Haiki
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El eneatipo 4, la envidia.

¿Quién es el eneatipo que más sufre de todo el eneagrama? El cuatro. ¿Y qué gana con tanto dolor y lamentación? Mucho más de lo que pudiera parecer. Si no te lo crees, ven con nosotros y te lo contamos. 

Eso sí, si estás esperando leer un texto de color de rosa sobre el cuatro, en el que te contemos que son unos artistas y que siempre tienen un corazón maravilloso, no estás en el sitio adecuado.

Aquí, nuevamente, vamos a intentar poner luz  para desvelar la sombra del cuatro. 

Vamos al lío.

Nota importante :Lo que leerás a continuación es la descripción del eneatipo en un estado de neurosis avanzado. Lo normal es que nadie tenga todas estas sombras a tope y te puedas identificar de manera gradual con lo que aquí te contamos.

1 Características generales del eneatipo cuatro.

1.1 Rasgos de personalidad del eneatipo Cuatro

Al igual que en el eneatipo dos, hay muchas más cuatros chicas que cuatros chicos; así que, si te parece bien, pasamos a hablar en femenino.

Con las cuatro llegamos al final de la triada de la emoción y, como ya fuimos viendo, aunque la triada se llama así, quizás sería más correcto llamarla triada sentimental. Es decir, son eneatipos que están en el dar y recibir amor.

Amor o los simulacros que los humanos nos inventamos para sustituir al verdadero amor. 

En cualquier caso, gran parte de su existencia gira en torno a las relaciones amorosas que, en gran medida, vivirán con mucha intensidad y poco sosiego. Suelen estar en una montaña rusa emocional que tiene más bajos que altos. Las doses también la viven pero con más altos que bajos.

El eneatipo cuatro vive en la pena y, por lo tanto, necesita compararse por abajo como el comer. Su pasión es la envidia y una de sus fijaciones más claras es la falsa carencia. Necesitan, de alguna forma, ser dependientes del otro. No es una dependencia, como en los treses, del aplauso, sino del ser la persona elegida y que el otro le dé mucho.

A diferencia del eneatipo dos, nuestros pesimistas normalmente son bastante introvertidos y tienden a la agonía. Se suelen sentir humillados y creen que el mundo está contra ellos.

Por otro lado, su queja y demanda constante alimenta en los otros la necesidad de protegerles desde la omnipotencia.

Sus mecanismos de defensa estrella son la introyección y la retroflexión.

En términos bionergéticos hay una oralidad compulsiva. Esta idealización le lleva a una constante frustración. Necesita ocupar el papel de víctima y, muchas veces, son personas que se encuentran metidas en relaciones de abuso hacia ellas. 

Pena de mi corazón
Que me corre por las venas, pena
Con la fuerza de un ciclón
Es lo mismo que un nublado
De tiniebla y pedernal (…)
Yo no quiero flores ni dinero ni palmas
Quiero que me dejen llorar tus pesares
Y estar a tu vera, cariño del alma
Bebiéndome el llanto de tus soleares
Me duelen los ojos de mirar sin verte
Reniego de mí

En el blog de SandraEneagrama podemos leer: «El eneatipo 4 no puede evitar sentir océanos de intensidad en las pasiones imposibles. Su interpretación de lo hermoso casi nunca da la espalda a lo amargo, al contrario, se sumerge en sus cálidas aguas de lágrimas derramadas. Siente tal apego al desgarro emocional que, en algunos casos, hablaríamos de adicción. No sobrevive nada al paso de esa lava, de ese amor idealizado para el que no encuentra adjetivos, porque elimina del poema -decir ecuación sería paradoja- la indiferencia, la alexitimia, lo corriente, lo vanal. Les duele luego existen, y cuanto más les duele mayor ambrosía de los dioses, más profunda la brecha con la monotonía que tanto detestan, les hiere en lo profundo luego más oxígeno y combustible a la hoguera de la pasión. Quizá os sugiera un cierto masoquismo del corazón

Y para poder estar en este sufrimiento que su ego tanto anhela, necesitan de compararse por lo bajo, de la envidia con mayúsculas.

La etimología de la palabra envidia nos lleva al latín «Invidia» (invidere) que viene a ser in (hacia dentro) – videre (ver).

En aquella época, estaba directamente relacionado con el mal de ojo.  Y, también en la actualidad, es así como se siente el eneatipo cuatro: como si alguien le hubiera echado una especie de maldición y no pudiera disfrutar de la vida. De hecho, tienen la sensación de que los demás tienen buena suerte y ellos mala. Les cuesta ver que «el otro», seguramente, ha invertido tiempo y recursos para tener esa «suerte», mientras él siguen la vibración de la queja.

Esta actitud sufriente se puede ver muy bien en estas palabras que leemos en el distendido post el blog de drsalama: «¡Yo soy la peor! la “tirada” del grupo… Y lo más triste es que jamás me quejaré en publico. Se lo digo a mi Pepe… Pero ahora ha descubierto la “wi”. Y juega con mi hijo. Qué “amor”….. padre e hijo jugando juntos mientras yo tengo la bata de Guatiné y debajo de ella un salto de cama que me regalo una compi del trabajo. Todo el mundo me envidia a mí. Anda que… será por mi “santidad” porque. A veces, me entran ganas de rezar para que mi marido se ponga “malo” de verdad y vea quién es la persona que más le quiere en el mundo. No le deseo nada “ gordo, a ver… que se rompa la tibia, el peroné y el fémur… para que no vaya al fútbol…. Bueno, y unos cuantos dedos de la mano, para que no teclee tanto el teléfono y descubra “quien soy yo”. Yo no soy “mala” mujer, no vayan a malinterpretarme… sólo reconozco que tengo un deseo excesivamente intenso de que se me «tenga en cuenta», y a veces me sale ese hambre de amor, con una voracidad o avidez que me sobrepasa, lo reconozco. También reconozco que necesito conmover.» (post completo)

Así, esta envidia les lleva directamente a una frustración constante (sentimientos de aprehensión ) por no recibir la atención que ellos, seres especiales y únicos, merecen. Desde ahí, se conectan con la crítica –a veces encubierta- y les aleja del reconocimiento de la grandeza de otras personas.

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David Bowie, otro artista de creatividad deslumbrante que huele a eneatipo cuatro y casaría muy bien con el carácter oral de la bionergética.

Esta envidia puede venir camuflada o bien disimulada. El eneatipo cuatro, a  veces, hablan de envidia sana o de envidia sin malicia.

Si fuera realmente así, si fuera una envidia sin connotación negativa, no sería envidia, pasaría a ser admiración. Y la admiración, en su justa medida, sí es algo positivo.

Por ello, al eneatipo cuatro le conviene poner las palabras precisas a su rasgo neurótico principal.

Como vemos, su pasión es la envidia y no ha de esconderse bajo el parámetro de la comparación. Reconocer que “me comparo” es relativamente sencillo; pero, afirmar que “soy una persona envidiosa”, requiere un grado de madurez -y coraje- importante. En cualquier caso, todo ello revela una falta de aceptación propia muy grande.

Cierto es que, a veces, no es tan sencillo de ver, pues la envidia no es tanto por lo material como por lo inmaterial; pero, precisamente por eso, conviene hilar fino para entender lo que pasa realmente. Ahora, dejándose sentir en el presente esta envidia vivida a lo largo de su vida, el eneatipo cuatro puede entender que puede trascender esta emoción y conectar con la admiración real del otro. Pero para ello, el primer paso es comenzar dejar de fustigarse y considerarse tan poco cosa. Y esto es complicado hacerlo sola. Un proceso terapéutico siempre ayudará a salir del pozo (ver aquí).

Comenta la terapeuta, Geneen Roth, en el prólogo del libro La dimensión espiritual del eneagrama: «(…) Había estado veinte años en psicoterapia, me había comprometido con la práctica de la meditación, había ido a un montón de talleres y retiros, pero interiormente seguía sintiéndome alarmantemente igual, seguía viendo el mundo con los mismos lentes de carencia de amor que definían mi infancia, por ejemplo: «Siempre estaré separada de lo que más deseo...»; «La gente siempre me deja…»; «Sólo si tuviera las piernas más largas y un pelo más bonito, sería feliz…». Creencias optimistas de esta clase. No importaba que situación objetiva se presentase, parecía llegar a las mismas conclusiones sobre mí misma y el mundo que me rodeaba.»

El cuatro y el cinco son los dos eneatipos que están en la parte inferior del eneagrama y esto no es baladí. Así como los eneatipos de triada superior, pueden estar muy hacia fuera y, por supuesto, en la acción, el eneatipo cuatro y cinco, en general, están más hacia dentro y ambos son muy sensibles.

Los cuatros tienen una sensibilidad que les conecta con su mundo emocional y los cincos una sensibilidad que les conecta con su delicadeza y fragilidad. 

El cuatro y el cinco, a su vez, como iremos viendo, normalmente tuvieron heridas en la infancia en su primer año de vida. Ahí, la niña todavía piensa que es la propia madre, por lo que se produce una identificación total con ella y con todo lo que ella vive. Normalmente, se trata de mamás que sufrieron algún acontecimiento desgraciado en ese momento de su vida.

En cualquier caso, nuestros eneatipos “inferiores” siempre entran en la comparación, y, por desgracia, siempre pierden. El cinco se congela y hace como que no le duele y las cuatros teatralizan la escena y sacan su parte más escandalosa.

Como bien dice Claudio Naranjo, 

“(…) Se puede decir que la depresión del eneatipo V es «seca», contraria a la depresión «húmeda» del eneatipo IV: si la avaricia es resignada, la envidia es apasionada.

En esto se refleja una característica fuertemente diferenciada: la avaricia seca es apática, la envidia húmeda es más intensa; si la primera es un desierto, la segunda es un pantanal. Mientras que el eneatipo V implica una atmósfera interior de quietud, el eneatipo IV supone una atmósfera de remordimiento y turbulencia.

El aspecto más característico del eneatipo IV, además de la motivación de la envidia, puede verse en la tendencia a la autovictimización y a la frustración”.

Esta comparación constante con todo (y en todos los campos) les lleva a estar en el enfado continuo. El eneatipo cuatro se siente inadecuado y, muchas veces, ridículo (esto también ocurre a algunas treses no sociales). Enfado que, lógicamente, se traduce en rabia que será expresada, en función del subtipo, hacía fuera o será engullida.

Con todo ello, las cuatro son las grandes sufridoras del eneagrama, lo que las lleva a estar muy solas. Son personas, en general, introvertidas. No se sienten comprendidas por el mundo. Como venimos diciendo, la envidia es el motor básico de comportamiento y, muchas veces, les lleva a tener celos enfermizos. Siempre quieren lo que no tienen (y no hablamos tanto de lo material como de lo inmaterial). 

Autor: Mattito

Nuestra compañera satera, Anna Romeu comentaba en este mismo blog:

“(…) La envidia es mi pasión, eso significa que siempre ando en la comparación, consciente o inconscientemente, no es una envidia de cosas si no desear el Ser del otro, la felicidad del otro… Me he pillado muchas veces en un falso amor admirativo, en el que había envidia escondida. En esa envidia dejaba de valorarme y buscaba seguir el camino del otro… Con el tiempo he aprendido a valorar  mi camino y a utilizar la tenacidad a mi favor.”

(ver post)

Un buen ejemplo de eneatipo cuatro es Michael Jackson.

Tienen una hipersensibilidad a flor de piel y pueden llorar como magdalenas. Esto, que  para otros eneatipos es muy sanador, para las cuatros puede ser una pequeña tortura y les conviene salir cuanto antes del baño de lágrimas. Se podría decir que una cuatro ya ha llorado bastante y su camino de sanación va en la dirección contraria: La ecuanimidad.


Esta canción, o casi cualquiera de Luz Casal, nos sirve para ejemplificar el carácter cuatro. Probablemente ella también  puede ser un cuatro. A nivel físico, a su vez, cuadra bastante con el carácter oral de bionergética.

Son especialistas en el autosabotaje, consiguiendo que su vida pueda ser un puro infierno.

El abandono, en su múltiples facetas, estará siempre a flor de piel en la vida del eneatipo cuatro. Así, aunque su objetivo sea no ser abandonada, al tener este run run en la cabeza de manera constante, su cerebro no entiende que es un antiobjetivo. El cerebro sólo tiene presente el concepto de abandono y la obsesión con el mismo. Desde ahí, inconscientemente, lo único que hará es atraer más abandono a sus vida.

Esta necesidad de gustar, de no ser excluidas, muy a su pesar (porque lo que de verdad quieren es ser especiales), les puede llevar a vivir una vida camaleónica en la que no muestren lo que realmente son por miedo a no encajar.

Además, las cuatros, muchas veces, no sólo sufren, sino que les encanta mostrar su dolor. Puede ser un eneatipo muy quejica -como veremos, en función del subtipo- y que, inconscientemente, genera mucho rechazo a otros eneatipos. De hecho, normalmente, las doses no soportan a las cuatros (en parte porque les hacen de espejo de su propia neurosis).

«Amurallar el propio sufrimiento es arriesgarte a que te devore desde el interior».

Frida Kahlo

Pero ¿qué ganan ellas sufriendo tanto? Algo tiene que tener de bueno estar siempre en el dolor y, en muchos casos, regodearse en él. Para otros eneatipos, como el siete, esto es algo inconcebible. Mientras el siete niega la realidad dolorosa y la pinta de rosa, el cuatro es capaz de hacer un drama de casi cualquier cosa. Esto es muy cansado, les quita energía y las deja exhaustas.

Es como si tuvieran una especie de monstruo interno que les dice que todo lo malo que les ocurre es porque ellas son muy malas. Al contrario que los autoindulgentes sietes, ellas se sentirán culpables por casi todo.

Caricatura del eneatipo cuatro del libro “Autonocimiento transformador” de  Claudio Naranjo.

Este sufrimiento también las conecta con los otros masoquistas del eneagrama, los nueves. Tanto unos como otras, en un momento dado, tienen mucha capacidad de aguante, y pueden soportar cantidades increíbles de orgullo sobre ellas. Eso sí, tarde o temprano, eso será insostenible y pasarán a otro tipo de estados. 

Además, en muchos casos, este dolor emocional que tanto sienten puede ir de la mano de varios dolores físicos y un buen elenco de enfermedades. 

El estar “mal” a un nivel vital retroalimenta el dolor físico y viceversa.

Y la ganancia, nuevamente, es clara: Atención. Y ¿puede alguien tener una vida tan penosa tan sólo para captar la atención de otro? Puede y, por desgracia, es más habitual de lo que nos tememos. Son masoquistas/sufridoras profesionales y están entrenadas para no salir de esta espiral dolor-sufrimiento-lamentación-atención. Y desde ahí, siempre llegan a la frustración, porque evidentemente, la atención recibida es siempre  poca o ellas la viven como poca.

Recordemos que las cuatro pueden tener una visión bastante distorsionada de la realidad. Desde ahí, tienen una parte muy agorera y se sitúan en los peores escenarios. Suelen ver la vida con gafas de color gris.  ¡Vaya… que no son la alegría de la fiesta!

Como podemos deducir de la propia canción de Luz Casal, la chica cuatro ha podido vivir el “amor romántico” de manera muy poco sana; es decir, se han podido dejar llevar por la idea de que sin un hombre a su lado ellas no son nada. Hay una búsqueda para que sea el otro quien termine de completarlas. 

Por suerte, estas ideas -no exclusivas de las cuatros- van pasando a la historia y una gran parte de la sociedad entiende lo horribles que son estos planteamientos. Mientras tanto, culturalmente, en muchos lugares la mujer todavía hoy sigue estando por debajo del hombre, lo que potencia este eneatipo cuatro, o rasgos de él, en mujeres de medio mundo. Es momento de dar carpetazo a la historia y que cualquier tipo de actitud machista quede en el olvido. Pero volvamos al eneatipo cuatro, que nos vamos un poco del tema.

A su vez, hay una excesiva melancolía. Una especie de racionalización de la emoción, por la cual, el eneatipo cuatro piensa que nadie entiende sus sentimientos porque es diferente. Es su particular manera de regodearse en una dulce tristeza.

Ellas son las más especiales del eneagrama y pase lo que pase, nadie (ni por supuesto las doses), es capaz de vivir con más intensidad sus emociones.

Un país que podría representar simbólicamente al cuatro es Francia con su delicado refinamiento e interés por temas como la alta costura o la gastronomía. 

Desde aquí también pueden llegar con facilidad al conflicto, pues convivir con ellas no es sencillo. Ellas viven en un desconsuelo constante. Esto las lleva a vivir en una forma de confusión constante y les cuesta pasar a la acción con claridad.

Se sienten únicas en todo y, por ello, llevan al extremo situaciones como la misma enfermedad. Es como una especie de cortocircuito ya que,  por un lado, se sienten lo peor y, por otro lado, nadie más es como ellas; lo cual, por ejemplo, encaja bastante bien con el prototipo de artista sufridor. 

Su autoacusación es habitual y muchas veces infundada. Desde aquí, seguro que se entiende mucho mejor la envidia que apuntábamos al principio del texto. Siguiendo con Claudio Naranjo:

“(…) La envidia, a su vez, está a medio camino entre la avaricia y la vanidad, perteneciendo (junto al orgullo, y en una posición simétrica a él) a la familia de la vanidad. 

Si la envidia anhela llenarse, el orgullo se siente ya lleno, y se ofrece a llenar al prójimo. 

La envidia pide, desea desde su sentimiento carencial; el orgullo ofrece, da, desde un sentimiento básico de abundancia. 

Para nuestros envidiosas hay una sensación de que los otros sí hacen todo bien y, por ello, les pasan cosas buenas. Mientras ellas son castigadas. No saben muy bien porqué pero saben que es por su culpa. Así, el sufrimiento está asegurado y el cortocircuito mental hace que no puedan sentirse con energías de avanzar. Esta correlación entre soy mala-por ello no consigo lo que quiero, les lleva a la parálisis y seguir en el barro.

Por ello, es tan importante pillarse en cómo se cuentan las cosas. Más que nunca el lenguaje es decisivo. Lo que ellas dan por bueno, han de escribirlo o verbalizarlo, para que les haga de espejo y vean que lo que ellas dan por hecho que es así, no lo es para nada. En este sentido, una charleta con nuestros autoindulgentes sietes, les puede venir muy bien. Es clave que sean más suaves y se traten a sí mismas con más cariño.

«El sufrimiento es más fácil que la solución».
Bert Hellinger.

El eneatipo cuatro en el Trabajo

12 COMMENTS
  1. Avatar
    Alicia

    Me encantó el artículo gracias!!!

    1. Avatar
      admin

      Genial, Alicia. Pronto llegará el eneatipo 5!!

      1. Susana

        Gracias por tanta info y tan claro y sencillo escrito. Os empiezo a seguir ya!
        Gracias ☺️

        1. Avatar
          admin

          Correo enviado, Susana.
          Muchas gracias por tus palabras y tu interés en el ebook!
          En cualquier caso, no olvides suscribirte al blog.

        2. Avatar
          Mariangeles Alonso Carrasco

          No se por que has puesto de ekemplp una persona com TLP ser PAS o TLP no tiene nada que ver

  2. Avatar
    Juani

    Me encantó y me emocionó…

    1. Avatar
      admin

      :-) Muchas gracias. En breve tendremos hecho el repaso por todos los eneatipos!

  3. Mónica

    Es muy preciso la descripción del eneatipo «4». Y por ello les doy mi «enhorabuena», sólo hay algo que me chirría, y es la constante «repetición» en el escrito de que sólo «ellas» son únicamente eneatipo 4. ¿Acaso no hay hombres con personalidades 4? Estoy segura que sí, y muchos, incluso Uds. ponen como ejemplo a Salvador Dalí, sin embargo me gustaría que pongan un poco de cuidado en la escritura, haciendo incapié que ser 4 es indistinto en el género masculino o femenino ya que de otra manera inconscientemente perpetuamos una «sociedad patriarcal».

    Gracias por su atención, como a su generosidad por dejarnos esta descripción muy precisa de este eneatipo.

    1. Avatar
      admin

      Mil gracias por tus palabras, Mónica. Es cierto que quizás suena raro el femenino en el texto, pero bueno… tanto en el dos como en el cuatro vemos que hay muchas más chicas que chicos y por ello lo hemos hecho así. No sabemos si con acierto o no.

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