Haiki
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Relación entre los eneatipos del eneagrama.

En muchos sitios web vemos que se insiste en que cada eneatipo tiene alas y que se centran en un eneatipo y se descentran en otro. Claudio Naranjo no lo explicaba así. El tema de las alas no lo mentaba e insistía en que cada eneatipo puede pillar lo mejor y lo peor de los eneatipos que se relaciona a través del dibujo del propio símbolo del eneagrama.

Por ello, y a pesar de que si nos sigues desde hace tiempo sabrás que nos gusta entender muy bien cada eneatipo desde su propia sombra (ver post); es decir, darnos un paseo por el infierno antes de llegar al cielo, hoy nos centramos en entender qué le sienta bien a cada eneatipo para tener una vida más plena y consciente.

Así que, si te parece bien damos un repaso a todo ello. ¿Nos acompañas?

TRIADA EMOCIÓN

El eneatipo dos, el orgullo.

El camino de salvación del eneatipo dos pasa por integrar lo mejor del ocho y del cuatro. 

Muchas veces, vemos al ocho como un ser tosco y prepotente que lleva el orgullo de los doses a su máxima esencia. Pero, evidentemente, esto no es cierto, o no lo es siempre. Las doses pueden aprender de los ochos mucho de autonomía. En este caso la autonomía de no necesitar estar siempre en la conquista y estar plenamente satisfechas con ellas mismas. A partir de ahí, ya no entran en el amor desde la necesidad.

Por otro lado, de quien pueden aprender mucho es de las cuatros. En principio suele haber un pique entre ambos subtipos. Las doses ven a las cuatro como unas quejicas que están siempre en la envidia. Sin embargo, cuando la dos se baja del pedestal y se muestra también con sus miserias es cuando da un paso de gigante para poder relacionarse con el otro. Además, el antídoto perfecto para el orgullo es la humildad y las cuatro si algo tienen es eso: un saber estar en el mundo sin necesidad de pisar al otro. 

Por aquí va el camino de sanación de eneatipo dos. Un eneatipo con un potencial enorme, siempre y cuando abandone su prepotencia inicial y se convierta en uno / una más. Decir adiós al narcisismo no es fácil, pero siempre es un buen plan para eneatipos como el siete, el ocho, el tres y, por supuesto, el dos.

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El eneatipo tres, la vanidad

El tres es muy de admirar. Evidentemente, no admira a todo el mundo, pero sí que el tipo de amor admirativo se le da bien. Tienen tendencia a idealizar. 

Eso sí, suelen admirar a gente que ellos reconocen que tiene un valor muy grande; algo que ellos añoran o gente que es un referente claro. 

Sin embargo, les cuesta mucho estar en el amor admirativo al común de los mortales. Esto explica su dificultad para encontrar el amor, no solo en pareja, sino el amor por la vida en general.

Con el amor erótico suelen tener una relación tempestuosa. Hay treses que sí se sienten libres y pueden darse al placer del encuentro con facilidad. Otros no tanto y se sienten muy castrados. Hay una sensación de que algo está haciendo mal cuando se deja fluir en lo erótico. La culpa suele ser una compañera de viaje que conviene darle el boleto de vuelta cuanto antes.

Los treses forman parte del triángulo central del eneagrama y se relacionan con el seis (miedo) y con el nueve (pereza de sí mismos).

El eneatipo tres puede ir a por lo mejor del nueve. Cuando el nueve está centrado, pasa de ser una persona que no se cuida ni a sí mismo a ser el mejor mediador del eneagrama. Esta cualidad tiene que ver con el dejar de hacer -que tanto le gusta al tres- parar y desde ahí ponerse en la piel del otro, no desde la confluencia, sino desde la empatía. 

Por otro lado, pueden integrar lo mejor del seis e intentar ser personas más auténticamente amigables.

Sentirse parte del grupo como uno más es algo muy gustoso que se consigue cuando el tres ha recorrido buena parte del camino. 

Cuando el seis tiene un recorrido en esto del crecimiento personal contacta con la valentía y es el eneatipo más leal que existe. Esto les viene a los treses como anillo al dedo. Dejar el control e ir a por lo que realmente les motiva en la vida, con una valentía segura, es lo que les dará un aplomo nuevo. 

La creatividad y el arte también serán un gran camino de crecimiento del tres. Si, además, son capaces de hacerlo sin exigencia ya será una maravilla. 

Cuando el tres es capaz de darle la vuelta a la tortilla y asumir que hay un cambio de paradigma en el que el ser es más importante que el tener o hacer, todo se vuelve más natural y se pueden producir relaciones más sanas.

Lo que más claramente salva al eneatipo tres, es la meditación y parar con todo. Parar de pensar, parar de hacer; estar en la calma del no hacer. Desde ahí, sólo pueden pasar cosas maravillosas.

En fin, que el camino de cualquier número, pero especialmente del eneatipo tres, pasa por ir directos al corazón  y contactar con su parte más tierna y cariñosa.

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El eneatipo cuatro, la envidia

Cuando la cuatro es capaz de mirar a la dos con tranquilidad, puede ver en ella muchas de las cosas que le faltan. Integrar ese “orgullo dos” en el maltrecho mundo emocional cuatro es clave para abandonar su falsa humildad. Desde ahí la cuatro ya no estará tanto en la carencia y podrá presentarse al mundo de igual a igual.

Es muy importante que el eneatipo cuatro tome consciencia de cómo él mismo se engaña con su visión negativa del mundo y de él mismo. Cuando es capaz de reciclar esta mirada, ha dado un paso de gigante.

Del uno también podrán integrar su capacidad de acción sin dejarse llevar por la emoción desmedida. El enatipo uno sano tiene claridad y sabe a dónde va.

De esto pueden aprender mucho la cuatros: claridad y acción concreta.

Desde ahí, pueden llegar a la ecuanimidad; es decir, discernir entre el negro y el blanco y aprender a navegar por gamas de grises que quizás no sean tan intensas pero son más reales.

Con todo ello, sí que las cuatro podrán conectar con una humildad real, poner en juego su inmensa capacidad de amar, brillar desde sus grandes dotes creativas -sensibilidad por la belleza- o poner la empatía al servicio del otro. 

Necesitan de la serenidad para dejar, por fin, de compararse. Desde ahí podrán, con el tiempo, valorar lo que tienen sin tener que buscar siempre más.

Esta sociedad tan racional que hemos construido necesita urgentemente una dosis extra de humanidad y corazón y esto nos lo puede dar nuestra querida triada emocional y, en especial, el eneatipo cuatro. ¡Claro que sí!

No todos los eneatipos tienen un potencial así y cuando vemos a las cuatros centradas, después de haber recorrido parte de este camino de crecimiento personal, parecen que nos las han cambiado (para bien, para mucho mejor).

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TRIADA RAZÓN

El eneatipo cinco, la avaricia.

Como veíamos con los treses, el camino de sanación del cinco pasa por bajar al corazón y dedicarse tiempo para estar en el amor.

También pueden llevar al extremo su facilidad para la meditación y, desde ahí, llegar a mundos espirituales muy ricos.

Muchas veces, han vivido desconectados de su cuerpo y volver a cuidarlo será un gran plan. Tan sólo ponerse a hacer deporte y cuidar la alimentación, muchas veces, ya es toda una hazaña.

Si son capaces de cambiar su ansiada avaricia por el desapego, nos encontraremos con ese ser luminoso que el mundo necesita cada vez más. Por eso al cinco le sienta muy bien ponerse en la generosidad, aunque, como la de los doses, sea falsa. Tan sólo hacer el ejercicio de dar sin esperar nada a cambio ya es un paso de gigante.

Aunque les cuesta mirar al ocho, cuando lo hacen, pueden pillar de ellos esta energía y rapidez que tienen. Así, pueden poner su mundo intuitivo en juego y ser mucho más claros con lo que quieren (y no quieren) en su vida.

Desde ahí podrán expresarse con más vehemencia e incluso contactar con la rabia.

Por otro lado, el cinco ha de mirar al siete, aunque sólo sea por compensar. De ellos, podrán aprender a estar más hacia fuera y ponerse en juego desde una parte más divertida y juguetona. De hecho, en el proceso SAT se termina viendo a muchos cincos que por momentos parecen sietes. Luego, se les pasa, pero ese rato de “sietear” es muy sano para ellos.

Entrar en contacto con el placer (más allá del placer intelectual) es un buen camino para los cincos.

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El eneatipo seis, el miedo.

El seis es un eneatipo que, de partida, ya cae bien. No se suele meter en grandes líos y la gente quiere un seis en sus vidas. Eso sí, cuando el seis se va centrando y, con el proceso de crecimiento personal, va cogiendo las riendas de la vida, se convierte en una persona sorprendente.

Es como si un nuevo brillo pudiera aparecer donde antes había un gris tristón.

Vivir en el aquí y ahora es clave para los seises.

Les viene como Dios cuando son capaces de soltarse un poco y conectar con el cuerpo. Muchas veces, les vemos evolucionando a pasos de gigante en sesiones de movimiento consciente como 5 Ritmos o Río abierto.

Todo lo que les haga parar su mente será bien recibido; así que, si se apuntan a clases de yoga o meditación, mejor que mejor.

Del eneatipo nueve puede integrar su capacidad de mediación, que es una virtud maravillosa. Un seis bien plantado, con toda su sabiduría en juego, podrá ser el engranaje perfecto para desatascar cualquier situación o conflicto. 

Cuando el seis mira al tres, puede pillar energía extra para despuntar en lo laboral y pasar de la segunda fila a dar un paso al frente y ofrecer al mundo todo lo que sabe.

Por supuesto que también será un buen plan incorporar el potencial emocional del eneatipo tres y dejarse tocar desde el corazón.

En fin, que la sanación del seis no pasa por ser todavía más obediente o acumular más contenido en sus cabezas, sino que le toca pasar a la acción y abrirse al corazón. 

Un buen plan para cualquiera, pero perfecto para nuestros amigos seis.

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El eneatipo siete, la gula.

Los sietes necesitan tocar fondo, contactar con lo desagradable y mostrar su parte fea. Lo que a ellos les avergüenza es lo que han de enseñar al mundo; solo desde ahí se les puede realmente querer (en esa nueva realidad ya no hay trampa ni cartón). Necesita saber encarar la realidad, enfrentarse al dolor y, si hay que confrontar, pues confrontar, les hará crecer.  Si el siete es capaz de mantenerse en el conflicto, aunque no sea fácil para él, y hablar de lo que le está pasando; de lo que está sintiendo, será una gran victoria para tod@s. La actitud auténtica para el siete será plantarse ante alguien sin simular nada y decir las cosas tal cual las piensan y sienten.

Del eneatipo uno han de aprender la constancia y disciplina. El uno se enfoca de maravilla, tiene un objetivo y va directo a conseguirlo, mientras que el siete se dispersa con facilidad. Todo lo que sea escapar de la multitarea es clave para bajar su nivel de excitación constante. Su nuevo mantra debería ser: “las cosas de una en una y hasta que no terminen una no paso a la siguiente”. Así, evitar la voracidad de todo tipo, olvidarse del mundo de la excitación constante y quedarse con lo más íntimo, simple y profundo, es un buen plan para ell@s. 

Les toca mirar al cinco y poder estar en la cueva -¡qué bueno es el silencio para l@s sietes!-, estar con lo justo y vivir con lo mínimo (todo ello muy poco hedonista), es uno de los caminos de salvación de este eneatipo. La quietud y calma han de ser su gran salvación. El siete ha de ir a la virtud del cinco: la generosidad auténtica, que es justamente lo contrario de su pasión (la avaricia). Compartir desde lo genuino será muy sanador para este eneatipo tan narcisista y egoísta; pensar en el otro de verdad será señal de un gran crecimiento personal.

Serenidad y  templanza son palabras que deben tatuarse a fuego los sietes que quieren crecer. Como ejercicio básico, proponemos que se callen. Así como el nueve puede probar por un tiempo a decir a todo que no, el siete puede intentar no abrir la boca. Cualquier ejercicio que le saque de la charlatanería y de hacerse los listillos les sentará bien.  Dejar lo racional de lado y no irse por las ramas será su mejor medicina; les va bien bajar de la cabeza e irse a las sensaciones y al instinto. 

Les conviene estar, realmente, en ellos, en su aquí y ahora, para desde ahí, poder estar para el otro. La meditación les ayudará a aminorar su tendencia a proyectarse en el futuro con todo tipo de fantasías. Parar la mente, dejarse en paz y quitarse de en medio y centrarse en algo tan “simple” como respirar puede ser el vehículo perfecto para poder meditar y, desde ahí, encontrar la calma que tanto necesitan.

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TRIADA ACCIÓN

El eneatipo ocho, la lujuria.

El camino de sanación del ocho pasa por el amor. Su tabla de salvación es dar y recibir amor. Contactar con su niño interno. Es un trabajo largo pero que vale la pena.

Cambiar indolencia por inocencia.

Al ocho le hace mucho bien decir: “no puedo con todo”. 

En este estado de crecimiento personal, el ocho puede resultar el más atractivo de todos los eneatipos.

La transformación de este eneatipo es la más espectacular de todos. Puede pasar del odio al amor y vivir este cambio desde la autenticidad más extrema. 

Porque incluso en estado patológico es un carácter transparente; al ocho le ves venir.

Por ello, le hace tanto bien mirar al eneatipo dos, obviar su orgullo y quedarse con su parte amorosa y tierna. Pueden aprender de ellos a ser cariñosos, cuidadosos y delicados

De los cincos pueden tomar su capacidad de observación y reflexión. Si antes de pasar a la acción son capaces de detenerse y evaluar pros y contras de lo que van a hacer, ya habrán dado un paso de gigante.

Cuando un niño está comenzando a jugar al ajedrez, uno de los ejercicios más complicados para ellos es pensar antes de coger la pieza. Su tendencia es pillar la pieza cuanto antes y pensar dónde dejarla. Les cuesta tener paciencia y contener su impulsividad. Por ello, se nos ocurre que, en el caso de que no sepan jugar, aprender ajedrez podría ser un buen ejercicio para ellos. En el caso de que sí sepan, no jugar partidas rápidas (lo más tentador y habitual) y ponerse a jugar partidas lentas.

En cualquier caso, rebajar la intensidad es clave y, aunque en un principio les parece imposible, centrarse en la meditación es fundamental para llegar a estados de quietud y calma. Desde esta nueva tranquilidad pueden sonreír al mundo y ya no necesitan intimidar a nadie para ser ellos mismos.

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El eneatipo nueve, la pereza (de sí mismo)

El nueve es un eneatipo que ha de pasar a la acción, pero a la acción que le conecta con sus deseos y necesidades.  Desde ahí, las relaciones se vuelven diferentes y comenzará a no caer tan bien. Esto es un signo inequívoco de que está en la dirección correcta. 

Necesita parar, para mirar adentro; así que, como casi siempre, la meditación es recomendación imprescindible para avanzar en el camino de crecimiento personal.

Nuestro compañero satero, Grabriel Aguilera (nueve conservación), en este mismo blog, comentaba,

“(…) Quizás lo que más me sorprende de mi eneatipo es la capacidad, aparentemente sin límites, de evasión del contacto conmigo mismo. Estas evasiones se producen muchas veces de manera simultánea, como ver la televisión a la vez que leo un artículo de matemáticas y juego al solitario del ordenador. Últimamente ya no me peleo tanto con ello, y me permito estas evasiones a cambio de no interrumpir mi disciplina del yoga (incluyendo la meditación). Se podría decir que estas dos partes en lucha de mí mismo han llegado a un cierto equilibrio.”

(ver post)

Es fundamental que el eneatipo nueve mire al tres e integre parte del narcisismo que tiene este eneatipo. Necesitan ponerse por delante del otro para salir de su círculo vicioso. 

Un punto de vanidad, también, les será muy útil para atreverse a pasar a primer plano.

En este sentido, han de aprender de los niños. Ellos, en general (a no ser que ya apunten maneras nueve), se hacen ver, van a por lo que quieren y ponen empeño (sin importarles si resultan molestos) en conseguirlo.

De los treses, lógicamente, también han de aprender a contactar con el corazón. Al tres también le cuesta, pero tiene ese potencial.

De los seises han de aprender a poner orden en sus ideas y pasar a la acción desde el coraje. Deben detener sus ganas de fusionarse y aprender a decir no.

Para ellos, es un ejercicio muy sano, decir que no a casi todo. Probar a hacer lo contrario de lo que han hecho toda su vida.

En cualquier caso, lo que hará que el nueve esté más en contacto con su esencia es dejar de confluir mecánicamente y poner mucho más interés en su propio cuidado. 

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El eneatipo uno, el perfeccionista.

El eneatipo uno se relaciona con el eneatipo cuatro y con el siete, por lo quele interesa pillar lo mejor de ellos y evitar sus sombras.

Es decir, un 1 que deja de lado las preocupaciones constantes y entra en la alegría de vivir puede conectar mejor con su verdadera esencia. De hecho, normalmente al contrario que los 7, piensa que nada es suficientemente bueno. Por ello, relajarse un poco con la exigencia es clave para que se pueda relacionar con el mundo. En general, le conviene hablar menos y escuchar más.

A su vez, otro antídoto perfecto para su neurosis es dar espacio al otro desde la empatía y la humildad; así, tendrá muchos cupones para ser más feliz.

Con todo ello, el uno deberá buscar la serenidad y la aceptación de que las cosas están bien como están y no tienen que ser necesariamente como ellos piensan que tienen que ser.

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