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El eneatipo 7, la gula.

Hoy toca conocer en profundidad al Peter Pan del eneagrama, un goloso que aparentemente siempre está contento. Y si es tan feliz ¿para qué va a cambiar? Y si es tan alegre, y la alegría evidentemente es una emoción, ¿cómo es que es un eneatipo racional?

Los sietes, como no podía ser de otra forma, dan mucho juego; pero, como todos los eneatipos, tiene una sombra bien alargada.

Sobre todo esto, y mucho más, va el post de hoy. Nos metemos de lleno en el mundo de la gula. ¿Nos acompañas?

1 Características generales del eneatipo Siete 

1.1 Rasgos de personalidad del eneatipo Siete

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Ideas claves del ENEAGRAMA y los eneatipos

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El eneatipo siete tiene pasión por la gula. Como veremos, es una gula de que va más allá del gusto por la comida.  La gula tiene un papel protagonista en la Divina Comedia de Dante y no hay que olvidar que era uno de los siete pecados capitales.

Como fijaciones principales tiene la seducción – manipulación.

Como mecanismo de defensa tiene la sublimación del placer. Desde aquí, evita cualquier encuentro con el lado oscuro de la vida. Esta idea es mucho más potente que la imagen habitual del eneatipo siete que siempre está de juerga. Puede estarlo, pero también alguien que no le va tanto la chufla puede ser siete.

De hecho, los que son más simpáticos usan tanto sus encanto para seducir en una reunión social, como para deflectar. Es decir, alguien le echa en cara algo que ha hecho (mal) y él, con ironía o directamente con un chiste, le da un capotazo cambia de tema. En el fondo, es un «payaso» triste que no ha sabido crecer y convertirse en un adulto responsable. Prefiere ser un astuto arlequín que busca el placer y evita el dolor.

Son los reyes de la distracción y la superficialidad.

Pasa a la acción pero sus movimientos llevan el sello de la racionalización (que le evita bajar al corazón) y la autoindulgencia (que le permite ser aparentemente libre).

Con los sietes tenemos un problema de partida: parece que notuvieran una sombra tan pronunciada como otros eneatipos -por ejemplo el ocho-. Óscar Ichazo usaba para ellos la palabra clave de la Charlatanería y una persona que no calla es un pesado; pero, de ahí, a que eso sea algo neurótico hay un trecho.

En realidad, lo mismo pasa si nos centramos en la gula en sí misma. Si pensamos en alguien así, no parece que este pecadillo de comer sin medida sea para tanto. Por ello, es imprescindible entender la gula como una gula de todo; es decir algo que va más allá de la comida y que va de la mano de unas ganas desmedidas de estar en el placer . En este sentido, Claudio Naranjo, apunta:

«Más allá de la descripción cristiana de la gula como una afición desmedida por la comida, la gula caracterial puede ser descrita como una pasión de más y mejor que se manifiesta especialmente como una fascinación por la novedad, lo desconocido y lo exótico, una excesiva dependencia del placer, una tendencia automática a evitar el dolor y la frustración, y un afán por gustar, por ser popular y recibir admiración«.

Tienen una clara dificultad en integrar su parte intelectual con su parte emocional, lo que les lleva a estar siempre pensando en nuevas estrategias futuras que les saquen del aquí y ahora.

Como sus compañeros de tríada los cinco y los seises, su cabeza siempre está de cháchara; parar la mente es realmente difícil y, desde ahí, es muy difícil bajar a la emoción. Los sietes razonan con agilidad y, siempre, están en un diálogo interno; pero, este parloteo les hace no conectar con su esencia y quedarse siempre en lo superficial.

Suelen estar de buen humor (un poco como los gnomos). Claudio Naranjo comentaba que a la mayoría de los eneatipos les va muy bien tender a comportarse como los sietes, excepto a los propios sietes, ya que, actuando siempre así dejan de ver la propia realidad por estar siempre en el lado optimista de la vida. Así, las personas de este eneatipo suelen ser alegres y joviales, pero, como veremos más adelante, no hay que confundirlas con la típica persona que siempre está de fiesta. El siete también ha podido estar en eso, pero no es requisito indispensable, y muchas veces se muestra al siete sólo de esa forma. Es mucho más neurálgica su tendencia a evitar el conflicto y no ver la parte dolorosa de la vida.

Con ello, la actitud positiva ante la vida, que tanto bien hace a otros eneatipos —sobre todo a los de la parte de abajo del eneagrama aunque también, por ejemplo, a algunos nueves—, a los sietes ya no les sirve. Nuestros protagonistas, como consecuencia de su rechazo a sufrir, no se enfrentan al conflicto. Cuando la cosa se pone complicada o bien se escapan o le dan la vuelta al tema para evitar la confrontación. Podrían considerase una antítesis de otros eneatipos más combativos como los ochos y los unos, o, incluso, que algunos subtipos  como los cuatro sexuales o los seises contrafóbicos.

Matizar que el siete no es que no pueda estar en el conflicto, su dificultad es de enfrentarse a él con autenticidad y con ganas de mediar. Lo normal, desde la parte egoica, es que entre en el conflicto para salirse con la suya. Usará todos sus trucos dialécticos e intentará llevarse la razón. Si hace falta, volverá loco a sus interlocutor pero intentará quedar por encima. En la confrontación puede parecer muy seguro, pero la procesión va por dentro.

Sus ganas de no ver la parte complicada de la vida le lleva a perder la oportunidad de crecer. Como bien sabemos, la vida nos trae de todo y en lo que parecen, en un principio, dificultades, nos encontramos las mayores oportunidades de evolucionar. Si miramos para otro lado, nos convertimos en niños grandes que siempre están a expensas de su deseo. En este sentido, Eckhart Tolle distingue, con acierto, entre deseo y entusiasmo (disfrute a tope de lo que hacemos); de hecho, el entusiasmo es literalmente estar en lo divino. Pero esto, para el eneatipo siete, son palabras mayores. Él está siempre enmascarado detrás de una alegría ligera que por impositiva termina por ser falsa e inconsistente. La eterna sonrisa de nuestros golosos esconde una falta de madurez alarmante.

Desde esta actitud evitan vincular de verdad. Les encanta un cierto grado de vinculo; pero, cuando la otra parte les propone entregarse en una relación es muy habitual que se hagan caquita y queden presas del pánico. Desde su cobardía patológica les costará decir que no, pero tampoco dirán que sí y, poco a poco, el vinculo y la relación se irán evaporando.

Así, los sietes se obsesionan con la magia de lo efímero y la evitación del dolor. En este sentido, les viene bien aprender un poquito de los cuatros. El eneatipo envidioso se regodea en su dolor, pero por lo menos lo encara y no escapa de él. Los sietes necesitan confiar en que lo que las vida les trae es lo que les sana. Sin embargo, están pendientes de poner la vida a su servicio, al servicio de su propio brillo. Es como si una hojita de un árbol sacase pecho por lo bien que se mueve y no entendiese que su movimiento está supeditado a que el viento sople y que la rama del árbol la sostenga; ella por sí sola poco puede hacer. Igualmente al siete le cuesta entender que lo suyo no es tan importante y que le sentará mucho mejor aceptar (sin resignación) lo que el destino le está ofreciendo en cada momento.

«Hoy me toca llorar, yo que siempre reía»

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Mapear las relaciones entre los 9 eneatipos.

14-18 de diciembre de 2020

Los sietes tienen la capacidad innata de ser buenos comunicadores y la gente, en general, quiere estar con ellos.  Se venden muy bien y, en ocasiones, parece que están en el grupo desde la generosidad. Sin embargo, ni  son tan generosos como parecen, ni tienen al otro tan presente como pudieran hacernos creer. Esta forma de ser, tan servicial, esconde buenas dosis de arrogancia -interés propio- pero, eso sí, a este eneatipo no se le verá el plumero como le puede ocurrir, en un momento dado, a los treses (sobre todo a los sociales).

El siete tiene sed de ser el centro de todas las miradas, de que los demás le tengan muy presente y de que se le tenga en cuenta para todo. Se considera un ser especial. Como bien dice Claudio Naranjo,  “el siete es un niño mimado que quiere que le den todo.”

Aun con todo, esta buena propaganda de sí mismos esconde, en los sietes, una gran inseguridad. No hay que olvidar que después del 6, el 7 es el más miedoso del eneagrama.

En ocasiones, al igual que el rígido pasivo femenino (carácter de bioenergética), el siete -sobre todo social y sexual- hace como que no se entera y, mediante la evasión o manipulación, se olvida de lo que le están mostrando, pensando en algo más cómodo y menos confrontativo. En general son  tan indulgentes como les gusta que lo sean con ellos; lo importante es no ponerse a malas y mucho menos entrar en la tristeza.

Como explica  Gonzalo Hervás, profesor de la Universidad Complutense de Madrid y experto en emociones y psicología clínica:

“El bloqueo de una emoción puede ser un mecanismo automático de protección. Cuando la tristeza y otras emociones desagradables son muy intensas o nos generan sensación de descontrol, tendemos a negarlas. Lo cual, en general, tiende a amplificarlas”.

Los sietes son personas con una imaginación desbordante; necesitan tener muchas puertas abiertas, sueñan sin cesar y viven en el futuro (son muchas las cosas que quieren hacer y conseguir). Es un eneatipo narcisista –¡más incluso que los treses!– y piensa primero en sí mismo; así que, si para acceder a lo que quiere tiene que hacer alguna pequeña marrullería, pues la hará (sobre todo si es subtipo conservación).

Normalmente son gente muy leída y que ha vivido mucho, lo cual les hace poder hablar de casi todo, aunque de muchas cosas tengan solo una capa de barniz. Como hace tiempo recordaba nuestro amigo satero Gorka Iguiñiz, en una de nuestras minientrevistas en nuestro blog de Haiki:

“(…) me veo en esa charlatanería de sabelotodo -que únicamente escondía mi inseguridad-, en la dificultad para el compromiso y la autoindulgencia. A todo ello hay que sumar que, me vi, como un niño, compartiendo sus fantasías por no girar la cabeza y ver lo que había detrás.”

A los sietes la espontaneidad y desparpajo les hace salir del paso incluso en situaciones muy complicadas. Son muy locuaces y, gracias a ello, tienen bastante capacidad para convencer al otro de que se hagan las cosas como ellos/ellas quieren.

Muchas veces son como niños buenos que no terminan de crecer y que se asustan si aparece una complicación. Necesitan tener siempre la fiesta en paz y que se les ponga en cuestión o se les haga una crítica, no les gusta nada. Eso sí, incluso si se les pone de vuelta y media, pueden ser capaces de responder sin enfado aparente (o ni siquiera responder y ponerse a otra cosa). No les gusta estar en el lado negativo de la vida, el entusiasmo es su arma más potente; aunque les ocurran cosas negativas, rápidamente aplicarán las gafas de color rosa y transformarán la realidad para que parezca otra cosa. Eso de que “pase lo que pase es para bien”, puede ser su mantra de vida. Los cuatros verán siempre el vaso medio vacío y, además, se lamentarán de su mala suerte y siempre verán a otra gente que tiene el vaso más lleno que ellos. Mientras tanto, nuestros optimistas no es que vean el vaso medio lleno, verán mil formas de llenarlo hasta arriba en un pis pas.

Siguiendo esta idea, viene bien traer a primer plano las palabras de Paco Peñarrubia:

“(…) Siempre me he sobrepuesto a los males de este mundo negándolos de múltiples maneras, pero con un denominador común: si me lo monto bien, si soy feliz, si gozo y obtengo placer… esto significa que no han podido conmigo. O que mi estrategia no era errónea. O que no soy un iluso. Si tengo un buen proyecto, estoy a salvo de la rutina y el aburrimiento. Si entiendo las cosas con rapidez, si me las explico al instante, estoy a salvo de que me salpiquen, me dañen, me defrauden o me duelan. Con mi cabeza puedo crear un espacio disuasorio donde proteger mi “sensible” corazón. Gran parte de mi vida he vivido con la esa ilusión de felicidad, de placer. En el fondo, de profunda deshumanización aunque aparentara precisamente lo contrario. Luego, todo esto se ha ido cayendo, en la medida que he ido disolviendo mi rebeldía.”

“Deja que tus sueños sean olas que se van
libres como el viento en mitad del mar
creo que la vida es un tesoro sin igual
de los buenos tiempos siempre quiero mas.”
Sueños de Diego Torres/Julieta Venegas: ¡una canción muy de sietes!

A veces son una especie de arlekines o incluso bufones -el bufón era el único que se podía mofar del rey; es decir, que no tenía problemas ni conflictos ni siquiera con la misma autoridad- que estarán en la broma y el cachondeo constante. Para ellos, siempre hay algo positivo que ver en todo, aunque la realidad para el resto de los mortales sea de color gris.

En cualquier caso, esta sonrisa casi crónica del siete, siempre, esconde un niño triste. Lo que muestra al mundo es una jovialidad neurótica que le sirve para ser aceptado en un primer momento. Nuevamente, su realidad es diferente. Con el proceso personal nuestros optimistas empedernidos, se dan cuenta de la trampa y contactan con una tristeza muy profunda.

Como bien apunta, la experta en yoga, María Victoria Andreu:

“(…) Los Siete quieren estar siempre animados. Gustan de la aventura y de mantener altas sus expectativas. Existe una atracción química para las experiencias cumbre, como si en lugar de sangre circulara champán por sus venas. Están imbuidos por la creencia de que la vida no tiene límites. Siempre hay algo interesante que hacer. Si la vida no es aventura ¿para qué vivirla? ¿Por qué atarse si se puede avanzar?”.

Las personalidades pertenecientes al eneatipo siete suelen ser presas, como veremos más adelante, de diferentes gulas; las más evidentes y compulsivas suelen ser la de la comida y el sexo. Tienen tendencia a los excesos y si, en un momento dado, coquetean con las drogas, tendrán que tener cuidado con no caer en adicciones. En este sentido, serían como la antítesis de la austeridad de los cinco. Cuando nuestros golosos están desatados parecen comerse el mundo y también pueden parecerse a algunos doses.

Esta gula puede ser también de conocimiento y reconocimiento. Esta actitud tan hedonista se puede entender de diferentes formas; y, como bien apunta Claudio Naranjo:

“(…) puede estar enmascarada por una excesiva preocupación dietético-espiritual nacida de que la persona se siente inconscientemente culpable de su gula y se la prohíbe.”

Por un lado, son gente que puede ser bastante empática; aunque esa empatía tenga, a veces, la trampa de que, al final, esperan algo a cambio. No se trata de un dar, como el de los doses, o un perderse en los otros (confluir), como les ocurre a los nueves; es simplemente un estar en contacto. 

Por otro lado, pueden resultar un tanto crueles cuando han generado falsas expectativas en el otro y, de un día para otro, salen corriendo sin dar mucha explicación (o ninguna). Aunque bien sabemos que el eneatipo del eneagrama más cobarde por excelencia es el seis; éstos tienen un punto de lealtad que, en un momento dado, les puede hacer mucho más valientes que algunos sietes que sí que pueden resultar realmente cobardes. Estas huidas suelen resultar muy dolorosas para su entorno, pues el lugar que ocupaban difícilmente puede ser reemplazado. El miedo está ahí, aunque muchas veces el siete lo niega. Esta falta de compromiso les hace vivir siempre en la intensidad; todo ha de ser increíble y han de estar entusiasmados en todo lo que hacen.

Normalmente, con poco esfuerzo obtienen grandes resultados.

Son curiosos, imaginativos y fantasiosos. De hecho, les puede costar diferenciar la fantasía de la realidad. La creatividad (como en el eneatipo cuatro) es lo suyo. Como bien sabemos, las conexiones neuronales se van haciendo más abundantes cuanto más creativos podemos llegar a ser; por eso los sietes tienden a llegar a edades muy avanzadas en buen estado. Es más, desde hace tiempo también se sabe que esta capacidad creativa puede llevar incluso a crear nuevas neuronas (neurogénesis), fortaleza que los sietes no deben dejar de poner nunca en juego.

Victor Hugo Salamanca, comenta que los sietes son:

“hiperactivos, se lanzan en una actividad constante, haciendo y diciendo cualquier cosa que se les ocurra. Temen aburrirse y tratan de aumentar su estímulo y excitación manteniéndose en constante movimiento y distrayéndose con algo entretenido y nuevo, aunque hagan demasiadas cosas. Corren el riesgo de volverse superficiales, sin inhibiciones, volátiles, ostentosos, extravagantes.”

Así, todo lo dionisíaco les llama la atención; ahí donde esté el goce (son muy autoindulgentes) estarán los sietes con una sonrisa en la boca. Son “demasiado” expresivos y encantadores. Su lugar natural de estancia es el mundo epicúreo, buscando siempre el placer (y sobre todo, la ausencia de dolor). En este sentido, en uno de sus post, Isra García, experto en emprendimiento, hablaba de la existencia de los “Cabrones profesionales” y los venía a describir como:

“Es una forma de vida, es una filosofía, es un credo, es un club con que muchos o pocos pueden sentir afinidad. Está basado en los valores de un caballero de la mesa redonda, la picaresca de un trovador, la irreverencia y bribonería de un Don Juan del año 1613, persuasión y perspicacia, inteligencia social y emocional, creatividad, iniciativa, acción, pensamiento disruptivo, elegancia y descaro, humor, diplomacia, liderazgo compartido, el espíritu de equipo y esfuerzo prolongado. Es un grupo de personas que permanecen sobre los valores de la lealtad, la honestidad, dignidad, generosidad y respeto mutuo. Son cabrones porque son limpios haciendo el trabajo sucio”.

Son los aventureros del eneagrama y necesitan visitar miles de lugares y probar emociones fuertes.  Todos los planes del mundo son pocos; tienen una energía desbordante y han de inventar cientos de acciones ingeniosas para no caer ni por un segundo en el aburrimiento. 

A veces se sienten parte de un plan celestial que les hace ir en una dirección. El problema es que mientras transitan un sendero, a la vez, les apetece también ir por otro. Con lo cual, van repartiendo energías en varios frentes hasta que ocurre algo, o, simplemente, el día a día les desborda y se dan cuenta que no pueden con todo. Entonces, aparece la tendencia a abandonar un proyecto. El siete seguirá su camino por otro lado buscando más proyectos excitantes en los que embarcarse, pasando página a la velocidad de la luz.

Así, entre tanto alboroto, se dispersa su concentración; con todo ello, pueden resultar personas muy dispersas. Les será muy sanador focalizar en lo importante; en este sentido, centrarse en el eneatipo uno, con quien están directamente relacionados, les viene muy bien. No pensar en grandes y deslumbrantes planes les hará bien; han de bajar a lo concreto.

Ante tanto placer y búsqueda de la belleza, se hace difícil que se den cuenta de que, en realidad, es un eneatipo más del eneagrama y que tiene sus cosas buenas, pero también malas. En contraposición a esta idea, en un principio, tienden a pensar que ellos están de maravilla y que son el resto de eneatipos los que debieran cambiar para parecerse a ellos. Por todo ello, suelen tardar en entrar en crisis e incluso cuando entran en el proceso de crecimiento personal, a veces, les cuesta llegar a entender, realmente, cómo es su personaje y cuáles son sus mecanismos de defensa. De esta forma, los doses (los que, por norma general, se creen más cerca de Dios) y los sietes, suelen ser reacios a entrar en materia; pero cuando lo hacen, suelen caer con todo el equipo. Desde ahí, a veces con grandes crisis, pueden levantar el vuelo y, con el tiempo, ir encontrando su verdadera esencia. Al final, muchos de los que consiguen centrarse, acaban siendo terapeutas o en posiciones de mucha ayuda a los demás.

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El eneatipo Siete en el amor:

Esta tendencia a buscar siempre algo más les lleva a evitar el compromiso; lo de estar atados no es para ellos. Como veremos más adelante, quien memos problemas tendrá con el compromiso de los tres subtipos de sietes, será el siete conservación.  

Muchas veces, los chicos sietes tienen una visión idealizada de la madre, lo que les lleva a buscar, consciente o inconscientemente, a una mujer imposible durante toda su vida. Lo del complejo de Edipo es un buen tema a resolver para ellos.

Autor: Mattito

En cualquier caso, este eneatipo es demasiado libre como para comprometerse; así que se las apañan para no entregarse de lleno en sus relaciones. A veces, confunden libertad con libertinaje.

Al final, llega un día en que se dan cuenta de todo lo que se han perdido por no saber estar para el otro (debido a su egoísmo endiablado), cuando pasa la primera fase del enamoramiento. Muchas veces niega el miedo, el miedo en general, y en este caso el miedo a comprometerse.

Su gula les puede llevar a obsesionarse con temas como el de la pareja (igualito que l@s doses y treses sexuales) o con ser el centro de atención. Buscan la intensidad en las relaciones, sobre todo en las que tienen que ver con la pareja. En general, tienen facilidad para los temas afectivos –si no entran demasiado en harina- y suelen ir de flor en flor. A los chicos les es bastante cercana la figura del Don Juan.

En el sexo son bastante directos, no son muy de prelimiares (tampoco las chicas).

La seducción y persuasión, consciente o inconsciente, siempre está en sus vidas y les lleva a resultar muy atractivos. Muchas veces, saben de sus bondades y las usan para conseguir lo que quieren; otras muchas, enamoran al personal con su sola presencia. La gente queda prendida de ell@s sin que se esfuercen demasiado para ello (en esto se dan un aire al eneatipo dos). Esta actitud narcisista les lleva a no encontrar nunca el verdadero amor, confundiendo amor con placer; necesitan parar, olvidarse de su afán conquistador y bajar a tierra.

Muchas veces, ellos mismos comentan que el amor es ciego para explicar sus relaciones y no, el amor no es ciego, el que es ciego es el deseo. Y, como bien sabemos, los sietes lo ponen en juego con una facilidad pasmosa. Esto, en general,  les lleva a tener muchas relaciones, pero poco profundas.

Con todo ello, a los sietes no les gusta poner puertas al campo, todo ha de ser lo más libre y ligero posible. 

En este sentido, pueden tener problemas, como padres y madres, a la hora de poner límites a sus hijos.

El eneatipo Siete en el trabajo:

El siete en el trabajo buscará la libertad y creatividad.

Su tendencia es tener varios frentes abiertos a cada cual más emocionante y divertido. Eso sí, si no focalizan un poco, la suelen liar parda y, a veces, no cumplen con sus compromisos. Rescatando las palabras de Claudio Naranjo:

“(…) Un rasgo fundamental en el eneatipo siete es la permisividad o indulgencia que considero la esencia de la gula. Y como esta autoindulgencia sería imposible con la imposición del superego o sometiéndose a la autoridad, este carácter es rebelde, aunque a veces de manera suave o diplomática. Los sietes tienen una apariencia gentil, dulce, amable y amistosa; pero no hacen mucho caso de la autoridad y presuponen implícitamente que a la autoridad es mala. No se embarcan en una lucha contra autoridad, como el seis o el ocho. Simplemente, hacen caso omiso, no la necesitan, como si hubieran perdido su fe en la autoridad. Así, no creen en la limitación de sus propios deseos y se permiten una amplia libertad, tan a sí mismo como a los demás. Su lema es: vive y deja vivir.”

Al siente no le gustan las normas y mucho menos la autoridad, sobre todo cuando es despótica; los sietes quieren ir a su aire, libres como el viento.

Siguiendo con el maestro chileno, Claudio Naranjo:

“el goloso comparte con el carácter lujurioso la rebeldía; pero, no se trata de una rebeldía abierta y directa, sino indirecta y sutil para la cual es más apropiada una palabra diferente: anticonvencionalismo.”

Así, a los sietes les gusta ser rebeldes pero sin que haya mucha movida. Serían una especie de rebeldes de postal.

Sin embargo, a los ochos (también a los unos) les da igual que haya jaleo; de hecho, si lo hay mejor que mejor.

Como bien comenta Enrique Villatoro,

“(…) El cambio sobreviene al reconocer y profundizar en lo que hay detrás de la búsqueda de grandeza, del interés, de sacar provecho para sí mismo. Por un lado, está la sensación de sentirse pequeño, inseguro y, hasta cierto punto, en inferioridad de condiciones. Por otro lado, hay una gran desconfianza en la autoridad vaya a ser justa y otorgue seguridad y protección. Con tal manera de pensar, parecía más fiable convertirse en la propia preferencia, en la propia autoridad, con un sentido interesado de la justicia, la seguridad y la autoprotección.”

En cualquier caso, como en el juego del ajedrez -que gracias a las limitaciones de sus reglas se puede ser infinitamente creativo-, a los sietes les viene bien ser conscientes de que la vida tiene sus normas y sus leyes de juego. Cuando son capaces de asumirlas, pueden ser libres de verdad y escapar de los caprichos del niño consentido que esconden en su interior.

El eneatipo Siete en la alimentación:

Tanto el siete como el nueve tienen pasión por la gula. La diferencia vendría a ser que al nueve le da igual lo que come, lo importante es que sea abundante y, normalmente, le sirve para narcotizarse. 

El siete, por contra, tiene tendencia al exceso pero no necesariamente ha de ser todo tan abundante. Lo importante es que haya nuevos platos sobre la mesa o que sean alimentos que él considera deliciosos. 

Además, para el nueve la compañía en la mesa no es algo tan importante, mientras que el siete valora mucho este espacio para socializar y disfrutar. 

Escena de la gula de la Mesa de los Pecados Capitales del Bosco

Al siete le sana estar en la renuncia, justo lo contrario de lo que les viene bien a la mayoría de los cuatros. Los estoicos y epicúreos hablaban de un lugar de felicidad al que se llegaba desde lo esencial, desde la renuncia; a ese estado le llamaban ataraxia.

El eneatipo 7 frente al mundo.

Esta es una sección que desarrollamos en nuestro curso del Eneagrama de las relaciones. Si quieres saber más puedes echar un ojo por aquí.

Y si quieres un ejemplo de cómo lo hacemos, te puedes ir al eneatipo 2 (ver aquí) y ahí vas a encontrar un vídeo que te puede gustar mucho.

Testimonio del eneatipo siete

«Nací en el seno de una familia de clase media alta. Nunca nos faltó de nada y yo fui hijo solo. Recuerdo mi infancia sin grandes sobresaltos. Papá trabajaba mucho y era exigente. No era especialmente afectuoso. Mi mamá era todo lo contrario, estaba siempre pendiente de mí y su frase estrella era: «eres el motor de mi vida». Yo, durante muchísimos años, me la creí e hice todo lo posible porque ella estuviera bien. Tenía una forma de ser muy frágil y cualquier cosita la alteraba. Con ello, me las apañé para parecer siempre un niño bueno. Jugaba al juego de estar en las faldas de mamá aun siendo ya adolescente y, la vez, intentaba hacer lo que quería, aunque fuera mintiendo o engañando un poco. Con 15 años monté mi propio negocio de cómics en el instituto. A pesar de que era bastante creativo, lo que hice fue copiar, tal cual, una publicación francesa. En aquel entonces, no había internet y supuse, como así fue, que nadie se enteraría. Prácticamente calcaba los dibujos y los traducía con cierto ingenio. La gracia era que los protagonistas del cómic pasaron a ser los propios profes. El cómic se vendía como churros y me hice muy popular con ello. Al final, se enteró el director y me cayó una buena bronca; pero, para entonces, yo ya había vendido durante un año más de 500 cómics y había recibido el aplauso de mis compañeros. Es un buen ejemplo de lo que fueron varias ideas que se me ocurrían por aquellos años. En el cole e instituto fui bien, sobre todo en las asignaturas que, por lo que fuera, me interesaban. Leía revistas de intriga de la época, como Más allá y Muy interesante y llegué a ganar un certamen de cuentos de misterio. También, quería estar en un grupo de rock. No se me daba muy bien ningún instrumento, tampoco le puse mucho empeño; así que, pensé que lo mejor era ser el cantante. Frontman me decía yo. Nos juntamos varios amigos y comenzamos a ensayar. Aquello sonaba a rayos. Un desastre absoluto, hasta que se me ocurrió una idea. Tenía un disco de un grupo desconocido de Heavy Ruso y comencé a sacar los acordes de esas canciones y llegaba al local de ensayo como si fueran mi creaciones. Les decía que me llegaban en sueños. La cosa es que, así, sí pudimos armar unas cuantas canciones que «eran nuestras» y comenzamos a dar conciertos. También, comencé a versionear temas de Los Pecos, Las grecas y Perales (lo que oía mi madre) a ritmo de Rock y llegamos a salir hasta en Radio 3. Además, mi madre estaba encantada de escucharme cantar sus temas preferidos. Y todo esto combinado con jugar a Futbol, entrenar atletismo, clases de escultura y un sinfín de actividades.

Con todo ello, llegué a la Universidad y comencé a estudiar Ingeniería. El primer año sólo pensaba en salir y no aprobé casi nada. Cambié de carrera a bellas artes, pero, el resultado fue similar, no aparecía por clase y cada vez consumía más drogas. Al principio, sólo era alguna raya los sábados, pero en segundo de carrera también me metía durante la semana. Llegué a estar muy desquiciado y mi eterna sonrisa se transformó en mal humor. También, comencé a comer sin control y dejé de hacer deporte. Sólo me interesaba lo que generase emociones fuertes. Hice varías veces Puenting. Así, estuve dando tumbos como dos o tres años. Mis padres seguían pagando la fiesta, pero la relación ellos se fue poniendo muy tirante. Muy a su pesar, llegó un día en el que me dijeron que no me iban a dar más dinero y que ya era mayorcito para tomar las riendas de la vida. Varios amigos también desaparecieron de mi vida y no conseguía tener una relación estable con ninguna chica. Con las que más duraba es con las que también les iba la marcha nocturna, pero aquello era todo aire. Al mes nos aburríamos y comenzaban infidelidades o desplantes. Llegué a tocar fondo. Un día me vi en el espejo con una resaca terrible, 20 kilos de más y sin nada en la vida a lo que agarrarme. Lloré y lloré durante días. Nada tenía sentido y estaba tirado en la cama todo el día.

Por fin, comencé a leer libros de otro tipo. Cayeron en mis manos El poder del ahora y Las nueva revelaciones. Otro amigo me pasó un libro sobre Narcisismo y así fui entendiendo que podía vivir diferente. Comencé a trabajar para una agencia de publicidad y conseguí cierta estabilidad. Hice muchos cursos y cursillos de marketing y comunicación y descubrí un nuevo mundo en el que podía poner en juego toda mi creatividad.

Volví a hacer deporte y retomé el Judo que hice durante varios años en la adolescencia. Me puse fuerte, tanto físicamente como mentalmente, y, sobre todo, entré en un proceso terapéutico que me permitió entenderme mejor. A día de hoy, se puede decir que he cambiado mucho. Me cuido más, me quiero más y me puedo relacionar con el mundo desde otro sitio. Siempre tengo tendencia a seducir y brillar, pero soy capaz de poner un límite. En las relaciones me implico más y no descarto formar familia con la chica que estoy saliendo ahora. Llevamos un año y ella quiere que nos comprometamos a más. Yo no sé si salir corriendo o ir a por todas. Me da miedo y, a la vez, sé que me pongo en una posición muy infantil. No lo veo claro, pero, por lo menos, me planteo cosas que antes eran impensables. Para empezar he sido fiel durante toda la relación, lo cual ya es un logro importante. Aun con todo, no sé lo que la vida me deparará.»

Gonzalo G.E

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1.2 infancia de los Siete

Estos golosos del eneagrama recuerdan la infancia como un periodo de felicidad en el que todo fue abundancia; aunque, en realidad, pudieran pasar más de una privación. 

Son capaces de pintar de color de rosa cualquier acontecimiento desagradable del pasado.

Normalmente, tuvieron una relación muy estrecha con el progenitor de distinto sexo. Algo parecido al eneatipo dos, pero quizás sin tanta intensidad.  Y decimos una relación “estrecha”, no decimos “muy buena”. Tuvieron atención y cariño; pero, seguramente, también tuvieron una mamá o un papá un tanto asfixiante.

Como en la mayoría de los casos, el amor que recibieron disfrazado de amor incondicional, no era tan puro como parecía. 

En palabras del terapeuta Albert Rams: «(…) Los siete conservación parecemos tener, entonces, un yo constituido como una especie de yo-tú interesadamente erotizado por la madre, en el caso de los hombres, y por el padre en el de las mujeres. En el primer caso, el padre no ocupa la función paterna por estar sometido a la madre, por exceso de autoritarismo o por ser percibido como débil; así que no hay buena ley. La norma, los límites, no son fiables. En el caso de las mujeres, parece haber un padre-no padre, un padre que no aclara suficientemente que su mujer es la madre y no la hija (que suele ser la niña de papá). El paraíso, el falso paraíso, parece que se trunca, que se rompe (separación, abandono, trauma…), y nos quedamos con la idea de que aquello era mentira… Luego todo es mentira… Ergo puedo hacer lo que me dé la gana porque no hay ley. todo vale.»*

En cualquier caso, no hubo grandes sobresaltos en su infancia y, si los hubo, el niño siete los borró de sus recuerdos.

1.3 El eneatipo Siete en la bioenergética.

Podemos decir que los sietes cuadran bien con el carácter rígido. A veces, también con el psicopático o incluso con una especie de mezcla de ambos, sobre todo en quienes luego coinciden con siete conservación.

Muchas veces esta tendencia a la gula le otorga a más de un rígido-siete (conservación) una barriga prominente. Conviene no confundir este exceso de peso, bastante localizado, con rasgos masoquistas.

Podríamos decir que los más seductores de todos los caracteres es uno de los subtipos de psicopáticos. Más allá de ellos, seguramente están las rígidas histéricas, pero el rígido pasivo femenino -propio del siete sexual-, también tiene un punto de seducción. Esta seducción se lleva a cabo desde una suavidad, a veces, un tanto forzada.

Pasión (tendencia emocional): Gula (de todo tipo).
Fijación (pauta fija de pensamiento): Autoindulgencia (planificación) / manipulación.
Mecanismo de defensa: Racionalización / sublimación (búsqueda del placer -optimismo-)

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2 Los suptipos del eneatipo Siete

Hay personas que de partida no parecen un siete; pero, cuando vemos los subtipos (sobre el todo el contra siete: el social) terminan encajando perfectamente. En este sentido, conviene remarcar que el siete conservación y el sexual cuadran bastante bien con el prototipo de siete y el social es más niño bueno. Por eso, los sociales tardan en ubicarse en los sietes ya que piensan que una persona tan íntegra como ellos no puede estar en el mismo equipo que una «panda de tramposos y encantadores de serpientes».

2.1 El Siete Social:

Los siete sociales suelen tener grandes ideales y, a diferencia de sus compañeros de eneatipo, cambia su pasión por la gula por la pasión por el sacrificio. Sueña con un mundo donde no exista dolor y conflicto. De hecho, piensan que pueden escapar a sus propios deseos y ser como una especie de seres angelicales que escapan a las mundanales necesidades del resto de los humanos. La cultura New Age estuvo plagada de sietes sociales, gente muy pura que sólo ve el lado positivo de la vida. Su sacrificio no tiene que ver con las conductas masoquistas de algunos nueves o cuatros. El sacrificio es de su propia gula. Gula que sí siente pero que sacrifica en favor de la imagen idealizada de sí mismo. Y ya de paso, si los demás les ven como unos santos, mejor que mejor. Se podría decir que, aunque sea de manera ilusoria, el siete social quiere amar al otro más incluso que así mismo. En realidad la bondad no debiera tener límite; pero, sí en el siete social, pues su bondad tiene una buena carga de neurosis y de búsqueda de reconocimiento de esta misma bondad.

San Francisco era el ejemplo de verdadero santo que ponía Claudio Naranjo como ejemplo de siete social.

En este sentido, uno de los terapeutas gestalticos con más reconocimiento de su profundo y generoso trabajo, Paco Peñarrubia, afirma:

«Estamos ante una personalidad complaciente y generosa, capaz de gestionar proyectos y movilizar energías para un fin determinado, al que puede entregarse con mucha dedicación. Para ello, hace falta entusiasmo, idealismo y habilidad social, y de todo esto suele tener en abundancia un siete sacrificado. Semejante posición ante el mundo tiene muchas compensaciones egoicas: aprecio, reconocimiento, buena imagen, reducción de conflictos y crear deudas en el otro (para que a su vez te trate así de bien), generando finalmente relaciones interesadas que acaban desprovistas de sentido real (yo-yú), y con tendencia a la superficialidad. El camino hacia la autorrealización pasa por ir disolviendo esta compulsión de niño bueno, atravesando dos escollos internos complejos y complicados: la culpa y el egoísmo. La culpa está oculta, más bien proyectada, culpando a los otros por su falta de compromiso y dedicación (la queja latente es: «con lo que yo he hecho… y qué injustamente se me responde»), o recriminándose a sí mismo por ingenuo e iluso, por esperar tanto del género humano. Pero, detrás de todo esto, hay culpa por sentirse tan interesado bajo la careta de bueno, por manipular a través del entusiasmo, por delegar excesivamente en nombre de la tolerancia, etc. Así que, empieza a desconfiar de su buenas intenciones, a sentirse bastante miserable y a hacerse un lío entre lo que es altruismo y/o egoísmo.»*

En esta deuda que genera el siete social con el mundo, nos puede recordar a la que también va generando el eneatipo dos. Recordamos que el dos vive en una aparente generosidad, pero que, en el fondo, se trata de un dar para luego recibir.

Los sietes sociales sienten que se tienen que entregar a causas mayores con una gran componente de compromiso social. Tienen una tendencia clara a lo espiritual. Muchas veces no parecen sietes, porque se olvidan de las cosas mundanas. Como si lo de este mundo no fuera suficiente para ellos y aspirasen a conectar con algo más grande. 

Algunos sietes, sobre todo chicos, tienen una incontinencia verbal que les hace hablar y hablar, sin llegar a decir nada realmente importante.

Aparentemente son los menos sietes de los sietes y se puede decir que son un contrasiete; de hecho, en muchas ocasiones l@s confunden con los cincos. También, curiosamente, terminan siendo los menos sociales de los sietes. Muchas veces están en un segundo plano y buscan con ahínco la soledad. Aun así, su miedo al dolor y al sufrimiento está siempre presente y es precisamente eso lo que les hace embarcarse en cruzadas épicas con tal de no conectar con lo que pasa en el aquí y ahora.

Si les miramos con los ojos del carácter de Lowen y Reich, nos encontramos con varias peculiaridades. A diferencia de los subtipos conservación y sexual, no siempre son “rígidos clásicos”. De hecho, por este parecido con algunos cinco, pueden llegar incluso a tener rasgos esquizoides (suelen ser largos y un tanto desgarbados); lo cual, de partida, podría sorprender mucho. Esto, evidentemente, no siempre es así, y sólo es una apreciación sobre un rasgo que vemos que se repite de vez en cuando. 

2.2 El Siete Sexual:

Son los que más gusto tienen por diferentes tipos de gulas aunque, curiosamente, sin ser tan intensos como los conservación. Son los más “ligeros” de los tres sietes y, curiosamente, y a pesar de su apellido, en muchas ocasiones terminan siendo los menos sexuales de los sietes. Son soñadores y con tendencia al encantamiento. No tienen la “dureza” del siete conservación. Se mueven bien en el entusiasmo y la creatividad, evitando la “vulgar la realidad”. De alguna forma, se las apañan para seguir siendo siempre un niño grande que se sale con la suya (siempre hay un lugar más agradable al que ir). De partida, lo del compromiso como que no va con ellos. La figura de Peter Pan encaja como anillo al dedo con este subtipo.

Tampoco suelen caer con facilidad en los excesos, siendo un subtipo que se mueve muy bien en el mundo de la fantasía y las ideas. Es un idealista y su pasión, más allá de la propia gula, es la sugestionabilidad.

Respecto al carácter, siguiendo lo aprendido por Reich y Lowen, vendrían a situarse en los rígidos y dentro de estos, en muchos casos, en los rígidos pasivo femeninos. También, algún psicopático podría ser siete sexual.

El camino de sanación pasa por dejar tanto entusiasmo de lado y conectar con lo real. Bajar al cuerpo y madurar. Entrar en el silencio de la meditación y conectar con lo mundano, con lo sencillo. Hablar menos y sentir más. Vivir la vida desde una cierta sobriedad. En palabras del terapeuta Enrique Villatoro:

«(…) Hoy en día siento más desconfianza frente al pensamiento racional y más credibilidad en la sensación e instinto. No escucho tanto el flujo intelectual, lo que me facilita silenciar ese ruido mental interno de multiposibilidades, planes, oportunidades, ideas excitantes, etcétera. Este acallar interno también se manifiesta en un mayor silencio externo, en un hablar menos. Ha quedado atrás el irse por las ramas hablando, excitándose uno mismo con su propio discurso. Ahora, hay más precisión y capacidad de utilizar mejor el lenguaje, tanto en las palabras exactas como en la estructuración del discurso, y puedo concretar con más exactitud lo que quiero expresar. No tengo tanta necesidad de exteriorizar esas maravillosas ideas y posibilidades que surgen en la mente porque ni uno mismo se las cree: tienen menos importancia, atrapan menos y no autosugestionan tanto.»*

2.3 El Siete conservación:

Es el siete con más tendencia a la exageración y a la corrupción, lo que les  puede meter en más de un lío. Son oportunistas y sacarán ventaja de casi todo para conseguir lo que se proponen.

Óscar Ichazo hablaba de ellos como el «Guardián del castillo».

Se habla de los sietes conservación como el siete familia y  pueden llegar a ser un poco mafios@s; son l@s que hacen las alianzas (pudiendo ser muy exigentes con l@s suy@s); aunque, quizás, sería más justo identificarlos con la manada.

La profesora y experta en eneagrama, Marta Díaz -siete conservación-, afirmaba en nuestro blog de Haiki:

“(…) siendo mi mayor potencial, mi capacidad de organización. Sin embargo, esta capacidad se convierte en enemiga cuando pasa a ser control. Todo ha de estar bajo control. La familia es la palabra clave en este subtipo; familia que yo tiendo a proteger y, por lo tanto, he de controlar el entorno.

Ahí, está la clave del crecimiento: confiar, pasar de estar alerta a estar atenta.”

Si no están muy centrados, pueden ser muy egoístas dentro de todo este entramado (muy al estilo del Padrino). A diferencia de los sietes sexuales, los conservación son los que no están bien con todos, sino que eligen con quien sí quieren estar bien. Son proclives a una lujuria moderada que les acerca al eneatipo ocho. Así, los excesos de todo tipo son lo suyo; desde la comida hasta el sexo y son los más proclives a caer en adiciones.

Muchas veces suelen ser bastante grandotes y un tanto aparatosos. Por ello, si los miramos desde el prisma del carácter de Lowen, los podríamos encasillar en los rígidos; muy cerca del rígido fálico narcisista, en principio más propio del ocho y de algunos doses (sociales o sexuales, pero nunca conservación).

En cualquier caso, algún psicopático —tanto controlador como seductor— también podría ser siete conservación.

Suelen  camelar al personal, son muy persuasivos; cualquier milonga será bienvenida si con ello consigue lo que quiere.

En sus conversaciones puede haber siempre una doble intención y si pueden venderte algo por el camino lo harán. Hacer negocio es una una de sus pasiones. Es más, son capaces incluso de engañarse a sí mismos con tal de mantener esa fachada encantadora que les permite conseguir lo que quieren cuando quieren.  Se puede decir, que si la ocasión lo requiere, pueden llegar a ser un tanto marrulleros; es decir, pueden ser manipuladores y tramposos.

*Extracto del libro 27 personajes en busca del ser de Claudio Naranjo.

3 ¿Cuál es el camino de sanación del Siete?

Los sietes necesitan tocar fondo, contactar con lo desagradable y mostrar su parte fea. Lo que a ellos les avergüenza es lo que han de enseñar al mundo; solo desde ahí se les puede realmente querer (en esa nueva realidad ya no hay trampa ni cartón). Necesita saber encarar la realidad, enfrentarse al dolor y, si hay que confrontar, pues confrontar, les hará crecer.  Si el siete es capaz de mantenerse en el conflicto, aunque no sea fácil para él, y hablar de lo que le está pasando; de lo que está sintiendo, será una gran victoria para tod@s. La actitud auténtica para el siete será plantarse ante alguien sin simular nada y decir las cosas tal cual las piensan y sienten.

Del eneatipo uno han de aprender la constancia y disciplina. El uno se enfoca de maravilla, tiene un objetivo y va directo a conseguirlo, mientras que el siete se dispersa con facilidad. Todo lo que sea escapar de la multitarea es clave para bajar su nivel de excitación constante. Su nuevo mantra debería ser: “las cosas de una en una y hasta que no terminen una no paso a la siguiente”. Así, evitar la voracidad de todo tipo, olvidarse del mundo de la excitación constante y quedarse con lo más íntimo, simple y profundo, es un buen plan para ell@s. 

Les toca mirar al cinco y poder estar en la cueva -¡qué bueno es el silencio para l@s sietes!-, estar con lo justo y vivir con lo mínimo (todo ello muy poco hedonista), es uno de los caminos de salvación de este eneatipo. La quietud y calma han de ser su gran salvación. El siete ha de ir a la virtud del cinco: la generosidad auténtica, que es justamente lo contrario de su pasión (la avaricia). Compartir desde lo genuino será muy sanador para este eneatipo tan narcisista y egoísta; pensar en el otro de verdad será señal de un gran crecimiento personal.

Serenidad y  templanza son palabras que deben tatuarse a fuego los sietes que quieren crecer. Como ejercicio básico, proponemos que se callen. Así como el nueve puede probar por un tiempo a decir a todo que no, el siete puede intentar no abrir la boca. Cualquier ejercicio que le saque de la charlatanería y de hacerse los listillos les sentará bien.  Dejar lo racional de lado y no irse por las ramas será su mejor medicina; les va bien bajar de la cabeza e irse a las sensaciones y al instinto. 

Les conviene estar, realmente, en ellos, en su aquí y ahora, para desde ahí, poder estar para el otro. La meditación les ayudará a aminorar su tendencia a proyectarse en el futuro con todo tipo de fantasías. Parar la mente, dejarse en paz y quitarse de en medio y centrarse en algo tan “simple” como respirar puede ser el vehículo perfecto para poder meditar y, desde ahí, encontrar la calma que tanto necesitan.

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2-13 NOVIEMBRE

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Texto redactado por   Haiki

Agnieszka Stepien y Lorenzo Barnó

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Nos puedes escribir a Haiki@haiki.es y serás el primero en enterarte de todos los detalles.
El refranero de los Sietes:

A mal tiempo, buena cara.

Gula y vanidad, crecen con la edad.

Ojos que no ven, corazón que no siente.

Mientras hay vida hay esperanza.

No necesita abuela.

Amor nuevo, olvida primero.

Corazón que no tiene placer, cagaos en él.

Más vale un rato de placer que ciento de pesar.

No hay tal placer como beber y comer.

La vida es breve, hay que disfrutarla tanto como podamos.

Quien parte y reparte se lleva la mejor parte.

Por la boca muere el pez.

Llenando la barriga, la pena se mitiga.

Tener más cara que espalda.

El primer vaso de vino, abre al segundo el camino.

Donde entra mucho vino, los vicios hacen camino.

Hecha la ley, hecha la trampa.

Ser el perejil de todas las salsas.

La alegría es don de Dios y bondad del corazón. (7 social)

(Post completo, aquí)

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¡Que lo disfrutes!!

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2 COMMENTS
  1. Avatar
    Montserrat Esteve Garcia

    Admiradora de Claudio Naranjo,descubrir HAIKI es una gran oportunidad para mi.

    1. Avatar
      admin

      Por aquí, otros admiradores del maestro!!

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