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¿Qué es el ego según el eneagrama?

¿De qué hablamos cuando hablamos del ego? ¿Es lo mismo el personaje que el ego? Según la teoría del Eneagrama de la personalidad podemos identificarnos con 9 eneatipos y cada uno de ellos tiene una pasión concreta. Desde ahí, podemos pensar que «somos» un eneatipo. La realidad es que seguramente eso que, en un primer momento, creemos que somos o hemos sido, es justo lo que no somos. Sobre todo esto va el post de hoy ¿nos acompañas?

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1 Personalidad – Ego

Ego = Personaje 
Personaje = Eneatipo = Personalidad 
Personalidad= Temperamento + Carácter 
YO= Esencia (YO real) + personalidad (YO falso)

A lo largo de la historia hay muchos autores que han hablado sobre el tema. En cualquier caso, cuando hablamos de ego en el eneagrama básicamente viene a ser el propio personaje. Es decir, por un lado tenemos nuestro ser real o esencia y, por otro, una máscara o personaje que se identifica con cada eneatipo.

Venimos al mundo con un temperamento, que ya nos condiciona desde una especie de ADN vital. A partir de ahí, se va haciendo el carácter que tiene que ver con todo lo que nos ocurre en los primeros 7-9 años de vida. Según Wilhelm Reich el carácter viene a ser: “el modo habitual y fijo de reaccionar el individuo ante situaciones conflictivas parecidas a las que se le presentaron en la infancia, en la que el miedo al castigo u otras penas obligaron al niño a disminuir su respiración, tensar su musculatura y limitar su actividad interna y externa para evitar la ansiedad que la expresión libre de sus sentimientos le acarreaba”.

La suma de este temperamento (ver aquí) y carácter, nos da la personalidad. Ésta se va matizando a lo largo de la adolescencia hasta que nos terminamos de identificar con un solo eneatipo.

Ahí está el ego.

Se podría hacer una metáfora con lo que sería una obra de teatro. Nuestra gran actuación comienza cuando se consolida la personalidad. Es decir, en la infancia, donde suele reinar mucha verdad, se va preparando el guión de la actuación. Durante la adolescencia se hacen los primeros ensayos y se prepara la puesta en escena. Cuando nos hacemos adultos comienza la representación. El problema es que nosotros no solemos saber que es tan sólo una actuación y confundimos nuestro personaje egoico con nuestra esencia inocente. Así transcurre la obra de nuestra vida. En muchos casos, la mayoría, la misma llega a su fin con el momento de la muerte. En otros casos, la obra queda patas arriba con la conciencia de que es el ego es quien está actuando. Desenmascarar el personaje es el comienzo del fin de la actuación. Aun así, siempre habrá momentos para levantar el telón y que nuestro personaje haga de las suyas -pero cada vez lo hará con menor intensidad-. El ego necesita del aplauso de su púbico y nosotros necesitamos atarlo en corto para tener una vida más consciente y verdadera.

Y este ego y su opuesto, la esencia, tiene mucho que ver con lo que Gurdjieff hablaba sobre la conciencia:

«El Recuerdo de Sí o Conciencia de Si es el derecho natural del Hombre tal como es, y si la persona no lo posee, se debe a las condiciones equivocadas de su vida. Hoy ese estado de conciencia solo se presenta en la forma de raros destellos. Unicamente una larga práctica, puede restablecer ese estado que le pertenece.»

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2 QUERERNOS TAL CUAL SOMOS

Uno de los mayores retos a los que nos enfrentamos cuando desemascaramos al ego es amarnos tal cual somos.

Recordamos las palabras del periodista experto en en eneagrama Borja Vilaseca: «El ego no es bueno ni malo. No hay que demonizarlo. Vivir identificados con esta máscara tiene ventajas e inconvenientes. Más allá de protegernos, cabe insistir en que el ego es la causa subyacente de todas las causas que nos hacen sufrir. Por eso, al estar identificados con nuestra personalidad o falso yo, es cuestión de tiempo que, hagamos lo que hagamos, terminemos fracasando. Porque, tan pronto como alcanzamos una meta, nos provoca una profunda sensación de vacío en nuestro interior, la cual nos obliga a fijar inmediatamente otro objetivo. Nuestro ego nunca tiene suficiente con lo que conseguimos; siempre quiere más. La insatisfacción crónica es la principal consecuencia de vivir identificados con este «yo» ilusorio.»

Por un lado, es cierto que este personaje está lleno de cosas que a nuestro yo más real no le gustan un pelo. De hecho, en el proceso de auto-descubrimiento, nos encontramos con verdaderas sorpresas no deseadas. Pero, por otro lado, toca pasar de ese primer momento de rabia o vergüenza a otro más amoroso. Otro que nos siga validando como personas amorosas y queribles. Si queremos estar en esta vida desde el cariño y la empatía, lo mejor es comenzar por nuestra propia casa interna. También, vemos que muchas personas no tienen ningún aprecio por su cuerpo. Fumar sin parar, comer cualquier cosa o no movernos en todo el día tiene que ver con el poco amor que nos tenemos. El auto-cuidado es clave para avanzar en la dirección del yo real. Entender nuestro cuerpo y escucharle no es tarea fácil; pero, desde ahí, escuchando su sabiduría también !podemos enterarnos de muchas cosas!!

Nos gustan las palabras del maravilloso Clown, Alain Vigneau: «La gente no se concede el derecho a sentir lo que siente. Vivimos amenazados por mil problemas, el trabajo, el dinero, la pareja, los hijos, y presionados por la imagen que querríamos proyectar: ricos, atractivos, geniales, grandes amantes. Pero ese no eres tú, ese es tu ego. Tú estás confuso, acéptalo y celébralo, quiérete tal y como eres, transforma tu pasado en patrimonio, porque eso, que incluye tus dolores, te hace único en el mundo. Mi trabajo consiste en que las personas recuperen el derecho a ser como son y dejen de esforzarse en ser lo que no son.»

La batalla contra el ego es una guerra perdida. Mejor abrazarlo, entenderlo y ser conscientes que nos acompañará hasta nuestro último día. Jeff Foster apunta: «No intentes destruir el ego, ni trates de alcanzar un estado ‘libre de ego’. Simplemente, nota que el ego no es lo que realmente eres. Observa el ego, sí, ilumina su ingeniosa dinámica, pero no luches contra él. No te pongas en guerra con una ilusión, con las formas cambiantes, con un truco de luz. Re-conócete a ti mismo como la presencia consciente ilimitada, y permite que el pequeño ego despliegue su danza, y siéntete libre, estés donde estés.

En cualquier caso, puede dar cierto vértigo tomar conciencia de que no somos lo que pensamos, ni lo que sentimos ni lo que hacemos. Y si no somos esto ¿Qué somos? No podemos ser el pensamiento que nos llega a la cabeza, somos quien genera ese pensamiento y quien lo escucha, pero no el pensamiento. Y lo que suele ocurrir es que las personas muy mentales terminan pensando sobre ellos mismos, en vez de pararse a sentir. Se enamoran de sus pajas mentales. Los muy sentimentales sienten que si no están en la emoción más intensa no son ellos mismos. Y las personas de la acción necesitan estar sin parar para sentirse presentes.

La realidad es que somos mucho más que todo esto. Por ello, toca olvidarnos de seguir guerreando con nuestro ego y estar en la presencia del ser más auténtica posible. Siguiendo esta idea podemos leer de la mano del rey del aquí y ahora, Eckhart Tolle: «Cuando el ego está en guerra, no es más que una ilusión que lucha por persistir. Esa ilusión cree que es tú. Al principio no es fácil estar ahí como la Presencia testigo, sobre todo cuando el ego está en modo de supervivencia o se ha activado alguna pauta emocional del pasado, pero en cuanto has tenido ocasión de probarlo, el poder de tu Presencia crecerá y el ego aflojará su presa sobre ti. Y así surge en tu vida un poder que es mucho más grande que el ego, más grande que la mente. Lo único que hace falta para liberarse del ego es ser consciente de él, porque la conciencia y el ego son incompatibles. La conciencia es el poder oculto tras el momento presente. Por eso también podemos llamarlo Presencia. El propósito último de toda existencia humana es traer ese poder al mundo. Y por eso no puede convertirse la liberación del ego en un objetivo que se espera alcanzar en algún momento futuro.»

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3 RADIOGRAFIAR AL SOMBRA

Como siempre decimos, una cosa es abrazar al ego, totalmente necesario, y otra olvidarnos de nuestra sombra porque ser conscientes de ella hace pupita. Como bien dice Claudio Naranjo, si no contactamos con esta realidad, no tenemos margen de tomar consciencia de nuestro YO más real:

«(…) Uno de los más destacados dones de Gurdjieff, abundantemente conocido por quienes tuvieron la suerte de rodearlo, era su capacidad de confrontar a la gente con duras verdades. Tal vez la semejanza principal entre la escuela de Gurdjieff y la de Ichazo (que se decía «maestro de la espada») era una guerra cotidiana al ego, y la teoría del protoanálisis en el contexto de su trabajo alimentaba un proceso de mutua y continua «reducción del ego». Últimamente, dicen algunos que es mejor no pensar en los malos aspectos de uno mismo y concentrarse en lo positivo. Más particularmente, se dice que en la presentación del eneagrama de los caracteres se ha insistido en demasía en lo negativo sin prestar igual atención a los «rasgos positivos» de los tipos humanos. Tal actitud sólo puede venir de individuos que no comprenden el enorme valor transformador que tiene este conocimiento, el cual, dejando a un lado el cuidado de estas personas por su imagen y su autoimportancia, se utiliza para examinarse y no meramente para incrementar la cultura o congratularse.»

Con todo ello, uno de los principales problemas del ego, es que no nos enteramos que está presente en nuestra vidas. No lo vemos. Pensamos que él es nosotros y así nos va. Desidentificarnos de esta idea es un primer paso para tomar los mandos de la nave. Nos toca reencarnar en nuestro yo adulto el niño que fuimos. Sólo esencia, nada de personaje.

Mientras tanto, muchos siguen empeñados en hablar de que tienen mucho carácter o prefieren seguir enamorados de su personaje. Incluso en gente con mucho interés en esto del crecimiento personal, vemos que hay demasiado apego al personaje. Y es cierto que, eneatipos aparentemente más brillantes, como el siete y el dos, lo pueden tener más complicado, si lo miramos desde esta óptica. Pero, es fundamental romper peras con el personaje y entender que para estar en nuestro eje ha de correr el aire entre la máscara y nuestra esencia.

Para nosotros este es el camino y el eneagrama nos ayuda mucho a entender todo este complejo entramado.

«Un verdadero percatarse de lo que hacemos y de cómo y por qué lo hacemos transforma nuestras respuestas obsoletas en idioteces que probablemente caigan por el camino o que pierdan poder sobre nuestras intenciones esenciales».

Claudio Naranjo.

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