Haiki
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El eneatipo 4, la envidia.

¿Quién es el eneatipo que más sufre de todo el eneagrama? El cuatro. ¿Y qué gana con tanto dolor y lamentación? Mucho más de lo que pudiera parecer. Si no te lo crees, ven con nosotros y te lo contamos. 

Eso sí, si estás esperando leer un texto de color de rosa sobre el cuatro, en el que te contemos que son unos artistas y que siempre tienen un corazón maravilloso, no estás en el sitio adecuado.

Aquí, nuevamente, vamos a intentar poner luz  para desvelar la sombra del cuatro. 

Vamos al lío.

Nota importante 1: Todo lo que leerás en este post está basado en nuestro aprendizaje leyendo los libros de Claudio Naranjo y asistiendo a los SATs. 
Para profundizar en el Eneagrama siempre recomendamos hacer la formación del SAT.
Nota importante 2:Lo que leerás a continuación es la descripción del eneatipo en un estado de neurosis avanzado. Lo normal es que nadie tenga todas estas sombras a tope y te puedas identificar de manera gradual con lo que aquí te contamos.

1 Características generales del eneatipo cuatro.

1.1 Rasgos de personalidad del eneatipo Cuatro

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Al igual que en el eneatipo dos, hay muchas más cuatros chicas que cuatros chicos; así que, si te parece bien, pasamos a hablar en femenino.

Con las cuatro llegamos al final de la triada de la emoción y, como ya fuimos viendo, aunque la triada se llama así, quizás sería más correcto llamarla triada sentimental. Es decir, son eneatipos que están en el dar y recibir amor.

Amor o los simulacros que los humanos nos inventamos para sustituir al verdadero amor. 

En cualquier caso, gran parte de su existencia gira en torno a las relaciones amorosas que, en gran medida, vivirán con mucha intensidad y poco sosiego. Suelen estar en una montaña rusa emocional que tiene más bajos que altos. Las doses también la viven pero con más altos que bajos.

Su pasión es la envidia y una de sus fijaciones más claras es la falsa carencia. Necesitan, de alguna forma, ser dependientes del otro. No es una dependencia, como en los treses, del aplauso, sino del ser elegida y que el otro le dé mucho. En términos bionergéticos hay una oralidad compulsiva. Esta idealización le lleva a una constante frustración. Necesita ocupar el papel de víctima y, muchas veces,  se encuentra metida en relaciones de abuso hacia ella. Por otro lado, su queja y demanda constante alimenta en los otros la necesidad de protegerles desde la omnipotencia.

La etimología de la palabra envidia nos lleva al latín «Invidia» (invidere) que viene a ser in (hacia dentro) – videre (ver).  En aquella época, estaba directamente relacionado con el mal de ojo.  Y, también en la actualidad, es así como se siente el eneatipo cuatro: como si alguien le hubiera echado una especie de maldición y no pudiera disfrutar de la vida. De hecho, tienen la sensación de que los demás tienen buena suerte y ellos mala. Les cuesta ver que «el otro», seguramente, ha invertido tiempo y recursos para tener esa «suerte», mientras él siguen la vibración de la queja.

Así, esta envidia les lleva directamente a una frustración constante (sentimientos de aprehensión ) por no recibir la atención que ellos, seres especiales y únicos, merecen. Desde ahí, se conectan con la crítica –a veces encubierta- y les aleja del reconocimiento de la grandeza de otras personas.

Esta envidia puede venir camuflada o bien disimulada. El eneatipo cuatro, a  veces, hablan de envidia sana o de envidia sin malicia.

Si fuera realmente así, si fuera una envidia sin connotación negativa, no sería envidia, pasaría a ser admiración. Y la admiración, en su justa medida, sí es algo positivo.

Por ello, al eneatipo cuatro le conviene poner las palabras precisas a su rasgo neurótico principal.

Como vemos, su pasión es la envidia y no ha de esconderse bajo el parámetro de la comparación. Reconocer que “me comparo” es relativamente sencillo; pero, afirmar que “soy una persona envidiosa”, requiere un grado de madurez -y coraje- importante. En cualquier caso, todo ello revela una falta de aceptación propia muy grande.

Cierto es que, a veces, no es tan sencillo de ver, pues la envidia no es tanto por lo material como por lo inmaterial; pero, precisamente por eso, conviene hilar fino en lo que pasa realmente. Ahora, dejándose sentir en el presente esta envidia vivida a lo largo de su vida, el eneatipo cuatro puede entender que puede trascender esta emoción y conectar con la admiración real del otro.

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El cuatro y el cinco son los dos eneatipos que están en la parte inferior del eneagrama y esto no es baladí. Así como los eneatipos de triada superior, pueden estar muy hacia fuera y, por supuesto, en la acción, el eneatipo cuatro y cinco, en general, están más hacia dentro y ambos son muy sensibles.

Los cuatros tienen una sensibilidad que les conecta con su mundo emocional y los cincos una sensibilidad que les conecta con su delicadeza y fragilidad. 

El cuatro y el cinco, a su vez, como iremos viendo, normalmente tuvieron heridas en la infancia en su primer año de vida. Ahí, la niña todavía piensa que es la propia madre, por lo que se produce una identificación total con ella y con todo lo que ella vive. Normalmente, se trata de mamás que sufrieron algún acontecimiento desgraciado en ese momento de su vida.

En cualquier caso, nuestros eneatipos “inferiores” siempre entran en la comparación, y, por desgracia, siempre pierden. El cinco se congela y hace como que no le duele y las cuatros teatralizan la escena y sacan su parte más escandalosa.

Como bien dice Claudio Naranjo, 

“(…) Se puede decir que la depresión del eneatipo V es «seca», contraria a la depresión «húmeda» del eneatipo IV: si la avaricia es resignada, la envidia es apasionada.

En esto se refleja una característica fuertemente diferenciada: la avaricia seca es apática, la envidia húmeda es más intensa; si la primera es un desierto, la segunda es un pantanal. Mientras que el eneatipo V implica una atmósfera interior de quietud, el eneatipo IV supone una atmósfera de remordimiento y turbulencia.

El aspecto más característico del eneatipo IV, además de la motivación de la envidia, puede verse en la tendencia a la autovictimización y a la frustración”.

Esta comparación constante con todo (y en todos los campos) les lleva a estar en el enfado continuo. El eneatipo cuatro se siente inadecuado y, muchas veces, ridículo (esto también ocurre a algunas treses no sociales). Enfado que, lógicamente, se traduce en rabia que será expresada, en función del subtipo, hacía fuera o será engullida.

Con todo ello, las cuatro son las grandes sufridoras del eneagrama, lo que las lleva a estar muy solas. Son personas, en general, introvertidas. No se sienten comprendidas por el mundo. Como venimos diciendo, la envidia es el motor básico de comportamiento y, muchas veces, les lleva a tener celos enfermizos. Siempre quieren lo que no tienen (y no hablamos tanto de lo material como de lo inmaterial). 

Autor: Mattito

 

Nuestra compañera satera, Anna Romeu comentaba en este mismo blog:

“(…) La envidia es mi pasión, eso significa que siempre ando en la comparación, consciente o inconscientemente, no es una envidia de cosas si no desear el Ser del otro, la felicidad del otro… Me he pillado muchas veces en un falso amor admirativo, en el que había envidia escondida. En esa envidia dejaba de valorarme y buscaba seguir el camino del otro… Con el tiempo he aprendido a valorar  mi camino y a utilizar la tenacidad a mi favor.”

(ver post)

Un buen ejemplo de eneatipo cuatro es Michael Jackson.

Tienen una hipersensibilidad a flor de piel y pueden llorar como magdalenas. Esto, que  para otros eneatipos es muy sanador, para las cuatros puede ser una pequeña tortura y les conviene salir cuanto antes del baño de lágrimas. Se podría decir que una cuatro ya ha llorado bastante y su camino de sanación va en la dirección contraria: La ecuanimidad.


Esta canción, o casi cualquiera de Luz Casal, nos sirve para ejemplificar el carácter cuatro. Probablemente ella también  puede ser un cuatro. A nivel físico, a su vez, cuadra bastante con el carácter oral de bionergética.

Son especialistas en el autosabotaje, consiguiendo que su vida pueda ser un puro infierno.

El abandono, en su múltiples facetas, estará siempre a flor de piel en la vida del eneatipo cuatro. Así, aunque su objetivo sea no ser abandonada, al tener este run run en la cabeza de manera constante, su cerebro no entiende que es un antiobjetivo. El cerebro sólo tiene presente el concepto de abandono y la obsesión con el mismo. Desde ahí, inconscientemente, lo único que hará es atraer más abandono a sus vida.

Esta necesidad de gustar, de no ser excluidas, muy a su pesar (porque lo que de verdad quieren es ser especiales), les puede llevar a vivir una vida camaleónica en la que no muestren lo que realmente son por miedo a no encajar.

Además, las cuatros, muchas veces, no sólo sufren, sino que les encanta mostrar su dolor. Puede ser un eneatipo muy quejica -como veremos, en función del subtipo- y que, inconscientemente, genera mucho rechazo a otros eneatipos. De hecho, normalmente, las doses no soportan a las cuatros (en parte porque les hacen de espejo de su propia neurosis).

Pero ¿qué ganan ellas sufriendo tanto? Algo tiene que tener de bueno estar siempre en el dolor y, en muchos casos, regodearse en él. Para otros eneatipos, como el siete, esto es algo inconcebible. Mientras el siete niega la realidad dolorosa y la pinta de rosa, el cuatro es capaz de hacer un drama de casi cualquier cosa. Esto es muy cansado, les quita energía y las deja exhaustas.

Es como si tuvieran una especie de monstruo interno que les dice que todo lo malo que les ocurre es porque ellas son muy malas. Al contrario que los autoindulgentes sietes, ellas se sentirán culpables por casi todo.

Caricatura del eneatipo cuatro del libro “Autonocimiento transformador” de  Claudio Naranjo.

Este sufrimiento también las conecta con los otros masoquistas del eneagrama, los nueves. Tanto unos como otras, en un momento dado, tienen mucha capacidad de aguante, y pueden soportar cantidades increíbles de orgullo sobre ellas. Eso sí, tarde o temprano, eso será insostenible y pasarán a otro tipo de estados. 

Además, en muchos casos, este dolor emocional que tanto sienten puede ir de la mano de varios dolores físicos y un buen elenco de enfermedades. 

El estar “mal” a un nivel vital retroalimenta el dolor físico y viceversa.

Y la ganancia, nuevamente, es clara: Atención. Y ¿puede alguien tener una vida tan penosa tan sólo para captar la atención de otro? Puede y, por desgracia, es más habitual de lo que nos tememos. Son masoquistas/sufridoras profesionales y están entrenadas para no salir de esta espiral dolor-sufrimiento-lamentación-atención. Y desde ahí, siempre llegan a la frustración, porque evidentemente, la atención recibida es siempre  poca o ellas la viven como poca.

Recordemos que las cuatro pueden tener una visión bastante distorsionada de la realidad. Desde ahí, tienen una parte muy agorera y se sitúan en los peores escenarios. Suelen ver la vida con gafas de color gris.  ¡Vaya… que no son la alegría de la fiesta!

Como podemos deducir de la propia canción de Luz Casal, la chica cuatro ha podido vivir el “amor romántico” de manera muy poco sana; es decir, se han podido dejar llevar por la idea de que sin un hombre a su lado ellas no son nada. Hay una búsqueda para que sea el otro quien termine de completarlas. 

Por suerte, estas ideas -no exclusivas de las cuatros- van pasando a la historia y una gran parte de la sociedad entiende lo horribles que son estos planteamientos. Mientras tanto, culturalmente, en muchos lugares la mujer todavía hoy sigue estando por debajo del hombre, lo que potencia este eneatipo cuatro, o rasgos de él, en mujeres de medio mundo. Es momento de dar carpetazo a la historia y que cualquier tipo de actitud machista quede en el olvido. Pero volvamos al eneatipo cuatro, que nos vamos un poco del tema.

A su vez, hay una excesiva melancolía. Una especie de racionalización de la emoción, por la cual, el eneatipo cuatro piensa que nadie entiende sus sentimientos porque es diferente. Es su particular manera de regodearse en una dulce tristeza.

Ellas son las más especiales del eneagrama y pase lo que pase, nadie (ni por supuesto las doses), es capaz de vivir con más intensidad sus emociones.

Un país que podría representar simbólicamente al cuatro es Francia con su delicado refinamiento e interés por temas como la alta costura o la gastronomía. 

Desde aquí también pueden llegar con facilidad al conflicto, pues convivir con ellas no es sencillo. Ellas viven en un desconsuelo constante. Esto las lleva a vivir en una forma de confusión constante y les cuesta pasar a la acción con claridad.

Se sienten únicas en todo y, por ello, llevan al extremo situaciones como la misma enfermedad. Es como una especie de cortocircuito ya que,  por un lado, se sienten lo peor y, por otro lado, nadie más es como ellas; lo cual, por ejemplo, encaja bastante bien con el prototipo de artista sufridor. 

Su autoacusación es habitual y muchas veces infundada. Desde aquí, seguro que se entiende mucho mejor la envidia que apuntábamos al principio del texto. Siguiendo con Claudio Naranjo:

“(…) La envidia, a su vez, está a medio camino entre la avaricia y la vanidad, perteneciendo (junto al orgullo, y en una posición simétrica a él) a la familia de la vanidad. 

Si la envidia anhela llenarse, el orgullo se siente ya lleno, y se ofrece a llenar al prójimo. 

La envidia pide, desea desde su sentimiento carencial; el orgullo ofrece, da, desde un sentimiento básico de abundancia. 

Para nuestros envidiosas hay una sensación de que los otros sí hacen todo bien y, por ello, les pasan cosas buenas. Mientras ellas son castigadas. No saben muy bien porqué pero saben que es por su culpa. Así, el sufrimiento está asegurado y el cortocircuito mental hace que no puedan sentirse con energías de avanzar. Esta correlación entre soy mala-por ello no consigo lo que quiero, les lleva a la parálisis y seguir en el barro.

Por ello, es tan importante pillarse en cómo se cuentan las cosas. Más que nunca el lenguaje es decisivo. Lo que ellas dan por bueno, han de escribirlo o verbalizarlo, para que les haga de espejo y vean que lo que ellas dan por hecho que es así, no lo es para nada. En este sentido, una charleta con nuestros autoindulgentes sietes, les puede venir muy bien. Es clave que sean más suaves y se traten a sí mismas con más cariño.

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El eneatipo cuatro en el amor:

El eneatipo cuatro, como veremos mas adelante, suele tener mucho que ver con el carácter oral de la bioenergética. Eso significa que en la pareja están en demanda constante. Hay una oralidad constante que hace que siempre tengan la sensación de que no son atendidas emocionalmente. Desde ahí, muchas veces, sus parejas o posibles parejas se asustan y, ante tanta demanda, desaparecen.

Desde su parte neurótica, el eneatipo cuatro sueña con un amor de película, un amor con altas dosis dramáticas. Así, se vuelca en sus relaciones para que el amor sea el centro de su vida.  Aun con todo, se produce la paradoja de que, por un lado, busca ese amor loco, pero, por otro, en el fondo, se boicotea para no conseguirlo. Con lo cual, muchas veces, un amor que estaba casi a tiro hecho, se convierte en un  amor imposible.

Pueden tender a la autocomplacencia, cuando no se sienten satisfechas en su parcela más deseada: el amor. Así, pueden olvidar sus fracasos amorosos con adición al sexo o la comida. 

A veces, el eneatipo cuatro, como la gran mayoría, siente miedo. 

Ahí se pueden confundir con el seis; pero podemos encontrar, más allá de su emocionalidad extra, un par de trucos para distinguirlos. 

El seis está más en el futuro (el siete todavía más); con lo cual, suele entrar en la ansiedad y el cuatro está más en el pasado y, desde ahí, tiene más contacto con una especie de depresión.

Ya en el lejano origen latino de la palabra envidia se asociaba a los celos y, realmente, en la actualidad el eneatipo cuatro es el más celoso del eneagrama. Muchas veces, en lo más profundo, no quiere lo del otro, pero cuando lo ve, de repente se le antoja. Es como cundo un niño pequeño no pone interés en un juguete pero cuando llega el hermanito a jugar, justo en ese instante, le va la vida en querer jugar justo con ese juguete.

Y los celos no son sólo en temas de pareja, que también, son celos por todo y, sobre todo, porque «el otro» ha sido elegido y ellos no. 

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La idea loca del eneatipo 4:

Les cuesta horrores sostener que sólo ellas consigo mismas, también, pueden estar bien.

Una de sus ideas locas vendría a ser “no soy digna de recibir amor”.

En general, más allá de este dolor o sufrimiento, pueden ser gente que va a su bola; como que el mundo no va con ellos. No son una más de rebaño y pueden potenciar esta imagen de artista o bohemio.

Son personas muy intuitivas. Desde ahí, se produce un rechazo de lo tosco y burdo.

Una de las falsas creencias más intensas del eneatipo cuatro es la vocecita que les dice: “tu eres mala” o “tú has hecho algo mal”.

Desde ahí, es muy fácil que sientan que si las cosas no salen como ellas esperan, den por hecho que debieran haber hecho algo mejor. La frustración es clara, pero también la culpa.

El mecanismo de defensa estrella del seis es la proyección; es decir, ponen en el otro algo que no les gusta de ellos. Desde ahí lógicamente se genera mucha desconfianza.

Mientras tanto, el eneatipo cuatro usa como mecanismo de defensa, entre otros, los introyectos. Es decir, se dejan devorar por lo que en su día les dijeron. Muchas veces es como si se hubieran “tragado” a papá o mamá y los llevaran siempre consigo. Eso hace que se digan así mismas cosas muy duras, cosas que en realidad no se dicen ellas sino que sigue hablando ese papá o mamá que engulleron de pequeñas.

El eneatipo cuatro en la enfermedad:

No hay duda de que este gesto de la envidia causa mucho más dolor que aquél del orgullo, que en sí es un gesto placentero.”

De esta forma, son personas que sufren y se quejan mucho e incluso con la enfermedad recurrirán a “juegos de poder”. Su vida  muchas veces parece una gran tragedia.

En este sentido, Gonzalo Morán, apunta:

“(…) Partamos de la base en que los Cuatro ven al otro ( sea amigo, amante, familiar, lo quieran, no lo quieran, etc) como alguien que tiene ALGO QUE ELLOS NO TIENEN. Sienten que la situación de ellos respecto a la de los demás nunca es justa y anhelan que las cosas sean diferentes. Y si sumamos a esto el hecho de que también ven a los demás como alguien que INEVITABLEMENTE los abandonara tarde o temprano, nos podemos dar una idea de cómo suelen funcionar las relaciones de los Cuatro.

Sobre todo, porque suelen ser muy quejosos y demandantes con el otro: como sienten que han SUFRIDO MUCHO y han tenido tantas carencias, el mundo está en deuda con ellos y debe satisfacer todos sus caprichos. Tienen la creencia muy arraigada de tener un derecho que reclamar, y como bien dice el dicho, «El Que No Llora, No Mama» y los cuatro llorarán , se quejarán y harán todo lo posible para tener su «porción de la teta» (esa Teta que alguien alguna vez les arrebato de súbito)”.

(ver post)

No es de extrañar que nos encontremos con eneatipos cuatro hipocondriacos o que tienen enfermedades rarísimas. Algunos autores hablan de que es un carácter con tendencia al suicidio o intentos de suicidio. Esto no lo podemos afirmar, pero no lo descartamos.

También las hay con muchas enfermedades / dolencias que se retroalimentan y hacen casi imposible un diagnóstico acertado. Muchas veces, consciente o inconscientemente, jugarán al juego de “soy tan especial que los médicos no sabrán lo que, realmente, me ocurre” y así perpetuar la situación de enfermedad. ¿La ganancia? Nuevamente, así, serán las más especiales y quizás consigan migajas de atención. Migajas que para ellas tienen un valor enorme, porque lo que no soportan es la sensación de un nuevo abandono a su suerte. Es más, como también ocurre con algunos niños, prefieren una mala atención a la indiferencia

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El eneatipo 4 frente al mundo.

Esta es una sección que desarrollamos en nuestro curso del Eneagrama de las relaciones. Si quieres saber más puedes echar un ojo por aquí.

Y si quieres un ejemplo de cómo lo hacemos, te puedes ir al eneatipo 2 (ver aquí) y ahí vas a encontrar un vídeo que te puede gustar mucho.

Testimonio de un  eneatipo cuatro

«Fui una niña no deseada. Mis hermanos tenían 15 y 20 años cuando yo nací y desde pequeña estuve durante largas temporadas en casas de tías y también en colegios interna. Yo quería ser un chico y que mi papá me viera como mis hermanos mayores. Jugaba a fútbol, me peleaba en la plaza como un chico más y, hasta la adolescencia, mi vida pasó con una tristeza de fondo que me ahogaba hasta límites increíbles. Lloraba todas las noches con la ilusión de que mi padre vería al día siguiente las lágrimas en la almohada y entendiera mi sufrimiento. Pero, mi padre estaba demasiado pendiente de dirigir una pequeña sucursal de un banco para pararse a ver estas pequeñeces. Mis tías me llamaban «La llorona». Por un lado, me quería mantener fuerte y, por otro, tenía una extrema fragilidad.  En el colegio fui la rara. No hice muchos amigos y con que no me molestasen yo ya estaba contenta. No me interesaba aprender. Me aburría mucho en clase y sacaba malas notas. Por suerte, en la adolescencia cambió todo. Entre en un bachiller artístico y encontré, por primera vez en mi vida, muchos profesores que me entendieron y sacaron lo mejor de mí. Creaba sin parar, tenía una curiosidad desbordante y las lágrimas se fueron transformando en poemas. Por un momento, pensé que la vida tenía sentido.

Pero a los 17 años murió mi padre. Fue un golpe muy fuerte. Nunca fue cariñoso conmigo; pero, a su manera, me defendía de mi madre. Ella era muy severa y todo lo que yo hacía le parecía mal. Con la muerte de mi padre entré en un dolor eterno. La única forma que encontré de superarlo, o más bien taparlo, fue saliendo sin parar a las noches. Bebía sin control hasta perder la conciencia. Use todo tipo de drogas y todo me venía bien a un nivel sexual. Así llegué a la universidad y comencé Bellas Artes. El arte estaba siempre presente en mi vida; pero, con tanto descontrol, no conseguía sacar la carrera. En aquella época mi salud se fue viniendo abajo y, por suerte, toqué fondo pero estoy aquí para contarlo. Durante más de un año estuve con una depresión terrible. No entendía nada y pensé varias veces en quitarme la vida. Todo era un pozo negro y estaba más sola que nunca. No sé cómo salí de ahí. Bueno sí lo sé. Un día llegué por casualidad a un grupo que llevaba un Franciscano sobre el sentido de la vida. Algo que, de partida, era lo que menos me interesaba del mundo. Pero, como por arte de magia, ese ángel en la tierra creyó en mí. Me apoyó y nos mostró un camino de crecimiento personal. Con los meses me fui recuperando, ya no consumía nada, comencé a hacer deporte y aprendí a conectar con el cuerpo desde el movimiento y la música. Con ello, poco a poco, fui restableciendo mi vida. 

En el amor siempre me he visto en la demanda continua, mendigando el cariño de los hombres y follando por una migajas de amor. A pesar de que yo me veía como la rebelde compré todos los boletos del amor romántico. Durante mucho tiempo, aguanté carros y carretas a un chico que menos pegarme fuerte, me hizo de todo. Aun así, yo pensaba que era mi media naranja y que si me dejaba moriría. No lo creía, estaba segura. Por suerte -ahora lo veo así-, apareció otra chica y me puso los cuernos durante meses. Yo lo sabía, pero hacia como que nada. Al final, un día me echó de casa y me vi otra vez en el fango.  Mi yo era muy frágil y no pude pasar el duelo. No podía estar sola y comencé a tener muchas relaciones con chicas. Mi obsesión era enrollarme con ellas para que quisieran estar en pareja conmigo, pero siempre me daban la patada. Estaban unos días y se cansaban de mí. Yo les pedía todo desde el principio y ellas, como es normal, no estaban dispuestas a ello. Y, así, fui buscando la intensidad emocional y luchando por el poder en la pareja durante toda mi vida.  Aun hoy es un poco así. Por lo menos lo veo y puedo entender que no me sienta bien.  En realidad, no es así, hay un cambio. Ahora entiendo que me puedo enamorar y no tiene por qué ser para siempre. Me quiero un poco más y sé que quiero ser madre. Es un tema que me, por un lado, me ilusiona mucho y, por otro, me aterra. Tengo ganas de devolver a la vida lo que la vida me dio a pesar de que yo no durante mucho tiempo no supe valorar. 

Ya no demando tanto y, sobre todo, valoro lo que recibo. Me gano la vida con dignidad, pero sé que el arte tiene que tener un espacio más claro en mi día a día. No tengo prisa, pero me imagino con un futuro más lindo. Y sólo eso, ser capaz de desarme lo mejor, también, es un cambio. Después de tratarme como una mierda siempre, ahora quiero algo bueno para mí. Puede parecer poco, pero para mí es mucho. También, sé que nunca más volveré a estar con nadie que me traté mal y esto también es el regalo que me llevo de estos años de aprendizaje. En fin, que estoy abierta a la vida y, aunque sé de mis limitaciones, también sé que tengo mis dones.  Seguiré buscando el amor sano y verdadero. En ello estamos.»

Julia M.C

1.2 infancia de las cuatro.

El eneatipo cuatro conoce el dolor y el sufrimiento desde bien pequeño. Muchas veces, pudieron ser niñas no deseadas o que vinieron de rebote al mundo.

Siempre hubo un hermano que tuvo más atención que ellos y eso, evidentemente, les hizo entrar en comparación. Por ello, es raro que sean hijos solos.

Aprendió que los demás tenían algo que él/ella no tenía. Así que, imaginó que ese algo que ellas sí tenían debía ser algo malo, muy malo. Por ello, la envidia se desarrolla desde muy temprana edad y también  aparece la rabia. Si la niña va encaminada hacia el cuarto sexual, la rabia será puesta en juego con facilidad pero si tiende a sus compañeros de subtipos, se la tragará de lleno.

Muchas veces pasó algo fuerte en su primer año de vida. Quizás una separación brusca con la madre, quizás algún acontecimiento fatal de alguna pérdida (de mamá o de papá). 

O quizás tan “sólo” fue el hecho de que al poco de nacer ella mamá se volvió a quedar embarazada y la atención se volteó para su nuev@ hermanit@.

Desde ahí, la niña incorporó el abandono en su cuerpo. 

Son niñas que siendo muy creativas y, a veces trabajadoras, no fueron reconocidas en sus virtudes y esto creó un sentimiento que tiene que ver con ser insuficiente. 

En esto se diferencian del eneatipo tres, que tampoco fue visto en su esencia, pero sí que fue reconocido en los logros.

Con todo ello, cuando la niña cuatro no capta la atención es cuando, de una forma u otra, está en el sufrimiento. 

Tienden a exagerar sus necesidades, por lo cual, a veces, pueden parecer una especie de mendigos de amor. Tienen tendencia al victimismo.

A su vez, la infancia de las doses y las cuatros es muy distinta, porque, muchas veces, ese hermano que sí recibió la atención suele ser un eneatipo dos.

En fin, que pueden ser niños que se han sentido muy diferentes: los “niños raros” de la clase y, a la vez, han sido hipercreativos y delicados desde el principio, con una empatía gigante.

Pueden ser un tanto pesimistas y  excéntricas desde pequeñitas.

Tienden a la profundidad emocional.

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1.3 El eneatipo cuatro en la bionergética.

Como venimos hablando, el eneatipo cuatro casi seguro que ha tenido una gran herida en la fase inicial de su vida. Desde la bioenergética se ve cómo muchas doses pueden tener una herida oral, pero luego han llegado al carácter rígido y cómo muchas cuatros se han quedado en esta herida oral, sin poder integrar bien el resto de fases. 

Esta herida temprana en el carácter hará que la autoestima del eneatipo cuatro siempre sea muy flojita.

Como ya hemos apuntado, el eneatipo cuatro entra fácil en la introyección y lo hace también desde muy pequeñito, es decir, tomamos como nuestro algo del otro. Y este algo, por desgracia, no suele ser nada positivo. Es como si en vez de masticar un trozo de alimento y sacar todos sus nutrientes, nos los comiéramos sin masticar. De esta forma, tendríamos algo extraño en nuestro interior pero que hemos hecho nuestro. Los introyectos normalmente son mensajes que papá o/y mamá nos dijeron y que se han quedado en nuestro cerebro -parte inconsciente- durante todos estos años.

Es un carácter que está en la demanda continua y esto puede agobiar a sus seres cercanos. Muchas veces no es una gran demanda, si no algo que es constante. Además les cuesta reconocer lo que objetivamente sí reciben. 

Su sensación será como la de un escurridor en el que entra agua pero por mucha que entre siempre acaba vacío.

También, les puede costar mucho recibir halagos o elogios. 

Tienen un hambre constante de intimidad.

¿Significa todo esto que todas las cuatros son orales? No, pero bastantes sí. Aunque, con los años, nos ha tocado ver cuatros con mezcla de varios caracteres de bionergética. 

Pocas (o ninguna) esquizoides, muchas orales, también muchas masoquistas y algunas psicopáticas y rígidas. 

Respecto al carácter masoquista, que es más propio de los nueves, decir que tiene muchos sentido que en el eneatipo cuatro también esté muy presente pues coincide con la herida de la infancia de humillación. 

Así que,  aunque la herida más habitual de cuatro / oral es el abandono, no es exclusiva. Suele tener una mezcla de varias heridas.

En general son cuerpos muy expresivos sobre todo en la cara. Boca grande y ojos saltones.

Más sobre los caracteres de la bioenergética por aquí.

Jordi Pons, compañero satero, como siempre hilando fino en la descripción de los eneatipos, en este caso describe al eneatipo cuatro.

Pasión (tendencia emocional): Envidia 
Fijación (pauta fija de pensamiento): Insatisfacción (victimismo -sufrimiento-) / compensación (sentirse especial).
Mecanismo de defensa: Introyección  / comparación 

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2 Los suptipos del eneatipo Cuatro.

El cuatro social y conservación tienen bastantes similitudes y contrastan con las características principales del subtipo sexual.

Los dos primeros son contenidos y están en la carencia húmeda introvertida, mientras que los sexuales pasan a la acción y pueden resultar muy violentos.

Claudio Naranjo solía hablar de que los cuatro podían ser sufridores (conservación), sufridos (social) e !!insufribles (sexual)!!

También conviene recordar que, aunque estamos hablando de un carácter eminentemente emocional, tanto los cuatro sociales, como sobretodo los cuatro conservación suelen tener un amplio historial en formaciones de todo tipo. Así como, el eneatipo dos rechaza bastante la parte intelectual, muchos cuatros tienen esta faceta muy desarrollada.

2.1 El Cuatro Social:

El cuatro social, en general, curiosamente no es demasiado social; de hecho, la palabra clave para este eneatipo es la vergüenza.

Y te preguntarás ¿por qué se llama social si no es social? Pues buena pregunta; pero, nos tememos que en varios subtipos del eneagrama pasa lo mismo. 

Pero, más allá de este matiz, al cuatro social lo reconoceremos porque tiene todo lo que hemos hablado del cuatro en general, pero con un extra de inseguridad en sí mismo. Tienden a dar lástima y captar la atención desde la pena.

De hecho, esta “vergüenza tóxica” puede tener ecos de abusos sexuales recibidos en su infancia. En estos casos, evidentemente, es fundamental que, en un entorno de seguridad máxima, se puedan blanquear estos asuntos del pasado. 

Respecto a la vergüenza también cabe apuntar que el eneatipo cuatro la puede vivir como una especie de miedo anticipatorio. Por ejemplo, si se imagina que tiene que hablar en público, el miedo y la ansiedad se apoderarán de ella.

La vergüenza suele ir de la mano de sus primas: la culpa y la timidez. La culpa que les produce el sentimiento de haber hecho algo mal y la timidez de no sentirse suficiente. Al contrario de las doses, que siempre se sienten llenas, ellas están en la carencia más extrema.

Muchas veces esta timidez les lleva a esconder parte de su forma de ser o incluso de su cuerpo. Puede haber un descontento grande con su físico que en casos extremos les lleva también a problemas de bulimia o anorexia.

En el extremo opuesto a esta relación con la vergüenza se encuentran algunos sietes, que, exagerando un poco, ni la tienen ni la han conocido.

En fin, que tanta vergüenza también es fácil que le conecte con el masoquismo y entonces ya tenemos el lío completo.

Como buen cuatro, el cuatro social se lamenta sin parar y ama ponerse en el papel de víctima. Son los reyes de la auto-culpabilización y la comparación negativa. El otro siempre tiene algo mejor que ellos. Prefieren tragarse su propio veneno en vez de expulsarlo contra otros. Aprendieron desde muy pequeños a introyectar su agresividad, lo cual le puede llevará a somatizar y caer enfermos.

Llegado este punto, rescatamos las palabras de la terapeuta Sonia Gajnaj*:

«Sentía una feroz competitividad que no podía reconocer: una competitividad por el reconocimiento, por ser única y especial, por el lugar… Un lugar para ser, pero un lugar buscado desde un ego eternamente boicoteado, al mantenerlo siempre ocuparlo con lamentos y quejas (…).

El amor solo se daba a través de la queja y el dolor. Me ponía en situaciones en que el otro pudiera dejarme, de modo que solo pudiera ver a la pareja a través de mi desvalorización y de mi auto-odio, despreciándola más cuanto más tiempo permaneciera a mi lado. Esta manipulación se daba en todas las relaciones que establecía. Servía para que los otros me dieran, y también era la manera de retroflectar mi odio y envidia hacia los demás. Otro aspecto habitual en las relaciones de la pareja era mi dependencia de la figura materna y la falsedad consciente puesta al servicio de mantener la relación a cualquier precio. También solía ser muy abandónica y, al mismo tiempo, creía que me abandonaban: primero me entregaba al exceso de contacto y después mi retirada era total.»

Como vemos, esta búsqueda constante de amor lleva al cuatro social a un sufrimiento constante y a un estar a merced del otro.

2.2 El Cuatro  Sexual:

Este subtipo se diferencia de sus compañeros de viaje pues sí es capaz de sacar la rabia a pasear y, además, lo hace con una vehemencia extrema. Podemos decir que, el habitual llanto de los cuatros es sustituido por el grito y la increpación violenta. Frente a la vergüenza habitual del subtipo social, en el cuatro sexual nos encontramos un carácter desvergonzado.  Son muy ruidosos e insistentes en sus demandas. Dede ahí, resultan muy pesados y sienten un gran rechazo del mundo. Y a más rechazo, !!más reclamación!! Son intensidad en estado puro -también, muy competitivos- y pueden resultar bastante arrogantes.

Es el llamado “cortacabezas” y en las formas puede recordar al punto sádico que tienen algunos ochos. Algunos autores hablan de ellos como el subtipo “cuatro odio” (nombre que ya daba Óscar Ichazo en el 1969).

En este sentido, la terapeuta Annie Chevreux, apunta *:

«Es esencial para el E4 sexual llegar a comprender que el odio es droga dura, una adicción de la cual uno no se cura para siempre. Insisto en este punto porque tiene que ver con las posturas extremistas que solemos adoptar los de este subtipo y que son verdaderas trabas para el crecimiento. La euforia que produce verse progresar en el proceso de sanación, como la desesperación cuando uno se estanca, son emociones peligrosas que justifican el desanimarse, tirar la toalla, entregarse al caos. Son emociones que retroalimentan el odio hacia uno mismo y lo expanden hacia fuera con todo lo que acarrea de infelicidad propia y ajena.»

También tiene puntos en contacto con el seis contrafóbico pues cuando huelen el miedo, pasan a la acción en vez de paralizarse. Incluso físicamente se pueden parecer a estos seises y abandonan el carácter menudo oral del eneatipo cuatro para convertirse en físicos más robustos que pueden cuadrar con el carácter psicopático controlador. Muchas veces, tienen una coraza superior a prueba de bombas. 

Desde ahí, tienden a la competitividad. 

Respecto a sus seres cercanos son muy, muy, polares. Cualquiera de ellos puede pasar de ser un demonio a un ángel en un pis pas.

Como los otros dos subtipos de cuatros son bastante celosas y posesivas; pero ellas arderán de cólera ante cualquier indicio de infidelidad.

En general son gente muy agresiva y aunque depende de cómo tengan los otros dos subtipos, pueden tener tendencia clara al conflicto. Además, se pueden venir muy arriba y recordar por momentos incluso al eneatipo dos. Hacen gala de no callarse nada y esto, lejos de ser fortaleza, se puede convertir en un problema. 

Si pensamos en un animal, nos viene a la cabeza la mantis religiosa después de haberse zampado a su pareja. Por cierto, estos fascinantes insectos no solo basan su dieta en engullir al macho, sino que incluso son capaces de comer pequeñas aves como colibríes.

2.3 El Cuatro  conservación:

Las cuatro tenaces o conservación, se suelen parecer más al cuatro social que al sexual. Vendría a ser una especie de contra-número del eneatipo cuatro pues su envidia no es tan evidente por su gran capacidad de sufrimiento y aguante. Tienen tendencia a un masoquismo estoico.

Un masoquismo que ya vive el niño cuatro conservación desde muy pequeño. Un soportar carros y carretas y encima sin quejarse demasiado. Es como si desde siempre se hubieran especializado en tragarse el dolor.

Es como si la pasión de la envidia típica de este eneatipo, en el subtipo conservación se transformase en una pasión por el masoquismo.  Si a esto añadimos su innegable tenacidad el cóctel molotov está servido. La auto-exigencia es máxima.

Por otro lado, todo lo que hemos hablado de la vergüenza en general, con un grado menor de intensidad, lo podemos encontrar en este subtipo. 

El sufrimiento, lógicamente,  también está presente en su vida, pero el volumen hacia el exterior es menor. No llora tanto como los sociales.

Sin embargo, como a las cuatro sociales, les cuesta sacar la rabia y se la quedan dentro.

También, se suelen parecer mucho a las tres conservación (“tres hacedor”). Evidentemente, no son tan frías como ellas, pero tienen este punto del esfuerzo metido en el ADN. Desde fuera son bastante  iguales; además, como las tres conservación no cumplen el patrón estético del tres social, incluso el aspecto físico puede ser parecido a las cuatro conservación.

También pueden tener un punto en común con los unos a nivel de exigirse demasiado. No es la perfección del uno, pero, por momentos se le acerca mucho.

En este sentido, la terapeuta Cristina Nadal comenta*:

«En mi proceso terapéutico, fue muy importante identificar la enorme voracidad de mi parte exigente. También fue importante el ir identificándola, desidentificándome de ella, cada vez que salía y que sigue saliendo. Es una excelente tarea de largo recorrido, cuyo resultado es rebajar su virulencia pudiendo usar su inteligencia. En este subtipo, el anhelo y el esfuerzo por conseguir aquello lejano aporta la sensación de poder obtener aquello maravilloso que se perdió. El tenaz pretende dejar de ser carente y liberarse de  la mala imagen a través de un esfuerzo constante, a modo de hormiguita, basado en una importante auto-desvalorización. Un esfuerzo que reza: «voy a por ello cueste lo que cueste», y que perpetúa la idea loca de que «hemos venido a este mundo a sufrir y a aguantar». Así, pretende ser querible». (…) buena parte de la tensión está alimentada por el hecho de que el esfuerzo que realiza está destinado a superar una deficiencia que está en la base del rasgo y que en realidad solo es inventada.»

En general es un subtipo que, en el entorno laboral lo da todo. ¿La razón? No es que ellas en realidad quieran estar metiendo miles de horas, es la necesidad de aprobación lo que las lleva a estar entregadas al trabajo. Su intensidad laboral puede rayar muchas veces la propia adicción. Este problema pasa bastante desapercibido en esta sociedad que nos toca vivir y que valora tanto esta sumisión laboral, considerando estas adicciones más una fortaleza que un problema. Es más, cuando la cuatro conservación está tan entregada en el trabajo, entra de nuevo en otro tipo de enfermedad que la hace desconectarse de lo que ella desea.

Todo ello genera estrés y falta de equilibrio. Su autoexplotación no es evidente para ellas y tardan mucho en tomar consciencia de que este no es el camino. 

Suelen tener mil formaciones y títulos. Nuevamente, estaríamos ante la antítesis de un siete, que con un curso rápido de casi cualquier cosa ya se siente con confianza de ponerse de profesor.

En cualquier caso, más allá del entorno laboral, como sus compañeras de subtipo, la pareja siempre será un tema central en su vida y necesitarán a alguien que les dé sus ojos y a ser posible su corazón. 

*Extracto del libro 27 personajes en busca del ser de Claudio Naranjo.

3 ¿Cuál es el camino de sanación del Cuatro?

No olvidar que, aunque hemos hecho una descripción del eneatipo cuatro un tanto tremebunda, esto es sólo su descripción en un estado neurótico extremo (rayando la patología). Ni todas las cuatros están así de malitas, ni todas las cuatros son tan puras como este texto describe. Así que, lo normal, es encontrarnos con personas que pueden resonar con lo que aquí hemos radiografiado.

Cuando la cuatro es capaz de mirar a la dos con tranquilidad, puede ver en ella muchas de las cosas que le faltan. Integrar ese “orgullo dos” en el maltrecho mundo emocional cuatro es clave para abandonar su falsa humildad. Desde ahí la cuatro ya no estará tanto en la carencia y podrá presentarse al mundo de igual a igual.

Es muy importante que el eneatipo cuatro tome consciencia de cómo él mismo se engaña con su visión negativa del mundo y de él mismo. Cuando es capaz de reciclar esta mirada, ha dado un paso de gigante.

Del uno también podrán integrar su capacidad de acción sin dejarse llevar por la emoción desmedida. El enatipo uno sano tiene claridad y sabe a dónde va.

De esto pueden aprender mucho la cuatros: claridad y acción concreta.

Desde ahí, pueden llegar a la ecuanimidad; es decir, discernir entre el negro y el blanco y aprender a navegar por gamas de grises que quizás no sean tan intensas pero son más reales.

Con todo ello, sí que las cuatro podrán conectar con una humildad real, poner en juego su inmensa capacidad de amar, brillar desde sus grandes dotes creativas -sensibilidad por la belleza- o poner la empatía al servicio del otro. 

Necesitan de la serenidad para dejar, por fin, de compararse. Desde ahí podrán, con el tiempo, valorar lo que tienen sin tener que buscar siempre más.

Esta sociedad tan racional que hemos construido necesita urgentemente una dosis extra de humanidad y corazón y esto nos lo puede dar nuestra querida triada emocional y, en especial, el eneatipo cuatro. ¡Claro que sí! No todos los eneatipos tienen un potencial así y cuando vemos a las cuatros centradas, después de haber recorrido parte de este camino de crecimiento personal, parecen que nos las han cambiado (para bien, para mucho mejor). Desde ahí, puede poner en juego toda su singularidad haciendo de su rareza su mejor fortaleza. No seguirá lo establecido sino que pondrá en juego su creatividad, no desde la carencia, sino desde la generosidad. !!Mucho que dar al mundo!!

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El refranero de los cuatro:

El que no llora, no mama.

A más morros, más ganancia.

La envidia acorta la vida.

La envidia es como el agua salada, cuanto más se bebe, más sed da.

La envidia es serpiente que al que la abriga le muerde.

A perro flaco todo son pulgas.

Sarna con gusto, no pica.

Allí donde el amor se engendra, se engendra también el dolor.

Amor, pocas veces da placer, y muchísimas dolor.

Los placeres por onzas y los males por arrobas.

A más vivir, más sufrir.

Si no sabes que es el dolor y el sufrir, entonces no sabrás lo que es el amor.

Dale al diablo lo que es suyo: lujuria, envidia y orgullo.

Ahogarse en un vaso de agua.

Ser un alma en pena.

Quien siembra vientos recoge tempestades. (4 sexual)

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Texto redactado por   Haiki

Agnieszka Stepien y Lorenzo Barnó

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9 COMMENTS
  1. Avatar
    Alicia

    Me encantó el artículo gracias!!!

    1. Avatar
      admin

      Genial, Alicia. Pronto llegará el eneatipo 5!!

      1. Susana

        Gracias por tanta info y tan claro y sencillo escrito. Os empiezo a seguir ya!
        Gracias ☺️

        1. Avatar
          admin

          Correo enviado, Susana.
          Muchas gracias por tus palabras y tu interés en el ebook!
          En cualquier caso, no olvides suscribirte al blog.

  2. Avatar
    Juani

    Me encantó y me emocionó…

    1. Avatar
      admin

      :-) Muchas gracias. En breve tendremos hecho el repaso por todos los eneatipos!

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