Haiki
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ENEAGRAMA Y TRABAJO

Cada eneatipo tiene unas particularidades concretas y en este mismo blog tienes las descripciones de los mismos extensamente descritos. Pero, una cosa es hablar de pasiones, fijaciones o mecanismos de defensa y otra saber qué patrones suele tener cada eneatipo en el terreno laboral. A su vez, cada personalidad o carácter se relaciona con el dinero de una manera específica. Son dos temas que suelen ir de la mano y de los que, quizás, no se habla demasiado.

Si te interesa el tema estás en el lugar adecuado.

Como decimos, los patrones de comportamiento de cada persona en lo laboral, pueden tener que ver con su eneatipo. Así que, nos hemos animado a describir algunos de los más habituales. Evidentemente, tan sólo son pistas y no es que cada eneatipo sólo pueda actuar tal como lo describimos a continuación. Es un texto orientativo y esperamos que se entienda como tal.

¿Vamos al lío?

ENEAGRAMA Y DINERO

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TRIADA EMOCIONAL.

Eneatipo 2

Con el tema laboral el eneatipo dos se suele desenvolver bien. En general tendrán puestos de responsabilidad y seguramente de cierto mando. Aunque no sean los líderes del proyecto, estarán casi a la par. Al eneatipos dos no le gusta estar por debajo; eso de obedecer no es lo suyo. 
A su vez, le gusta que se le vea; con lo cual, su tendencia será a un cierto tipo de trabajos en los que puedan estar a su aire y tener bastante protagonismo. Normalmente, sus trabajos son bien remunerados y muchas veces, con bastante proyección. Para conseguirlos, más allá de sus dotes para el puesto, usarán tanta seducción y manipulación como sea necesaria.

En caso del subtipo más intelectual, el social, tenderá a puestos más ambiciosos y en el extremo opuesto, nos encontramos a subtipo conservación que seguramente será más humilde en sus aspiraciones. En cualquier caso, puede también haber una tendencia a profesiones más enfocadas al servicio; aunque esto, evidentemente, no significa que la mayoría de doses son misioneros o trabajan en puestos sanitarios.  El cuidado es muy importante para nuestros orgullosos; pero tan sólo es un factor más a tener en cuenta en estos derroteros laborales.

Las doses temen el rechazo y esto también les limita en gran medida en el campo del trabajo porque, por este miedo, dejan de hacer cosas que les gustaría hacer. A cambio buscan estar en la mayor de las intensidades.

Un puesto de trabajo aburrido no es para el dos. En esto se diferencia de otros eneatipos como por ejemplo el nueve que puede aguantar mucho más.

Si no están a tope, parece que no están haciendo nada y este exceso de energía lo transmiten, para bien y para mal, a su entorno. El problema es que les cuesta ser conscientes de ello y no pueden regular el volumen de su propia potencia. Así, muchas veces, confunden intensidad con profundidad.

Por ello, pueden ser jefes que tienen muy en cuenta a su equipo; pero, también, pueden resultar muy invasivos.

Es decir, lo que, en realidad, quiere el eneatipo dos, en lo más profundo de su ser, no es  tanto esa intensidad sino que todo sea muy profundo. Desde lo que hace hasta el tipo de relaciones que tiene. Y si esta profundidad va de la mano de su tan ansiada intimidad, ya puede dormir tranquilo.

En el trabajo, sobre todo, el dos sexual, buscará mucha intimidad y tendrá grandes aliados.

El eneatipo dos, el orgullo.

Eneatipo 3

El eneatipo tres tiene tendencia a la vanidad. Siente delirios de grandeza infundados -sobre todo el subtipos social- y se olvida lo que es para aparentar lo que haga falta con el fin de ser reconocido. Este reconocimiento puede venir del aplauso o simplemente puede ser una palmadita en la espalda por el trabajo bien hecho. Lo importante es que la mirada del otro siempre esté presente.

El principal problema del eneatipo tres no es su deseo de reconocimiento, algo que en mayor o menor medida, tienen todos los eneatipos. Su problema está en que ha convertido este deseo en una necesidad. Desde ahí, solo puede llegar la frustración a su vida, porque la vida en sí misma es injusta en este sentido. Nunca llegará el reconocimiento suficiente y si el tres depende tanto de ello, deberá sacrificarse a sí mismo para conseguirlo. En este sentido, el autor del bestseller, Tus zonas erróneas, Wayne W.  Dyer, apunta: “(…) Si sólo deseas la aprobación simplemente es porque te sientes feliz con el apoyo y la aceptación de la demás personas. Pero si la necesitas, te puedes derrumbar en caso de no conseguirla. Es entonces, cuando empiezan a funcionar las fuerzas autodestructiva. Del mismo modo, cuando la búsqueda de aprobación se convierte en una necesidad, tú entregas un trozo de ti mismo a la “persona exterior” cuyo apoyo es imprescindible para ti. Si ese tercero te desaprueba, te inmoviliza (aunque sea levemente). En ese caso, es como si hubieras elegido ponerte tu propia valía como un adorno en la manga para que la gente te la sobe o no te la sobe según le parezca. Te sientes bien en tu interior solamente si ellos deciden administrarte alguna dosis de alabanza.”

Son gente que lo da todo en el ámbito laboral. Como iremos viendo, para un tres social destacar en el trabajo es casi una necesidad básica. Necesita ser el más; el más rico, el que tiene el edificio más grande, el que tiene más clientes… Sin embargo el tres social, no quiere nada de todo esto, pero también da la vida en el trabajo. Quiere un reconocimiento menos elocuente y trabajará como una hormiguita para conseguirlo.

El eneatipo tres, al igual que el seis, puede tener demasiada pasión por el trabajo y tener problemas de adicción. Con ello, tapan gran parte de su vacío y se quedan sin tiempo para otras cosas igualmente importantes como pueden ser su relaciones sociales, su familia o su propio placer.

Así,  pagan un alto peaje por estar en la vida desde ahí: el agotamiento continuo y muchas veces la somatización de enfermedades (aunque no es menos cierto que tienen mucho aguante físico).

Pueden marcarse objetivos con facilidad y, como decimos, son muy buenos consiguiendo metas.

En algunas descripciones del eneatipo tres verás que dicen que tienen la virtud de hacer muy bien las cosas y son grandes trabajadores. Disciplinados y organizados (a veces a su forma).  Ellos, en realidad, son muy de empujar el río para que las cosas sucedan.

En nuestra opinión, poner en valor estas supuestas fortalezas no hace otra cosa que alimentar la neurosis. El camino de sanación de los treses no pasa por avivar el juego de su eficiencia, sino por justo lo contrario. 

Otra cosa es que, en el día a día, todos tenemos que ponernos en juego en un entorno laboral y un tres (con el grado de neurosis que tenga) sea un excelente complemento de cualquier equipo.

El eneatipo tres, la vanidad

Eneatipo 4

El eneatipo cuatro en el entorno laboral necesita cierta autonomía y fluir con cierta libertad. Precisa que la autoridad le dé su sitio y le tenga en cierta estima. Si no es así, en un estado de neurosis media, comenzará a sentirse menospreciado y creerá que su trabajo no es valorado. Aunque reciba la misma atención o más que otros trabajadores, su sensación será esta; su tendencia a la carencia le lleva a no valorar lo que sí tiene y poner la mirada en lo que le falta. Por ello, para que la fiesta esté en paz, es preciso una autoridad con mucha sensibilidad y delicadeza. Al igual que el eneatipo 5, tienen la piel muy fina y no se les puede decir las cosas de cualquier manera. Bueno… poder  se puede; pero, es fácil que, si se hace, nuestros eternos sufridores se replieguen.

Normalmente, no estará en puesto de mando. Dentro de un mismo equipo, si le dejan desplegar todo su potencial creativo, puede ser un trabajador muy valioso.

Eso sí, en un estado de descentramiento mayor de lo habitual, puede ser una persona que genere mal rollo y su adicción a la comparación y la envidia se ponga en evidencia. Es decir, con la neurosis disparada no será fácil tenerlos cerca en un entorno laboral.

El subtipo cuatro sexual, como es fácil suponer, tiene menos paciencia, y puede tener enfrentamientos muy violentos con sus compañeros de trabajo. Mientras el social y conservación estarán más a su aire.

El subtipo cuatro conservación suele destacar por estar hiper-formado. Su miedo a ser rechazado les lleva a formarse como si no hubiera mañana. De hecho, si no supiéramos de su tendencia  a la carencia lacrimógena, en ocasiones, podrían parecer un subtipo metal con muchas similitudes con el eneatipo 6.

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Salvador Dali podría ser un buen ejemplo de artista ubicado en el eneatipo 4. Desde el carácter e la bionergética encaja bien el Oral.

El eneatipo cuatro, la envidia.

Presentación MINICURSO de ENEAGRAMA de la PERSONALIDAD

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TRIADA RACIONAL

Eneatipo 5

En el trabajo buscan cierta seguridad. Valoran que se les trate con corrección y sobre todo que se les deje ir a su aire. No tienen tendencia al puestos de mando y tampoco a asumir demasiadas responsabilidades.

Necesitan puestos de trabajo en los que puedan poner en marcha su inmensa capacidad intelectual y si les permiten profundizar en un tema, mejor que mejor.

Eso sí, no son compañeros demasiado sociales; necesitan mantener los límites y a no ser que sean subtipo sexual, no entablarán grandes relaciones de amistad en el trabajo.

Trabajan bien equipo, siempre y cuando, no les saquen de su zona de confort. De partida, no querrán saber nada de puestos expuestos al público.

Saben de lo suyo, de lo del otro y de lo que no está escrito. No es un gula de saber, como les pasa a los sietes, es una necesidad de saber por el mero hecho de amor al conocimiento. 

Además, por ejemplo, un siete social a la que te descuidas te está dando la chapa con lo último que ha leído -y parece que ha hecho 3 máster sobre el tema-. Los cinco, no. No aburren y pueden ser buenos sintetizadores de todo lo que saben. Eso sí, muchas veces, se pasan y hay que sacarles las palabras con sacacorchos. 

Les diferencia de los seises que aprenden para tener más seguridad. 

En fin, que son gente apasionado por lo que hacen, si lo que hacen tiene un componente racional.  Desde aquí, nos podemos imaginar que pueden ser estupendos científicos o, por ejemplo, informáticos. 

El eneatipo cinco, la avaricia.

Eneatipo 6

El eneatipo seis tiene un «problema» con el trabajo. Al igual que sus queridos treses (siempre hay un vinculo muy especial entre estos dos eneatipos) son unos locos de lo suyo. Su conocimiento en el ámbito laboral es brutal y su miedo a fallar, les hace especialmente eficientes. Vamos que son un chollo para sus jefes. Gente currante, disciplinada, entregada en el trabajo y encima leales. Eso sí, todo esto que no suena mal, si se lleva al extremo, como ellos lo llevan, les convierte en adictos a algo que no es, o no debiera ser, lo único importante en la vida.

El propio Alexander Lowen (eneatipo seis) -junto a Reich padre de la Bionergética-, relata en su libro «El amor, el sexo y la salud del corazón»:

«(….) Me convertí en un cardiólogo técnico y agresivo muy preparado y tenía una extrema seguridad en lo que estaba haciendo. Me hice adicto al trabajo. La pasión de mi vida era mi oficio, pues me había dado un lugar en el universo. Sin embargo, al cabo de poco, en medio de este éxito, sentí que me consumía. Sostenía una lucha interna para lograr y realizar cosas a expensas de mis sentimientos. Aunque no lo reconocía, era un esclavo. Negaba mi fatiga y mi dolor, cosa que había hecho en mi adolescencia para demostrarme a mí mismo que era un buen estudiante y un buen atleta. En esa búsqueda de logros, ¿estaba buscando realmente aprobación y amor? ¿Trataba de demostrarme a mí mismo que era digno de amor? Había arrastrado esta necesidad durante toda mi vida y la veía una y otra vez en muchos de mis pacientes. Muchos perseguían esta necesidad hasta llegar a la enfermedad cardíaca y la muerte.

El desafío que entonces me lancé a mí mismo era el de alterar esta auto-destructiva pauta de conducta. En realidad, la conciencia y el reconocimiento de que yo poseía este comportamiento fueron iluminadores, por cuanto fue esta conciencia la que me dio fuerzas para encontrar una alternativa curativa.»

Como vemos en Lowen, salirse de esta adictiva rueda laboral no es sencillo, pero es clave para que los seises puedan, realmente, volar en esta vida.

Cabe notar que los Seis se manejan con la llamada «LEY DEL GALLINERO»: son sumisos con los que tienen arriba y déspotas con los que tienen debajo de ellos.

Según Claudio Naranjo, muchos 6 son «lame botas» (chupamedias, bah!).

(ver post)

Como vemos, que sean buenos segundos de abordo no significa que den la autoridad a cualquiera; si alguien está por encima suya, se lo habrá tenido que ganar a pulso. En el caso de no ser así, pueden pasarlo muy mal, pues quizás no se atrevan a tomar ellos el poder, pero verán claramente todos los defectos de un mal jefe.

También, con razón o sin razón, sienten como desde arriba se les intenta manipular. Pero, esto puede ser tan sólo una proyección.

Como bien dice Claudio Naranjo

“(…) el seis es la típica de la persona que se mueve según términos jerárquicos, con un implícito miedo a no cumplir con su deber o con lo que requiere un cierto código, ideología o fe. Es el individuo al que suele llamarse true-believer, el fanático. En tanto que los otros dudan, éste se protege contra la duda —un Quijote, a quien los «Sanchos» en particular llaman la atención por lo que, desde su punto de vista, es rematada locura.

El miedo a equivocarse, que en el tímido se manifiesta como excesiva sumisión, evasión de la responsabilidad de decidir, vacilación y excesiva cautela, y que en el fuerte — contrafóbico— se manifiesta en agresividad, lleva aquí a una obsesiva devoción por los ideales grandiosos.” 

Con todo ello, se sienten más cómodos en un papel secundario, un lugar en el que son valorados por su lealtad y porque siempre hacen las cosas de manera correcta

Quizás no serán tan brillantes como un siete, ni tan creativos como un cuatro; pero, pueden competir en eficiencia con el mejor de los tres o con uno hiperperfeccionista.

De hecho, si se descuidan, pueden tener cierta adicción al trabajo. 

Les suele faltar dejarse llevar, soñar un poco e imaginarse en nuevos escenarios laborales donde poder ser más útiles al mundo.

El eneatipo seis, el miedo.

Eneatipo 7

El siete en el trabajo buscará la libertad y creatividad.

Su tendencia es tener varios frentes abiertos a cada cual más emocionante y divertido. Eso sí, si no focalizan un poco, la suelen liar parda y, a veces, no cumplen con sus compromisos. Rescatando las palabras de Claudio Naranjo:

“(…) Un rasgo fundamental en el eneatipo siete es la permisividad o indulgencia que considero la esencia de la gula. Y como esta autoindulgencia sería imposible con la imposición del superego o sometiéndose a la autoridad, este carácter es rebelde, aunque a veces de manera suave o diplomática. Los sietes tienen una apariencia gentil, dulce, amable y amistosa; pero no hacen mucho caso de la autoridad y presuponen implícitamente que a la autoridad es mala. No se embarcan en una lucha contra autoridad, como el seis o el ocho. Simplemente, hacen caso omiso, no la necesitan, como si hubieran perdido su fe en la autoridad. Así, no creen en la limitación de sus propios deseos y se permiten una amplia libertad, tan a sí mismo como a los demás. Su lema es: vive y deja vivir.”

Al siente no le gustan las normas y mucho menos la autoridad, sobre todo cuando es despótica; los sietes quieren ir a su aire, libres como el viento.

Mientras el seis necesita una relación con la autoridad que tenga componente jerárquica, el siete busca la horizontalidad. El seis sabe que habrá alguien por encima suyo y su tarea es que la autoridad le reconozca como alguien útil y leal y así encontrar su lugar. Desde ahí, se siente seguro. El siete, al igual que los doses, asume cierto grado de incertidumbre y cuestiona de manera, explicita o implícita, la autoridad. Para que el siete la valide y asuma que hay alguien por encima suyo, tiene que ser la situación muy clara y él confiar mucho en esta figura de autoridad.

Siguiendo con el maestro chileno, Claudio Naranjo:

“el goloso comparte con el carácter lujurioso la rebeldía; pero, no se trata de una rebeldía abierta y directa, sino indirecta y sutil para la cual es más apropiada una palabra diferente: anticonvencionalismo.”

Así, a los sietes les gusta ser rebeldes pero sin que haya mucha movida. Serían una especie de rebeldes de postal.

Sin embargo, a los ochos (también a los unos) les da igual que haya jaleo; de hecho, si lo hay mejor que mejor.

Como bien comenta Enrique Villatoro,

“(…) El cambio sobreviene al reconocer y profundizar en lo que hay detrás de la búsqueda de grandeza, del interés, de sacar provecho para sí mismo. Por un lado, está la sensación de sentirse pequeño, inseguro y, hasta cierto punto, en inferioridad de condiciones. Por otro lado, hay una gran desconfianza en la autoridad vaya a ser justa y otorgue seguridad y protección. Con tal manera de pensar, parecía más fiable convertirse en la propia preferencia, en la propia autoridad, con un sentido interesado de la justicia, la seguridad y la autoprotección.”

En cualquier caso, como en el juego del ajedrez -que gracias a las limitaciones de sus reglas se puede ser infinitamente creativo-, a los sietes les viene bien ser conscientes de que la vida tiene sus normas y sus leyes de juego. Cuando son capaces de asumirlas, pueden ser libres de verdad y escapar de los caprichos del niño consentido que esconden en su interior.

Eneatipo siete, la gula

TRIADA DE LA ACCIÓN

Eneatipo 8

En el trabajo pueden pasar del extremo de ir a su bola a, en el caso de estar medianamente centrados, ser los jefazos del invento.

En este caso depende de su nivel de conciencia porque puede evolucionar de no ser capaz de organizarse a sí mismo a poder organizar a mucha gente. Por desgracia, incluso estando en su peor estado, muchas veces son capaces de ocupar puestos de poder.

En cualquier caso, de partida, son anárquicos y les cuesta seguir normas; así que no será fácil integrarlos en un equipo de trabajo.

Eso sí, como decimos, si ya van teniendo más recorrido interior, pueden ser buenos líderes de organizaciones en las que, sí habrá normas, pero serán las suyas.

Tiene tendencia al poder. Si se pone a montar empresas, puede montar muchas y muy grandes. Les irá bien o mal, eso no es tan importante como el hecho de poder volcar por aquí su intensidad. Para él, a diferencia de un tres social, mostrar su poder no es importante; con que lo sienta él es suficiente.

El eneatipo ocho, la lujuria.

Eneatipo 9

En su estado más patológico, serían los peones de carga. 

Tienen un punto estoico y pueden ser bastante hiperactivos en el terreno laboral.

Pueden soportar al más tirano de los jefes y estar en un entorno laboral tóxico, totalmente desconectados de la realidad. Son cumplidores

En general, no les pidas ni la creatividad del cuatro, ni el entusiasmo del siete, ni mucho menos  la eficiencia del tres, pero ellos no son de fallar. 

En cualquier caso, hagan lo que hagan, son mucho más valiosos de lo que parecen.

Para ellos, con que haya cierta armonía en el entorno laboral será suficiente. No son de soñar mucho y aspirar a grandes metas.

Si hay un compañero en apuros, allá estarán ellos para solucionar el tema; si hay mucho trabajo y “toca” quedarse el finde a trabajar, ellos saldrán de voluntarios. Incluso si hay que comerse algún marrón los tendremos siempre disponibles.

Intentarán ser lo más prácticos posible, y evitarán cualquier tipo de complicación.

Son los reyes de la procrastinación y dejan todo para el último momento. 

Tenemos un querido amigo, asesor fiscal, que “siempre” “casi” las lía parda. Y aquí lo importante es siempre y casi. Normalmente, no termina liándola y todo va bien, pero juega con fuego y sorprendentemente no se suele quemar.

Por ello, les conviene ir despertando para poder salir de esta situación de sometimiento y aguante continuo. Tienen especial dificultad en decir no, por lo que les veremos asumiendo lo inasumible. No saben poner límites a sus jefes o compañeros de trabajo que, a menudo, se aprovecharán de ellos.

Se habla de ellos como personas indolentes; es decir que se resignan con lo que tienen. Esto es muy diferente a la sana aceptación de lo que hay -que es algo que va bien para cualquier eneatipo-.

Si salen de esta rueda invisible, pueden pasar otros niveles y ser mucho más útiles al mundo.

Como decíamos previamente: si han tenido un cierto recorrido personal, pueden ser clave en los conflictos y convertirse en unos grandes mediadores.

El eneatipo nueve, la pereza (de sí mismo)

Eneatipo 1

Tienen tendencia al control, la rigidez y a sentirse superiores. Necesitan que el mundo les vea como personas sensatas.

En el entorno laboral no son demasiado flexibles, lo cual les suele llevar a exigir al otro demasiado. Luego verán si se lo comunican o no, pero su ira aparece aunque, por su excesiva corrección, no se permitan mostrarla. Ellos lo pasan mal porque ven que los otros no hacen las cosas bien. El bien de ellos es el muy bien de cualquier otro eneatipo.

Si su compi de trabajo es un siete, pueden pasarlo fatal si dependen de él para avanzar en su tarea diaria. Exagerando un poco, lo que para un siete está terminado para un uno justo está empezado. Los sietes son muy buenos sacando bastante tarea adelante -hasta que colapsan-, pero no son buenos terminando las cosas y mucho menos dejándolas como al uno le gusta. El nivel de auto-exigencia de cada uno es muy distinto.

Los unos, como bien sabemos, tienen una ética muy clara que muchas veces puede chocar en un entorno laboral, con las ganas de triunfar de, por ejemplo, el eneatipo tres social. Si van a ser compañeros de viaje, puede que la corrección y rectitud del uno sea incompatible con la excesiva flexibilidad moral del tres social.

En este sentido, rescatamos las palabras de Eduardo Yentzen:

«Este valor, la rectitud, es su virtud. Rectitud es ir recto por la vida. Es hacer lo co-rrecto. Ir co- o sea en paralelo a lo recto. Para seguir el camino recto este tiene que estar construido y fijado (al mandamiento, a la norma, al ‘programa’). Para no desviarme, no tentarme, no ser cambiante, inconsecuente, voluble, influenciable, débil, incapaz de llegar a ningún lado… debo mantenerme ‘pegado al camino’ . Para hacerlo me esfuerzo, aprieto los dientes, no renuncio, cumplo, obedezco, me disciplino; me rigidizo me hago inflexible, intolerante. Soy el único dispuesto a este esfuerzo, el único que cumplo con el camino recto.

De mi corrección sigue el acto de corregir: co-rregir- regir (reinar, mandar) desde mi condición de soberano cumplidor de la norma. Al otro lo corrijo: critico y sermoneo, le ilumino sobre cómo se hacen las cosas.»

Por eso es tan importante que el uno baje cuanto antes el volumen de su rectitud, corrección y exigencia. Si no lo hace se quedará solo pues produce demasiada tensión en él mismo y en su entorno inmediato.

Aun con todo, necesitamos unos, unos que no estén muy neuróticos y, desde su hacer silencioso en el que no caben las florituras, ayuden  a otra gente a tener una vida mejor. Un buen uno, quizás siempre será un jefe demasiado exigente, pero, a la vez, será capaz de defender a sus trabajadores a muerte. Y si le consigue poner un poco de empatía al tema, podrá ser una maravillosa autoridad. Es decir, su poderosa autoridad interna se pone al servicio en una autoridad exterior.

El eneatipo uno, el perfeccionista.

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