Haiki
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Eneagrama y terapia.

El eneagrama es el mapa del tesoro y la joya que se esconde en el cofre eres tú. Es un «atajo» para conocernos mejor. El territorio es tanto nuestra esencia como nuestro ego. Pisar tierra implica trabajar en uno mismo. Para ello, es necesario mucho tiempo de auto-observación. Es clave ser honestos y contarnos verdad.

1 ¿Si ya tenemos el eneagrama para qué necesitamos la terapia?

Para iniciar el viaje de vuelta a casa hace falta coraje. Para continuar en la nave cuando soplen los huracanes, necesitamos fe. Fe en que, al final de la tempestad, habrá calma y luz. No es tan obvio que cuando termine el proceso estaremos mejor. Tampoco es claro qué entendemos por mejor. Desde la ingenuidad de los comienzos podemos pensar que nos transformaremos en alguien sin problemas y que el cambio será rápido. Cuando ya llevas un tiempo en esto, entiendes que es justo lo contrario. Normalmente, es todo muy lento y depende de muchos factores la evolución. El puerto al que cada uno llega es diferente.

Navegar solos en aguas tan profundas y peligrosas es posible, pero quizás no es lo más recomendable. Si nos duele la rodilla, lo normal es ir al doctor. Si, por ejemplo, nos dice que tenemos el cruzado hecho polvo, asumiremos que necesitamos la ayuda de un especialista para mejorar. Lo mismo ocurre con nuestro proceso de crecimiento personal. En eneagrama en sí mismo nos ayuda a radiografiar cómo estamos y nos da pistas para evolucionar. Pero su alcance llega hasta ahí. El propio Claudio Naranjo, consciente de ello, desde los años setenta en sus SATs de Esalen mezclaba la herramienta del eneagrama con otras muchas como la meditación, el teatro terapéutico o el movimiento auténtico.

Eso sí, a partir de aquí, la propia neurosis de cada eneatipo se las ingeniará para encontrar la excusa para no ir a terapia.

La vida es una fiesta de disfraces y nuestros egos quieren seguir disfrutándola sin que nuestra esencia aparezca en escena.

Los sietes no entenderán que ellos tienen algo que cambiar. Los doses querrán ser los terapeutas de todos sin saber ni lo que implica ser terapeuta. Los ochos no sabrán ni de qué les hablas cuando les dices que quizás no son tan auténticos como se creen.

Eneatipo siete en terapia. !Cualquier cosa, antes de entrar en su sombra!!

Por ello, animamos a usar el eneagrama acompañado de algo más y si ese extra es terapia será perfecto. Ahora toca encontrar el mejor terapeuta posible. Desde nuestra experiencia, no es importante que tenga un título u otro, lo importante es su propio desarrollo y que, de partida, haya cierta sintonía entre terapeuta y paciente. Si está especializado en terapia Gestalt, en nuestra opinión, es un avance (ver aquí). Y si sabe mucho de eneagrama y Bioenergética (ver aquí), mejor que mejor.

Por suerte, conocemos muchos y muy buenos terapeutas; así que, si estás leyendo esto y ves que necesitas ayuda no dudes en escribirnos a haiki@haiki.es y te recomendaremos alguien de confianza.

«Si la mayoría de nosotros permanecemos ignorantes de nosotros mismos, es porque el autoconocimiento es doloroso y preferimos los placeres de la ilusión.»Aldous Huxley

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2 Dificultades para acudir a terapia

Hay mucha gente que piensa que quien va a terapia está fatal y que, de hecho, él o ella no irá nunca. Incluso hemos oído a supuestos terapeutas diciendo que quien no va  a terapia es gente normal y los que van es porque están muy mal. En nuestra opinión, una de las mejores maneras de avanzar en este maravilloso mundo del eneagrama es en un proceso terapéutico. 

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La mayoría de la gente, lo sepa o no, maneja un nivel medio de neurosis y, por lo tanto, le puede sentar muy bien acudir a terapia y conocerse un poco mejor. Es más, es muy recomendable acudir cuando estás «bien» y no esperar a estar patas arriba. En cualquier caso, el éxito del proceso terapéutico dependerá a partes iguales de la buena actitud del cliente – paciente y la pericia del terapeuta.

Con todo ello, por desgracia, hay dos factores por los que ir a terapia es algo poco habitual. Por un lado, esta creencia de que quién acude a un terapeuta está «loco» y que, objetivamente, el coste de la terapia puede ser una barrera para muchas personas.

Por un lado, está el derecho del terapeuta a ganarse la vida dignamente poniendo un precio a las sesiones. Este precio no suele ser bajo, pero tampoco es que se hagan de oro. Hay muchos gastos y tiempo invertido en cada paciente que no se ven en la hora de terapia.  También, mucha formación y responsabilidad sobre el paciente que ha de ser recompensada de alguna forma.

Es decir, es complicado para el paciente entender el coste de la hora de terapia. Y las sesiones no suelen ser pocas para llegar a buen puerto. Incluso si el coste no es demasiado alto, pongamos 50 euros por sesión, y tenemos dos citas al mes, nos vamos más de 1.000 euros al año. Si un proceso terapéutico puede durar entre uno y tres años, vemos que, para muchas economías, es un desembolso grande. De hecho, en algunos casos insalvable.

Igualmente es cierto que, en otros casos, la gente, aun estando muy necesitada de terapia, prioriza gastar la pasta en otro sitio. 

Y ¿Debería haber un sistema sanitario gratuito que posibilitara estas sesiones? Seguramente; pero, a día de hoy, es algo impensable.

También es cierto que, sabemos de buena tinta que hay más de un terapeuta cobrando mucho menos de lo que podría y otros haciendo precios muy especiales para algunos de sus pacientes.

En cualquier caso, el terapeuta no es, ni tiene porque ser, una ONG. Así,  lo mismo que puede ser muy aplaudible que alguien ayude terapéuticamente a otro con bajo coste, en nuestra opinión, no es para nada criticable que otros se enroquen en las tarifas que estiman justas. Con todo ello,  vemos esta web que te puede interesar si vas justo de dinero (aquí)

La terapia a la que nos estamos refiriendo es individual, pero, no hay que olvidar que otra de formas de terapia es en modo grupal. No son excluyentes; de hecho, pueden ser totalmente complementáis. Si te interesa el tema, te animamos a echar un ojo a este post (ver aquí). Y como dice uno de los terapeutas gestálticos nacionales más reconocido, Paco Peñarrubia:

«(…) El grupo gestáltico favorece y alienta la expresión del impulso sin juzgarlo ni abortarlo (de eso se encargan las defensas), aporta además la posibilidad de diseñar experimentos y ejercicios para vivirlos más allá de las cortapisas habituales, de forma que se va generando una cultura expresiva donde no sorprende la manifestación de emociones extremas o de descontrol controlado por el grupo, en un proceso de confianza y despenalización. Se trata de acercarse a lo temido por lo desconocido, a lo reprimido y peligros para el propio autoconcepto -y aquí caben tanto las fantasías destructivas como el hambre de amor-.»

Además, no podemos olvidar que determinados sistemas como Río abierto, 5 ritmos o constelaciones familiares, necesitan del grupo ara poder llevarse a cabo.

Tanto en el trabajo individual como en el de grupo es importante entender que, por un lado, la clave está en lo que está pasando en el aquí y ahora y, a la vez, ser capaces de radiografiarnos con la máxima verdad mirando a nuestra infancia (ver aquí). Esto incluye no dejar ningún cabo suelto de esos primeros años de vida y, también, entender que los asuntos turbios o incompletos de nuestros antepasados nos afectan de manera inconsciente en nuestra vida actual. Siguiendo esta idea, Alejandro Jodorowsky, en el libro Mis antepasados también duelen, comenta:

“Igual que un pastor con su rebaño yo tengo que devolver a mi familia (no sólo física) al camino. Purificar las necesidades, los deseos y las emociones. Esta es la misión: un trabajo de curación del árbol y no, como alguien podría imaginar, una liberación el árbol. No se trata de esperar una supuesta autonomía… Es como si quisiera ser autónomo de la sociedad, del mundo, del cosmos. ¡Autónomo de mi respiración! Es imposible. Incluso si me hago ermitaño, continuo perteneciendo a la sociedad y al mundo.”

El trabajo de Jodorowsky emparenta claramente con el de Bert Hellinger y sus Constelaciones Familiares. Por suerte, por aquí cerquita tenemos uno de sus más brillantes herederos: Joan Garriga (ver entrevista aquí).

Por otro lado, determinadas técnicas como, por ejemplo el psicodrama, no se pueden aplicar con facilidad si no hay un grupo que haya generado cierta confianza.

“El autoconocimiento no es un fenómeno puramente cognitivo. El autoconocimiento pasa por un proceso que es como un descenso a los infiernos, que duele; para reconocer cómo es uno, tiene que reconocer que uno no es ese personaje ideal que cree ser cotidianamente, ese personaje que uno le muestra a los otros. Cómo es uno de verdad, se va descubriendo poco a poco. Pero el viaje por el autoconocimiento pasa por encontrarse con la sombra, que es lo asqueroso, lo pecaminoso, lo prohibido y lo demoníaco.  Y quien no se encuentra con el diablo dentro de uno mismo, todavía está muy a medio camino en el viaje interior, no ha viajado en serio, se ha quedado muy superficialmente…”

Claudio Naranjo

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3 La terapia como proceso

3.1 «Paciente» y facilitador.

Para el común de los mortales ir a terapia no debiera ser algo puntual y corto en el tiempo. No estamos hablando de casos con un problema grave (bipolaridad, esquizofrenia, trastorno limite de la personalidad…) que necesitan un diagnóstico preciso y una intervención muy concreta -y, a veces, muy rápida- para solucionar un problema.

Al tipo de terapia que nos estamos refiriendo es la que cualquier persona, sin ningún tipo de patología, puede precisar. Tod@s tenemos un nivel de neurosis medio y, por lo tanto, si es posible, darnos la oportunidad de ir poniendo orden en nuestra casa interna es una bendición. Esto no se consigue en tres sesiones y no hace falta que nos diagnostiquen pues no es ni siquiera posible. En realidad, no hay nada concreto que diagnosticar -más allá de aprender a conocernos mejor-. Lo importante es dar el paso para elegir un buen compañero de viaje (el terapeuta) en nuestro camino hacia nuestro mundo interno. En este sentido, no nos gusta demasiado la palabra psicoterapeuta o terapeuta, pues implica un posicionamiento de uno está arriba y otro, «el paciente«, está abajo. Implícitamente, se entiende: «Yo (terapeuta) te salvo de tu sufrimiento (paciente)». Y no, no creemos que han de ir por ahí los tiros. El facilitador, es quien tiene la autoridad, pero quien le contrata no es una persona pasiva -que tan solo recibe la ayuda-. Por eso, la palabra «paciente» no es clara. Cliente parece que no mejora las cosas, aunque a una mala, es más real. Real en el sentido de que uno contrata y paga y otro da un servicio.

Con todo ello, la metáfora de compañeros de viaje nos parece más oportuna. En este caso, alguien tiene que llevar el timón y ese alguien será el «paciente», no el terapeuta o facilitador. Eso sí, que éste vaya en la misma embarcación, haciendo su trabajo de manera precisa, garantiza o aumenta las posibilidades de que todo vaya bien.

En cualquier caso, estaría bien tener una palabra más precisa para quien contrata los servicios que la de cliente o paciente. Mientras no se nos ocurre otra mejor, seguiremos llamando paciente a quien contrata pero con la connotación de que para que pueda hacer con éxito su proceso habrá de tener mucha paciencia.

Por cierto, muchos nos preguntáis si podrías hacer terapia con nosotros. Ahora mismo, no existe esta posibilidad, pero si te interesa una sesión individual de eneagrama, puedes contactarnos por aquí.

3.2 La confianza en el proceso

No hay que olvidar que «ir a terapia» es un proceso y que, necesariamente, toca contactar con momentos dolorosos. Vernos desde la sombra implica dejar de idealizarnos y contarnos verdad. Llegados a este punto, conviene recordar que la bella mariposa en su día fue tan sólo un gusano y que tuvo que hacer mucho el capullo para llegar a transformase en lo que hoy es.

Como apunta el psicoterapeuta Jordi Santamaria: «(…) Si no se atraviesa el dolor enterrado que nos condiciona, seremos esclavos de él sin saber quién nos domina siempre la existencia en último término. La gran travesía por el dolor de las entrañas. Mucho menos horrorosa de lo que tememos con pánico. Y así darnos cuenta de nuestra constante evitación, para aceptar algo de nosotros mismos asociado a un íntimo y respetable dolor. Irlo desactivando nos libera, y nos transforma. Hace más ancha la vida y hace tolerar mejor la incertidumbre. El miedo se va recubriendo de confianza y serenidad.«

Esta gran travesía es la que nos lleva a des-identifcarnos del personaje. Pero, mientras tanto, vivimos pegados a un ego que confundimos con nuestro verdadero yo (más sobre el ego por aquí).

Esto  es lo que Claudio Naranjo llama el “oscurecimiento óntico”. Nos negamos ver nuestra esencia y, por tanto, nos cortamos la posibilidad de brillar desde lo que son nuestros verdaderos talentos. Esta ceguera vital queda en evidencia en el proceso terapéutico. No es la única vía para ello, pero, sin duda, es una de las más eficaces. En este sentido, el médico psiquiatra, psicólogo y gran terapeuta Irvin D. Yalom insiste en la importancia de tener claro que esto no va de que el terapeuta haga nada especial sino de lo que él es capaz de facilitar. Es decir, se trata de allanar el camino para que el propio paciente encuentre su lugar en el mundo. Es muy difícil enseñar a amar alguien, pero sí es posible ayudar a quitar las barreras del camino que le impiden ser una persona amorosa y amable. Eso sí, para conseguirlo ambos tienen que ponerse el mono de trabajo, darse tiempo y saber que dejar de hacer las cosas como siempre es un salto en el vacío que no todos están dispuestos a dar. La buena mano del terapeuta también se nota en la hora de tratar a los diferentes tipos de personalidad. No se podrán hacer ciertas propuestas a un eneatipo siete en las primeras sesiones porque directamente se irá del proceso. También, es importante que el propio terapeuta haya hecho un proceso de transformación. Si, por ejemplo, se siente identificado con el eneatipo ocho, la terapia será una excelente oportunidad para mejorar su empatía y su cuidado al otro.

3.3 Asertividad y empatia.

El mito gestáltico que un terapeuta, por muy eneatipo ocho que sea, puede tratar a patadas o con mucha brusquedad a un paciente no se sostiene. Es tan sólo una opción y no es para todos los estómagos. Aun así, Claudio Naranjo comentaba que la férrea mano de hierro de Fritz Perls (padre de la terpia Gestalt), a pesar de la crudeza de la misma, le vino de perlas en su crecimiento personal. Por eso, cada caso es un mundo, pero estaría bien no dar por buenas ciertas actitudes terapéuticas que muchas veces faltan al respeto de los pacientes. De ahí, a no ser confrontativos, claros y asertivos hay un un mundo.

Siguiendo con el maestro chileno, Claudio Naranjo afirma en su maravilloso libro de Carácter y Neurosis:  «Dondequiera que el «ser» parezca estar, no está, y el ser sólo puede hallarse de la forma más improbable: mediante la aceptación del no-ser y de un viaje a través del vacío.» 

Con todo ello, nos gustaría terminar esta reflexión poniendo en valor a los muchos terapeutas que hemos conocido, que más allá de sus precisos conocimientos terapéuticos, se han puesto al servicio desde el cariño, cuidado y empatía. De hecho, nos sentimos muy afortunados de haber pasado por las manos de gente tan grande en lo suyo tanto en en el proceso SAT, como en Río abierto o en la formación Gestalt.

Y más allá de ir a terapia (o no), siempre podemos dedicar tiempo para nosotros mismos. Tiempo para meditar, tiempo para la auto-observación, tiempo para buenas lecturas sobre estos temas. Todo ello, con coste cero, nos ayudará a estar mejor y vivir la vida con más plenitud.

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«La terapia es ese espacio donde comenzamos a darnos cuenta que es posible resolver aquello que considerábamos imposible».

Fernando Sanchez Guscima

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4 COMMENTS
  1. Avatar
    Puri Izquierdo

    Hola, aunque el curso me parece interesante, estoy un poco cansada de hacer formacion y dispongo de poco tiempo, pero le llevo dando vueltas a hacer terapia y me gusta mucho lo que dices, resuena mucho conmigo, conecto con tus palabras.
    No se si haces terapia, querría saber si es posible.
    Si no me equivoco soy un E1 ala 2
    Me cuesta la meditación, la relajacion, parar.. escuchar mi cuerpo…

    1. Avatar
      admin

      Tienes un correo.

      1. Avatar
        Itzel

        Solo quiero enviarte mis más sinceras felicitaciones por la calidad del contenido que comparten con tanto cariño. Se puede leer tu calidad humana aun a la distancia, que genial que compartan su viaje, mis mejores deseos para ustedes. Gente como vosotros iluminan la obscuridad de este mundo. Un fuerte abrazo desde México

        1. Avatar
          admin

          Muchas gracias, Itzel, por tus palabras. Un gusto sentirte cerquita.

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