. Si huelen el miedo van a por él. Para ellos, no hay situación peligrosa, reaccionan desde una especie de impulso y se suelen meter en líos importantes.

Es más, aunque lleguen a sentir el miedo, les costará mucho reconocerlo en público.

Así, no les cuesta pasar a la acción como al resto de seises. Tienden a querer impresionar al otro con lo que van haciendo.

A veces, no parecen mentales y se les puede confundir con un ocho o con un cuatro sexual. Físicamente son muy potentes, aunque también hemos conocido a chicas seis sexuales más menuditas, pero con una energía importante.

Ellos, a diferencia de los otros subtipos, sí contactan con la rabia y la sacan fuera. En su infancia, quizás sufrieron más castigos que sus compañeros de subtipo. Desde ahí, acumulo más reactividad y saca su fuerza para dejar de sentir el miedo que realmente siente. Esta fuerza aunque puede parecerse a la del ocho no es igual. Es más intermitente y el ocho es más rápido, el lujurioso funciona más desde la potencia que desde la fuerza en sí misma. Además el ocho tiene un pensamiento desestructurado y el seis sexual, más allá de su impulsividad, no deja de ser una persona instruida y ordenada.

Nuestro compañero satero, Jordi Pons (seis sexual) en este mismo blog, comentaba, “(…) en el Eneagrama me hubiese sido difícil entender y reconocer mi miedo y la tendencia a responder a este de forma contrafóbica. Desde mi neura, percibo una cierta sensación amenazante de lo incontrolable, de las personas y del mundo en general. Definiría este miedo como la tendencia a percibir de forma crónica una cierta sensación de amenaza en el día a día. Una amenaza que puede no tener forma ni nombre, es algo paranoico. Yo lo resumiría diciendo que es una percepción que invita a tener una actitud defensiva (o contrafóbica). Básicamente, es repetir de forma continua el patrón que se construyó en la infancia, aunque ya no exista la amenaza.”* (ver post)

El seis conservación: Calor

Los seis conservación o seis calor, son el subtipo más blandito. A diferencia del social no necesita tanta norma y puede relajarse un poco. No es tan tajante con la idea de bien y mal y puede navegar con comodidad en la escala de grises que separa el blanco del negro. A veces, son como osos de peluche y pueden llegar a tener un punto casi casi emocional. 

Son gente muy confiable y que da gusto estar con ellos. Eso sí, les falta un poco de impulso en la vida para mostrarse desde todo el potencial que tienen. Por ello, les falta cierta dirección y eso les lleva a dar más rodeos de los necearios.

Tienen tendencia a buscar protección en los demás. La autoridad es para ellos muy importante. Por ello, la localizan y si es de su confianza, estarán en calma bajo su paraguas. Así, al contrario que un seis sexual, les costará mucho desafiar a quien está por encima de ellos e incluso a quien está a su par. Con todo ello son los reyes de las alianzas. Desde estos vínculos sentirán que el otro les respeta y sobre todo no serán atacados por la gente que está en su entorno cercano. Hacer alianzas pudiera parece que no tiene nada de «malo»; sin embargo, en el caso de nuestros protagonistas, el problema es el exceso de alianzas y, sobre todo, la razón por las que las buscan: en el fondo, no confían en el otro. En este sentido, la terapeuta y asidua colaboradora de Claudio Naranjo en los SATs, Betina Waissman comenta: «He oído a muchos seis conservación nombrar la búsqueda e importancia de la seguridad externa. Pienso que este asunto se vuelve compulsivo porque no creemos que esa seguridad pueda ser alcanzada: un piso se puede quemar, el dinero se puede robar, el destino no es seguro, nada es seguro, nadie sabe el futuro… Aun así, hay un intento constante de asegurarse, prever por si acaso; tantas veces invirtiendo energía en crear una seguridad en la cual no terminamos de confiar. Esta tendencia muchas veces aparece en lo material, incluso en lo más cotidiano y banal. Más de una vez me he contenido la tentación de comprar dos de algo que necesito o me gusta por si se acaba, se gasta o se rompe. En mis bolsos y maletas siempre llevo de todo por si lo puedo llegar a necesitar, no me gusta pedir ni depender del otro. (…) Una idea loca que alimenta el comportamiento neurótico es: «si tengo amigos, gente que me quiere y a quien yo quiero, estoy protegida». Si me pasa algo, alguien me dará una mano, tendré donde agarrarme. Por otro lado, hay una falta de confianza en el amor. Yo no creía que me pudieran querer de verdad y mucho menos que me pudieran proteger. La niña en mí no entendía por qué mis padres, que me querían tanto, no me habían defendido de los malos tratos de la cuidadora. Mi fantasía era que los amigos se olvidarían de mí, que no me verían. Por lo tanto, era importante tener muchos amigos y cuidar los vínculos.»*

Con todo ello, este seis cuida mucho los vínculos y procura tener bien referenciadas las personas que, en un momento dado, pueden protegerles. Debida a su auto-castración puede recordar por momento a la mansedumbre del eneatipo nueve. Pueden haberse quedado un poco infantilizados y, desde ahí, demasiado apegados al control.

*Extracto del libro 27 personajes en busca del ser de Claudio Naranjo.

Todo sobre El eneatipo seis, el miedo.

ENEATIPO 7

Hay personas que de partida no parecen un siete; pero, cuando vemos los subtipos (sobre el todo el contra siete: el social) terminan encajando perfectamente. En este sentido, conviene remarcar que el siete conservación y el sexual cuadran bastante bien con el prototipo de siete y el social es más niño bueno. Por eso, los sociales tardan en ubicarse en los sietes ya que piensan que una persona tan íntegra como ellos no puede estar en el mismo equipo que una «panda de tramposos y encantadores de serpientes».

El Siete Social: Sacrificio de su propia gula

Los siete sociales suelen tener grandes ideales y, a diferencia de sus compañeros de eneatipo, cambia su pasión por la gula por la pasión por el sacrificio. Sueña con un mundo donde no exista dolor y conflicto. De hecho, piensan que pueden escapar a sus propios deseos y ser como una especie de seres angelicales que escapan a las mundanales necesidades del resto de los humanos. La cultura New Age estuvo plagada de sietes sociales, gente muy pura que sólo ve el lado positivo de la vida. Su sacrificio no tiene que ver con las conductas masoquistas de algunos nueves o cuatros. El sacrificio es de su propia gula. Gula que sí siente pero que sacrifica en favor de la imagen idealizada de sí mismo. Y ya de paso, si los demás les ven como unos santos, mejor que mejor. Se podría decir que, aunque sea de manera ilusoria, el siete social quiere amar al otro más incluso que así mismo. En realidad la bondad no debiera tener límite; pero, sí en el siete social, pues su bondad tiene una buena carga de neurosis y de búsqueda de reconocimiento de esta misma bondad.

San Francisco era el ejemplo de verdadero santo que ponía Claudio Naranjo como ejemplo de siete social.

En este sentido, uno de los terapeutas gestalticos con más reconocimiento de su profundo y generoso trabajo, Paco Peñarrubia, afirma:

«Estamos ante una personalidad complaciente y generosa, capaz de gestionar proyectos y movilizar energías para un fin determinado, al que puede entregarse con mucha dedicación. Para ello, hace falta entusiasmo, idealismo y habilidad social, y de todo esto suele tener en abundancia un siete sacrificado. Semejante posición ante el mundo tiene muchas compensaciones egoicas: aprecio, reconocimiento, buena imagen, reducción de conflictos y crear deudas en el otro (para que a su vez te trate así de bien), generando finalmente relaciones interesadas que acaban desprovistas de sentido real (yo-yú), y con tendencia a la superficialidad. El camino hacia la autorrealización pasa por ir disolviendo esta compulsión de niño bueno, atravesando dos escollos internos complejos y complicados: la culpa y el egoísmo. La culpa está oculta, más bien proyectada, culpando a los otros por su falta de compromiso y dedicación (la queja latente es: «con lo que yo he hecho… y qué injustamente se me responde»), o recriminándose a sí mismo por ingenuo e iluso, por esperar tanto del género humano. Pero, detrás de todo esto, hay culpa por sentirse tan interesado bajo la careta de bueno, por manipular a través del entusiasmo, por delegar excesivamente en nombre de la tolerancia, etc. Así que, empieza a desconfiar de su buenas intenciones, a sentirse bastante miserable y a hacerse un lío entre lo que es altruismo y/o egoísmo.»*

En esta deuda que genera el siete social con el mundo, nos puede recordar a la que también va generando el eneatipo dos. Recordamos que el dos vive en una aparente generosidad, pero que, en el fondo, se trata de un dar para luego recibir.

Los sietes sociales sienten que se tienen que entregar a causas mayores con una gran componente de compromiso social. Tienen una tendencia clara a lo espiritual. Muchas veces no parecen sietes, porque se olvidan de las cosas mundanas. Como si lo de este mundo no fuera suficiente para ellos y aspirasen a conectar con algo más grande. 

Algunos sietes, sobre todo chicos, tienen una incontinencia verbal que les hace hablar y hablar, sin llegar a decir nada realmente importante.

Aparentemente son los menos sietes de los sietes y se puede decir que son un contrasiete; de hecho, en muchas ocasiones l@s confunden con los cincos. También, curiosamente, terminan siendo los menos sociales de los sietes. Suelen estar en un segundo plano y buscan con ahínco la soledad (aunque sea de manera intermitente). Aun así, su miedo al dolor y al sufrimiento está siempre presente y es precisamente eso lo que les hace embarcarse en cruzadas épicas con tal de no conectar con lo que pasa en el aquí y ahora. Su misión es que nadie se entere que en realidad no es el niño bueno que con tanto ahínco ha creado. Al siete social le cuesta llegar a entender su propia actuación. Incluso cuando alguien ha llegado a identificarse con este eneatipo y subtipo es muy habitual que siga pensando que él, en el fondo, es bueno, alguien santo y puro. Cuesta hacer caer el telón pues la función está muy bien orquestada.

Si les miramos con los ojos del carácter de Lowen y Reich, nos encontramos con varias peculiaridades. A diferencia de los subtipos conservación y sexual, no siempre son “rígidos clásicos”. De hecho, por este parecido con algunos cinco, pueden llegar incluso a tener rasgos esquizoides (suelen ser largos y un tanto desgarbados); lo cual, de partida, podría sorprender mucho. Esto, evidentemente, no siempre es así, y sólo es una apreciación sobre un rasgo que vemos que se repite de vez en cuando. 

El Siete Sexual: Sugestionabilidad

Son los que más gusto tienen por diferentes tipos de gulas aunque, curiosamente, sin ser tan intensos como los conservación. Son los más “ligeros” de los tres sietes y, curiosamente, y a pesar de su apellido, en muchas ocasiones terminan siendo los menos sexuales de los sietes. Son soñadores y con tendencia al encantamiento. No tienen la “dureza” del siete conservación. Se mueven bien en el entusiasmo y la creatividad, evitando la “vulgar la realidad”. De alguna forma, se las apañan para seguir siendo siempre un niño grande que se sale con la suya (siempre hay un lugar más agradable al que ir). De partida, lo del compromiso como que no va con ellos. La figura de Peter Pan encaja como anillo al dedo con este subtipo.

Phoebe Buffay (Fibi) en Friends huele a siete sexual.

Tampoco suelen caer con facilidad en los excesos, siendo un subtipo que se mueve muy bien en el mundo de la fantasía y las ideas. Es un idealista y su pasión, más allá de la propia gula, es la sugestionabilidad.

Respecto al carácter, siguiendo lo aprendido por Reich y Lowen, vendrían a situarse en los rígidos y dentro de estos, en muchos casos, en los rígidos pasivo femeninos. También, algún psicopático podría ser siete sexual.

El camino de sanación pasa por dejar tanto entusiasmo de lado y conectar con lo real. Bajar al cuerpo y madurar. Entrar en el silencio de la meditación y conectar con lo mundano, con lo sencillo. Hablar menos y sentir más. Vivir la vida desde una cierta sobriedad. En palabras del terapeuta Enrique Villatoro:

«(…) Hoy en día siento más desconfianza frente al pensamiento racional y más credibilidad en la sensación e instinto. No escucho tanto el flujo intelectual, lo que me facilita silenciar ese ruido mental interno de multiposibilidades, planes, oportunidades, ideas excitantes, etcétera. Este acallar interno también se manifiesta en un mayor silencio externo, en un hablar menos. Ha quedado atrás el irse por las ramas hablando, excitándose uno mismo con su propio discurso. Ahora, hay más precisión y capacidad de utilizar mejor el lenguaje, tanto en las palabras exactas como en la estructuración del discurso, y puedo concretar con más exactitud lo que quiero expresar. No tengo tanta necesidad de exteriorizar esas maravillosas ideas y posibilidades que surgen en la mente porque ni uno mismo se las cree: tienen menos importancia, atrapan menos y no autosugestionan tanto.»*

Con todo ello, el siete sexual, y sus eternas ganas de ser un niño grande (como el dos conserva), funciona desde la sugestionabilidad y la auto-sugestión. Es como un encantador de serpientes que consigue que el mundo caiga rendido a sus pies y, desde ahí, consigue lo que quiere. A su vez, se autoconvence de que si algo ha salido mal, es porque era mejor así. Cualquier problema lo vestirá de oportunidad. Pero, como todo en la vida, si te pasas con algo, también con el optimismo, la bofetada, como revés de la mundanal realidad, está asegurada.

Al Eneatipo 7 (chico) le cuesta salir de las faldas de mamá

El Siete conservación: Familia

Es el siete con más tendencia a la exageración y a la corrupción, lo que les  puede meter en más de un lío. Son oportunistas y sacarán ventaja de casi todo para conseguir lo que se proponen.

Óscar Ichazo hablaba de ellos como el «Guardián del castillo«.

Se habla de los sietes conservación como el siete familia y  pueden llegar a ser un poco mafios@s; son l@s que hacen las alianzas (pudiendo ser muy exigentes con l@s suy@s); aunque, quizás, sería más justo identificarlos con la manada.

La profesora y experta en eneagrama, Marta Díaz -siete conservación-, afirmaba en nuestro blog de Haiki: “(…) siendo mi mayor potencial, mi capacidad de organización. Sin embargo, esta capacidad se convierte en enemiga cuando pasa a ser control. Todo ha de estar bajo control. La familia es la palabra clave en este subtipo; familia que yo tiendo a proteger y, por lo tanto, he de controlar el entorno. Ahí, está la clave del crecimiento: confiar, pasar de estar alerta a estar atenta.”

Si no están muy centrados, pueden ser muy egoístas dentro de todo este entramado (muy al estilo del Padrino). A diferencia de los sietes sexuales, los conservación son los que no están bien con todos, sino que eligen con quien sí quieren estar bien. Son proclives a una lujuria moderada que les acerca al eneatipo ocho. Así, los excesos de todo tipo son lo suyo; desde la comida hasta el sexo y son los más proclives a caer en adiciones.

Muchas veces suelen ser bastante grandotes y un tanto aparatosos. Por ello, si los miramos desde el prisma del carácter de Lowen, los podríamos encasillar en los rígidos; muy cerca del rígido fálico narcisista, en principio más propio del ocho y de algunos doses (sociales o sexuales, pero nunca conservación). En cualquier caso, algún psicopático —tanto controlador como seductor— también podría ser siete conservación.

Suelen  camelar al personal, son muy persuasivos; cualquier milonga será bienvenida si con ello consigue lo que quiere.

En sus conversaciones puede haber siempre una doble intención y si pueden venderte algo por el camino lo harán. Hacer negocio es una una de sus pasiones. Es más, son capaces incluso de engañarse a sí mismos con tal de mantener esa fachada encantadora que les permite conseguir lo que quieren cuando quieren.  Se puede decir, que si la ocasión lo requiere, pueden llegar a ser un tanto marrulleros; es decir, pueden ser manipuladores y tramposos.

Con todo ello, y sus ganas de hacer grupo, el siete conservación no quiere disfrutar del banquete solo. Es un siete, y por muy conservación que sea, siempre necesita del grupo, de su clan, para poder dar rienda suelta a su gula. Podríamos decir que es el garante del narcisismo grupal. Un grupete selecto de amigos que disfrutan de la vida y de sus placeres como si no hubiera mañana.

*Extracto del libro 27 personajes en busca del ser de Claudio Naranjo.

Todo sobre Eneatipo siete, la gula

Si te esta gustando este post, te puede interesar echar un ojo a nuestro curso: Eneagrama de los instintos.

3 TRIADA DE LA ACCIÓN

ENEATIPO 8

Así como en la mayoría de los eneatipos hay una gran diferencia en alguno de sus subtipos en los ochos, como también ocurre en el nueve y en el cinco esto no es tan evidente. De hecho, muchas veces, no es tan obvio ver qué subtipo es un ocho a no ser que esté en un estado neurótico máximo.

El ocho Social: Complicidad

Es el que se muestra más hacia afuera de los ochos. Para no ser tan temido, dulcifica un poco su imagen, aunque no deja de ser un lobo con piel de cordero. Aun así, no deja de ser una personalidad antisocial que intenta ser social.

Si ven una injusticia (que no sea provocada por ellos), pueden aparecer en el auxilio, pero su intervención tendrá siempre un punto igualmente injustamente violento. La  pasión de la lujuria transmuta ahora en una especie de complicidad. Pero no sería una complicidad dulce y delicada; más bien sería como un pacto de sangre entre hermanos que irán a muerte si algo mal pasa. Una lealtad extrema que de tan intensa se vuelve nociva.

En el amor el social sigue con la idea de abandono, de navegar e al negación y pasar a la acción siendo una persona cínica. Pone en juego su parte áspera y espera que a alguien más también le sirva. Reprimen su parte íntima para mostrarse supuestamente poderosos. Así, confunden el amor y pasan al odio en un momento. No es un odio puntual como el de los cuatro sexuales. Es un odio constante, con todo, y del que le es muy difícil salir. La terapeuta María Elena Tinoco, recuerda de su infancia: «(…) Sentía un odio enfermizo contra mi padrastro. A la menor provocación, le dábamos unas madrizas bien fuertes. Mis hermanos eran más chicos que yo, así que les decía: «si no se los chingan, yo me los chingo a ustedes». Mis amigos eran en su mayoría varones. Amigas, solo tenía una de la escuela; las otras eran conocidas, del reventón. Mi anhelo de seguir con la escuela secundaria fue impedido por la miseria en que vivíamos; así fue que me tuve que ir a trabajar. Hacía la limpieza en un spa. Salía de casa a las cinco de la mañana y regresaba a las cinco de la tarde. No sabía qué quería, no sabía quién era, me sentía perdida en medio de una situación muy difícil en casa. Solo vivía para entregar mi salario a mamá y estar a la defensiva con mi padrastro. Mi existencia no parecía tener ningún sentido. Creo que ahí fue donde más desarrollé un desprecio muy grande por la vida misma; y al mismo tiempo reconozco que aparecía en mí también un deseo de suicidio, pero más como venganza, para que se sientan culpables otros. El deseo de matar o de que alguien se muera también era constante».*

Con todo ello, si el ocho social consigue mirar hacia adentro, y salir de esta espiral de odio e intensidad máxima, puede pasar a otra vida. Desde ahí,  le será más sencillo  emprender su camino de crecimiento personal, pudiendo llegar a ser buenos jefes. Aun así, tendrán un estilo de liderazgo muy protector e irán a muerte con los suyos. Quien se atreva a tocar a alguien de su entorno, será bueno que comience a rezar lo que sepa.

Esta energía a mucha gente le resulta atractiva y, a veces, se juntan el hambre con las ganas de comer; es decir, hay gente que necesita ser, de alguna forma, protegida y para ellos un ocho social, más allá de su centramiento o descentramiento, es alguien que les puede garantizar esta sensación de seguridad.

Tienen  tendencia a proteger especialmente a los más débiles.

Pueden acercarse a grupos con una carga ideológica fuerte  y, si les dejan, ocuparán una posición de poder. Intentan ser convincentes; pero, les cuesta mucho hilvanar un discurso minimamente coherente e hilvanado. Su des-estructuración interna también se traduce en el propio lenguaje. Por aquí, son la antítesis del eneatipo siete.

En este acercamiento, podrá jugar tanto el papel de hermano del alma (complicidad/alianza) como verdugo sin piedad. Quiere liderar y, a la vez, sigue odiando -o ninguneando- a quienes ha de liderar. Le cuesta aclararse y se habitúa a navegar en el caos. Desde ahí, conviven sus ansias antisociales y la atracción que pueda generar. Eso sí, como bien sabemos, la potencia sin un mínimo de control es el camino más directo al abismo.

https://www.youtube.com/embed/uhnHlldOSWc
John Wayne podría ser un buen ocho social.

El ocho Sexual: Posesión

Son los ochos más intensos y rebeldes. No una rebeldía, rollo dos, para salirse con la suya. Es una rebeldía confrontativa, de poder, de acción. Se podría decir que tienen un desapego social total.

Son provocadores y harán ostentación de su «cualidad» de salirse de la norma y de ir con todo para satisfacer sus necesidades más mundanas. Podrán sacar pecho también de su anti-intelectualidad y la parte animal entrará en juego desde el primer momento. En un momento dado, esta parte tan instintiva se puede confundir con una emocionalidad real. De hecho, no es que no sientan, sienten y además a tope, pero les puede las ganas de poseer y el instinto de conquista.

El psicoterapeuta Jordi Santamaría, apunta: «Es la mezcla de la ópera y el heavy metal en uno. Actúa como si se le acabara el mundo continuamente. Es un Apocalipsis lujurioso con patas. El instinto sexual está encendido y quemando a 180 grados. Ya no es consecución, es posesión. No es competitividad, es agresividad en flor. Territorialidad, megaexpresividad, procacidad, una intensidad tan alta que cansa hasta de ver. El mundo deshecho y apaleado que hay debajo debe ir saliendo a flote, hasta ser amado.»

Pondrán a prueba a su gente cercana y al menor indicio de que alguien no está con ellos a muerte, lo sentirán como una traición. La pasión de la lujuria se transmuta en La posesividad. Son los ochos que en estado de neurosis extrema son muy posesivos y la pueden liar parda en el terreno de pareja.  Con todo ello, tienen un problema claro con los límites. Son, inconscientemente, los grandes invasores del eneagrama. Eso sí, ¡ojito con que nadie invada sus propios  limites! Si no se centran, pueden ser maltratadores.

Nuestra amiga satera, Leonor Cabrera, en este mismo blog, comentaba,

“(…) Mi eneatipo es un 8 sexual y lo que me hace identificarme con él es el haber intentado durante toda mi vida ser fuerte y poderosa para que no me dominen y para poder ser yo la que domine. También me hace identificarme con este eneatipo el haber buscado desde siempre la intensidad en la vida: cuando era adolescente a través de la competición como atleta, después como periodista y ahora en mi propio proceso de desarrollo personal cuando voy a un curso o cuando medito. “La vida tiene que ser intensa y tengo que exprimirla al máximo” sería una de las ideas locas que me hace identificarme con este eneatipo”. (ver post)

El ocho conservación: Satisfacción

Siempre buscarán la satisfacción de sus deseos y necesidades más primarias. En este caso transmutan la pasión de la lujuria directamente en la satisfacción. Está obsesionado con su deseo y lleva muy mal la frustración de no conseguir lo que quiere.

Como buen instinto conservación, y siguiendo la idea que comentábamos de lujuria-lujo, tienden a la acumulación y al exceso en lo material. 

Como no les interesa especialmente encajar en ningún lado y su parte social está olvidada, hacen lo que les viene en gana y pasan de todo.  No mantendrán una conversación de ascensor por llenar el silencio. Para ellos está bien hablar poco, siempre y cuando puedan sacar su garras e ir a por su presa. Lo harán pasando de cero a cien en un segundo. Una vez conseguido su objetivo, volverán a su guarida. Su egoísmo es desproporcionado debido a que su instinto de conservación funciona, desde siempre, desde la pura supervivencia.

Para ellos la vida es una jungla y no sobrevive el que mejor se adapta al cambio, sino el que tiene más fuerza.

A diferencia de sus compis de triada los unos, que están obsesionados con cumplir la norma, el ocho conservación ni la conoce. No le interesa lo que se supone que hay que hacer. Él hace lo que siente y lo valida siempre. Suelen tener una extraña concepción del bien o la bondad. En palabras, del genial Juanjo Albert: «(…) lo que los ocho de conservación necesitamos entender es que, apoyándonos en nuestra idea de que la bondad y las buenas intenciones no existen, lo que hacemos es descalificar y desacreditar ante nosotros mismos y ante los demás cualquier sentimiento o persona, idea o institución que se oponga a nuestros deseos. También, descalificamos por el mero hecho de tener algo en contra de lo que ir. Cuando un E8 se acerca a la terapia, esto es algo que ya intuye. Aunque no crean demasiado en el proceso terapéutico, es desde esta intuición que se acercan a él. A partir de aquí, es necesario ir asumiendo la angustia que origina el vacío de no tener razones para ir en contra de lo que  sea. También hay que asumir que este movimiento compulsivo solo responde a la intolerancia, la frustración y a la angustia, y que, en el fondo, no es más que un deseo de venganza del que ni siquiera se sabe el porqué. Es saludable, por tanto, abrirse a la comprensión de que algo debe de estar tapando esta compulsión al ataque, puesto que no hay razones objetivas para atacar. Los ocho conservación también necesitamos abrirnos a la comprensión de que, en la realidad, hay algo más que lo puramente material y físico, y que nosotros somos algo más que un cuerpo. (…)  Los E8 conservación también necesitamos reconocer que la generosa protección al grupo — que alcanza el punto de permitir a los demás que se apoyen en nosotros— nos es más que un modo con el que aseguramos nuestro estatus y ocultamos la inseguridad. Debemos darnos cuenta de que esta generosa oferta impone la condición de que las cosas se hagan siempre a nuestra manera, y exige que los demás renuncien a una parte de sus vidas y a sus modos de hacer. Todo esto implica una obediencia a la que llamamos falsamente lealtad.»*

Como vemos, esta exigencia en el otro a que se deje proteger tiene más trampas de las que pudiera parecer. Normalmente, se identifica al siete conservación con la idea de mafia, pero, no podemos olvidarnos, de los ocho conservación para esta identificación.

*Extracto del libro 27 personajes en busca del ser de Claudio Naranjo.

Todo sobre El eneatipo ocho, la lujuria.

ENEATIPO 9

Los subtipos del nueve, como ocurre en sus vecinos los ochos, no se diferencian tanto entre sí como en otros eneatipos. Podríamos decir que aquí no nos encontramos el contranúmero.

El Nueve Social: Pertenencia

El nueve social trasforma la pasión de la pereza en la pasión por la pertenencia. Necesita sentirse parte de algo más grande y, por ello, se convierte en el más bonachón de los bonachones.

A diferencia de sus compañeros de subtipos al nueve social se le ve un poquito. Se le ven en las ganas de ser útil y de participar. De hecho, de partida, por momentos podría recordar a un eneatipo siete social.

Valora la amistad y suele tener una presencia en lo social desde la participación. 

En palabras del psicoterapeuta Jordi Pons: «Pueden sentir que si no forman parte de un grupo les falta su identidad. Se funden con el grupo, con las metas, ideales del grupo y tomar esta misión del grupo y entonces su identidad pasa a ser este propósito o misión del grupo. Para ellos es muy importante estar «a buenas» con los integrantes del grupo. Les cuesta decir no o confrontar con alguien del grupo. Su peor pesadilla es que le den la espalda en el grupo.»

Con ello, no tomará las riendas de un grupo, pero intentará aportar con sus intervenciones.

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El Dalai Dama es un buen ejemplo de 9 social

Eso sí, a pasar de su esfuerzo, su tendencia a no ser visto, le hará estar en una frustración constante.

Le pasa un poco como al tres conservación que quiere ser visto, pero sin que se le note que hace esfuerzos para ello. Nuestros nueve sociales, igualmente, quieren pertenecer, pero se empañan en no ser vistos. Si en el grupo hay conflicto, su tendencia será a la evitación. Como apunta la terapeuta Miriam Ortiz de Zárate: «Me costaba mucho abordar situaciones de conflicto. De hecho, me costaba verlas. Podía tener personas a mi alrededor que me hacían daño, que me agredían, y yo tenía una enorme capacidad de aguante, no me daba cuenta, actuaba como un puching ball, y me dejaba recibir los golpes sin hacer acuse de recibo. Ahora, percibo claramente las agresiones; sé cuándo algo me hace daño o me duele. Esto me ha pasado especialmente con mi pareja: ha sido duro aceptar sus mecanismos de venganza (y los míos). Poner mis límites, defenderme, abordar conversaciones difíciles, son cosas que antes no sabía hacer y que ahora hago mucho mejor. (…)  Siempre he tenido que hacer algo extra para sentirme con derecho a estar en los grupos y nunca me he visto totalmente integrada: era un anhelo que no se satisfacía, una fantasía que no tenía correlación con la realidad. Por ejemplo, soy miembro fundador de un coro desde hace diez años y una de las cantantes más antiguas, soy la presidenta y tengo una relación especial con el director, con el cual somos buenos amigos desde hace veinte años. Sin embargo, constantemente me ataca la idea de que no pertenezco, de que no me he ganado suficientemente el derecho de estar ahí, que no canto tan bien como… Es totalmente irreal, una fantasía. Puedo verlo y me puedo reír, pero es un tipo de pensamiento recurrente, especialmente si estoy susceptible o si aparece cualquier dificultad.»*

Aun con todo, el nueve social tenderá a la prudencia y discreción y hará lo que sea porque el grupo esté cohesionado. Así, muchas veces, la tendencia habitual del nueve a la confluencia, se ve directamente en el grupo. Es como si pudiera hacer cualquier cosa para que el grupo esté bien (olvidándose, nuevamente, de él mismo). Necesita sentirse parte de algo, por ello la palabra clave para ellos es la participación o pertenencia. Han de ser uno más, aunque sea el último mono. Si es parte de la tribu para el nueve conserva será suficiente.

Cuando sale de su neurosis, curiosamente, puede pasar de no ser visto en el grupo a convertirse en un buen jefe. Un jefe con un mando generoso que sí ve al otro y pone mucho cuidado en su mandato.

El Nueve Sexual: Fusión

Tienen un problema claro de límites con su pareja.  Transmutan su pasión innata por la pereza de sí mismo, por la pasión por la simbiosis. Es una adicción en la fusión con el otro. Aunque es tentador usar la palabra unión para el eneatipo nueve sexual, sería más preciso usar otras de corte más neurótico como simbiosis o fusión.

Como veíamos con el amor de algunos cuatros, tienen tendencia al amor romántico, con todo lo que ello implica de imposibilidad real de amar.  Los nueve sexuales pueden tener un punto emotivo mayor que sus compañeros de tríada.

Es como si ellos desaparecieran. En vez de hablar en primera persona pasarán a hablar siempre en plural. El “nosotros” es su nueva identidad y pensarán siempre lo que es mejor para su pareja, y ellos quedarán en último lugar. Así se hacen invisibles para sí mismos y se ponen al servicio.

Todo este movimiento anti-narcisista, del que tanto pueden aprender los sietes o treses, a ellos les termina sentando fatal. Cuando se lleva al extremo el altruismo o ser excesivamente bueno, tampoco funciona. 

Al final, viven en la confusión y en la identificación con el otro. Un otro que también puede ser objeto de proyecciones.  

Son leales y celosos.

Con todo ello, pierde autonomía y conciencia de lo que es, realmente, importante para él.

Es como si ya de adultos, como le ocurre al nueve social con el grupo, siguieran buscando la fusión que tuvieron con mamá durante el primer año de su vida.  El tema del contacto-retirada no lo tiene bien pillado; por ello, será estupendo que vayan practicando, en la medida de sus posibilidades, con pequeños distanciamientos de su pareja.

En realidad, se produce una renuncia del instinto sexual propio, en favor del de sus pareja.

Como vemos en el enatipo nueve el subtipo sexual lleva al extremo su incapacidad de sostenerse sobre sus propios pies y, en consecuencia, el otro pasa a ser todo para él.

Como dice, Juanita Richter, en los 27 personajes en busca del ser:

“(…) en España existe la mosquita muerta: nadie notaría a esa persona, se confunde con el diseño del papel de la pared. En inglés se dice que hay personas que son como las flores de la pared: se pierden en el entorno.

Tienen una necesidad de ser a través del otro. Se produce una especie de sustitución. Porque el nueve sexual no tiene su propio lugar en el mundo.”

Siguiendo con Richter, ahora en primera persona, “con los hombres he tenido menosprecios, no he recibido lo que querían dar, me he ido con actitud de sobrada y luego me he perdido.

Yo siempre me preguntaba por qué soy tan invisible para los hombres. Y me di cuenta que no los veo yo a ellos. En realidad no había estado sola sino que había hecho de pareja de mi hijo.Cuando entendí esto, me puse las pilas para liberarlo a él y para emparejarme yo.”*

Este subtipo tiene gula por comida, pero lo hace con cierta discreción. Se atiborran pero lo hacen en un rincón sin que les vea nadie. Aún así, no renuncia a la narcotización propia del nueve. Usan al otro para desaparecer y entrar en simbiosis. Necesitan la fusión con alguien para consumar sus eternas ansias de confluencia. Es una contradepencia muy loca. Hacen pensar a su pareja o persona cercana que ellos son imprescindibles pues sus cuidados son evidentes. Detrás de ello, está la necesidad neurótica de que el otro les necesite –aunque sea como «esclavos» o depositarios de mucha basura emocional-.

La abnegada Marge Simpson es un buen ejemplo de eneatipo nueve. Probablemente sexual.

(A nivel físico, no cuadra nada. Encajaría más con un carácter oral)

El Nueve conservación: Apetito

Tiene pasión por la comida y pone en ella todas sus esperanzas de satisfacción.  Transforma la pasión por la pereza por la pasión por el apetito. Con sus voraces ganas de comer tapan su desconexión con la emoción de la ira o el deseo.  Suelen ser gente con problemas de obesidad y les puede gustar beber más de la cuenta. Pueden ser, en secreto, alcohólicos.

Es quien lleva más al extremo el tema de la invisibilización y son capaces de desaparecer de este mundo. 

Estar con la gente les saca de su zona de confort; así que, prefieren evitarla. Son muy tímidos y vergonzosos y, si pueden, se escaparán de cualquier aglomeración. 

Aun con todo, sí tendrán presente a su seres cercanos, familia y amigos, pero el resto del planeta les puede sobrar.

En cualquier caso, a diferencia del ocho conservación, que era fiero a más o no poder, el nueve conservación es un bonachón. Una persona que se percibe como noble e inofensiva. Mientras tanto se relame en su narcotización y se revuelca en su «hacer robotizado«. Su vida es triste, gris y decadente. 

Por todo ello, el nueve conservación se tiene que volver un poco más «egoista» y salirse esa obsesión por el apetito. Necesita poner color a su vida y conectar con el placer en sí mismo.  La terapeuta Emilia Ligi reflexiona: » El proceso de apertura me ha hecho conocer e integrar los opuestos, lo masculino y lo femenino, y ha dado forma a mi materia. También le he dado permiso para existir a mi egoismo y a mi placer. Conocer el lado oscuro, aceptarlo, me ha convertido en un ser tridimensional y no en una pintura egipcia. En un trabajo chamánico sobre nuestro animal-guía, apareció una mosca que se posaba con insistencia en mi mano. La acepté como animal-guía. Pero ¿cómo aceptar a este ser atado, por la cultura, al mal, al diablo? Sencillamente, aceptando tener en mí aquel lado humano poco conocido e indeseado: al escuchar sus razones, he podido darle la libertad de actuar y he descubierto que no quería matar a nadie. Al contrario, es un sano egoismo que convierte mi vida en algo mejor y que coloca el sentido del altruismo en un lugar menos absoluto: un paso importante hacia el equilibrio interior. Mi barriga ha sido el contenedor de la expresión de mi espiritualidad; desde la niña interior he accedido a una espiritualidad que me ha permitido ver las cosas desde otro plano. Y, desde allí, he visto y comprendido cuál es mi materia y mi caos primordial, y cómo había llegado a quedarme allí parada, usando solo la parte del cerebro reptiliano. Si queremos ver la huella de nuestro pie, debemos quitarnos de encima».*

*Extracto del libro 27 personajes en busca del ser de Claudio Naranjo.

Todo sobre El eneatipo nueve, la pereza (de sí mismo)

ENEATIPO 1

Recuerda que, como en cada eneatipo, en función de los subtipos, el eneatipo cambia bastante. En este caso, los sexuales y sociales se muestran más hacia fuera y se les ve venir, mientras que el conservación va hacia dentro y puede no parecer muy exigente y perfeccionista, pero, sin embargo se da una caña tremenda.

Este uno conservación tiene un nivel de auto-represión altísimo y, de alguna forma, puede parecer un cotra-uno pues aparentemente la ira no está por ninguna partes. Eso sí, lo uno conservación bien saben la profesión va por dentro.

En cualquier caso, todos los subtipos tienen tendencia a sufrir bastante. Incluso, en estados patológicos, tienen cierta tendencia a plantearse situaciones extremas.

El uno Social: Inadaptación

Curiosamente tienen una gran dificultad en lo social, pues siempre esperan que las cosas se hagan como ellos piensan que es lo correcto. La pasión de la ira transmuta en una pasión, en palabras de Óscar Ichazo,  por la inadaptividad. Cree ser el uno perfecto.  Nunca está satisfecho y pocas veces busca a los demás para pedir ayuda. A diferencia del uno conservación que todavía piensa que tiene que trabajar más para ser más perfecto, el uno social siente que ya es perfecto tal cual es. Si te pueden echar en cara tu equivocación mejor que mejor. Son muy de «yo te lo dije. Ves como yo tenía razón». Desde aquí, muestran su superioridad moral y su fuerza. Fuerza que desde bien niños enmascara su ternura. En palabras del polémico terapeuta Antonio Ferrara: «(…) no dejé de ser un niño sensible, muy emotivo, que retenía las emociones reprimiéndolas; no quería mostrarlas, pero por dentro devastaban mi pecho. Me sonrojaba y me avergonzaba incluso por pequeñas cosas. Poco a poco, con el tiempo, aprendí a controlarme, me hice más fuerte, más duro; no quería que descubrieran lo que efectivamente vivía. No quería ser «debilucho, frágil, sensible» y, por lo tanto, escondía mis estados de ánimo, las dificultades, y no pedía. El modo en que ellos me querían me hacía sentir distinto, incapaz, limitado. En el fondo no tenía confianza en que papá y mamá pudieran responder a mis exigencias.»*

Piensan que todo iría mejor si todo el mundo actuase como ellos. Sin duda son los más rígidos de los rígidos, pudiendo tener muy acentuado su mundo obsesivo compulsivo. A diferencia de los treses, a uno social le importa muy poco lo que otros piensen. Su actitud será la opuesta de la camaleónica del eneatipo vanidoso.

Tienen tendencia a ideas del tipo: «esto se hace así» o «esto tiene que ser como yo digo». Ellos piensan que sólo hay una forma de hacer las cosas. En el fondo, es un miedo sistemático a cometer errores -lo que ellos piensan que son errores-, disfrazado de moral. En palabras de Claudio Naranjo: «confunden moral con moralismo»:

En algunos casos podrían parecer una especie de Lord Inglés. Suelen tener ese punto de corrección extrema del «carácter aristocrático». Pueden ser, a pesar de  ser muy de acción, también, intelectuales y cultos.

Con todo ello, el uno social no se adapta demasiado bien a lo social, pues sus ganas de que todos hagan lo que él quiera le llevan a quedar inadaptado socialmente. Su manifiesta superioridad le hace distante y frío.

Eso sí, cuando su neurosis de serie remite un poco,  tienen una fuerte implicación en favor del bien común.

El uno Sexual: Vehemencia

Son gente que lo da todo en cada cosa que hace. Siempre hay un cuidado y esmero excesivo en el detalle. Tienen cierta adicción a la intensidad y transmutan la ira en la pasión por la vehemencia.

Desde ahí, contactan con facilidad con el dominio y la conquista. Tienen muy claro qué es lo que hay que hacer y lo hacen sin titubeos. Claudio Naranjo hablaba de que los conquistadores españoles podían asociarse a esta energía. En favor de un Dios benévolo y para la gloría de sus reyes,  saqueaban y mataban sin cargo de conciencia. Era lo que había que hacer.

Este dejarse ir por el impulso del eneatipo uno sexual, puede recordar un poco a los ochos.

En el terreno de la pareja terminan siendo muy asfixiantes al exigir muchísimo al otro. Confunden sincericidio con asertividad. A diferencia de los unos conservación, el uno sexual puede pasar de la ira encubierta a la rabia explícita en un pis pas.

Son extremadamente fieles y leales; en este sentido, muy parecidos al seis «deber»o seis social. Marcan los límites con claridad e intentan respetarlos.  Pero, si se descuidan, entrarán en la posesión y en los celos.

Los 1 sexuales pueden ser papás y mamás hiperexigentes y esto les puede llevar a une estado de desencuentro constante con sus hij@s. En un estado muy neurótico, pueden incluso ser violentos con ellos pensando que «es por su bien». Aun así, los unos siempre se creen en posesión de la verdad y se consideran personas de una integridad máxima. Con todo ello, por desgracia, harán sentir al niño que está haciendo algo malo.

Este subtipo es el perfeccionador por excelencia. Tiene una peligrosa tendencia a la idealización. En ellos hay una búsqueda constante de la intensidad.

El uno sexual ha de bajar su intensidad, dar un descanso a su impulso y contactar con una cierta serenidad. En palabras de la terapeuta, Isabel Herrera: «Recuerdo que, cuando tenía unos dieciocho años, le dije a un amigo del grupo del barrio: «me gusta cómo soy, pero me falta serenidad». También, intuía con bastante claridad que algo de ella encontraría con la edad. Una sensación muy clara que suelo sentir en el cuerpo — y más específicamente en el vientre— es la de un impulso fogoso que busca una salida, que quiere expandirse hacia el exterior y lo hace también a través de los pies y las manos. Siento una gran vitalidad que tiene dos caras según las circunstancias: una, lúdica, que se expresa a través del deporte, la danza, la sensualidad erótica o sexual, el juego, el entusiasmo, el humor y la risa o lo que llamo «las representaciones del placer del movimiento». La otra, ira agresiva, aparece especialmente cuando siento que algo o alguien está traspasando mis límites o puede atentar de alguna forma contra mi integridad. Es de corta duración y de gran intensidad: es como enseñar los dientes marcando la distancia. Una imagen que me resulta familiar en los felinos, mis animales preferidos. Esta ira se daba en pocas ocasiones, pero es arrasadora. Por mi boca podían salir palabras hirientes que podían hacer sentir como una mierda a los demás. Luego se me pasaba, me disculpaba y la discusión podía mantenerse con normalidad, y hasta podía hacer las paces aunque hubiera desacuerdo».*

Con todo ello, el uno sexual vomita su enfado contra el mundo. Hay amargura a flor de piel. Le hierve la sangre con su propia violencia y desde hay se convierte en transmisor de Ira.

*Extracto del libro 27 personajes en busca del ser de Claudio Naranjo.

El uno conservación: Preocupación

En este caso, estamos ante el uno más perfeccionista e hiperpreocupado. La pasión por el la Ira transmuta en una apego excesivo por el control y el «tengo que /debo de». Lo cual, evidentemente, le hace sufrir mucho. Viven en una angustia casi constante. Su preocupación es que todo esté bien, y lo que para ellos es bien, para cualquier otro eneatipo sería infinitamente muy bien. No tienen una vara de medir estándar. Son muy previsores y les gusta que la situación este bajo su mirada. Vaya… que todo salga al milímetro, justo como él había imaginado. Sin embargo, él no es capaz de ver que todo está bien y está en modo mejora continua. Se pueden sentir sucios o que tienen mucho que mejorar, lo cual les mete un plus de presión extra. Además, tiende a disimular su rabia, preocupación y control; con lo cual, se desgasta haciéndose pasar por lo que no es. Acumula mucha energía para aparentar ser un hombre casi perfecto. Así, suele tener el cuerpo en máxima tensión y no es extraño que somatice. Incluso, en algunos casos, puede parecer un poquito emocional.

Con ello, de la misma forma que muchos eneatipos seis deber (social) se terminan confundiendo con el eneatipo uno, ahora vemos que muchos unos conservación se pueden confundir con el seis. Como no se les ve, a simple vista, la rabia que llevan dentro, parece gente que, simplemente, busca el control y la seguridad.

El terapeuta Lluís Serra apostilla: «La perfección, al constituir una búsqueda mecánica, es una trampa que impide alcanzar justamente lo que se busca. La ira del E1 conservación, al estar tan controlada y reprimida, le pasa a menudo inadvertida. El control de reacción favorece esta falta de conciencia de sí mismo. La pregunta fundamental apunta a cómo dejar de estar atrapado en el círculo y en el guión egoico, Dicho de otro modo, cómo despertar y cómo no «seguir durmiendo con tranquilidad». El E1conservación cree estar en el proceso justo de transformación. Su afán de perfeccionamiento y su esfuerzo por mejorarse parecen contener fuertes dosis de conciencia. Más aún. Su opción por el cumplimiento del deber en detrimento del placer le hace creer que está en el camino adecuado. Su conciencia del ideal, el sacrificio por alcanzarlo, el juez interno que dictamina continuamente lo bueno y lo malo, el sentido de culpabilidad que le acompaña, hacen pensar que lo tiene todo a su favor. Esta es la trampa que obnubila la conciencia y que impide darse cuenta de las cosas. El perfeccionismo y la ira a él vinculada son respuestas mecánicas, guiones prestablecidos. No hay libertad sino inflexibilidad. No hay amor sino corrección. No hay conciencia sino control. No hay esencia sino ego.»*

Como ya adelantábamos en la introducción tienen la «cualidad» de disimular su rabia. Es decir, sienten la ira, pero se creen demasiado buenos para mostrarla tal cual; así que, inconscientemente se la tragan. Desde fuera, parecen seres casi ideales. Es lo que comúnmente se entiende por una persona con «gran fortaleza emocional». Lo cual, evidentemente es un despropósito. En esta sociedad tan patriarcal y cada vez más fría que nos toca vivir, se valora positivamente cuando alguien no se entera de su mundo emocional. No es que tenga control emocional; la realidad es que, este ideal de personaje aséptico emocionalmente no se entera de lo que realmente siente. Además, el eneatipo uno conservación parece bastante coherente y da la sensación de que es alguien muy razonable. También, tienen un aire a los «treses no sociales»; con lo cual, son bastante eficaces y consiguen lo que se proponen. Pudiera parecer, visto así,  que si no sabríamos que emocionalmente están más muertos que vivos, que son un subtipo con poco que cambiar.

Por suerte, el eneagrama nos avisa que este exceso de corrección y necesidad de ser el niño bueno, tiene más peligros que ventajas.

Con todo ello, es el más afable y cercano de todos los unos ya que enmascaran su ira.  Son personas muy currantes y con los pies en la tierra -nada de fuegos de artificio-. Eso sí, a la que se descuidan, se dejan llevar por el excesivo detalle y son excesivamente críticos.

Pueden ser constantes y disciplinados usando estas características para tener una vida más sana y coherente. 

Con todo ello el uno conservación, esconde en las mazmorras la bestia interna que lleva dentro. Para disimular mejor la salvaje ira que siente y no se atreve a mostrar se pone el disfraz de hombre virtuoso y sensato. Tiene un superyo nivel máximo que le hace desconectarse de lo que realmente es.

Todo sobre El eneatipo uno, el perfeccionista.

Si te gustó este post, te puede interesar echar un ojo a nuestro curso: Eneagrama de los instintos.

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