Haiki
No Comments 1979 Views

El eneatipo 1, la ira del perfeccionista.

Los unos son el eneatipo del eneagrama más exigente y perfeccionista. Son personas de apariencia educada y correcta. Si ves que antepones el deber al placer y que, cada cierto tiempo, te ves inundado por una energía iracunda desmedida ¡puede ser que tú también seas uno de ellos! Si también te suena el querer tener siempre razón y ser un poquito prepotente y testarudo, quizás este post sea especialmente útil para ti. Eso sí, si hay que poner a alguien al mando de una causa justa, este es sin duda un eneatipo perfecto para ello. ¿Nos acompañas?
Nota importante 1: Todo lo que leerás en este post está basado en nuestro aprendizaje leyendo los libros de Claudio Naranjo y asistiendo a los SATs.  Para profundizar en el Eneagrama siempre recomendamos hacer la formación del SAT.
Nota importante 2:Lo que leerás a continuación es la descripción del eneatipo en un estado de neurosis avanzado. Lo normal es que nadie tenga todas estas sombras a tope si no que te puedas identificar de manera gradual con lo que aquí te contamos.

1 Características generales

1.1 RASTOS PRINCIPALES DE CARACTER

Masterclass gratuita ONLINE: Introducción al ENEAGRAMA

9 de diciembre a las 19.00 (h esp)

Imprescindible inscripción

ACCEDER

Son gente que se deja llevar por su idea de justicia, que no necesariamente tiene porque coincidir con la del resto del mundo. Siempre quieren que todo se haga bien, pero a su manera; no suelen estar muy pendientes de las necesidades del otro y resultan personas muy poco empáticas y quizás un tanto “hepáticas”. La soberbia no les deja ver más allá de sus propias ideas. Se enamoran de su propia necesidad de control. Su pasión es la ira aunque, como vamos a ver, no siempre la expresan hacia fuera. De hecho, en el subtipo uno conservación hay que rascar mucho hasta que aparece. Esta ira puede ir de la mano de la rabia (o no). La rabia, en principio, tiene que ver con una actitud agresiva -incluso violenta- de respuesta  a un  ataque y la ira es algo más interno. Un estado de irascibilidad constante.  Así, no siempre contactan con la emoción de la rabia, pero sí tienen muy presente la energía de la ira. Es una forma de estar en el mundo de desde la acción – reacción. Todo tiene solución y ellos saben la respuesta clara y meridiana. Su sentimiento de superioridad no les facilita fluir con la vida. Les cuesta aceptar lo que viene tal cual es. En vez de ello, lo dan todo para transformar la realidad según sus propios parámetros. Fueron niños grandes que no tuvieron tiempo de contactar con sus instintividad, inocencia y emoción. Ahora, de adultos, les cuesta la vida contactar con su parte más tierna. Ven el error en el mundo y esto les pone de muy mal café. También, les molesta mucho que este mundo no vea lo mal que lo hace. Hay un exceso de apego al bien y al mal. Así, su orden va por delante de todo y de todos. Son muy perfeccionistas y exigentes, tanto con ellos mismos, como con el resto del mundo. Su fijación por la perfección les puede llevar a un excesivo apego por la norma y la ética. Principalmente, su norma y su ética que considera, sin ninguna duda, un código de conducta correcto y absoluto. Algunos pueden haber llegado a cometer actos muy crueles y violentos, pensando que era lo que se debía hacer. El “debo de”, al igual que algunos seises, lo tienen muy presente.

Curso – Taller ONLINE Eneagrama de las relaciones.

Mapear las relaciones entre los 9 eneatipos.

14-18 de diciembre de 2020

Siguiendo esta idea, apunta el experto en eneagrama, Gonzalo Morán, «(…) Al igual que los Cruzados Cristianos de la Edad Media que sentían tener la obligación moral de salvar la «Tierra Santa»de la amenaza de los Herejes, los Uno tienen la creencia muy arraigada de que el mundo es un lugar imperfecto que esta como esta porque la gente no hace lo que debería hacer, y esta en ellos tomar cartas en el asunto, ocuparse y arreglarlo… Así tengan que inmolar en la Hoguera a quien se les cruce por el camino.» (post completo) Respecto al amor admirativo del que siempre habla Claudio Naranjo, suelen andar un poco liados. Su excesiva altanería les lleva a no ver al otro. Su idea loca es que “si no son perfectos nadie les amará”.
Como bien apunta en su propio muro de facebook, Jordi Santamaría: “(…) En el eneatipo Uno no aceptamos la realidad, dispensados en que somos o estamos encargados de una realidad mejor, cosa que parece justificarlo todo. Somos predicadores, por falsa empatía. No vemos nuestro narcisismo de elegidos, nuestra necesidad de superioridad. El fin justifica los medios como en el eneatipo 8 y el resto, versión blanqueada. Arrancarse la pretensión de perfección duele. Nos cuesta ver al niño o niña heridos, bajo nuestra armadura. Tanta exigencia y autoexigencia para aceptarnos a nosotros mismos, escondiendo el dolor y la propia vergüenza de no llegar a ser queridos.”

¡Adivina qué vecino pertenece al eneatipo uno!

Esto implica renunciar a lo que ellos consideran como emociones negativas o inferiores (tristeza, vulnerabilidad o la lamentación). Con todo ello, tampoco aceptan de buen grado las críticas sobre su persona. Por el contrario, si se encuentran bien, y no se dejan llevar por la IRA tan fácilmente, se pueden convertir en auténticos referentes éticos para quienes les rodean. También es cierto que muchas veces no muestran en público sus enfados; con lo cual, terminan «tragándose» la ira y, muchas veces, acaban somatizando esta emoción. En este sentido, suelen ser más críticos que agresivos o violentos -el ocho sí que puede ser realmente violento-. Sanos, pueden ser metódicos, eficientes, organizados y los mejores buscadores de la tan necesaria verdad; una especie de héroes morales. Pueden confundir el sincericidio con la sinceridad: es como si su juez interno estuviera de guardia las 24 horas del día. Aunque es un eneatipo de la triada de la acción, en algunos casos, pueden parecer más racionales que los propios mentales. Muchas veces la corrección del uno se puede confundir con otros eneatipos como el propio enatipo tres. La rigidez es común en ambos caracteres y tanto los unos como los treses necesitan que todo esté controlado. Además, a ambos les une la dificultad de conectar con el placer. Necesitan una buena dosis de bajar al cuerpo y conectar con el deseo. A su vez, aunque los treses piensan que su obsesión por la perfección es insuperable, en el eneatipo uno tenemos el único que es capaz de superarles. En cualquier caso, lo que diferencia claramente al tres del uno, es que el tres no conecta tan rápido con la rabia. El eneatipo uno ha sentido muchas veces cómo le hervía la sangre  en su vida. Esta en contacto constante con esta frustración de no poder expresar esta ira, porque se supone que él es un niño bueno.  Sin embargo, el tres no conecta tanto con esta emoción y su represión viene más por el hecho de una necesidad de reconocimiento que por ser un niño bueno en sí mismo. En este sentido, nos acordamos de las palabras de, Claudio Naranjo: «El eneatipo uno es un carácter bien intencionado y excesivamente virtuoso que surge como una defensa frente a la ira y la destructividad. Sería erróneo, sin embargo, concebirlo como un carácter violento, pues, por el contrario, presenta un estilo interpersonal supercontrolado y supercivilizado. Resulta llamativo, además, en este estilo su tendencia a estar en desacuerdo, tanto con respecto a los otros como frente a la experiencia general. Si toda forma de carácter puede ser considerada como una interferencia con el instinto, la orientación anti-instintiva de este estilo «puritano» resulta de lo más sorprendente. Un adjetivo apropiado para este carácter (que le es aplicable más allá de la banda explícitamente enferma del espectro de la salud mental) es el de perfeccionista, pues a pesar de que quienes representan otros estilos caracterológicos pueden tacharse adecuadamente a sí mismos de «perfeccionistas», es aquí donde la orientación al perfeccionismo sobresale de modo indudable. Ello implica una obsesión por mejorar las cosas, que se traduce en empeorar la propia vida y las de los demás, y un concepto cerrado de la perfección que se basa en comparar todo suceso o experiencia con un código preestablecido de valores, modelos, ideas, gustos, normas, etc. El perfeccionismo no sólo ilustra el hecho de que lo mejor es enemigo de lo bueno (y que la búsqueda de lo óptimo es enemiga de lo mejor), sino que podemos decir que, en el orden cognitivo, implica una tendencia al desequilibrio en las lealtades que se deben al placer y al deber, a la seriedad y a la frivolidad, al trabajo y al juego, a la deliberación madura y a la espontaneidad infantil.» Estas ganas de hacer todo correcto, renunciando al placer y focalizándose en el deber, también nos pueden recordar al eneatipo tres. La diferencia es que al tres le importa, y mucho, lo que el resto piense y su corrección depende, en gran parte, de una mirada externa. Mientras al uno le importa poco lo que los demás piensen y su corrección depende de una represión interna. También, es cierto que esta autoridad propia, ajena a la mirada del otro, le puede llevar por caminos muy prósperos. Un buen ejemplo de ello es el padre de las Constelaciones Familiares, Bert Hellinger. Allá por finales de los noventa, después de una vida de lo más variopinta, se dio cuenta que había dado con una forma de «hacer terapia» totalmente diferente. La innovación, y más en estos terrenos, va a ir de la mano de otra gente que va a criticar lo que uno ofrece. Es casi inevitable. En este a caso, Hellinger estaba seguro que lo que el proponía era importante y bueno para el mundo. Desde ahí, se mantuvo imperturbable a cualquier juicio externo y su energía interna le llevó a compartir esta poderosa herramienta con el mundo.  Es decir, el uno, por una buena causa , puede navegar contra viento y marea en favor de un mundo mejor.

Masterclass gratuita ONLINE:

Ideas claves del ENEAGRAMA y los eneatipos

9 de diciembre 2020 a las 19.00 (h esp) Imprescindible inscripción ACCEDER

El eneatipo uno en el trabajo:

Tienen tendencia al control, la rigidez y a sentirse superiores. Necesitan que el mundo les vea como personas sensatas. En el entorno laboral no son demasiado flexibles, lo cual les suele llevar a exigir al otro demasiado. Luego verán si se lo comunican o no, pero su ira aparece aunque, por su excesiva corrección, no se permitan mostrarla. Ellos lo pasan mal porque ven que los otros no hacen las cosas bien. El bien de ellos es el muy bien de cualquier otro eneatipo. Si su compi de trabajo es un siete, pueden pasarlo fatal si dependen de él para avanzar en su tarea diaria. Exagerando un poco, lo que para un siete está terminado para un uno justo está empezado. Los sietes son muy buenos sacando bastante tarea adelante -hasta que colapsan-, pero no son buenos terminando las cosas y mucho menos dejándolas como al uno le gusta. El nivel de auto-exigencia de cada uno es muy distinto. Los unos, como bien sabemos, tienen una ética muy clara que muchas veces puede chocar en un entorno laboral, con las ganas de triunfar de, por ejemplo, el eneatipo tres social. Si van a ser compañeros de viaje, puede que la corrección y rectitud del uno sea incompatible con la excesiva flexibilidad moral del tres social. En este sentido, rescatamos las palabras de Eduardo Yentzen:

«Este valor, la rectitud, es su virtud. Rectitud es ir recto por la vida. Es hacer lo co-rrecto. Ir co- o sea en paralelo a lo recto. Para seguir el camino recto este tiene que estar construido y fijado (al mandamiento, a la norma, al ‘programa’). Para no desviarme, no tentarme, no ser cambiante, inconsecuente, voluble, influenciable, débil, incapaz de llegar a ningún lado… debo mantenerme ‘pegado al camino’ . Para hacerlo me esfuerzo, aprieto los dientes, no renuncio, cumplo, obedezco, me disciplino; me rigidizo me hago inflexible, intolerante. Soy el único dispuesto a este esfuerzo, el único que cumplo con el camino recto.

De mi corrección sigue el acto de corregir: co-rregir- regir (reinar, mandar) desde mi condición de soberano cumplidor de la norma. Al otro lo corrijo: critico y sermoneo, le ilumino sobre cómo se hacen las cosas.»

Por eso es tan importante que el uno baje cuanto antes el volumen de su rectitud, corrección y exigencia. Si no lo hace se quedará solo pues produce demasiada tensión en él mismo y en su entorno inmediato. Aun con todo, necesitamos unos, unos que no estén muy neuróticos y, desde su hacer silencioso en el que no caben las florituras, ayuden  a otra gente a tener una vida mejor. Un buen uno, quizás siempre será un jefe demasiado exigente, pero, a la vez, será capaz de defender a sus trabajadores a muerte. Y si le consigue poner un poco de empatía al tema, podrá ser una maravillosa autoridad. Es decir, su poderosa autoridad interna se pone al servicio en una autoridad exterior.

El eneatipo uno en el amor:

Los unos, en general, son gente que les cuesta bajar a la amoción y mostrarse en pareja desde la parte más tierna y delicada. Incluso si son chicas es muy probable que se animen a llevar el rol más masculino. Son personas files que no les va una relación sin compromiso; de hecho, suelen ir a tope en pareja, pero les cuesta salir de la monotonía. En un momento dado, les puede venir muy bien darse algún permiso y no ser tan correctos. Quizás tengan ganas y deseo de «devorar» a su pareja, pero se contienen las ganas por miedo a no hacer lo que moralmente se supone que toca. Es como si vivieran un poco castrados. A veces, tienen que revisar sus códigos morales para poder contactar con claridad con su parte animal y ponerla en juego.  Normalmente, en la cama son bastante directivos y les gusta que las cosas se hagan como a ell@s les gusta. De esta forma, con tanto control, las cosas suelen ir más o menos bien, pero se pierden la posiblidad de que surja la magia, la sorpresa. Por lo tanto, necesitan mirar un poco a los sietes y darse alguna alegría. También echar un ojo a los cuatros y contactar con su parte más emocional y delicada. Desde ahí, podrán salir que su «perfección sexual/amorosa» y entrar en nuevos terrenos que, seguramente, les darán más de una alegría.

El eneatipo 1 frente al mundo.

Esta es una sección que desarrollamos en nuestro curso del Eneagrama de las relaciones. Si quieres saber más puedes echar un ojo por aquí. Y si quieres un ejemplo de cómo lo hacemos, te puedes ir al eneatipo 2 (ver aquí) y ahí vas a encontrar un vídeo que te puede gustar mucho.

Testimonio del eneatipo uno.

«Fui un niño que sufrí mucho en la infancia. Me recuerdo con mucho enfado. Me hervía la sangre cuando no me daban lo que yo quería. Era el mayor de tres hermanos y me alié con mi padre para hacer de segundo papá. Tanto él como mi mamá eran bastante estrictos. Mi padre se ponía como modelo moral y siempre decía lo que estaba bien y lo que no. Más adelante, mi madre se enteraría que durante años le fue infiel y llevó una doble vida. Era el dueño de una pequeña constructora y no le veíamos mucho. Mi madre, como digo, también era estricta; pero, estaba más presente y, sobre todo, nos abrazaba mucho. En el colegio sacaba muy buenas notas y me convertí en el delegado de clase habitual. Todos los años necesitaba serlo. Así me sentía útil. Tuve varios enfrentamientos con profesores. Incluso a uno estuve a punto de llevarlo a juicio por insultarme. Para mí, la justicia era un pilar fundamental casi desde que tengo uso de razón.  En la adolescencia no me atrevía a acercarme a las chicas. Toda mi seguridad se me venía abajo y lo pasaba fatal. Aun así, con la ayuda del alcohol, comencé a hacer mis primeros acercamientos, pero lo vivía con mucha ansiedad y miedo al rechazo. El año previo a ir a la Universidad, comencé a sacar peores notas y lo pasé muy mal. Mi padre me reñía mucho y la frase que, aun hoy, resuena en mi cabeza es: «si no está perfecto, mejor no hacer nada». Y en esto ponía todo mi empeño. Los años de Universidad fueron complejos. Comencé a estudiar Arquitectura con muchas ganas, pero, en las asignaturas más creativas tenía serios problemas. Era como si no me dejase contactar con esa parte de mí mismo. Sin embargo, en las asignaturas técnicas sacaba siempre sobresaliente. Había un contraste enorme. Al terminar la carrera, que me costó Dios y ayuda, tuve que ir a terapia pues el estrés me estaba matando. Fueron 7 años en los que no hice otra cosa que estudiar. Salí poco con los amigos y no tuve tiempo de chicas. También, tuve problemas con la pornografía y me gustaba ver vídeos «muy extraños».  Mi aparente calma habitual, también, contrastaba con ataques de ira increíbles. Como si fuera un volcán. Normalmente, sólo me los permitía en casa con mis padres; pero, de vez en cuando, también la liaba en al Universidad. En cualquier caso, entrar en terapia puso un poco de luz a lo que me pasaba y di pasos de gigante en poco tiempo. Encontré un trabajo sencillo en un estudio de arquitectura y me acomodé. No tenía dificultad con las tareas y aprendí a hacer las cosas tan sólo bien. Mi jefe tenía el lema contrario a mi padre y siempre decía aquello de lo perfecto es enemigo de lo bueno. Curiosamente, un trabajo aparentemente sin interés !!me hacía mucho bien!! Comencé a practicar Aikido y llegué a clases de Río Abierto. Las primeras sesiones fueron horribles. En el baile contactaba con una vergüenza extrema. Me sentía como un bloque de hormigón. Aun así, a insistencia de mi terapeuta, permanecí allá. En el segundo año me fui soltando mucho más y contacté con una fiera interna que rugía por salir. Le fui dando su espacio y también, por fin, me atreví a mostrarme, desde mi instinto, con las chicas. Fue un antes y un después. Creo que es un camino que tengo que recorrer sin prisa, pero con paso firme. Aun hoy, hacer lo correcto tiene un peso excesivo en mi vida, pero voy permitiendo alguna travesura. También soy capaz de mostrarme, en un entorno de seguridad, desde mi parte más tierna. Y todavía hoy tengo delirios de salvar al mundo, pero tengo claro que !tengo que comenzar por mí mismo!! Luego ya iremos a por metas más ambiciosas». Cristiano L.I.

Masterclass gratuita ONLINE:

Ideas claves del ENEAGRAMA y los eneatipos

9 de diciembre 2020 a las 19.00 (h esp) Imprescindible inscripción ACCEDER

1.2 El eneatipo uno en la Bionergética:

Su tendencia neurótica va hacia lo obsesivo compulsivo. Si nos trasladamos a los caracteres de bioenergética, suelen coincidir con los rígidos obsesivos. Muchas veces, tienen una fisionomía muy rígida y es como si tuvieran cuerpos excesivamente tensados. Normalmente el carácter rígido es relativamente ancho de cadera y esa medida se traslada a los hombros. Sin embargo, en muchos unos vemos físicos igualmente rígidos, pero, mucho más estrechos de lo habitual. Respecto a este carácter, rígido obsesivo compulsivo, de W Reich, padre de la bionergética, comenta: «Aunque no esté presente el sentido neurótico-compulsivo del orden, es típico del carácter compulsivo una pedante estimación del orden. Tanto en lo grande como en lo pequeño, vive su vida de acuerdo con unas pautas preconcebidas e irrevocables. (…) Su predisposición en contra de los afectos viene dada por su extrema inaccesibilidad a ellos. Por lo general, tanto en sus muestras de amor como de odio, se comporta de modo ecuánime y tibio. En algunos casos, esto llega a convertirse en bloqueo afectivo total.» (extracto de carácter y neurosis de Claudio Naranjo. En cualquier caso, la relación del carácter rígido obsesivo no es matemática con el eneatipo uno. Es habitual, pero no es directa.

Más sobre los caracteres de la bioenergética por aquí.

1.3 El eneatipo uno en la infancia:

En su infancia fueron niños buenos, que, normalmente, no hacían mucho ruido. En general, fueron muy criticados y, en muchos casos, fuertemente castigados. Por ello, son demasiado autodisciplinados. Incluso los unos jóvenes, en palabras de Claudio Naranjo, «es como si tuvieran mentalidad de viejo«. Crecieron demasiado rápido y necesitaron de las reglas demasiado rápido. Más adelante, crearán sus propias normas que estarán por encima de las de la propia sociedad. La herida de la infancia suele ser la injusticia y eso les lleva, en muchos casos, a una soledad extrema.
Pasión (tendencia emocional): La ira  (no siempre expresada).
Fijación (pauta fija de pensamiento):  La perfección (corrección).
Mecanismo de defensa: Actitud reactiva.

2 Los subtipos del uno

Recuerda que, como en cada eneatipo, en función de los subtipos, el eneatipo cambia bastante. En este caso, los sexuales y sociales se muestran más hacia fuera y se les ve venir, mientras que el conservación va hacia dentro y puede no parecer muy exigente y perfeccionista, pero, sin embargo se da una caña tremenda. Este uno conservación tiene un nivel de auto-represión altísimo y, de alguna forma, puede parecer un cotra-uno pues aparentemente la ira no está por ninguna partes. Eso sí, lo uno conservación bien saben la profesión va por dentro. En cualquier caso, todos los subtipos tienen tendencia a sufrir bastante. Incluso, en estados patológicos, tienen cierta tendencia a plantearse situaciones extremas.

2.1 El uno Social:

Curiosamente tienen una gran dificultad en lo social, pues siempre esperan que las cosas se hagan como ellos piensan que es lo correcto. La pasión de la ira transmuta en una pasión, en palabras de Óscar Ichazo,  por la inadaptividad. Cree ser el uno perfecto.  Nunca está satisfecho y pocas veces busca a los demás para pedir ayuda. A diferencia del uno conservación que todavía piensa que tiene que trabajar más para ser más perfecto, el uno social siente que ya es perfecto tal cual es. Si te pueden echar en cara tu equivocación mejor que mejor. Son muy de «yo te lo dije. Ves como yo tenía razón». Desde aquí, muestran su superioridad moral y su fuerza. Fuerza que desde bien niños enmascara su ternura. En palabras del polémico terapeuta Antonio Ferrara: «(…) no dejé de ser un niño sensible, muy emotivo, que retenía las emociones reprimiéndolas; no quería mostrarlas, pero por dentro devastaban mi pecho. Me sonrojaba y me avergonzaba incluso por pequeñas cosas. Poco a poco, con el tiempo, aprendí a controlarme, me hice más fuerte, más duro; no quería que descubrieran lo que efectivamente vivía. No quería ser «debilucho, frágil, sensible» y, por lo tanto, escondía mis estados de ánimo, las dificultades, y no pedía. El modo en que ellos me querían me hacía sentir distinto, incapaz, limitado. En el fondo no tenía confianza en que papá y mamá pudieran responder a mis exigencias.»* Piensan que todo iría mejor si todo el mundo actuase como ellos. Sin duda son los más rígidos de los rígidos, pudiendo tener muy acentuado su mundo obsesivo compulsivo. A diferencia de los treses, a uno social le importa muy poco lo que otros piensen. Su actitud será la opuesta de la camaleónica del eneatipo vanidoso. Tienen tendencia a ideas del tipo: «esto se hace así» o «esto tiene que ser como yo digo». Ellos piensan que sólo hay una forma de hacer las cosas. En el fondo, es un miedo sistemático a cometer errores -lo que ellos piensan que son errores-, disfrazado de moral. En palabras de Claudio Naranjo: «confunden moral con moralismo»: En algunos casos podrían parecer una especie de Lord Inglés. Suelen tener ese punto de corrección extrema del «carácter aristocrático». Pueden ser, a pesar de  ser muy de acción, también, intelectuales y cultos. Eso sí, cuando su neurosis de serie remite un poco,  tienen una fuerte implicación en favor del bien común.

2.2 El uno Sexual:

Son gente que lo da todo en cada cosa que hace. Siempre hay un cuidado y esmero excesivo en el detalle. Tienen cierta adicción a la intensidad y transmutan la ira en la pasión por la vehemencia. Desde ahí, contactan con facilidad con el dominio y la conquista. Tienen muy claro qué es lo que hay que hacer y lo hacen sin titubeos. Claudio Naranjo hablaba de que los conquistadores españoles podían asociarse a esta energía. En favor de un Dios benévolo y para la gloría de sus reyes,  saqueaban y mataban sin cargo de conciencia. Era lo que había que hacer. Este dejarse ir por el impulso del eneatipo uno sexual, puede recordar un poco a los ochos. En el terreno de la pareja terminan siendo muy asfixiantes al exigir muchísimo al otro. Confunden sincericidio con asertividad. A diferencia de los unos conservación, el uno sexual puede pasar de la ira encubierta a la rabia explícita en un pis pas. Son extremadamente fieles y leales; en este sentido, muy parecidos al seis «deber»o seis social. Marcan los límites con claridad e intentan respetarlos.  Pero, si se descuidan, entrarán en la posesión y en los celos. Los 1 sexuales pueden ser papás y mamás hiperexigentes y esto les puede llevar a une estado de desencuentro constante con sus hij@s. En un estado muy neurótico, pueden incluso ser violentos con ellos pensando que «es por su bien». Aun así, los unos siempre se creen en posesión de la verdad y se consideran personas de una integridad máxima. Con todo ello, por desgracia, harán sentir al niño que está haciendo algo malo. Este subtipo es el perfeccionador por excelencia. Tiene una peligrosa tendencia a la idealización. En ellos hay una búsqueda constante de la intensidad. El uno sexual ha de bajar su intensidad, dar un descanso a su impulso y contactar con una cierta serenidad. En palabras de la terapeuta, Isabel Herrera: «Recuerdo que, cuando tenía unos dieciocho años, le dije a un amigo del grupo del barrio: «me gusta cómo soy, pero me falta serenidad». También, intuía con bastante claridad que algo de ella encontraría con la edad. Una sensación muy clara que suelo sentir en el cuerpo — y más específicamente en el vientre— es la de un impulso fogoso que busca una salida, que quiere expandirse hacia el exterior y lo hace también a través de los pies y las manos. Siento una gran vitalidad que tiene dos caras según las circunstancias: una, lúdica, que se expresa a través del deporte, la danza, la sensualidad erótica o sexual, el juego, el entusiasmo, el humor y la risa o lo que llamo «las representaciones del placer del movimiento». La otra, ira agresiva, aparece especialmente cuando siento que algo o alguien está traspasando mis límites o puede atentar de alguna forma contra mi integridad. Es de corta duración y de gran intensidad: es como enseñar los dientes marcando la distancia. Una imagen que me resulta familiar en los felinos, mis animales preferidos. Esta ira se daba en pocas ocasiones, pero es arrasadora. Por mi boca podían salir palabras hirientes que podían hacer sentir como una mierda a los demás. Luego se me pasaba, me disculpaba y la discusión podía mantenerse con normalidad, y hasta podía hacer las paces aunque hubiera desacuerdo».*

2.3 El uno conservación:

En este caso, estamos ante el uno perfeccionista. La pasión de la perfección transmuta en una pasión por la preocupación máxima. Lo cual, evidentemente, le hace sufrir mucho. Viven en una angustia casi constante. Su preocupación es que todo esté bien, y lo que para ellos es bien, para cualquier otro eneatipo sería infinitamente muy bien. No tienen una vara de medir estándar. Son muy previsores y les gusta que la situación este bajo control. Vaya… que todo salga al milímetro como él había imaginado. Sin embargo, él no es capaz de ver que todo está bien y está en modo mejora continua. El terapeuta Lluís Serra apostilla: «La perfección, al constituir una búsqueda mecánica, es una trampa que impide alcanzar justamente lo que se busca. La ira del E1 conservación, al estar tan controlada y reprimida, le pasa a menudo inadvertida. El control de reacción favorece esta falta de conciencia de sí mismo. La pregunta fundamental apunta a cómo dejar de estar atrapado en el círculo y en el guión egoico, Dicho de otro modo, cómo despertar y cómo no «seguir durmiendo con tranquilidad». El E1conservación cree estar en el proceso justo de transformación. Su afán de perfeccionamiento y su esfuerzo por mejorarse parecen contener fuertes dosis de conciencia. Más aún. Su opción por el cumplimiento del deber en detrimento del placer le hace creer que está en el camino adecuado. Su conciencia del ideal, el sacrificio por alcanzarlo, el juez interno que dictamina continuamente lo bueno y lo malo, el sentido de culpabilidad que le acompaña, hacen pensar que lo tiene todo a su favor. Esta es la trampa que obnubila la conciencia y que impide darse cuenta de las cosas. El perfeccionismo y la ira a él vinculada son respuestas mecánicas, guiones prestablecidos. No hay libertad sino inflexibilidad. No hay amor sino corrección. No hay conciencia sino control. No hay esencia sino ego.»* Como ya adelantábamos en la introducción tienen la «cualidad» de disimular su rabia. Es decir, sienten la ira, pero se creen demasiado buenos para mostrarla tal cual; así que, inconscientemente se la tragan. Desde fuera, parecen seres casi ideales. Es lo que comúnmente se entiende por una persona con «gran fortaleza emocional». Lo cual, evidentemente es un despropósito. En esta sociedad tan patriarcal y cada vez más fría que nos toca vivir, se valora positivamente cuando alguien no se entera de su mundo emocional. No es que tenga control emocional; la realidad es que, este ideal de personaje aséptico emocionalmente no se entera de lo que realmente siente. Además, el eneatipo uno conservación parece bastante coherente y da la sensación de que es alguien muy razonable. También, tienen un aire a los «treses no sociales»; con lo cual, son bastante eficaces y consiguen lo que se proponen. Pudiera parecer, visto así,  que si no sabríamos que emocionalmente están más muertos que vivos, que son un subtipo con poco que cambiar. Por suerte, el eneagrama nos avisa que este exceso de corrección y necesidad de ser el niño bueno, tiene más peligros que ventajas. Con todo ello, es el más afable y cercano de todos los unos ya que enmascaran su ira.  Son personas muy currantes y con los pies en la tierra -nada de fuegos de artificio-. Eso sí, a la que se descuidan, se dejan llevar por el excesivo detalle y son excesivamente críticos. Pueden ser constantes y disciplinados usando estas características para tener una vida más sana y coherente.  *Extracto del libro 27 personajes en busca del ser de Claudio Naranjo.

3 ¿Cuál es el camino de sanación del uno?

El eneatipo uno se relaciona con el eneatipo cuatro y con el siete, por lo que le interesa pillar lo mejor de ellos y evitar sus sombras. Es decir, un 1 que deja de lado las preocupaciones constantes y entra en la alegría de vivir puede conectar mejor con su verdadera esencia. De hecho, normalmente al contrario que los 7, piensa que nada es suficientemente bueno. Por ello, relajarse un poco con la exigencia es clave para que se pueda relacionar con el mundo. En general, le conviene hablar menos y escuchar más. A su vez, otro antídoto perfecto para su neurosis es dar espacio al otro desde la empatía y la humildad; así, tendrá muchos cupones para ser más feliz. Con todo ello, el uno deberá buscar la serenidad y la aceptación de que las cosas están bien como están y no tienen que ser necesariamente como ellos piensan que tienen que ser.

TALLER ONLINE VIVENCIAL DE ENEAGRAMA

Encuentra tu yo real gracias al eneagrama.

Acceder 

Y si este post te ha gustado y quieres seguir profundizando, pronto estará disponible nuestro curso: Encuentra tu yo real gracias al eneagrama.

Nos puedes escribir a Haiki@haiki.es y serás el primero en enterarte de todos los detalles.

También te va a interesar:

GUÍA RÁPIDA DE ENEAGRAMA

El refranero de los unos:
Dios retarda la justicia, pero no la olvida. Si dices las verdades, pierdes las amistades. La práctica perfecciona. A buen juez, mejor pastor. Con la vara que midas, serás medido. La virtud es la razón perfeccionada. Alabar lo bueno y vituperar lo malo, justicia es lo que hago. La justicia cojea pero llega. De un hombre iracundo se ríe todo el mundo. Las lenguas de los criticones son como las patas de las moscas; aterrizan sobre cualquier cosa que encuentran. Orden y medida, pasarás bien la vida. Con orden y tiempo todo se hace bien hecho. (Post completo, aquí)
 Lecturas recomendables:
ENEATIPO 1: LA IRA -«LA VIRTUD ENOJADA»
Por Gonzalo Morán Desde Pobre Niño Pijo
Eneatipo 1: el que quiere ser perfecto
Por Borja Vilaseca
Eenatipo 1, el que quiere ser perfecto y corregir el mundo.
Por DesQbre
El eneatipo 1 según Claudio Naranjo
Puedes descargarte gratis nuestro ebook, “HAIKI, en busca del yo real”.

¡Que lo disfrutes!!

Acceder

Texto redactado por   Haiki Agnieszka Stepien y Lorenzo Barnó

LEAVE YOUR COMMENT

Your email address will not be published. Required fields are marked *

RELATED ARTICLES

Back to Top