Haiki
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El eneatipo 6, el miedo.

Todos tenemos miedo. Bueno, algunos ochos quizás no. Y algunos cuatro sexuales también parecen que se saltan esta emoción, pero, en el fondo, también la sienten.

Los demás eneatipos, en mayor o menor medida, sienten el miedo. Pero hay un eneatipo que tiene pasión por el miedo: el seis. 

Si quieres saber más sobre este eneatipo y aclarar dudas sobre sus patrones de conducta, infancia y mucho más, estás en el sitio correcto. Vamos a ello.

Nota importante 1: Todo lo que leerás en este post está basado en nuestro aprendizaje leyendo los libros de Claudio Naranjo y asistiendo a los SATs. 
Para profundizar en el Eneagrama siempre recomendamos hacer la formación del SAT.
Nota importante 2:Lo que leerás a continuación es la descripción del eneatipo en un estado de neurosis avanzado. Lo normal es que nadie tenga todas estas sombras a tope y te puedas identificar de manera gradual con lo que aquí te contamos.

1 Características generales del eneatipo Seis

1.1 Rasgos de personalidad del eneatipo Seis

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Nuestros paisanos, Barricada, hicieron una estupenda canción llamada «Pasión por el ruido». En ella venían a cantar algo así: “De cuclillas en el sótano del paraíso / Harto de actuar como mero espectador”. Y la cabeza de un seis funciona más o menos así, es un eneatipo que tiene pasión por su ruido mental. Le da mil vueltas a las cosas y le cuesta actuar; la duda le corre y, por lo tanto, muchas veces vive la vida como un “mero espectador” en vez de coger las riendas y pasar a la acción. 

Como sus compañeros de tríada, los cincos y los sietes, con un eneatipo netamente racional.

En una partida de ajedrez, hay que estudiar la teoría para poder jugar (conocimiento),  tener un plan (estrategia) y resolver jugadas como, en un momento dado, dar un jaque mate (táctica). En este sentido, podríamos decir que el eneatipo cinco es quien estudiaría toda la teoría del ajedrez, pero le costaría pasar a la acción. El eneatipo seis es quien diseña la estrategia para que las piezas vayan coordinadas. Mientras que el eneatipo siete es quien resuelve, si puede ser de manera brillante, la táctica y da el jaque mate.

Para el eneatipo seis la razón es Dios y el mundo emocional les resulta opaco. De hecho, ponerse en juego desde el corazón, les genera mucha ansiedad.

Los cincos están más en lo mental, en lo abstracto; pero ellos, son los más racionales de los racionales. La forma de operar de su cerebro es desde un pensamiento concreto.

Los seises son víctimas de la duda constante y, desde ahí, en casos extremos, llegan a un estado de cierta paranoia. 

En cualquier caso, su verdadera pasión (psicológicamente hablando) es el miedo. Un miedo muy primario con el que se conecta muy rápido y que les puede llevar a la huída, a  la parálisis o a la reacción kamikaze.  

Desde ahí, viven en un constante estado de alerta. Su contacto permanente con el miedo, le lleva a usar el control como mecanismo de evitación de la angustia que el produce ver el mundo tal cual es. Un mundo que, en su «cabecita loca», ve lleno de peligros. Así, como es fácil imaginar, su entorno estará lleno de posibles enemigos y situaciones amanazantes. Verá muchos motivos para culpar al otro por lo que pasa. Si no tiene nadie a mano para ello, se culpará al él mismo; pero, la culpa tiene un papel protagonista en su día a día.

Cuando culpamos, seamos seis o no, lo único que hacemos es descargar la responsabilidad en el otro. Desde ahí, el seis no toma las riendas de su vida y se auto-responsabiliza de su propia realidad. En general, da demasiado poder sobre sí mismo a la gente que le rodea y, por ello,  la culpa le lleva al juicio y a tirar balones fuera.

A partir de aquí, el seis castigará, implícita o explícitamente, a quien le haya fallado o al él mismo si no ha sido capaz de llegar al objetivo marcado. Por tanto, acompaña su pasión por el miedo con sus fijaciones de la inseguridad en sí mismo (necesita mucho la aprobación del otro) y la acusación.

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Este miedo no es que sea malo en sí mismo; de hecho, desde un punto de vista evolutivo, el miedo ha sido clave para que hayamos llegado hasta aquí. El miedo nos protege y nos pone en guardia cuando hay un verdadero peligro. 

No conviene negar  el miedo; el truco está en darle la bienvenida y, a pesar de verlo, cuando toca, traspasarlo. El valiente no es el que no siente miedo; sino el que lo percibe y, aun así, ve la mejor forma de afrontarlo. 

De hecho, lo mismo que muchos cuatros tapan su envidia hablando de envidia sana, vemos que demasiados seises no reconocen abiertamente que sí tienen miedo. Hablan de que son personas muy prudentes o de que hace falta ser precavidos en la vida. Que más vale pájaro en mano que ciento volando. Miles de eufemismos antes que reconocer que «soy una persona cobarde que necesita un exceso de control para sentirme seguro». Si no reconocemos lo que nos pasa con claridad y naturalidad, no estaremos dando ni tan siquiera el primer paso para transformarnos. Negar nuestra sobra o, en su defecto, edulcorarla es una tentación que conviene evitar.

De hecho, el problema del eneatipo seis no es el miedo -común a todos los eneatipos-, el problema es el exceso de miedo que sienten y que les tiene en alerta constante. 

“No conoceré el miedo. El miedo mata la mente. El miedo es el pequeño mal que conduce a la destrucción total. Afrontaré mi miedo. Permitiré que pase sobre mí y a través de mí. Y cuando haya pasado, giraré mi ojo interior para escrutar su camino. Allí por donde mi miedo haya pasado, no quedará nada, sólo estaré yo”.
Frank Herbert

El eneatipo seis tiene un juez interno demasiado fuerte, sobre todo, como veremos en el caso del seis deber o social. Por ello, no se permite conectar con su placer y le cuesta mucho ser espontáneo. Cuando se suelta un poco, en seguida, le llega la culpa de que algo estará haciendo mal. Como también pasa con los unos, tienen el freno de mano echado y no se sienten dignos de estar el disfrute. Desde ahí, también hay un miedo a la intimidad, que hace que en el amor sean más reservados de la cuenta.

A su vez, no hay que olvidar que, normalmente, detrás del miedo está el deseo. Muchas veces, el seis no llega a saber lo que realmente desea, porque el miedo le nubla esa visión.

Mientras tanto, tienden a ponerse en el peor de los escenarios.

Al contrario que sus vecinos de triada, los sietes -alegres y un tanto despreocupados-, tienen tendencia al pesimismo.

El eneatipo seis suele ser una persona aparentemente muy estable, muy confiable y leal. Pero mucho ojo con esta lealtad que, de partida, puede parecer una fortaleza independiente del eneatipo que hablemos. Y es cierto que, por ejemplo, para un siete sexual desarrollar esta virtud será esencial. Para él siempre será algo positivo, pues viene de ir a su bola y querer brillar en exceso. Su narcisismo se ve compensado con la cualidad de la lealtad.

Pero, en muchas ocasiones, el seis se pasa de leal. Y esto le puede pasar tanto en un entorno laboral como en lo que son propiamente relaciones. Los seises pueden tener una lealtad tan grande por alguno de sus progenitores que les lleve a aguantar carros y caretas; desde aquí, se puede conectar con claridad con el mecanismo neurótico de los nueves del masoquismo. Tanto unos como otros son obedientes y soportan mucho más de lo que sería recomendable. Desde ahí, se perpetúan relaciones tóxicas en las que, en el fondo, nadie gana. Tan solo, se evita el conflicto o la posible ruptura de una relación; pero, no se toma la vida desde todo su potencial. Hay un miedo de fondo y aunque, con el tiempo, el eneatipo seis va dando pasitos en la mejora en este tipo de relaciones, casi siempre queda un poso de sumisión que le hace estar abajo.

Si esto ocurre por ejemplo, en la relación del chico seis con su mamá, a buen seguro que el peaje en su relación con su pareja está asegurado. Hace falta el coraje de arriesgarse a poner todo patas arriba para recobrar una cierta autonomía. Desde ahí, el seis sí podrá brillar y vivir su vida con mayúsculas.

Su mecanismo de defensa es la proyección

Ven en el otro lo que no quieren ver en ellos mismos y, por lo tanto, “el otro” siempre es alguien poco confiable. Alguien que les puede hacer daño, por lo que siempre estarán alerta. 

En el post del eneatipo cuatro veíamos que tendían a estar en el pasado y ahora vemos que a los seises les pasa lo contrario: están en futuro. 

Son los grandes escépticos del eneagrama. No se terminan de creer del todo casi nada.

Ama lo conocido y le asusta la incertidumbre en sí misma. Aunque, de partida, no haya un peligro evidente, el seis ya estará en posición de combate. 

Usarán su afinado sentido de la lógica para mantenerse estables; pero, hay veces que la vida les golpea con demasiada fuerza. Desde ahí, también pueden entrar en interminables teorías.

Toda elucubración será poca para mitigar sus inseguridades. Viven en una duda casi constante.

La duda y la culpa serán compañeras de viaje inseparables. Se exigen mucho a sí mismos, y si no llegan a cumplir sus expectativas, se castigarán fuerte. 

Miedo al miedo, mítica canción del grupo Los del rayo.

Mucha gente está ubicada en este eneatipo y en realidad es otro. La razón es que, en menor o mayor medida, todos tenemos inseguridades y todos sentimos miedo; así que, cuando alguien no tiene muy claro su eneatipo, tiende a ubicarse por aquí. Con ello, el eneatipo seis se convierte, muchas veces, en una especie de cajón de sastre del eneagrama.

A los miedosos les cuesta estar en el mundo y, aunque no tienen una cueva tan bien montada como los cincos, son personas más bien reservadas. Para relacionarse necesitan tener la situación controlada

Como los unos, son fanáticos del supuesto control; pero, como bien sabemos, controlar, controlamos poco. La vida nos va poniendo en nuestro sitio y a más necesidad de control, más vaivenes inesperados. 

De partida, no quieren novedades. Los experimentos los dejan para los sietes; ellos quieren las cosas de toda la vida. 

Si un seis va a comer, va a comer lo que ya sabe que le gusta; si va de viaje, mejor va a un lugar tranquilo y que conozca bien. En el caso de que le toque viajar a un lugar nuevo, la preparación previa del viaje será digna del mejor tour operador. Habrá rastreado internet de arriba abajo para recabar información y un mes antes ya tendrá un par de guías del país en su poder.

El seis no acepta lo que viene, no confía plenamente en la vida. Necesita saberse fuera de peligro; pero, para su desgracia,  siempre encontrará algo que amenace su paz.

Su idea loca tiene que ver con que “el mundo es un lugar inseguro y amenazador”, «confiar en el otro es imprudente», «la seguridad es lo más importante». Con todo ello, para relacionarse con el otro, procura hacerlo desde el conocimiento. Siempre tienen un plan B y si algo sale mal, serán muy rápidos en la reacción. A la mínima crítica el eneatipo seis se replegará. Tiene un miedo atroz a ser jugado.

Como los unos y los treses tienen pavor a cometer errores.

A diferencia de los sietes, que son más tácticos, los seises son mucho más estratégicos.

Aprenden bien y rápido, pero no tanto por el amor al conocimiento de los cincos, como por necesidad de que nos les pillen en un renuncio. A más conocimiento, más sensación de que todo irá bien.

En el amor, por supuesto, siguen buscando la tan ansiada seguridad.

El seis tendrá problemas con la libertad y los límites. Los suyos y los de su pareja. Pueden ser muy exigentes, posesivos y celosos.

Ponen el foco en las relaciones y se las toman muy en serio; pero, aunque sean muy fieles, en el fondo no hay una entrega auténtica.

El seis está desconectado de la emoción y le cuesta pararse a sentir. Así que, en esto del amor, el peaje por ser tan mental, suele ser demasiado caro. El susto que tienen en el cuerpo no les deja pasar a sentir desde el corazón.

Estar en el miedo es la antítesis de estar en el amor.

… se abren de improviso

Y quizás te estés preguntando “pero el miedo es una emoción, ¿no?”. Entonces… en qué quedamos ¿les cuesta o no les cuesta conectar con la emoción?

Para ser precisos, habría que decir que no conectan con las emocioneS. Con la emoción del miedo no es que no conecten, se enganchan a ella y no la sueltan. El problema está con el resto de emociones. 

Les cuesta sentir la rabia y ocupar su sitio. 

No son de lágrima fácil y lo de mostrarse vulnerables no va con ellos

Y, aunque pueden ser muy divertidos, lo normal es que estén demasiado ocupados en el deber como para darse al placer. 

En general, son muy rígidos.

Son muy amigos de sus amigos y no toleran la traición. Y el seis no es muy de perdonar; así que, si le has fallado a un seis, será muy difícil recuperar su confianza.

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El eneatipo seis ante la autoridad:

En el trabajo suelen ocupar puestos de confianza de la dirección. Cuesta verlos como jefes de operaciones (aunque lo pueden hacer con un poco de esfuerzo). 

Buscan la jerarquía y, en cierta medida, llevan bien la sumisión.

Por ello, muchas veces serán sumisos, pero no siempre. Por ejemplo, un seis sexual puede ser bien rebelde. En cualquier caso, lo que sí que tendrán siempre muy claro es quién es la autoridad.

En este sentido, Gonzalo Morán, apunta

“(…) Esta ambivalencia y desconfianza, esta falta de brújula interna, hace que los Seis vivan en un mar de incertidumbre, buscando una Autoridad, ya sea en la forma de una persona o de una institución, en quien poder confiar y quien los guíe. Los Seis suelen ser obedientes y cumplir las reglas al pie de la letra, esto les da una sensación de seguridad, como si ateniéndose a las reglas les otorgase una cierta inmunidad que lograra que nadie pudiera hacerles daño.

También, suelen ser acusadores con quien no las cumplen, como diciendo «Miren yo como cumplo las reglas y los demás no». Se aferran a la autoridad...hasta que esta les dé alguna prueba de que no es confiable y ahí, automáticamente, se transformaran en opositores.

El eneatipo seis en el trabajo:

El eneatipo seis tiene un «problema» con el trabajo. Al igual que sus queridos treses (siempre hay un vinculo muy especial entre estos dos eneatipos) son unos locos de lo suyo. Su conocimiento en el ámbito laboral es brutal y su miedo a fallar, les hace especialmente eficientes. Vamos que son un chollo para sus jefes. Gente currante, disciplinada, entregada en el trabajo y encima leales. Eso sí, todo esto que no suena mal, si se lleva al extremo, como ellos lo llevan, les convierte en adictos a algo que no es, o no debiera ser, lo único importante en la vida.

El propio Alexander Lowen (eneatipo seis) -junto a Reich padre de la Bionergética-, relata en su libro «El amor, el sexo y la salud del corazón»:

«(….) Me convertí en un cardiólogo técnico y agresivo muy preparado y tenía una extrema seguridad en lo que estaba haciendo. Me hice adicto al trabajo. La pasión de mi vida era mi oficio, pues me había dado un lugar en el universo. Sin embargo, al cabo de poco, en medio de este éxito, sentí que me consumía. Sostenía una lucha interna para lograr y realizar cosas a expensas de mis sentimientos. Aunque no lo reconocía, era un esclavo. Negaba mi fatiga y mi dolor, cosa que había hecho en mi adolescencia para demostrarme a mí mismo que era un buen estudiante y un buen atleta. En esa búsqueda de logros, ¿estaba buscando realmente aprobación y amor? ¿Trataba de demostrarme a mí mismo que era digno de amor? Había arrastrado esta necesidad durante toda mi vida y la veía una y otra vez en muchos de mis pacientes. Muchos perseguían esta necesidad hasta llegar a la enfermedad cardíaca y la muerte.

El desafío que entonces me lancé a mí mismo era el de alterar esta auto-destructiva pauta de conducta. En realidad, la conciencia y el reconocimiento de que yo poseía este comportamiento fueron iluminadores, por cuanto fue esta conciencia la que me dio fuerzas para encontrar una alternativa curativa.»

Como vemos en Lowen, salirse de esta adictiva rueda laboral no es sencillo, pero es clave para que los seises puedan, realmente, volar en esta vida.

Cabe notar que los Seis se manejan con la llamada «LEY DEL GALLINERO»: son sumisos con los que tienen arriba y déspotas con los que tienen debajo de ellos.

Según Claudio Naranjo, muchos 6 son «lame botas» (chupamedias, bah!).

(ver post)

Como vemos, que sean buenos segundos de abordo no significa que den la autoridad a cualquiera; si alguien está por encima suya, se lo habrá tenido que ganar a pulso. En el caso de no ser así, pueden pasarlo muy mal, pues quizás no se atrevan a tomar ellos el poder, pero verán claramente todos los defectos de un mal jefe.

También, con razón o sin razón, sienten como desde arriba se les intenta manipular. Pero, esto puede ser tan sólo una proyección.

Como bien dice Claudio Naranjo

“(…) el seis es la típica de la persona que se mueve según términos jerárquicos, con un implícito miedo a no cumplir con su deber o con lo que requiere un cierto código, ideología o fe. Es el individuo al que suele llamarse true-believer, el fanático. En tanto que los otros dudan, éste se protege contra la duda —un Quijote, a quien los «Sanchos» en particular llaman la atención por lo que, desde su punto de vista, es rematada locura.

El miedo a equivocarse, que en el tímido se manifiesta como excesiva sumisión, evasión de la responsabilidad de decidir, vacilación y excesiva cautela, y que en el fuerte — contrafóbico— se manifiesta en agresividad, lleva aquí a una obsesiva devoción por los ideales grandiosos.” 

Con todo ello, se sienten más cómodos en un papel secundario, un lugar en el que son valorados por su lealtad y porque siempre hacen las cosas de manera correcta

Quizás no serán tan brillantes como un siete, ni tan creativos como un cuatro; pero, pueden competir en eficiencia con el mejor de los tres o con uno hiperperfeccionista.

De hecho, si se descuidan, pueden tener cierta adicción al trabajo. 

Les suele faltar dejarse llevar, soñar un poco e imaginarse en nuevos escenarios laborales donde poder ser más útiles al mundo.


La seguridad en el eneatipo seis:

Con el dinero, al igual que los treses conservación, tendrá una relación de búsqueda de seguridad; es decir, aunque en su vida no haya tenido sueldos demasiado altos, se las habrá arreglado para tener un buena cantidad acumulada en el banco

Son como hormiguitas ahorradoras.

Eso sí, lo de invertir ya no lo verá tan claro a no ser que sea algo a tiro hecho. Si hay riesgo no querrá saber nada.

Curiosamente, a pesar de convivir con la ambivalencia, muchas veces, son percibidos como gente muy estable. Venden la seguridad que, en el fondo, no tienen.

Suelen estar un poco apagados y  les falta cierta pasión por la vida. 

Se sienten cobardes y acaban aburridos de sus propios devaneos mentales. Su cabeza no para de funcionar ni por un momento y esto, a ciertos niveles, tiene una parte práctica muy útil, pero les termina agotando.

Como algunas cuatros, pueden ser bastante tímidos y vergonzosos.

Se complementan muy bien con la triada de la emoción. Ellos les ayudan a poner un poco de orden en su agitado mundo emocional y ellas les sacarán de su cabeza para ayudarles a bajar al cuerpo y contactar con sus sentimientos. Es un win win en toda regla.

El eneatipo 6 frente al mundo.

Esta es una sección que desarrollamos en nuestro curso del Eneagrama de las relaciones. Si quieres saber más puedes echar un ojo por aquí.

Y si quieres un ejemplo de cómo lo hacemos, te puedes ir al eneatipo 2 (ver aquí) y ahí vas a encontrar un vídeo que te puede gustar mucho.

Testimonio del eneatipo seis:

«Nací en un pueblo pequeño y mi infancia la recuerdo en un contacto permanente con la naturaleza . Aun hoy, si un fin de semana no vuelvo al pueblo, es como si me faltara algo. Mis padres trabajaban de sol a sol en el campo y además tenían una carnicería que llevaban con más familia. Los recuerdo siempre preocupados. Mi madre caía cada tanto enferma; así que, desde muy pequeño, aprendí a no molestar. No tenía a quién reclamar nada pues las atenciones eran las justas. Mi hermano era bastante violento; nos queríamos mucho, pero no era fácil la convivencia. Yo era el pequeño y se puede decir que si no recibía un torta de mamá, me caía una bronca de papá. En el colegio tenía amigos y sacaba buenas notas. Jugaba en el equipo de fútbol y en la adolescencia tuve muchos problemas por una timidez excesiva. Lo pasaba fatal y me moría de vergüenza. Cada vez que un profesor me hacía salir a la pizarra me ponía rojo como un tomate y el corazón parecía que me fuera a explotar. Durante muchos años esta sensación me acompañó y me limitaba mucho. Me gustaba leer, jugar a videojuegos y, sobre todo, estar con los amigos. Si había algún problema en el grupo me replegaba. Me costaba mucho encarar cualquier tipo de conflicto. 

Cuando tuve que elegir carrera, me pudo el miedo y busqué la seguridad de una carrera con futuro. Estudié Económicas y me fue bien, pero yo quería haber estudiado algo mucho más «humano». Por suerte, nunca es tarde y ahora estoy terminando Psicología a distancia.  Tuve varias novias durante la carrera y lo pasaba fatal cuando la relación terminaba. Siempre me decían que era muy frío y que no me entregaba. Y es cierto, durante estos años tuve una tremenda desconfianza en el mundo. No sentía que podía abrirme de verdad. Siempre había un límite. Si la otra persona quería saber demasiado de mí, yo me sentía invadido. 

Por suerte, más adelante, haciendo la formación de Gestalt, conocí a la que hoy es mi mujer. No ha sido una relación fácil; pero, vamos de la mano aprendiendo y mejorando. Ella es muy intensa y demandante y, eso mismo, me da mucha vida y, a la vez, me cuesta bastante.  Hace seis años tuvimos nuestro primer hijo, mientras yo todavía trabajaba en el banco. Fueron dos años muy difíciles. Yo estuve muy ausente y mi mujer estuvo a punto de dejarme. Luego nació nuestro segundo hijo y, al poco, el primero enfermó gravemente. Fueron meses durísimos. Casi lo perdemos. No he vivido nunca tanto dolor. Y tampoco tanta alegría como cuando se fue recuperando. Durante este tiempo, pedí excedencia en el banco y me entregué en cuerpo y alma a la familia. La vida me dio este regalo envenenado. Gracias a ello, pude aprender a valorar lo importante y decidí no volver al banco.  Ahora vivimos más humildemente, pero tengo todo el tiempo para mí y para mi familia. Además, he hecho muchas formaciones del mundo de crecimiento personal y ya estoy comenzando a trazar mi futuro profesional por estos nuevos mundos. Es toda una aventura, pero no me faltan ganas e ilusión. También, es cierto que ,echo de menos la seguridad del banco, pero, la incertidumbre no me para. Sé que no será fácil y no descarto tener que volver a un trabajo fijo, pero ahora tengo la energía puesta en intentarlo.  Mi mujer me apoya y tengo fe en que puedo ayudar a otras personas a aprender a vivir mejor. Quizás no tengan que sufrir tanto como he sufrido yo para llegar a conocerme un poco.»

Miguel E. M.


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1.2 infancia de los seises.

Su herida de infancia tiene que ver con la injusticia, pero también con una falta de confianza en sí mismos.

Les faltó una guía clara para desarrollarse en toda su esencia y no tuvieron figuras paternas demasiado cariñosas. 

Como los niños unos, crecieron con progenitores (por lo menos uno de ellos) demasiado severos y estrictos.

Fueron niños muy obedientes, que no daban guerra y, en general, buenos estudiantes. 

Seguramente, han conocido el castigo demasiado a menudo. No son valorados tanto por sus logros, sino por su forma de comportarse.

Cuando el niño seis no se comporta como el progenitor quiere, recibe la represalia y así, poco a poco, va aprendiendo que es “mejor” actuar cómo se espera de él, en vez de como él siente. 

El juego castigo/premio ha estado a la orden del día en su infancia

Todo esto no deja de ser una manipulación muy peligrosa.

Recuerda un tanto a la infancia de algunos treses, pero sin la pasión de estos por lograr resultados. 

Tuvieron una infancia un tanto gris, en la que la duda ya operaba a sus anchas. Además, pudieron contactar desde bien pequeños con el sentimiento de inseguridad.

 

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1.3 El eneatipo seis en la bioenergética.

Es un carácter que suele coincidir con el carácter psicopático de bioenergética. Aunque algunos autores hablan de una correlación directa, nosotros hemos visto seises de todos los pelajes.

Quizás no esquizoides, pero sí algún oral (estamos pensando en un magnífico y querido terapeuta), ciertamente bastantes psicopáticos, algunos masoquistas puede haber, y muchos rígidos. Quizás más rígidos obsesivos.

Es como si tuvieran el susto metido en el cuerpo y su mirada es muy esquiva. 

En el subtipo seis sexual se puede encontrar una especie de rígidos con tremenda coraza pectoral. No son psicopáticos, pero tampoco rígidos clásicos.

Si quieres profundizar en la relación entre el eneatipo seis y el carácter psicopático, puedes echar un ojo a este post.

Más sobre los caracteres de la bioenergética por aquí.

Pasión (tendencia emocional): Miedo (duda) / cobardía (paranoia).
Fijación (pauta fija de pensamiento): búsqueda  de seguridad / Acusación 
Mecanismo de defensa: Proyección / Idealiza la lealtad.

2 Los subtipos del eneatipo seis

El seis social y seis conservación son muy diferentes del seis sexual. De hecho, el seis sexual, que termina siendo el contra-número, pareciera que no tiene miedo. Todos ellos venden seguridad siendo personas, de partida, de naturaleza insegura.  El seis sexual o seis contrafóbico lleva esta característica al extremo. 

En general, los «no sexuales» necesitan más aprobación para pasar a la acción, mientras el sexual pasa al ataque en un pis pas.

2.1 El seis Social:

El seis social o “seis deber” es el perfecto soldado. Es muy disciplinado y obediente. Necesita claridad y, por lo tanto, odia la ambigüedad. Si tienen claro dónde está el norte y cuáles son los pasos a seguir, se sentirán tranquilos. Tiene un alto sentido moral y hará lo que tiene que hacer cuando tenga que hacerlo. Para ellos es muy importante tener claro qué esta bien y qué esta mal. Si no lo saben ellos, necesitan una persona que se lo confirme.

En esto se parecen y se diferencian del eneatipo uno. El uno también necesita hacer las cosa «bien», pero no busca una confirmación externa; ellos saben lo que es lo correcto. Ambos, el seis social y el uno, son gente muy precisa. Desde aquí, también podemos hablar de su tendencia a la eficiencia, lo cual les emparenta con el eneatipo tres. También, el uno y el seis social comparten tendencia a la represión de los instintos; es decir, aunque muchos eneatipos están bastante castrados, en estos se ve con más claridad. Es como si el animal interior estuviera bajo siete llaves.  Desde ahí, corren el peligro de olvidar su parte más carnal y que esto mismo les pueda jugar malas pasadas. Tomos los seres  humanos tienen necesidades concretas, también de los más mundanas, y negarlas no hace bien. Si se olvidan de esta parte, pero no por ello deja de estar presente. Por todo ello, desde fuera, pueden parecer similares, pero el seis social no dejará de ser un buen soldado y el uno tiene una autonomía interna que le hace obedecer su propio criterio.

Los seis sociales son buenos cumpliendo las normas y les gusta que el resto también las cumpla. Si no lo hacen, serán críticos con ellos. Y si pueden castigar al que las incumple, mejor que mejor. Necesitan la claridad de las reglas. Si les toca mandar y están un poco descentrados pueden resultar un tanto tiranos.

Defiende a muerte la ideología del grupo.

Son fríos (insensibles) y calculadores. Cortan su parte instintiva por el miedo a entrar en relación y que, desde ahí, surja un vínculo que les haga mostrar su parte más tierna. Con tanto control y su afán por que las cosas no se desmadren,  acumulan mucha tensión.

Pueden contactar ligeramente con la rabia, pero son muy correctos y se la tragan con patatas.

Claudio Naranjo habla de que este subtipo tiene un carácter prusiano.

Por todo ello, el seis social necesita perder el control, salirse de la norma y, sobre todo, contactar con su olvidada intuición. Desde ahí, dejarán de ser obedientes robots desconectados de su cuerpo y emoción. Siguiendo esta idea de progreso del subtipo, el terapeuta y discípulo de Claudio Naranjo, Gerardo Ortiz, sentencia: «No he dejado de sentir ansiedad, pero ya no es una experiencia que me atrapa y se posesiona de mí. Ahora, es más ligera y esporádica en su presentación y, la mayoría de las veces, controlable.

Estoy aprendiendo a ser paciente y a no enojarme cuando las cosas no salen como pretendo o no tengo el control sobre ellas. De igual manera, he incorporado la flexibilidad a mi repertorio conductual y a mi cuerpo a través de la danza y la expresión corporal, lo cual me ayuda a no obsesionarme en pretender que todo tiene que hacerse bajo mis códigos o puntos de vista. También, he conseguido disminuir significativamente el enjuiciar — ese deporte o pasatiempo preferido que nos atrapa a las personas del seis social— , reconociendo también que este aspecto está íntimamente entrelazado con la autoestima, pues cada vez que hacía un juicio, indirectamente estaba manifestando con soberbia que las personas a quienes sentaba en el banquillo de los acusados eran inferiores a mí.»*

2.2 El seis Sexual:

El seis sexual o contrafóbico es el contra seis.  Funciona en dirección contraría al miedo. Se podría relacionar esta aparente ausencia de miedo con la fuerza y, del mismo modo, el contacto con el miedo del conservación con cierta debilidad. Ambas apreciaciones, evidentemente, son sólo eso acercamientos a la comprensión de los subtipos. 

Suelen intimidar para no ser atacados y presentan una imagen chulesca y prepotente.  Lo de la mejor defensa en un buen ataque lo llevan al extremo. Incluso tienen un tono de voz muy contundente. En este sentido, quien fuera una de las manos derechas de Claudio Naranjo, Grazia Cecchini, apunta: «En los contrafóbicos, la fuerza se cultiva a menudo a nivel físico (casi todos han dedicado tiempo a deportes o experiencias físicas que servían para sentirse fuertes muscularmente). Otro rasgo es el de la fuerza como resistencia a la fatiga, a la represión, a la humillación y al dolor mismo. Este aspecto lo hace asemejar a un E4 conservación. La diferencia es que el E6 sexual cultiva la fuerza como ilusión para sostener el ataque del otro y el miedo. No obstante, para que se produzca una transformación es necesario llegar a niveles más profundos: reconocer la fuerza como una identidad sustitutiva que colma la profunda sensación de no ser dignos y que está puesta al servicio de no sentir necesidad del otro. «Si soy fuerte no caeré en la relación y no me van a herir». «Si soy fuerte, puedo existir, ya sea que tú/el otro esté en relación conmigo (porque sabré defenderme), ya sea que tú/el otro me abandone». La ilusión neurótica de la fuerza está directamente conectada con la ilusión de independencia e incolumidad, y también con el rasgo narcisista de la megalomanía.«

Mucha gente de este subtipo (¡y hay muchos más de lo que pudiera parecer!) tardan en ubicarse en el seis porque para ellos el miedo no es tan evidente. No reaccionan desde la parálisis. Si huelen el miedo van a por él. Para ellos, no hay situación peligrosa, reaccionan desde una especie de impulso y se suelen meter en líos importantes.

Es más, aunque lleguen a sentir el miedo, les costará mucho reconocerlo en público.

Así, no les cuesta pasar a la acción como al resto de seises. Tienden a querer impresionar al otro con lo que van haciendo.

A veces, no parecen mentales y se les puede confundir con un ocho o con un cuatro sexual. Físicamente son muy potentes, aunque también hemos conocido a chicas seis sexuales más menuditas, pero con una energía importante.

Ellos, a diferencia de los otros subtipos, sí contactan con la rabia y la sacan fuera.

Nuestro compañero satero, Jordi Pons (seis sexual) en este mismo blog, comentaba,

“(…) en el Eneagrama me hubiese sido difícil entender y reconocer mi miedo y la tendencia a responder a este de forma contrafóbica. Desde mi neura, percibo una cierta sensación amenazante de lo incontrolable, de las personas y del mundo en general. Definiría este miedo como la tendencia a percibir de forma crónica una cierta sensación de amenaza en el día a día. Una amenaza que puede no tener forma ni nombre, es algo paranoico. Yo lo resumiría diciendo que es una percepción que invita a tener una actitud defensiva (o contrafóbica). Básicamente, es repetir de forma continua el patrón que se construyó en la infancia, aunque ya no exista la amenaza.”*

(ver post)

2.3 El seis conservación:

Los seis conservación o seis calor, son el subtipo más blandito. A diferencia del social no necesita tanta norma y puede relajarse un poco. No es tan tajante con la idea de bien y mal y puede navegar con comodidad en la escala de grises que separa el blanco del negro. A veces, son como osos de peluche y pueden llegar a tener un punto casi casi emocional. 

Son gente muy confiable y que da gusto estar con ellos. Eso sí, les falta un poco de impulso en la vida para mostrarse desde todo el potencial que tienen. Por ello, les falta cierta dirección y eso les lleva a dar más rodeos de los necearios.

Tienen tendencia a buscar protección en los demás. La autoridad es para ellos muy importante. Por ello, la localizan y si es de su confianza, estarán en calma bajo su paraguas. Así, al contrario que un seis sexual, les costará mucho desafiar a quien está por encima de ellos e incluso a quien está a su par. Con todo ello son los reyes de las alianzas. Desde estos vínculos sentirán que el otro les respeta y sobre todo no serán atacados por la gente que está en su entorno cercano. Hacer alianzas pudiera parece que no tiene nada de «malo»; sin embargo, en el caso de nuestros protagonistas, el problema es el exceso de alianzas y, sobre todo, la razón por las que las buscan: en el fondo, no confían en el otro. En este sentido, la terapeuta y asidua colaboradora de Claudio Naranjo en los SATs, Betina Waissman comenta: «He oído a muchos seis conservación nombrar la búsqueda e importancia de la seguridad externa. Pienso que este asunto se vuelve compulsivo porque no creemos que esa seguridad pueda ser alcanzada: un piso se puede quemar, el dinero se puede robar, el destino no es seguro, nada es seguro, nadie sabe el futuro… Aun así, hay un intento constante de asegurarse, prever por si acaso; tantas veces invirtiendo energía en crear una seguridad en la cual no terminamos de confiar. Esta tendencia muchas veces aparece en lo material, incluso en lo más cotidiano y banal. Más de una vez me he contenido la tentación de comprar dos de algo que necesito o me gusta por si se acaba, se gasta o se rompe. En mis bolsos y maletas siempre llevo de todo por si lo puedo llegar a necesitar, no me gusta pedir ni depender del otro. (…) Una idea loca que alimenta el comportamiento neurótico es: «si tengo amigos, gente que me quiere y a quien yo quiero, estoy protegida». Si me pasa algo, alguien me dará una mano, tendré donde agarrarme. Por otro lado, hay una falta de confianza en el amor. Yo no creía que me pudieran querer de verdad y mucho menos que me pudieran proteger. La niña en mí no entendía por qué mis padres, que me querían tanto, no me habían defendido de los malos tratos de la cuidadora. Mi fantasía era que los amigos se olvidarían de mí, que no me verían. Por lo tanto, era importante tener muchos amigos y cuidar los vínculos.»*

Con todo ello, el seis cuida mucho estos vínculos y procura tener bien referenciadas las personas que, en un momento dado, pueden protegerles.

Pueden haberse quedado un poco infantilizados y, desde ahí, demasiado apegados al control.

*Extracto del libro 27 personajes en busca del ser de Claudio Naranjo.

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3 ¿Cuál es el camino de sanación del seis?

El seis es un eneatipo que, de partida, ya cae bien. No se suele meter en grandes líos y la gente quiere un seis en sus vidas. Eso sí, cuando el seis se va centrando y, con el proceso de crecimiento personal, va cogiendo las riendas de la vida, se convierte en una persona sorprendente.

Es como si un nuevo brillo pudiera aparecer donde antes había un gris tristón.

Vivir en el aquí y ahora es clave para los seises.

Les viene como Dios cuando son capaces de soltarse un poco y conectar con el cuerpo. Muchas veces, les vemos evolucionando a pasos de gigante en sesiones de movimiento consciente como 5 Ritmos o Río abierto.

Todo lo que les haga parar su mente será bien recibido; así que, si se apuntan a clases de yoga o meditación, mejor que mejor.

Del eneatipo nueve puede integrar su capacidad de mediación, que es una virtud maravillosa. Un seis bien plantado, con toda su sabiduría en juego, podrá ser el engranaje perfecto para desatascar cualquier situación o conflicto. 

Cuando el seis mira al tres, puede pillar energía extra para despuntar en lo laboral y pasar de la segunda fila a dar un paso al frente y ofrecer al mundo todo lo que sabe.

Por supuesto que también será un buen plan incorporar el potencial emocional del eneatipo tres y dejarse tocar desde el corazón.

En fin, que la sanación del seis no pasa por ser todavía más obediente o acumular más contenido en sus cabezas, sino que le toca pasar a la acción y abrirse al corazón. 

Un buen plan para cualquiera, pero perfecto para nuestros amigos seis.

Vivir con miedo, eso es estorbar / yo vivo la vida Con más vigor

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El refranero de los seises:

El miedo es libre

En caso de duda, no determines, cosa alguna.

El miedo guarda la viña.

Antes de hacer nada, consúltalo con la almohada.

Más vale prevenir que curar.

En calma el mar no creas, por sereno que lo veas

Al miedo no hay que vencerlo, sino convencerlo.

Cuando hay lealtad y franqueza, las cartas sobre la mesa.

La duda es la llave del conocimiento.

Arrimarse al sol que más calienta.

Temblar como un flan.

No fiarse ni de su sombra.

El cementerio está lleno de valientes.

Soldado que huye sirve para otra guerra.

Más vale malo conocido que bueno por conocer.

Quien da primero, da dos veces. (6 sexual-contrafófico)

La mejor defensa es un buen ataque. (6 sexual-contrafófico)

La gente miedosa es más peligrosa.  (6 sexual-contrafófico)

Con la audacia se cubren grandes miedos. (6 sexual-contrafófico)

Después de cumplir el deber, el descanso es un placer. (6 social)

(Post completo, aquí)

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Texto redactado por   Haiki

Agnieszka Stepien y Lorenzo Barnó

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