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El eneatipo 2, el orgullo.

Claudio Naranjo comentaba que, muchas veces, el eneatipo 2 es el que más dificultad tiene para avanzar en esto del crecimiento personal. ¿La razón? De alguna forma, tiene un orgullo tan grande que “es quien se cree encontrar más cerca de Dios”. Y desde esta omnipotenicia es complicado asumir que son simples mortales y que, como todos, su aparente grandeza no es otra cosa que un particular estado de neurosis. 

Aquí no vamos a hablar de que el dos es el ayudador y todos son, casi casi, la Madre Teresa. Esta es una visión que vende  mucho, pero que nos aleja de lo que es un dos en realidad. 

Si quieres saber más de lo que, realmente, es un enatipo dos, ¡te lo contamos en este post!

Nota importante 1: Todo lo que leerás en este post está basado en nuestro aprendizaje leyendo los libros de Claudio Naranjo y asistiendo a los SATs.

Para profundizar en el Eneagrama siempre recomendamos hacer la formación del SAT.

Nota importante 2: Lo que leerás a continuación es la descripción del eneatipo en un estado de neurosis avanzado. Lo normal es que nadie tenga todas estas sombras a tope y te puedas identificar de manera parcial con lo que aquí te contamos.

El eneatipo 2, el orgullo de la falsa abundancia.

1 Características generales del eneatipo Dos

1.1 Rasgos de personalidad

El eneatipo dos es uno de los tres participantes de la triada de la emoción (ver post). 

Como buen eneatipo emocional basa casi todos sus movimientos en dar y recibir amor. Amor o lo que ellas entienden que es el amor. Eso sí, que para ellas este tema sea tan importante, no significa que les vaya especialmente bien en este terreno; sólo que es su motor básico. Y decimos ellas, pues la gran mayoría de los doses son chicas; así que, si te parece bien, vamos a utilizar el género gramatical femenino.

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Las doses tienen la pasión del orgullo. 

Este orgullo vendría a ser el equivalente al pecado de la soberbia en la cultura cristiana. Conviene recordar que fue el pecado más castigado por la Iglesia ya que se asocia a Lucifer. Es decir, que esta rebeldía que tuvo Satanás de no someterse y considerarse al mismo nivel que Dios es la misma que se muestra en las personas de este tipo de personalidad.

En general son seductoras, agradables, hiperemocionales, histriónicas (hay una exageración intrínseca en todo lo que hacen), extrovertidas (las conservación no), invasivas y demandantes.

El eneatipo dos, al igual que los ochos, se creen muy auténticos y ven las falsedad en el resto del mundo. Les cuesta mucho entender que ellos (sus personajes) también son parte del gran teatro de la vida. Parece como que la farsa del personaje, en principio, no va con ellos.

Con el eneatipo tres comparte su apego al narcisismo y dan por hecho que su amor propio es tan real que no puede tener trampa ni falsificación. Sin embargo, como ya cantaba la rapera Ari a finales de los noventa, «No es lo mismo narcisismo que confiar en uno mismo». Y es aquí donde se produce la gran confusión: el eneatipo dos confunde el orgullo sano de quererse a uno mismo, con el orgullo insano de querer ser una persona todopoderosa.

La soberbia y la arrogancia son las primas hermanas del orgullo.  Desde ahí, esconden el desprecio por otras personas y lo visten de «bondadosa» superioridad. Así, se colocan en un lugar desde el que pueden salvar al mundo. El problema es que dan por hecho que ellos sí pueden y el resto no puede. Infravaloran al otro y, con ello, el eneatipo dos puede quedar siempre por encima.

Les encanta entrar en el terreno de la omnipotencia emocional; es decir, su vida gira entorno a emociones fuertes, despreciando generalmente la parte intelectual. Desde ahí, se creen capaces de saber qué emociones está viviendo el resto del mundo; son como una especie de pitonisas emocionales. Es más, no sólo las adivinan, sino que intentan satisfacerlas amparadas en una aparente generosidad.  Todo un circo emocional que les hace sentirse como las domadoras del mismo. El problema es que nadie les ha pedido que adivinen ninguna emoción y mucho menos que vayan en el rescate de nadie.

Es un eneatipo netamente emocional -incluso son un poco “teatreras”- aunque, por supuesto, hay doses muy cultas y otras como las doses sociales que saben pasar muy bien a la acción.

De todas formas,  su motor básico de funcionamiento es el corazón.

Suelen pasar en un mismo día por varias montañas rusas en las que los picos de excitación son brutales.

Una canción muy de doses

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De partida las doses tienen una muy buena opinión de sí mismas e intentarán mantener esta imagen a capa y espada. Cuando una dos se muestra realmente vulnerable es que su camino de crecimiento personal está muy avanzado.

Al hilo de esta idea, podemos leer en este estupendo artículo de Francisco Lezaun (instructor de Río abierto):

“(…) Esta impulsividad tiene como eje fundamental una especie de autoenamoramiento de su propia imagen, una valoración positiva de sí mismo, que tiene su origen en su mecanismo de defensa esencial, la represión de su imagen desaprobada.

En esta dinámica el orgulloso no dejará de “venderse” a sí mismo que es más de lo que es. Cuanto más se desarrolla esta defensa, menos capaz es la persona de establecer vínculos profundos y más pérdida de contacto tiene con la realidad vincular en la que vive. El mecanismo disociativo o represión establece un perímetro de seguridad en la psique impidiendo que los juicios despectivos o la desvalorización externa alcancen el núcleo sensible.  Para lo cual, la seducción  y la manipulación son estrategias que permiten un cierto control sobre los factores externos en los que desenvolverse.

Cuando estas defensas son sobrepasadas, la rabia contenida puede explotar incluso con cierta desproporción. Esta desproporción está asociada con la rabia infantil por la pérdida de contacto con la propia necesidad y la insatisfacción amorosa. Lo más doloroso es que la energía para mantener esta coraza surge del núcleo energético de la persona, que deriva una gran parte de su propia energía a seguir manteniendo el mecanismo activo”. (ver post)

Mientras tanto, aunque ellas se puedan vender como las que siempre tienen al otro presente, primero se miran al ombligo, lo que implica un narcisismo bastante importante.

Pero, en un primer momento, no les gusta estar por debajo, por lo que hacen todo lo que está en su mano para que el mundo esté  a sus pies. Pueden llegar a ser muy selectivas con quien se relacionan, mostrando un inconsciente desprecio por el resto.

De forma activa o sutil, las doses suelen ser las rebeldes del eneagrama. Los ochos también y de manera más explícita, pero las doses casi siempre se salen con la suya, pasando, muchas veces, olímpicamente de la autoridad.

Otra canción que encaja muy bien con esta rebeldía que venimos hablando.
Por el tono, de la canción, se podría decir que quizás encaje bien con una dos conservación.

En principio, NO se esfuerzan para ser las mejores -las treses sí- porque es algo que les viene de serie. Les sale natural esto del brillar; pero, muchas veces, tras este brillo se esconde una persona que tiene mucho dolor acumulado y, todavía más en el fondo, se siente muy poca cosa.  Cuando el eneatipo dos contacta con esta pequeñez es una maravilla, pues desde esta situación tan poco deseable para ellas, se produce una transformación imparable.

Son impulsivas y, en un momento dado, pueden arrasar con todo. Si no consiguen lo que quieren y están descentradas el berrinche está asegurado.

Desde ahí, cuesta estar en la vida con tanta altanería y, tarde o temprano, terminan viendo que tanta exigencia no es sana para ellas. 

Y esta exigencia, como decimos, es algo que se pone en juego desde lo instintivo, desde lo animal; no hay una preparación o planificación, son puro impulso. Así se diferencian de sus compañeras de triada las treses. El eneatipo tres se mueve por la vanidad, y la vanidad muchas veces se puede confundir con el orgullo. La clave está en que para una tres la mirada del otro lo es todo, pero para una dos no (la conservación lo tiene más en cuenta).

“(…) Para la estructura del carácter orgulloso es muy significativa la represión de la necesidad que el orgullo implica. Por más que estemos tratando con un individuo entusiasta, que parece buscar compulsivamente la excitación emocional y el gran drama, la persona es inconsciente de la necesidad que subyace a su compulsión por complacer y por ser extraordinaria. El orgulloso está supuestamente bien y mucho mejor que bien, y para mantenerse ahí debe, de hecho, perseguir el placer de una manera compensatoria. Pero nada estaría más lejos de estar bien que estar necesitado de amor, porque el orgullo, en el curso del desarrollo de la personalidad, se ha ido aficionando particularmente a una imagen de sí mismo como dador, más que como receptor, alguien lleno de satisfacción hasta el punto de desbordar de generosidad”.

Extracto de Carácter y Neurosis de Claudio Naranjo.

Esta omnipotencia de la que venimos hablando le hace mostrar una falsa generosidad.

En la aparente virtud del 2 está su trampa y, muchas veces, es muy difícil de ver, pues socialmente (incluso religiosamente) esta vocación de ayudar parece imposible que pueda ser también un mecanismo neurótico. 

Siguiendo esta idea, rescatamos las palabras de Claudio Naranjo: “(…) he tipificado al eneatipo II por la paradoja de una generosidad egocéntrica. Corresponde a la personalidad histriónica del DSM-III. Los individuos representativos de este eneatipo suelen ser hedonistas, despreocupados y rebeldes ante cualquier rigidez o restricción de su libertad.

En un collage de caricaturas de Steig el eneatipo II queda ejemplificado por una figura burlesca que contrasta con el esforzado montañero representante del concienzudo y obsesivo eneatipo I.” (ver aquí) 

Como son (creen que son) tan divinas, parece que pueden con todo. Y poder con todo implica lo suyo y lo de los demás; por lo que, muchas veces, sostendrán, por ejemplo, una estructura familiar maltrecha. Pero ellas pueden con eso y mucho más. Eso sí, esta aparente generosidad en el fondo va a pedir un peaje. El pago es que luego serás tú quien tendrás que estar a sus pies.

En este sentido, como veremos en los subtipos, hay doses que NO admiten una ayuda descarada (dos social) y otras que sí lo potencian y se sienten dignas de ser atendidas en todo momento por su tendencia al privilegio (las conservación). 

No son muy de grises, la vida tiende a ser blanco o negro y siempre lo quieren todo. Desde su supuesta autenticidad se creen dignas de que así sea. En cualquier caso, les cuesta mostrar sus necesidades y muchas veces, en el mejor de los casos,  entran en el juego de que sea el otro quien las adivine. Así, generan en sí mismas y en el otro un estado de confusión constante.

En este sentido Claudio Naranjo apunta:

«(…) Y es «verdaderamente» una persona cariñosa. Sólo que cuando emprende el camino de conocerse a sí misma descubre cuánto este ser cariñoso es en el fondo un rol que se confunde con la realidad. Se puede decir que, íntimamente, no quiere al otro por el otro y para eI otro, sino para sentirse capaz de amar y, por lo ,tanto una persona completa y  digna de ser amada. Pero, por más que la naturaleza seductora de su amor sea visible para los demás, difícilmente lo es para ella misma. No olvidemos que el orgullo se sitúa en el eneagrama junto a la mentira, la simulación, la falsificación de sí. Llegar a comprender que ha vivido «creyéndose la película» de sí misma resulta particularmente complicado en vista de que su conducta tierna, simpática y empática le trae tanto feedback positivo».

Como cantaba Nino Bravo (posible dos social), los doses se sienten libres, los más libres de todo el eneagrama.

Suelen tener un punto hedonista y caprichoso (sobre todo en las doses) que les lleva a la búsqueda de placer y disfrute; sin embargo, en más de una ocasión, en terrenos de más intimidad pueden tener problemas y no ser tan “poderosas” como cabría esperar. En muchos hombres doses, puede haber problemas de erección.

Nuevamente, el peaje a pagar por su falsa abundancia es más caro de lo esperado. No reconocer su baja autoestima es muy esforzado. Por eso, muchas veces, l@s doses usan el sexo como una herramienta de poder y no tanto de placer en sí mismo. 

Las doses temen el rechazo y esto también les limita en gran medida porque, por este miedo, dejan de hacer cosas que les gustaría hacer.

Son personas proclives a la intensidad y que contactan con facilidad con su instinto. Su tendencia es a funcionar desde el impulso y el corazón. En palabras de Claudio Naranjo en su libro Carácter y neurosis: «(…) Aunque los eneatipos IV y II son marcadamente los más emocionales del eneagrama, el eneatipo II puede considerarse más específicamente emocional, porque en el eneatipo IV la emo-cionalidad coexiste frecuentemente con el interés intelectual; mientras que, el eneatipo II no sólo es un tipo sensible, sino que es también, con frecuencia, anti-intelectual».

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Los límites en el eneatipo dos:

Con el tema de los límites, a veces, se despistan bastante. 

Recordamos las palabras de nuestra compañera satera, Nuria Costa

“(…) Toparme con mis límites ha sido doloroso y sanador al mismo tiempo, el encuentro real conmigo misma. Corporalmente es muy claro: el movimiento sanador es ponerme blandita, dejarme caer. Hay tanto anhelo del “descanso de la guerrera” y, a la vez, tanta dificultad en quedarme ahí… Sin embargo, si me tengo que quedar con algo, diría que la “guindilla” fue cuando tomé consciencia de la falta del auténtico amor compasivo del que habla Claudio. Me cuesta mucho ponerme por un igual, reconozco en mí una prepotencia y orgullo enmascarado. Afortunadamente, cuando consigo estar de igual a igual y mostrarme auténticamente, ahí es cuando el encuentro genuino se da.”

Es decir, lo que les pasa a las doses con los límites  es que o no los ven y hacen lo que les viene en gana, o sí los ven, pero ven sus límites, no los del otro. Aunque, aparentemente tienen al otro presente, en el fondo les cuesta mucho respetar el espacio de otras personas y actuar con la empatía necesaria. Eso sí, como dice Nuria, cuando se baja la guardia y se respeta la libertad del otro en igual medida que la propia, el encuentro se da y se da desde otro lugar mucho más sanador. 

En este sentido, Gonzalo Morán, apunta:

“(…) Valoran la libertad ante todo, que confunden fácilmente con libertinaje. Se rebelan fuertemente ante la disciplina, la monotonía y la rigidez. Se rebelan también contra la corrección, la puntualidad, el orden y lo previsible. Detestan la rutina y las cosas corrientes.

¿Se imaginan, por ejemplo, a una “Mujer Fatal” esperando en una cola en el banco? Jamás. Intentarán hablar directamente con el Gerente General. Quedarse en el quinto lugar de una cola es demasiado ofensivo para su Orgullo. Para ellos, debería serles concedido el privilegio de ser siempre los primeros y así sentir que nunca habrán de esperar.

Obviamente, el 2 prefiere verse a Sí Mismo solamente desde el ángulo más positivo y luminoso de su personalidad.” (ver post)

Ideas locas del eneatipo dos:

Una de sus ideas locas vendría ser que si alguien la quiere deberá estar siempre disponible para ella y ella deberá ser lo más importante para él.

Estará dispuesta a recibir favores, pero siempre y cuando quede claro que no son favores que te va a devolver. Necesita sentir que se le presta atención por ser quien es y no por lo que haya hecho previamente. 

Si han de recibir crítica lo mejor es que se les haga desde el cariño y con la mayor dulzura posible. Si no es así, el rechazo estará asegurado.

El eneatipo dos en el amor:

Su necesidad de sentirse el centro del mundo, les lleva a una soledad extrema. Nadie podrá estar a su nivel, por lo que, consciente o inconscientemente, ven al otro como un ser inferior. Y estar en el pedestal tiene un precio muy caro: la búsqueda de una intensidad constante. El resultado es la frustración, pues esto no es factible para nadie. 

Así que, en las doses se produce una especie de extraña contradicción, por un lado necesitan al otro (o la otra), pues su pilar básico de funcionamiento es la búsqueda del amor y, a la vez, nunca llega alguien lo suficientemente bueno para ellas. 

Según Claudio Naranjo: 

“(…) La intensa necesidad de amor de los individuos del eneatipo dos  puede verse a veces oscurecida por su característica  de independencia, particularmente en momentos de frustración y de humillación del orgullo. La persona orgullosa raramente se realiza en la vida sin un gran amor. La orientación excesivamente romántica del enatipo II hacia la vida puede entenderse como el resultado de la frustración temprana asociada a una pérdida de apoyo en la experiencia propia del valor personal. Así como la necesidad de confirmar el inflado sentido del valor propio deriva de una motivación erótica, el orgullo bebía en la necesidad de amor (expresada a su vez mediante la intimidad física y emocional), porque de considerarse a sí mismo como especial se satisface mediante el amor del otro. La necesidad de intimidad del eneatipo II le convierte un tipo de persona de sensibilidad delicada y en un plan más sutil, conduce a una intolerancia de límites y, en consecuencia, a la invasión.” (ver aquí)

Con todo ello, se ponen en juego desde el deseo y la atracción y tienen la necesidad de que el otro las necesite. Se podría decir que en estado altamente neurótico llegan a utilizar el sexo o la tensión sexual como un mecanismo de dominación.

Destaca su tendencia al hedonismo como sustituto, muchas veces, de la imposibilidad de entrar en contacto con el amor real. En este caso, como también ocurre en las otras seductoras del eneagrama, las sietes, pueden llevar la seducción al siguiente nivel: la manipulación.

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El eneatipo dos frente al mundo

En el siguiente vídeo verás unas pinceladas de cómo el eneatipo dos se relaciona con otros eneatipos. NO es una visión para ver cuáles son los eneatipos con los que se tiene que relacionar y con los que no. Mucho menos es un vaticinio de cuál sería su media naranja. Bien al contrario, es tan solo una radiografía de algunos patrones de conducta habituales que pueden servir al lector para entender mejor cómo funciona nuestro eneatipo más orgulloso.

Si te gustó el video, seguramente te interesa mucho este curso sobre eneagrama de la relaciones. Ahí, vemos con detenimiento cómo cada eneatipo se relaciona con el resto. Acceder al curso.

Testimonio de un  eneatipo dos

«En mi infancia hubo una gran atracción por papá. Era su ojito derecho y siempre me sacaba a pasear de la mano. A mis otras dos hermanas no les hacia tanto caso. Yo era la pequeña y me sentía muy cuidada por él. A la vez, veía cómo mamá estaba siempre ocupada y sentía que me trataba mal. En realidad, hacía lo que podía y trabajaba como una burra; pero yo no sentía que me mirase. Poco a poco, fui entrando en competencia con ella y para mí era como una especie de guerra. Una guerra donde yo siempre vencía. Ella perdía los nervios y, entonces, me sentía como una reina. Con mis hermanas el trato no era fácil. Me llegaba mucha envidia de la mayor de mis hermanas. Ella fue doblemente destronada y nos trataba mal -era una copia de mamá-. Había muchas peleas. Con el tiempo aprendimos a convivir y ahora la relación con ellas es correcta. Con mi madre veo que tengo mucho que sanar. 

En la adolescencia comencé a atraer a los chicos, pero nunca eran suficientemente buenos; así que, lo de «se ve pero no se toca», se convirtió en un mantra para mí. Me encantaba seducir y tener a los chicos a mis pies, pero luego me daba terror la intimidad. 

En la universidad fui una alumna aplicada, estudié poco pero saque la carrera y encontré un trabajo bonito. El problema es que yo siempre quería más; de hecho, siempre lo quería todo. Era bastante ambiciosa y si no recibía cariño y un cierto reconocimiento, salía la niña chica a patalear. Así estuve muchos años, hasta que me atreví a emprender por mi cuenta. (…) Me ubico en el dos conservación y no tengo la energía y seguridad del social y sexual; así que, montar mi propio negocio me ha causado muchas inseguridades y miedos.  Aun así, estoy en ello. Dando pasos pequeños pero seguros. (…)

También, he somatizado muchas enfermedades en mi vida. Eso sí, ni estando muy enferma pedía ayuda; para mí, era importante que mis amigos adivinaran lo que me pasaba y estuviera ahí. !Un lio!! Mi montaña rusa emocional me ha jugado malas pasadas y he tenido largas temporadas de baja por ansiedad. Durante años dormí fatal, levantándome a media noches con ataques de hambre. 

Ahora estoy poniendo orden en todo este caos y he conocido un chico con el que me entrego y creo que podemos crecer mucho juntos. Me sigo viendo en el privilegio y en la niña caprichosa pero con menos intensidad. Aun así, mis ganas de seducir me siguen pasando malas jugadas.»

Anastasia R.N

1.2 infancia de las doses

La infancia de las doses, normalmente, viene tocada por el privilegio. Han sido las elegidas de papá y ocuparon el puesto de mamá. Por ello, su relación con la madre ha podido ser tempestuosa y hasta que no se sana esta herida infantil, también pueden tener problemas con las mujeres. Es como si entrasen rápidamente en una competitividad insana en la que sólo ellas pueden ganar.

Tuvieron muy presente la idea de dar y recibir. Una idea siempre distorsionada de esta relación. 

Curiosamente, también pudieron tener mucha represión e incluso castración de ciertos instintos.

No tuvieron espacio para mostrar su vulnerabilidad y sus momentos difíciles. El sufrimiento sólo podía ser de los demás.

Por otro lado, muchas veces las infancia de las doses no ha sido tan brillante como pudiera parecer y han podido recibir abusos por parte de algún familiar.

También es cierto que no siempre están tan arriba y el eneatipo dos también puede resonar con muchas de las cosas que les suceden a las cuatros.

1.3 El eneatipo dos en la bionergética.

Si ponemos el foco en el carácter de la bionergética, muchas veces el eneatipo dos corresponde con los rígidos de Lowen y Reich. 

Normalmente, los chicos doses con el rígido fálico narcisista y las chicas doses más con el rígido histérico. 

En cualquier caso, como siempre decimos, esto no son matemáticas y no siempre es así. De hecho, hay veces que las doses (sobre todo las conservación), pueden tener rasgos orales. 

Lo que sí es extraño es que, por ejemplo, un esquizoide o un masoquista pudieran estar en el eneatipo dos. Tampoco los psicopáticos puros.

Este eneatipo, que viene tanto de la emoción, es normal que tenga bastante consciencia de su cuerpo y que, en ocasiones, tienda a somatizar. Por ello, al igual que las cuatros, muchas veces pueden tener dolencias que tienen que ver más con el alma que con algo realmente físico.

Más sobre los caracteres de la bioenergética por aquí.

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Pasión (tendencia emocional): El orgullo.
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Mecanismo de defensa: generosidad egocéntrica (Falsa abundancia).

2 Los subtipos del eneatipo Dos

Claudio Naranjo hablaba de ellas como las Emperatrices, las reinas y las princesas.

El eneatipo dos tiene muy marcados los subtipos. El estereotipo del dos ayudador corresponde más al dos social, mientras que la conexión con la parte más animal e instintiva cuadra bien con el subtipo sexual –pura energía en movimiento-.

Por otro lado, como veremos, el dos conservación aparentemente descuadra un poco de sus compañeros de subtipos. Su talante aniñado y su tendencia a conectar con el miedo, muchas veces, le aleja de este orgullo a flor de piel tan propio de las doses.

En cualquier caso, a todos ellos les conviene dejar de ser esclavos de su desbordante deseo y pasar a ser siervos del amor auténtico.

2.1 El / la DOS Social:

Se muestran más hacia afuera y son las llamadas Emperatrices. 

Tienen una gran dosis de ambición y tanto hombres como mujeres suelen tener un físico muy poderoso. De hecho, sin tener caderas estrechas, suelen tener una parte pectoral muy desarrollada. Esta coraza les sirve para sentirse invencibles, pero también les separa del común de los mortales. Esto les confiere un punto de frialdad que no los hace tan emocionales como a los doses sexuales.

También es el subtipo de los doses que, en un momento dado, podría pasar por una especie de uno. Su soberbia puede ser insultante por momentos y tiene necesidad de ser alguien importante. 

Eso sí, si hay que poner a un eneatipo al mando de una causa justa, las doses sociales pueden ser unas capitanas de barco estupendas. Los unos también, pero tienen que estar muy centrados para que la gente les siga. 

Por momentos podrían recordar a algunos ochos, sobre todo por su sentido de protección de los suyos. Protegerán a su tribu a capa y espada. También prestarán ayuda a quien ellas piensen que lo necesitan -aunque no se lo haya pedido-. Este movimiento, en apariencia positivo, como vamos viendo, tiene más trampas de las que parece.

El eneatipo dos tiene mucha más capacidad de atracción.

La mamma italiana también corresponde bastante con este subtipo.

El eneatipo dos social, a diferencia del dos conservación, es muy competitivo. Situarse de igual a igual es para ell@s un reto y su tendencia es a ponerse por encima. Si para ello hay que exhibir su poderío físico o sexual, lo podrán hacer. Desde ahí, no le es fácil colaborar, pues tiene cierta inclinación hacia dar ordenes. Le cuesta pedir ayuda.

Suelen ser gente con físicos más contundentes y, en algún momento, algunos nueves, curiosamente, se pueden sentir tentados por este suptipo. En cualquier caso, hay dos diferencias básicas. Las doses en general, y las sociales en particular, en términos bioenergéticos, funcionan desde el carácter rígido. En el caso de los chicos, muchas veces, desde el rígido fálico narcisista. Sin embargo, los nueve habitualmente funcionan desde el carácter masoquista. La diferencia, y a veces no es fácil de matizar, es que el masoquista nueva dice «yo soporto todo» y el dos social dice «Yo puedo con todo«. 

Con todo ello, el dos social emplea mucha energía en mostrarse poderoso y esto, muchas veces, le hace perder perspectiva de sus propias necesidades. Además, si está en un estado neurótico importante, al igual que el eneatipo ocho, considera que sentir sus necesidades y pedir ayuda es un síntoma de debilidad y para él/ella es humillante. Cuando el eneatipo dos comienza a pedir, estamos ante un dos que ya va dando pasitos en su distanciamiento del personaje.

Como bien apunta el terapeuta Paolo Baiocchi:

«(…) La historia del dos social incluye una gran negación de las necesidades por una serie de razones. La herida de base que está escrita en el fondo del corazón del abandono, resultado de la perdida de la serenidad familiar y del contacto con la madre por razones que pueden ser diversas. Como niños reaccionamos a esta pérdida con la estructuración de un carácter más autónomo. Comúnmente en nuestra infancia, donde la voz de la necesidad fue callada a costa de la depresión, la autonomía se reforzó profundamente.»*

En este caso no estamos hablando de herida de la infancia del abandono propia del carácter oral de la bionergética que le lleva precisamente a todo lo contrario: la demanda continua desde la oralidad.

A todo esta negación de su propia necesidad, evidentemente, hay que sumar su propia percepción de realeza y superioridad.

Siguiendo con Paolo Baiocchi: «Un rey no pide, sino que obtiene por derecho de casta, y las personas se relacionan con él mediante una actitud de devoción sumisa».

Con todo ello, el dos social, cuando intenta mostrar sus necesidades o lo que no va del todo bien, contacta con un gran sentimiento de vergüenza. 

2.2 El / la DOS Sexual:

En este caso estamos frente a la Reina. Este subtipo tiene una parte animal hiperdesarrollada.

En los chicos doses sexuales encajaría bastante bien el prototipo de “chico malo”.

Su intuición les puede llevar a estar muy atentas a lo que le pasa al otro, siendo muy buenas lectoras del lenguaje no verbal.

Es como si la parte instintiva les saliera por los poros. Son seducción en estado puro y se ponen en juego desde el poder. Generan relaciones muy estrechas y para ellas el tema de la pareja es crucial. Otra cosa es el tema del compromiso.

De hecho, físicamente muchas veces no son especialmente bellas/os y, aun así, tienen una capacidad de atracción increíble. Es como llevar esta seducción al siguiente nivel.

Según Claudio Naranjo

“(…) El mundo conoce bien el juego del orgulloso, como lo revela la expresión femme fatale para designar a ciertas mujeres de gran atractivo. Implica ésto que el atractivo de la persona es un bien para ella misma, pero de ninguna manera para quien «sucumbe» a ella. Algo equivalente quiere decir «vampiresa».”

Las doses tienen tanto miedo a ser rechazadas que prefieren rechazar para evitar sentirse en esta situación tan temida para ellas. Con ello, y su falta de paciencia, dejan pasar grandes oportunidades en su vida.

El eneatipo dos sexual tiene tendencia a erotizar sus relaciones. Pone en juego el tema amoroso implícitamente o explícitamente, aunque muchas veces no venga a cuento y la persona con la que se relaciona esté en otra completamente diferente.

De esta forma, lleva al extremo la tendencia de todos los doses de dar por adelantado e intentar cubrir las necesidades del otro -sabiendo que esto ya genera una deuda en la relación-. Con ello, hará sentir muy bien a los demás y éstos no tendrán otra opción que tener a nuestra protagonista en alta estima. Eso sí, si después de que el dos sexual hay dado al otro, no recibe algo a cambio, un feedback positivo, sentirá mucha rabia hacia la persona que, de alguna forma, le ha ignorado (o ha hecho que se sienta ignorada).

Siguiendo este pensamiento, la terapeuta Alba Arena, hablando del proceso terapéutico, apunta:

«(…) Entre las creencias egoicas del dos sexual se encuentra la de ser muy amoroso. En la terapia, esto puede provocar una transposición imaginaria de la pareja terapeuta-paciente en la pareja padre-hijo. Así, el terapeuta puede entrar en competencia amorosa con los padres del paciente, sentirse su salvador, o prestar más atención a las necesidades y deseos del niño interior del paciente que a su capacidad de emancipación».*

Por ello el dos sexual, tiene que salir de su necesidad neurótica de quedar siempre por encima -forzando el amor admirativo hacia él-. Le toca trabajar su capacidad de amar admirando al otro y salir, así, de su narcisismo desbordante.

2.3 El / la DOS conservación:

Aquí llegan las princesas. Este subtipo no suele ser tan potente como los otros dos;  las doses conservación suelen tener un punto de niñas. 

Estos rasgos infantiles se corresponden tanto en la forma de ser como en propio físico, pareciendo siempre más jóvenes de lo que son. Tienen bastante en común con el aire Peter Pan que se dan algunos sietes (sobre todo, sexuales).

Es como si el privilegio del que se creen merecedoras no les dejase ocupar su espacio en la vida y hacerse cargo de ellas mismas.

También destacar que la seducción típica del eneatipo dos muchas veces se convierte en manipulación en manos de las doses conservación.

Eso sí, cuando ocupan su lugar en el mundo y van siendo conscientes de sus tejemanejes, se convierten en seres luminosos que cualquiera quiere tener cerquita.

De los subtipos del dos, es el que más se puede confundir, en un momento dado, con las cuatros. No llega a ser un contra-dos, pero es un dos particular, pues su orgullo no es tan evidente.

El eneatipo dos conservación tiene, a diferencia de sus compis de subtipos, a eludir el conflicto. Tiene mucha más paciencia con el otro que las doses sexuales y sociales. Muchas veces, hay como una especie de miedo a molestar o a que el otro se sienta invadido. De alguna forma, con estos comportamientos le hacen parecer muy poco dos. La niña interna asustada puede tener demasiado peso en su vida y le impide decir las cosas con claridad y asertividad. De hecho, en estos mecanismos nos puede recordar al eneatipo siete.

La terapeuta Catalina Preciado, hablando del proceso terapéutico del dos conservación, comenta:

«(…) ¿Por qué acudimos a terapia? Muchos podrán ser los motivos, pero lo comúnmente se reconocen don dos: para reconfirmar sus privilegios, o para confirmar su propio orgullo en la relación de falsa abundancia ya sea con pareja, hermanos o con el jefe.

Al entrar alguna de estas relaciones en crisis, puede ocurrir un rompimiento y es entonces cuando la persona buscará la protección de un terapeuta. Acude en búsqueda de ayuda incondicional y de la resolución de sus problemas.» *

En cualquier caso, es difícil que, al igual que los otros subtipos, un dos conservación reconozca sus carencias de forma abierta. Es más habitual que esté en el lado contrario poniendo al otro de vuelta y media. Como vemos, este carácter más infantil que el sexual y social, puede tener como una especie de pataletas o berrinches.

También se diferencia de los otros subtipos en cierta sobriedad en el plano sexual. Tendrán menos dificultades con el compromiso o con estar disponibles, si así lo desean, para una sola persona. Mientras tanto, el dos sexual tendrá tendencia al exceso y la compulsión sexual, buscando siempre los pastos más frondosos para satisfacer sus necesidades.

**Extracto del libro 27 personajes en busca del ser de Claudio Naranjo.

3 ¿Cuál es el camino de sanación del eneatipo Dos?

El camino de salvación del eneatipo dos pasa por integrar lo mejor del ocho y del cuatro. 

Muchas veces, vemos al ocho como un ser tosco y prepotente que lleva el orgullo de los doses a su máxima esencia. Pero, evidentemente, esto no es cierto, o no lo es siempre. Las doses pueden aprender de los ochos mucho de autonomía. En este caso la autonomía de no necesitar estar siempre en la conquista y estar plenamente satisfechas con ellas mismas. A partir de ahí, ya no entran en el amor desde la necesidad.

Por otro lado, de quien pueden aprender mucho es de las cuatros. En principio suele haber un pique entre ambos subtipos. Las doses ven a las cuatro como unas quejicas que están siempre en la envidia. Sin embargo, cuando la dos se baja del pedestal y se muestra también con sus miserias es cuando da un paso de gigante para poder relacionarse con el otro. Además, el antídoto perfecto para el orgullo es la humildad y las cuatro si algo tienen es eso: un saber estar en el mundo sin necesidad de pisar al otro. 

Por aquí va el camino de sanación de eneatipo dos. Un eneatipo con un potencial enorme, siempre y cuando abandone su prepotencia inicial y se convierta en uno / una más. Decir adiós al narcisismo no es fácil, pero siempre es un buen plan para eneatipos como el siete, el ocho, el tres y, por supuesto, el dos.

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El refranero de los doses:

El corazón tiene razones que la razón no entiende.

Noble rancioso, hombre orgulloso.

Cuando el orgullo camina delante, vergüenza y daño van detrás.

Amor con amor se cura.

Amor con amor se paga.

Allí donde hay pasión, encontrarás amor.

Cuando el amor es fingido en el aire es conocido.

Deseo de mujer, todo lo llega a vencer.

Ningún placer es superior al placer de dar.

Vale más ser envidiada que envidiosa.

La generosidad consiste en dar antes de que se nos pida.

La largueza y altruismo, empiezan por uno mismo.

Tener más orgullo que Don Rodrigo en la horca.

No es tan fiero el león como lo pintan.

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Texto redactado por   Haiki

Agnieszka Stepien y Lorenzo Barnó

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