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Guía básica de eneagrama. Descripción de eneatipos

Hace un tiempo nuestro post de guía rápida de eneagrama, fue uno de los artículos más vistos del blog. Hoy volvemos a la carga con la guía básica y ya está en horno !la guía definitiva! Ojalá sea de tu interés.

Taller online VIVENCIAL de ENEAGRAMA.

2-13 NOVIEMBRE

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Nota importante 1: Todo lo que leerás en este post está basado en nuestro aprendizaje leyendo los libros de Claudio Naranjo y asistiendo a los SATs.

Para profundizar en el Eneagrama siempre recomendamos hacer la formación del SAT.

Nota importante 2: Lo que leerás a continuación es la descripción del eneatipo en un estado de neurosis avanzado. Lo normal es que nadie tenga todas estas sombras a tope y te puedas identificar de manera parcial con lo que aquí te contamos.

LAS TRES TRIADAS DEL ENEAGRAMA

TRIADA EMOCIONAL -Cerebro límbico-.

El dos (orgullo), el tres (vanidad) y el cuatro (envidia), son movidos por la emoción. 

Pero no es que estén siempre en contacto con los sentimientos. Lo que tienen siempre presente es el sentimiento amoroso. Se les llama emocionales pero bien podrían llamarse la triada amorosa.

En general, les mueve la relación con el otro, y sobre todo amar y ser amados -más allá de si lo consiguen o no-.

¿Significa esta afirmación que estos eneatipos no pueden tener una parte racional o de acción? Por supuesto que la tienen; pero, en general serán personas que se mueven más por el corazón que otra cosa. 

Y decimos en general porque, por ejemplo, el eneatipo tres es potencialmente el número más emocional de todo el eneagrama; pero, en la práctica, en un principio les puede costar mucho conectar con su corazón y pueden parecer muy fríos e incluso racionales.

Como curiosidad apuntamos que la mayoría de personas de estos subtipos suelen ser chicas (sobre todo en el dos y en el cuatro).

También hay que tener en cuenta que existen los contra-números; es decir, uno de los tres subtipos de cada eneatipo tiene cualidades del  carácter que le hacen ser ese número desde otro sitio: les mueve el mismo motor, pero éste no es tan evidente como en los otros dos subtipos. 

Así, por ejemplo, en el tres está el contra-tres o tres conservación que tiene una contra-vanidad (la vanidad está, pero está muy encubierta). Por ello, este subtipo de los treses suele situarse previamente en otro eneatipo (generalmente en el seis) y le cuesta bastante trabajo terminar de ubicarse en su eneatipo y subtipo correcto.

Muchas veces, el dos está más en una emoción que es hacia fuera y le lleva al histrionismo y el cuatro está conectado con una emoción que siente muy dentro que, en este caso, le puede llevar a estados depresivos.

TRIADA RACIONAL -Cerebro neocortex-.

El cinco (avaricia), el seis (miedo) y el siete (gula) son los eneatipos de la triada de la razón. Muchas veces su pensamiento incansable les lleva a la paranoia y la ansiedad.

Suelen estar en el futuro, anticipando acontecimientos venideros (sobre todo los sietes).

En general, son gente bastante desconectada de la emoción y a la que le cuesta pasar a la acción. Necesitan entender bien el contexto en el que se mueven y la seguridad será siempre un punto importante.

Y, seguramente, te estarás preguntando cómo el seis no es emocional si su motor básico de funcionamiento es una emoción pura y dura: el miedo. Son personas temerosas. Y sí, es cierto que el seis, y en menor medida el siete y el cinco, sienten el miedo, pero es como si al sentirlo o bien se paralizaran o bien, contrafóbicamente, pasan a la acción, pero entran en un bucle de pensamientos. Con el resto de emociones ya no pueden contactar con facilidad. 

Lo mismo ocurre a los sietes con la alegría. Evidentemente es una emoción, pero ese estado alegre les lleva a estar siempre planificando algo nuevo por hacer; algo excitante y, si puede ser, que les haga segregar mucha dopamina. Su cabeza vuela y se desconectan nuevamente del resto de emociones.

En el eneatipo cinco se ve con claridad.  Son gente con un pensamiento muy profundo y aunque tienen una sensibilidad y delicadeza fuera de lo común, les cuesta conectar con sus sentimientos.  Es como si toda su energía se quedara del cuello para arriba.

Sin embargo, hay un subtipo de los seis, el seis sexual o contrafóbico que parece que está en la acción porque ante el miedo reacciona de manera muy reactiva. La realidad es que su motor no es la acción sino el miedo. Y es cierto que el miedo no deja de ser una emoción, pero la mayoría de los seises quedan atrapados por sus razonamientos, que les llevan a buscar una vida en la que la certeza de las cosas es la clave.

Por otro lado, algunos sietes, sobre todo chicas, parecen, además de muy simpáticas, relativamente emocionales y, por ello, se pueden confundir, por ejemplo, con algunas doses; sin embargo, no suelen entrar con facilidad en la histeria propia de las doses y les puede más la gula de estar con mil frentes abiertos. El siete necesita descargas de dopamina constantes para sentirse vivo.

TRIADA DE LA ACCIÓN -Cerebro reptiliano-.

El ocho (prepotencia), el nueve (pereza), el uno (perfeccionismo) son los eneatipos de triada superior (sólo geométricamente) del eneagrama. Tienen cierta tendencia a la autonomía (aunque esto también depende del subtipo) y tienen la intuición muy desarrollada (sobre todo el ocho). Eso sí, paradójicamente, como veremos, el nueve normalmente tiene bastante dependencia.

Les cuesta aceptar la opinión del otro (sobre todo a los ochos y unos) y cuando entran en un desencuentro segregan mucha adrenalina.

Muchas veces están totalmente desconectados de lo que sienten y sus ganas de acción les llevan a no pensar demasiado las cosas. Suelen ser instinto en estado puro.

Sin embargo, nos encontramos con los unos que, más allá de su búsqueda de la perfección, tienen una emoción muy a flor de piel: la ira. Aun así, como vimos en el post de los Unos (ver aquí), esta emoción es muy reactiva e incluso en el uno el instinto de conservación se la come directamente, tendiendo a somatizar.

Los nueves son potencialmente el número de más acción del eneagrama; pero, como ocurría con los treses en la triada de la emoción, no siempre ponen en juego todo su potencial y quedan muchas veces dominados por la pereza. En palabras de Claudio Naranjo: “una pereza de sí mismo”. Es por eso que, normalmente, es un número que se olvida de sí mismo y entra en confluencia con el otro.

Por otro lado, nos encontramos con los ochos que muchas veces se pueden confundir con un dos sexual, con un cuatro sexual o incluso con un seis contrafóbico (al que se puede parecer también físicamente). 

Sin embargo, el ocho es pura acción y, hasta que entra en el proceso de sanación, se deja llevar por la acción desmedida, siendo muchas veces personas realmente violentas. Los límites no son lo suyo. Por suerte, cuando conectan con su esencia, son personas que sí se ponen en juego desde el corazón; eso sí, suelen ser un todo o nada. Los grises no son ni para los unos ni para los ochos.

En fin, como puedes ver, el mundo de las triadas del eneagrama da mucho juego y, sobre todo en un primer momento, conviene que nos paremos en seco y antes de profundizar demasiado en  los eneatipos, ver qué motor principal nos mueve.

Más sobre las triadas por aquí.

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DESCRIPCIÓN BÁSICA DE CADA ENEATIPO

Al final de cada eneatipo hay acceso directo a una descripción más detallada.

El eneatipo dos, el orgullo.

Las doses tienen la pasión del orgullo. 

Este orgullo vendría a ser el equivalente al pecado de la soberbia en la cultura cristiana. Conviene recordar que fue el pecado más castigado por la Iglesia ya que se asocia a Lucifer. Es decir, que esta rebeldía que tuvo Satanás de no someterse y considerarse al mismo nivel que Dios es la misma que se muestra en las personas de este tipo de personalidad.

En general son seductoras, agradables, hiperemocionales, histriónicas (hay una exageración intrínseca en todo lo que hacen), extrovertidas (las conservación no), invasivas y demandantes.

Es un eneatipo netamente emocional -incluso son un poco “teatreras”- aunque, por supuesto, hay doses muy cultas y otras como las doses sociales que saben pasar muy bien a la acción. En cualquier caso,  su motor básico de funcionamiento es el corazón.

En cualquier caso  su motor básico de funcionamiento es el corazón y suelen pasar en un mismo día por varias montañas rusas en las que los picos de excitación son brutales.

De partida las doses tienen una muy buena opinión de sí mismas e intentarán mantener esta imagen a capa y espada. Cuando una dos se muestra realmente vulnerable es que su camino de crecimiento personal está muy avanzado.

Al hilo de esta idea, podemos leer en este estupendo artículo de Francisco Lezaun (instructor de Río abierto):

“(…) Esta impulsividad tiene como eje fundamental una especie de autoenamoramiento de su propia imagen, una valoración positiva de sí mismo, que tiene su origen en su mecanismo de defensa esencial, la represión de su imagen desaprobada.

En esta dinámica el orgulloso no dejará de “venderse” a sí mismo que es más de lo que es. Cuanto más se desarrolla esta defensa, menos capaz es la persona de establecer vínculos profundos y más pérdida de contacto tiene con la realidad vincular en la que vive. El mecanismo disociativo o represión establece un perímetro de seguridad en la psique impidiendo que los juicios despectivos o la desvalorización externa alcancen el núcleo sensible.  Para lo cual, la seducción  y la manipulación son estrategias que permiten un cierto control sobre los factores externos en los que desenvolverse.

Cuando estas defensas son sobrepasadas, la rabia contenida puede explotar incluso con cierta desproporción. Esta desproporción está asociada con la rabia infantil por la pérdida de contacto con la propia necesidad y la insatisfacción amorosa. Lo más doloroso es que la energía para mantener esta coraza surge del núcleo energético de la persona, que deriva una gran parte de su propia energía a seguir manteniendo el mecanismo activo”. (ver post)

Mientras tanto, aunque ellas se puedan vender como las que siempre tienen al otro presente, primero se miran al ombligo, lo que implica un narcisismo bastante importante.

Pero, en un primer momento, no les gusta estar por debajo, por lo que hacen todo lo que está en su mano para que el mundo esté  a sus pies. Pueden llegar a ser muy selectivas con quien se relacionan, mostrando un inconsciente desprecio por el resto.

De forma activa o sutil, las doses suelen ser las rebeldes del eneagrama. Los ochos también y de manera más explícita, pero las doses casi siempre se salen con la suya, pasando, muchas veces, olímpicamente de la autoridad.

En principio, NO se esfuerzan para ser las mejores -las treses sí- porque es algo que les viene de serie. Les sale natural esto del brillar; pero, muchas veces, tras este brillo se esconde una persona que tiene mucho dolor acumulado y, todavía más en el fondo, se siente muy poca cosa.  Cuando el eneatipo dos contacta con esta pequeñez es una maravilla, pues desde esta situación tan poco deseable para ellas, se produce una transformación imparable.

Esta necesidad de sentirse el centro del mundo, les lleva a una soledad extrema. Nadie podrá estar a su nivel, por lo que, consciente o inconscientemente, ven al otro como un ser inferior. Y estar en el pedestal tiene un precio muy caro: la búsqueda de una intensidad constante. El resultado es la frustración, pues esto no es factible para nadie. 

Así que, en las doses se produce una especie de extraña contradicción, por un lado necesitan al otro (o la otra), pues su pilar básico de funcionamiento es la búsqueda del amor y, a la vez, nunca llega alguien lo suficientemente bueno para ellas. 

Según Claudio Naranjo: 

“(…) La intensa necesidad de amor de los individuos del eneatipo dos  puede verse a veces oscurecida por su característica  de independencia, particularmente en momentos de frustración y de humillación del orgullo. La persona orgullosa raramente se realiza en la vida sin un gran amor. La orientación excesivamente romántica del enatipo II hacia la vida puede entenderse como el resultado de la frustración temprana asociada a una pérdida de apoyo en la experiencia propia del valor personal. Así como la necesidad de confirmar el inflado sentido del valor propio deriva de una motivación erótica, el orgullo devia en la necesidad de amor (expresada a su vez mediante la intimidad física y emocional), porque de considerarse a sí mismo como especial se satisface mediante el amor del otro. La necesidad de intimidad del eneatipo II le convierte un tipo de persona de sensibilidad delicada y en un plan más sutil, conduce a una intolerancia de límites y, en consecuencia, a la invasión.” (ver aquí)

Con todo ello, se ponen en juego desde el deseo y la atracción y tienen la necesidad de que el otro las necesite. Se podría decir que en estado altamente neurótico llegan a utilizar el sexo o la tensión sexual como un mecanismo de dominación.

Destaca su tendencia al hedonismo como sustituto, muchas veces, de la imposibilidad de entrar en contacto con el amor real. En este caso, como también ocurre en las otras seductoras del eneagrama, las sietes, pueden llevar la seducción al siguiente nivel: la manipulación.

Son impulsivas y, en un momento dado, pueden arrasar con todo. Si no consiguen lo que quieren y están descentradas el berrinche está asegurado.

Desde ahí, cuesta estar en la vida con tanta altanería y, tarde o temprano, terminan viendo que tanta exigencia no es sana para ellas. 

Y esta exigencia, como decimos, es algo que se pone en juego desde lo instintivo, desde lo animal; no hay una preparación o planificación, son puro impulso. Así se diferencian de sus compañeras de triada las treses. El eneatipo tres se mueve por la vanidad, y la vanidad muchas veces se puede confundir con el orgullo. La clave está en que para una tres la mirada del otro lo es todo, pero para una dos no (la conservación lo tiene más en cuenta).

Esta omnipotencia de la que venimos hablando le hace mostrar una falsa generosidad.

En la aparente virtud del 2 está su trampa y, muchas veces, es muy difícil de ver, pues socialmente (incluso religiosamente) esta vocación de ayudar parece imposible que pueda ser también un mecanismo neurótico. 

Siguiendo esta idea, rescatamos las palabras de Claudio Naranjo: “(…) he tipificado al eneatipo II por la paradoja de una generosidad egocéntrica. Corresponde a la personalidad histriónica del DSM-III. Los individuos representativos de este eneatipo suelen ser hedonistas, despreocupados y rebeldes ante cualquier rigidez o restricción de su libertad.

En un collage de caricaturas de Steig el eneatipo II queda ejemplificado por una figura burlesca que contrasta con el esforzado montañero representante del concienzudo y obsesivo eneatipo I.” (ver aquí) 

Como son (creen que son) tan divinas, parece que pueden con todo. Y poder con todo implica lo suyo y lo de los demás; por lo que, muchas veces, sostendrán, por ejemplo, una estructura familiar maltrecha. Pero ellas pueden con eso y mucho más. Eso sí, esta aparente generosidad en el fondo va a pedir un peaje. El pago es que luego serás tú quien tendrás que estar a sus pies.

En este sentido, como veremos en los subtipos, hay doses que NO admiten una ayuda descarada (dos social) y otras que sí lo potencian y se sienten dignas de ser atendidas en todo momento por su tendencia al privilegio (las conservación). 

No son muy de grises, la vida tiende a ser blanco o negro y siempre lo quieren todo.

En cualquier caso, les cuesta mostrar sus necesidades y muchas veces, en el mejor de los casos,  entran en el juego de que sea el otro quien las adivine.

Con el tema de los límites, a veces, se despistan bastante. 

Recordamos las palabras de nuestra compañera satera, Nuria Costa

“(…) Toparme con mis límites ha sido doloroso y sanador al mismo tiempo, el encuentro real conmigo misma. Corporalmente es muy claro: el movimiento sanador es ponerme blandita, dejarme caer. Hay tanto anhelo del “descanso de la guerrera” y, a la vez, tanta dificultad en quedarme ahí… Sin embargo, si me tengo que quedar con algo, diría que la “guindilla” fue cuando tomé consciencia de la falta del auténtico amor compasivo del que habla Claudio. Me cuesta mucho ponerme por un igual, reconozco en mí una prepotencia y orgullo enmascarado. Afortunadamente, cuando consigo estar de igual a igual y mostrarme auténticamente, ahí es cuando el encuentro genuino se da.”

Es decir, lo que les pasa a las doses con los límites  es que o no los ven y hacen lo que les viene en gana, o sí los ven, pero ven sus límites, no los del otro. Aunque, aparentemente tienen al otro presente, en el fondo les cuesta mucho respetar el espacio de otras personas y actuar con la empatía necesaria. Eso sí, como dice Nuria, cuando se baja la guardia y se respeta la libertad del otro en igual medida que la propia, el encuentro se da y se da desde otro lugar mucho más sanador. 

En este sentido, Gonzalo Morán, apunta:

“(…) Valoran la libertad ante todo, que confunden fácilmente con libertinaje. Se rebelan fuertemente ante la disciplina, la monotonía y la rigidez. Se rebelan también contra la corrección, la puntualidad, el orden y lo previsible. Detestan la rutina y las cosas corrientes.

¿Se imaginan, por ejemplo, a una “Mujer Fatal” esperando en una cola en el banco? Jamás. Intentarán hablar directamente con el Gerente General. Quedarse en el quinto lugar de una cola es demasiado ofensivo para su Orgullo. Para ellos, debería serles concedido el privilegio de ser siempre los primeros y así sentir que nunca habrán de esperar.

Obviamente, el 2 prefiere verse a Sí Mismo solamente desde el ángulo más positivo y luminoso de su personalidad.” (ver post)

Como cantaba Nino Bravo (posible dos social), los doses se sienten libres, los más libres de todo el eneagrama.

Suelen tener un punto hedonista y caprichoso (sobre todo en las doses) que les lleva a la búsqueda de placer y disfrute; sin embargo, en más de una ocasión, en terrenos de más intimidad pueden tener problemas y no ser tan “poderosas” como cabría esperar. En muchos hombres doses, puede haber problemas de erección.

Nuevamente, el peaje a pagar por su falsa abundancia es más caro de lo esperado. No reconocer su baja autoestima es muy esforzado. Por eso, muchas veces, l@s doses usan el sexo como una herramienta de poder y no tanto de placer en sí mismo. 

Las doses temen el rechazo y esto también les limita en gran medida porque, por este miedo, dejan de hacer cosas que les gustaría hacer.

Una de sus ideas locas vendría ser que si alguien la quiere deberá estar siempre disponible para ella y ella deberá ser lo más importante para él.

Estará dispuesta a recibir favores, pero siempre y cuando quede claro que no son favores que te va a devolver. Necesita sentir que se le presta atención por ser quien es y no por lo que haya hecho previamente. 

Si han de recibir crítica lo mejor es que se les haga desde el cariño y con la mayor dulzura posible. Si no es así, el rechazo estará asegurado.

El eneatipo tres, la vanidad

Forman parte de la triada de la emoción y aunque es el número central de la misma, muchas veces están demasiado en la cabeza. Normalmente en un tres hay bastante represión emocional. Es decir, potencialmente, es el número con más capacidad de estar en el sentir del eneagrama; pero, paradójicamente, en la realidad suelen tener un bloqueo a la altura del diafragma que no les deja fluir. Tienen una fachada que puede resultar incluso cálida, pero luego en las relaciones más profundas terminan mostrando bastante frialdad.

En palabras de Claudio Naranjo:

“(…) La vanidad es una preocupación apasionada por la propia imagen o una pasión de vivir para los ojos de los demás. Vivir para las apariencias implica que el foco de interés no está en la experiencia propia, sino en la anticipación o fantasía de la experiencia de otro, y de aquí la insustancialidad de la búsqueda del vanidoso. Nada podría ser llamado más apropiadamente la «vanidad de vanidades» de la que habla el predicador del Eclesiastés que el vivir para una imagen efímera e insustancial (en lugar de para uno mismo). Hablar de la vanidad como de un vivir para una autoimagen no es distinto de hablar de narcisismo y, en realidad, podemos considerar el narcisismo como un aspecto universal de la estructura egoica, representado en la esquina derecha del eneagrama”.

El tres busca la admiración y el aplauso constante. Suelen ser agradables y prácticos. Tienen un punto narcisista alto y pueden ser superficiales y materialistas. Viven su vida para agradar a los otros y se olvidan de sí mismos

Su vanidad no es necesariamente desde la prepotencia, si no que puede ser una vanidad muy sutil; pero que, en cualquier caso, tenga siempre presente la mirada del otro. Temen que ese otro pueda pensar que no son válidos. No les gusta que se les cuestione y mucho menos que se les critique. Si el otro ha de hablar de ellos que sea para bien. Suelen ser educados y correctos. Muchas veces visten muy serios incluso aunque no venga a cuento y más allá de esta seriedad suelen darle mucha importancia a su aspecto físico. Bueno… esto ocurre, como veremos, en los subtipos social y sexual. 

El conservación puede ir casi a su bola. Y decimos casi, porque en el fondo, siempre habrá una adecuación a la ocasión y una cierta discreción. No es estridente en las formas.

En realidad, el eneatipo tres, es muy hábil en vestir según la ocasión. Aunque sean superejecutivos, si terminan en un retiro de yoga, se las ingeniarán para estar vestidos como el más yogi de todos los del retiro. Tienen una actitud camaleónica que les hace ir adaptándose a la situación para estar siempre correctos.

Incluso si la persona tres pertenece a alguna tribu urbana más alternativa, su cuidado por la imagen estará siempre presente. Desde los tatuajes bien hechos, hasta el pelo cuidadosamente rapado. Es más, pueden haber puesto mucho mimo incluso para la típica imagen descuidada, pero totalmente estudiada.

Como veremos en los subtipos, unos están más hacia fuera (tres social) buscando el éxito, mientras que otros se centran más en complacer a sus parejas -han de sentirse deseables- (tres sexual) y otros están siempre haciendo y haciendo para ser valorados por sus resultados (tres conservación).

Como bien dice Claudio Naranjo

“(…) la imagen física no es el único foco posible del deseo de presentar una buena imagen, y, seguramente, más repercusiones sociales tiene el deseo de brillar en el mundo social o el afán de éxito financiero. Además, el deseo de ser más brillante y tener más éxito conlleva el desarrollo de una habilidad, y va aparejado a una disposición activa, práctica, expedita y eficiente que no es menos característica de este estilo de personalidad.”

Los treses tienen una tendencia casi innata a la perfección; no saben hacer las cosas lo suficientemente bien. En esto pueden recordar bastante al eneatipo uno.

Estas ganas de hacerlo perfecto, les quita energía y espontaneidad. Muchas veces, este gusto por la excelencia, va acompañado de una un autoexigencia que nadie les ha pedido. 

Nuestra amiga satera, Rebeca  Gómez, a quien tuvimos la suerte de entrevistar hace tiempo (ver aquí), comenta: “Somos Profesionales de todo: la novia profesional, la amiga profesional, la amante profesional, la trabajadora profesional. Querer dar esa imagen todo el tiempo es lo que me quita espontaneidad, autenticidad, lo que me pone rígida. 

Siento a esa «profesional» como mi cárcel, como un armadura de la que no me puedo salir por miedo a dejar de ser la perfecta para el otro, por miedo a que se me vea la autenticidad y no guste. Y eso me ha llevado en mi vida a una dificultad en crear lazos de amistad auténticos, por que no me muestro ni me doy, solo doy esa imagen de mí que creo que es la que debo dar para ser querida. Y al ser falsa no cala en el otro.

Y la realidad, aunque aún me cueste, es que si soy imperfecta soy amada y quizás más amada por que soy más real.” (Más sobre Rebeca Gómez  por aquí.)

Con todo ello,  pagan un alto peaje por estar en la vida desde ahí: el agotamiento continuo y muchas veces la somatización de enfermedades (aunque no es menos cierto que tienen mucho aguante físico).

Pueden marcarse objetivos con facilidad y, como decimos, son muy buenos consiguiendo metas.

En algunas descripciones del eneatipo tres verás que dicen que tienen la virtud de hacer muy bien las cosas y son grandes trabajadores. Disciplinados y organizados (a veces a su forma).  Ellos, en realidad, son muy de empujar el río para que las cosas sucedan.

En nuestra opinión, poner en valor estas supuestas fortalezas no hace otra cosa que alimentar la neurosis. El camino de sanación de los treses no pasa por avivar el juego de su eficiencia, sino por justo lo contrario. 

Otra cosa es que, en el día a día, todos tenemos que ponernos en juego en un entorno laboral y un tres (con el grado de neurosis que tenga) sea un excelente complemento de cualquier equipo.

Ciertamente, puede resultar bastante contraintuitivo pensar que una persona de apariencia agradable y muy resolutiva pueda estar poniendo en juego cierta patológica de su carácter. Es una manifestación del ego que lo normal es que pase desapercibida e incluso se dé por buena.

En general, son demasiado fríos y son muy calculadores

Miden mucho todo, también la distancia con el otro. No se fían demasiado y suelen estar prevenidos por lo que pueda pasar. Tampoco dejan que nadie se acerque mucho por si descubren que en el fondo hay mucho aire y son un fraude. 

Llegado este punto, nos viene a la mente la canción de los Secretos:  “cómo explicar que me vuelvo vulgar cuando me bajo de cada escenario”

Les cuesta la vida estar en el aquí y ahora y detrás de su máscara esconden una gran inseguridad.

Su idea loca vendría a ser algo así como si yo me esfuerzo puedo con todo. Eso sí, y esto es más rocambolesco todavía, a poder ser que el esfuerzo no se note demasiado.

Cuando entran en el proceso de crecimiento personal, llega un punto, un día, que termina siendo muy doloroso. Su carácter es como si fueran capas de cebolla. Quitan una y parece que han llegado a algo, pero ese algo nuevamente es falso y así van sucesivamente desenmascarando al personaje hasta llegar a la nada.

Es el momento de contactar con su verdadero vacío y reconocer que su vida ha sido una gran mentira

No es que el eneatipo tres no tenga valores; el problema es que los valores son de otros. Han tendido a identificarse con lo que otros sí valoraban, sin plantearse si, realmente, esto a ellos les encaja.

Han sido personas que han sabido engañar muy bien al mundo y está demostrado que quien se maneja bien con la mentira hacia afuera también lo suele hacer hacia dentro; con lo cual, han tenido una gran dosis de autoengaño.

En este sentido, Gonzalo Morán, apunta,

“La palabra vano proviene del latín “Vanus” (vacío) y se define, según la Real Academia Española, como «sin ningún valor real, sentido o fundamento,” y esto describe gráficamente el gran dilema existencial de este Eneatipo, en la cual la cáscara de la personalidad se experimenta como lo sublime, ya que en su interior se sienten vacíos. Muy vacíos.

Es justamente por esto, que el Tres enfoca su vida en tres pilares básicos: qué aspecto tiene o cuan atractivo y sexy es, qué logros ha obtenido y qué posee material o socialmente.

Desde los lejanos días de su infancia, el individuo del eneatipo 3 se embarcó en una frenética agitación en busca del éxito, el status o el aplauso, lo cual devino en una constante lucha por el reconocimiento, el atractivo sexual, la riqueza y el brillo social. La pasión por el aplauso se convierte en un sustituto del amor y se podría traducir como una búsqueda de cariño a través del éxito social y profesional.” (ver post)

Verse ahí es durísimo y sostenerlo más; así que cuando el eneatipo tres abre los ojos, el batacazo está asegurado. Por ello, la caída del tres es algo impactante y necesitan mucho cariño y apoyo. Cuando entienden que ya no necesitan hacer nada para agradar al otro, muchas veces se encuentran con que no saben ni qué hacer. Desde ahí, no ven nada, nada dentro y se quieren morir (no literal).  Curiosamente, los que hemos visto este proceso de caída del tres en un entorno terapéutico lo hemos “disfrutado” mucho, pues, desde ese no saber por donde les da el aire, se vuelven personas mucho más cercanas y vulnerables. Totalmente achuchables y gente con la que da gusto estar. Si un “tres caído” es capaz de llorar contigo, estás asistiendo a un momento casi mágico.

Aún con todo, para el tres, reconocerse en esa nada es complicado; pero, es, sin duda, lo mejor que pueden hacer. Pero en este “no hacer” se produce un dolor que muchas veces es demasiado fuerte, el alma se parte en dos. 

Darse cuenta de su autoengaño es el primer paso para una vida con más sentido.

En el amor suelen encontrar la crudeza de alguien que no se enamora de lo que realmente son ellos, sino de la imagen que con tanto ahínco han construido.

Al igual que el eneatipo cuatro, el tres entra fácil en la comparación, y cuando se pone en ella, lo da todo para resultar el vencedor. En este sentido, a diferencia de los cuatros, no les gusta estar en el victimismo. Solo puede haber un ganador y, naturalmente, han de ser ellos. Por esta razón, tienen tanto “pique” con l@s treses; dos gallos en el mismo corral siempre ha sido un mal plan. Así que, si el tres y el dos no están muy evolucionados, mejor que no hagan demasiados planes juntos.

Más sobre el eneatipo 3 por aquí.

El eneatipo cuatro, la envidia.

Al igual que en el eneatipo dos, hay muchas más cuatros chicas que cuatros chicos; así que, si te parece bien, pasamos a hablar en femenino.

Con las cuatro llegamos al final de la triada de la emoción y, como ya fuimos viendo, aunque la triada se llama así, quizás sería más correcto llamarla triada sentimental. Es decir, son eneatipos que están en el dar y recibir amor.

Amor o los simulacros que los humanos nos inventamos para sustituir al verdadero amor. 

En cualquier caso, gran parte de su existencia gira en torno a las relaciones amorosas que, en gran medida, vivirán con mucha intensidad y poco sosiego. Suelen estar en una montaña rusa emocional que tiene más bajos que altos. Las doses también la viven pero con más altos que bajos.

Las cuatros viven en la carencia y, por lo tanto, necesitan la envidia como el comer.

El cuatro y el cinco son los dos eneatipos que están en la parte inferior del eneagrama y esto no es baladí. Así como los eneatipos de triada superior, pueden estar muy hacia fuera y, por supuesto, en la acción, el eneatipo cuatro y cinco, en general, están más hacia dentro y ambos son muy sensibles.

Los cuatros tienen una sensibilidad que les conecta con su mundo emocional y los cincos una sensibilidad que les conecta con su delicadeza y fragilidad. 

El cuatro y el cinco, a su vez, como iremos viendo, normalmente tuvieron heridas en la infancia en su primer año de vida. Ahí, la niña todavía piensa que es la propia madre, por lo que se produce una identificación total con ella y con todo lo que ella vive. Normalmente, se trata de mamás que sufrieron algún acontecimiento desgraciado en ese momento de su vida.

En cualquier caso, nuestros eneatipos “inferiores” siempre entran en la comparación, y, por desgracia, siempre pierden. El cinco se congela y hace como que no le duele y las cuatros teatralizan la escena y sacan su parte más escandalosa.

Como bien dice Claudio Naranjo, 

“(…) Se puede decir que la depresión del eneatipo V es «seca», contraria a la depresión «húmeda» del eneatipo IV: si la avaricia es resignada, la envidia es apasionada.

En esto se refleja una característica fuertemente diferenciada: la avaricia seca es apática, la envidia húmeda es más intensa; si la primera es un desierto, la segunda es un pantanal. Mientras que el eneatipo V implica una atmósfera interior de quietud, el eneatipo IV supone una atmósfera de remordimiento y turbulencia.

El aspecto más característico del eneatipo IV, además de la motivación de la envidia, puede verse en la tendencia a la autovictimización y a la frustración”.

Esta comparación constante con todo (y en todos los campos) les lleva a estar en el enfado continuo. El eneatipo cuatro se siente inadecuado y, muchas veces, ridículo (esto también ocurre a algunas treses no sociales). Enfado que, lógicamente, se traduce en rabia que será expresada, en función del subtipo, hacía fuera o será engullida.

Con todo ello, las cuatro son las grandes sufridoras del eneagrama, lo que las lleva a estar muy solas. Son personas, en general, introvertidas. No se sienten comprendidas por el mundo. Como venimos diciendo, la envidia es el motor básico de comportamiento y, muchas veces, les lleva a tener celos enfermizos. Siempre quieren lo que no tienen (y no hablamos tanto de lo material como de lo inmaterial). 

Nuestra compañera satera, Anna Romeu comentaba en este mismo blog:

“(…) La envidia es mi pasión, eso significa que siempre ando en la comparación, consciente o inconscientemente, no es una envidia de cosas si no desear el Ser del otro, la felicidad del otro… Me he pillado muchas veces en un falso amor admirativo, en el que había envidia escondida. En esa envidia dejaba de valorarme y buscaba seguir el camino del otro… Con el tiempo he aprendido a valorar  mi camino y a utilizar la tenacidad a mi favor.”

(ver post)

Tienen una hipersensibilidad a flor de piel y pueden llorar como magdalenas. Esto, que  para otros eneatipos es muy sanador, para las cuatros puede ser una pequeña tortura y les conviene salir cuanto antes del baño de lágrimas. Se podría decir que una cuatro ya ha llorado bastante y su camino de sanación va en la dirección contraria: La ecuanimidad.

Son especialistas en el autosabotaje, consiguiendo que su vida pueda ser un puro infierno.

El abandono, en su múltiples facetas, estará siempre a flor de piel en la vida del eneatipo cuatro. Así, aunque su objetivo sea no ser abandonada, al tener este run run en la cabeza de manera constante, su cerebro no entiende que es un antiobjetivo. El cerebro sólo tiene presente el concepto de abandono y la obsesión con el mismo. Desde ahí, inconscientemente, lo único que hará es atraer más abandono a sus vida.

Esta necesidad de gustar, de no ser excluidas, muy a su pesar (porque lo que de verdad quieren es ser especiales), les puede llevar a vivir una vida camaleónica en la que no muestren lo que realmente son por miedo a no encajar.

Además, las cuatros, muchas veces, no sólo sufren, sino que les encanta mostrar su dolor. Puede ser un eneatipo muy quejica -como veremos, en función del subtipo- y que, inconscientemente, genera mucho rechazo a otros eneatipos. De hecho, normalmente, las doses no soportan a las cuatros (en parte porque les hacen de espejo de su propia neurosis).

Pero ¿qué ganan ellas sufriendo tanto? Algo tiene que tener de bueno estar siempre en el dolor y, en muchos casos, regodearse en él. Para otros eneatipos, como el siete, esto es algo inconcebible. Mientras el siete niega la realidad dolorosa y la pinta de rosa, el cuatro es capaz de hacer un drama de casi cualquier cosa. Esto es muy cansado, les quita energía y las deja exhaustas.

Es como si tuvieran una especie de monstruo interno que les dice que todo lo malo que les ocurre es porque ellas son muy malas. Al contrario que los autoindulgentes sietes, ellas se sentirán culpables por casi todo.

Este sufrimiento también las conecta con los otros masoquistas del eneagrama, los nueves. Tanto unos como otras, en un momento dado, tienen mucha capacidad de aguante, y pueden soportar cantidades increíbles de orgullo sobre ellas. Eso sí, tarde o temprano, eso será insostenible y pasarán a otro tipo de estados. 

Además, en muchos casos, este dolor emocional que tanto sienten puede ir de la mano de varios dolores físicos y un buen elenco de enfermedades. 

El estar “mal” a un nivel vital retroalimenta el dolor físico y viceversa.

Y la ganancia, nuevamente, es clara: Atención. Y ¿puede alguien tener una vida tan penosa tan sólo para captar la atención de otro? Puede y, por desgracia, es más habitual de lo que nos tememos. Son masoquistas/sufridoras profesionales y están entrenadas para no salir de esta espiral dolor-sufrimiento-lamentación-atención. Y desde ahí, siempre llegan a la frustración, porque evidentemente, la atención recibida es siempre  poca o ellas la viven como poca.

Recordemos que las cuatro pueden tener una visión bastante distorsionada de la realidad. Desde ahí, tienen una parte muy agorera y se sitúan en los peores escenarios. Suelen ver la vida con gafas de color gris.  ¡Vaya… que no son la alegría de la fiesta!

Como podemos deducir de la propia canción de Luz Casal, la chica cuatro ha podido vivir el “amor romántico” de manera muy poco sana; es decir, se han podido dejar llevar por la idea de que sin un hombre a su lado ellas no son nada. Hay una búsqueda para que sea el otro quien termine de completarlas. 

Por suerte, estas ideas -no exclusivas de las cuatros- van pasando a la historia y una gran parte de la sociedad entiende lo horribles que son estos planteamientos. Mientras tanto, culturalmente, en muchos lugares la mujer todavía hoy sigue estando por debajo del hombre, lo que potencia este eneatipo cuatro, o rasgos de él, en mujeres de medio mundo. Es momento de dar carpetazo a la historia y que cualquier tipo de actitud machista quede en el olvido. Pero volvamos al eneatipo cuatro, que nos vamos un poco del tema.

A su vez, hay una excesiva melancolía. Una especie de racionalización de la emoción, por la cual, el eneatipo cuatro piensa que nadie entiende sus sentimientos porque es diferente. Es su particular manera de regodearse en una dulce tristeza.

Ellas son las más especiales del eneagrama y pase lo que pase, nadie (ni por supuesto las doses), es capaz de vivir con más intensidad sus emociones.

Un país que podría representar simbólicamente al cuatro es Francia con su delicado refinamiento e interés por temas como la alta costura o la gastronomía. 

Desde aquí también pueden llegar con facilidad al conflicto, pues convivir con ellas no es sencillo. Ellas viven en un desconsuelo constante. Esto las lleva a vivir en una forma de confusión constante y les cuesta pasar a la acción con claridad.

Se sienten únicas en todo y, por ello, llevan al extremo situaciones como la misma enfermedad. Es como una especie de cortocircuito ya que,  por un lado, se sienten lo peor y, por otro lado, nadie más es como ellas; lo cual, por ejemplo, encaja bastante bien con el prototipo de artista sufridor. 

Su autoacusación es habitual y muchas veces infundada. Desde aquí, seguro que se entiende mucho mejor la envidia que apuntábamos al principio del texto. Siguiendo con Claudio Naranjo:

“(…) La envidia, a su vez, está a medio camino entre la avaricia y la vanidad, perteneciendo (junto al orgullo, y en una posición simétrica a él) a la familia de la vanidad. 

Si la envidia anhela llenarse, el orgullo se siente ya lleno, y se ofrece a llenar al prójimo. 

La envidia pide, desea desde su sentimiento carencial; el orgullo ofrece, da, desde un sentimiento básico de abundancia. 

No hay duda de que este gesto de la envidia causa mucho más dolor que aquél del orgullo, que en sí es un gesto placentero.”

De esta forma, son personas que sufren y se quejan mucho e incluso con la enfermedad recurrirán a “juegos de poder”. Su vida  muchas veces parece una gran tragedia.

En este sentido, Gonzalo Morán, apunta:

“(…) Partamos de la base en que los Cuatro ven al otro ( sea amigo, amante, familiar, lo quieran, no lo quieran, etc) como alguien que tiene ALGO QUE ELLOS NO TIENEN. Sienten que la situación de ellos respecto a la de los demás nunca es justa y anhelan que las cosas sean diferentes. Y si sumamos a esto el hecho de que también ven a los demás como alguien que INEVITABLEMENTE los abandonara tarde o temprano, nos podemos dar una idea de cómo suelen funcionar las relaciones de los Cuatro.

Sobre todo, porque suelen ser muy quejosos y demandantes con el otro: como sienten que han SUFRIDO MUCHO y han tenido tantas carencias, el mundo está en deuda con ellos y debe satisfacer todos sus caprichos. Tienen la creencia muy arraigada de tener un derecho que reclamar, y como bien dice el dicho, «El Que No Llora, No Mama» y los cuatro llorarán , se quejarán y harán todo lo posible para tener su «porción de la teta» (esa Teta que alguien alguna vez les arrebato de súbito)”.

(ver post)

No es de extrañar que nos encontremos con eneatipos cuatro hipocondriacos o que tienen enfermedades rarísimas. Algunos autores hablan de que es un carácter con tendencia al suicidio o intentos de suicidio. Esto no lo podemos afirmar, pero no lo descartamos.

También las hay con muchas enfermedades / dolencias que se retroalimentan y hacen casi imposible un diagnóstico acertado. Muchas veces, consciente o inconscientemente, jugarán al juego de “soy tan especial que los médicos no sabrán lo que, realmente, me ocurre” y así perpetuar la situación de enfermedad. ¿La ganancia? Nuevamente, así, serán las más especiales y quizás consigan migajas de atención. Migajas que para ellas tienen un valor enorme, porque lo que no soportan es la sensación de un nuevo abandono a su suerte. Es más, como también ocurre con algunos niños, prefieren una mala atención a la indiferencia

Les cuesta horrores sostener que sólo ellas consigo mismas, también, pueden estar bien.

Una de sus ideas locas vendría a ser “no soy digna de recibir amor”.

En general, más allá de este dolor o sufrimiento, pueden ser gente que va a su bola; como que el mundo no va con ellos. No son una más de rebaño y pueden potenciar esta imagen de artista o bohemio.

Son personas muy intuitivas. Desde ahí, se produce un rechazo de lo tosco y burdo.

Pueden tender a la autocomplacencia, cuando no se sienten satisfechas en su parcela más deseada: el amor. Así, pueden olvidar sus fracasos amorosos con adición al sexo o la comida. 

A veces, el eneatipo cuatro, como la gran mayoría, siente miedo. 

Ahí se pueden confundir con el seis; pero podemos encontrar, más allá de su emocionalidad extra, un par de trucos para distinguirlos. 

El seis está más en el futuro (el siete todavía más); con lo cual, suele entrar en la ansiedad y el cuatro está más en el pasado y, desde ahí, tiene más contacto con una especie de depresión.

El mecanismo de defensa estrella del seis es la proyección; es decir, ponen en el otro algo que no les gusta de ellos. Desde ahí lógicamente se genera mucha desconfianza.

Mientras tanto, el eneatipo cuatro usa como mecanismo de defensa, entre otros, los introyectos. Es decir, se dejan devorar por lo que en su día les dijeron. Muchas veces es como si se hubieran “tragado” a papá o mamá y los llevaran siempre consigo. Eso hace que se digan así mismas cosas muy duras, cosas que en realidad no se dicen ellas sino que sigue hablando ese papá o mamá que engulleron de pequeñas.

Más sobre el eneatipo 4 por aquí.

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2-13 NOVIEMBRE

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El eneatipo cinco, la avaricia.

Las ganas de soledad que, lícitamente, todos tenemos de vez en cuando, se terminan convirtiendo en una gran trampa para el eneatipo cinco. 

Pertenecen a la parte baja de la triada de la razón y como sus compañeros de viaje, los seis y sietes, darán mucha importancia a todo lo que tenga que ver con el conocimiento.

Así, son muy mentales y tienden, a su manera, a ser muy avariciosos. No tanto respecto a cosas materiales, si no más intelectuales o, en última instancia, de sí mismos.  

Como es de esperar, en los eneatipos cinco veremos mucho investigador, historiador o matemático.

Son introvertidos y tienen tendencia a teorizar todo. 

En este sentido, Gonzalo Morán, apunta:

“(…) Los Cinco son extremadamente racionales, analiticos, poco expresivos y algunos hasta misteriosos (Greta Garbo es un buen ejemplo de este rasgo). Es muy difícil que se conecten o se abran a los demás , y si bien internamente son tremendamente hiper-sensibles, poseen un exterior frio y lacónico, debido a que desvían la atención de los sentimientos al pensamiento, a fin de observar las cosas de manera imparcial. Muchos Cinco parecen no tener emociones, estar secos y faltos de vita­lidad. Aunque pueden experimentar intensas emociones y tener mentes muy activas y penetrantes, muestran muy poco de su mundo interior a los demás. Yo llamo a esta fisonomía del Cinco aspecto de «Yogur Descremado«, (término que me «tomé prestado»de unos seminarios de Coaching Ontológico) ya que sus caras raramente expresan algo”.

(ver post)

La discreción es su bandera y pueden tener un punto estoico.

En el contacto físico van a estar siempre incómodos. Vaya, que no tienden a compartirse demasiado y si pueden los ves encerrados en su cueva tan ricamente. 

Esta avaricia no es rollo Tío Gilito, está más conectada con “lo mío es mío”. Una especie de tacañería excesiva. No son gente de acumular cosas lujosas, ni mucho menos hacer exhibición de ellas

Piensan que si dan se quedarán sin nada.

Los límites son muy importantes para ellos y se pueden sentir invadidos con facilidad. 

Son bastante ermitaños. Es más, muchas veces, con muy poco son muy felices. 

Un eneatipo cinco no te dará cancha a no ser que tenga muchísima confianza contigo, e incluso en este caso, lo normal es que sea por un periodo limitado de tiempo. 

Es decir, les cuesta mucho relacionarse y, normalmente, al poco tiempo ya se sienten saturados. 

En un momento dado, también pueden jugar a hacer sentir al otro un tanto estúpido.

A su vez, en su huida del mundo, con el tiempo, pueden contactar con un vacío inmenso.

Las demandas emocionales del otro, las verá como una pesada carga y, aunque sí te pueden prestar atención, les cuesta estar en la empatía auténtica.

Como luego veremos, en función del subtipo, este aislamiento puede rozar lo patológico. En este sentido, lo que a otros eneatipos les vendría muy bien, como por ejemplo a más de un siete, a los cinco les puede llevar a una soledad extrema. Ciertamente, al principio pueden disfrutarla; pero, con el tiempo y el crecimiento personal, comienzan a entender que si no se ponen en juego desde la relación con el otro, no podrán completarse como personas. 

En este sentido también son los grandes meditadores del eneagrama. Lo que al común de los mortales le cuesta mucho, a ellos les sale natural y pueden ser estupendos profesores de meditación o mindfulness.

También se mueven como pez en el agua en el mundo del yoga. Todo lo que sea mirar hacia adentro se les da muy bien. Por ello, conectan con una delicadeza increíble. De hecho, muchas veces no es que no sientan, claro que pueden sentir (aunque no con la intensidad de un cuatro o u un dos), pero les resultará muy complicado expresar estas emociones. Desde ahí pueden ser muy frágiles, como si el mundo fuera demasiado fiero para ellos y necesitaran protegerse. Esta fragilidad les hace tener la piel muy fina y no recibir con normalidad comentarios críticos u opiniones contrarias a su férreas convicciones. Como sus vecinos los seises, conectan con facilidad con el miedo y estos temores les reafirma en su aislamiento del mundo.

Aun con todo, en general, y a veces casi a su pesar, son gente bastante achuchable y que generan cierta ternura.

Detrás de una aparente humildad, desde no meterse con nadie, desde ser bastante neutrales, el eneatipo cinco esconde una buena dosis de orgullo. No es un orgullo aplastante como el del eneatipo dos. Es un orgullo que está basado en que el otro no es digno de que ellos les compartan todo lo que saben. 

Es más, incluso cuando van a terapia, no les vale cualquier terapeuta; tiene que ser alguien a quien, previamente, haya puesto en un pedestal.

En cualquier caso, no deja de ser un delirio de grandeza.

Aprenden tanto y tan rápido que se pueden convertir en verdaderos expertos de muchas áreas de conocimiento.

Pueden ser bastante indiferentes con el mundo. De hecho, en lo social se sienten torpes y, por ello, no hacen ningún esfuerzo por integrarse.

Se puede decir que hay una especie de altanería intelectual en la que ellos se saben siempre superiores

Incluso, en una conversación, pueden ser conscientes de que con sus argumentos racionales podrían hacer ver al otro que está en el mundo de la fantasía, pero prefieren callarse y pasar del tema. Para ellos parecer que tienen razón no es importante; en el fondo, ya saben que la tienen.

Es como si no les diera la gana de hacer este pequeño esfuerzo de ponerse al nivel del otro y, desde ahí, dialogar. Por ello, al cinco le sienta tan bien pasar a ser uno más y expresarse con naturalidad. 

Normalmente, su mundo intelectual es bastísimo; son lectores incansables.

Saben de lo suyo, de lo del otro y de lo que no está escrito. No es un gula de saber, como les pasa a los sietes, es una necesidad de saber por el mero hecho de amor al conocimiento. 

Además, por ejemplo, un siete social a la que te descuidas te está dando la chapa con lo último que ha leído -y parece que ha hecho 3 máster sobre el tema-. Los cinco, no. No aburren y pueden ser buenos sintetizadores de todo lo que saben. Eso sí, muchas veces, se pasan y hay que sacarles las palabras con sacacorchos. 

Comparten con sus vecinos de la parte inferior del eneagrama, los cuatros, la timidez extrema y algunas veces, también la vergüenza. Ambos están en la carencia, pero la de los cuatros es carencia húmeda y la de los cinco carencia seca.

Les diferencia de los seises que aprenden para tener más seguridad. 

Su idea loca puede ser así: “No necesito de nada ni de nadie, con mi intelecto me basto y me sobro”.

Detrás de esta autosuficiencia hay bastante mezquindad (antítesis de la generosidad).

Pero, tanto conocimiento ¡¿cómo no podía ser bueno?! Como todo en la vida, cuando nos vamos al extremo puede tener consecuencias negativas. Una de ellas es que se olvidan de otros mundos que también son necesarios. 

Les cuesta pasar a la acción y a un nivel emocional, a pesar de esta delicadeza, que ya hemos apuntado, son muy fríos. 

Comparten con sus vecinos cuatro el estar abajo del símbolo del eneagrama y tener, muchas veces, la misma falta de confianza -ambos están en la carencia-; pero mientras el cuatro se va en llanto, al cinco le cuesta una vida derramar una lágrima. Eso sí, cuando lo consigue, algo comienza a cambiar y por esa “grieta” entra una luz preciosa.

En el amor no quieren agobios. Valoran su independencia por encima de todo.

Hemos conocido a varios cincos que, aunque sí están comprometidos con su pareja, prefieren tener relaciones a distancia. 

Tardan mucho en dar el paso de irse a vivir en pareja y cuando lo dan, evidentemente, no siempre les resulta sencillo.

Las relaciones suelen ser duraderas y  tranquilas. Eso sí, en terrenos de intimidad suelen estar un poco apagadas

Si la pareja es de la triada emocional/sentimental o un siete, esto puede ser un problema grave. 

Por otro lado, si su pareja es un cinco o un seis, este aspecto no tendrá tanto peso; pero, pueden entrar en un bucle de enganche intelectual que, a la larga, puede no ser lo más adecuado.

Cuando ven que la relación comienza a estancarse o hay dificultades, no les es sencillo poner los problemas encima de la mesa. Por eso, muchas veces, de un día para otro, comunican a su pareja que la relación ha llegado a su fin y se van. 

La pareja, muchas veces, no había notado nada y se queda con un palmo de narices intentando entender qué ha pasado. Pero, ya no hay vuelta atrás. El cinco huye y no vuelve.

Como bien dice Claudio Naranjo

“(…) Por más que en su tendencia a la autoculpabilización el autista desconozca la medida del amor espontáneo en su psiquis -desde el punto de vista del ideal de lo que debería ser o hacer-, es también cierto que su programación se vuelve contraria a este impulso de unificación con el otro que Platón nos ofrece en «El banquete», como respuesta a lo que pueda ser el amor. El carácter esquizoide es contrario a este impulso de unificación con el otro, en tanto que alberga una verdadera pasión por evitar los vínculos. Si el amor supone un interesarse en el otro, el esquizoide es aquel que no se interesa. No sólo expresa poco su cariño, sino que resulta una persona más fría que las demás, más apática, más indiferente”.

Algunos cincos, con más energía y con un fuerte sentido ético, por momentos, podrían recordar al eneatipo uno. Aunque cuando rascas un poco, se ve que el uno real está más en la acción y el cinco sumido en su mundo racional. Además, al cinco le cuesta conectar con la rabia, su enfado, cuando lo siente, es mucho más sutil. 

El uno ve la rabia; luego, la expresa o se la come, pero la siente claramente.

Más sobre el eneatipo 5 por aquí.

El eneatipo seis, el miedo.

Nuestros paisanos, Barricada, hicieron una estupenda canción llamada «Pasión por el ruido». En ella venían a cantar algo así: “De cuclillas en el sótano del paraíso / Harto de actuar como mero espectador”. Y la cabeza de un seis funciona más o menos así, es un eneatipo que tiene pasión por su ruido mental. Le da mil vueltas a las cosas y le cuesta actuar; la duda le corre y, por lo tanto, muchas veces vive la vida como un “mero espectador” en vez de coger las riendas y pasar a la acción. 

Como sus compañeros de tríada, los cincos y los sietes, con un eneatipo netamente racional. Para ellos la razón es Dios y el mundo emocional les resulta opaco. De hecho, ponerse en juego desde el corazón, les genera mucha ansiedad.

Los cincos están más en lo mental, en lo abstracto; pero ellos, son los más racionales de los racionales. La forma de operar de su cerebro es desde un pensamiento concreto.

Los seises son víctimas de la duda constante y, desde ahí, en casos extremos, llegan a un estado de cierta paranoia. 

En cualquier caso, su verdadera pasión (psicológicamente hablando) es el miedo. Un miedo muy primario con el que se conecta muy rápido y que les puede llevar a la huída, a  la parálisis o a la reacción kamikaze.  

Este miedo no es que sea malo en sí mismo; de hecho, desde un punto de vista evolutivo, el miedo ha sido clave para que hayamos llegado hasta aquí. El miedo nos protege y nos pone en guardia cuando hay un verdadero peligro. 

No conviene negar  el miedo; el truco está en darle la bienvenida y, a pesar de verlo, cuando toca, traspasarlo. El valiente no es el que no siente miedo; sino el que lo percibe y, aun así, ve la mejor forma de afrontarlo. 

El problema es el exceso de miedo que sienten y que les tiene en alerta constante. 

A su vez, no hay que olvidar que, normalmente, detrás del miedo está el deseo. Muchas veces, el seis no llega a saber lo que realmente desea, porque el miedo le nubla esa visión.

“No conoceré el miedo. El miedo mata la mente. El miedo es el pequeño mal que conduce a la destrucción total. Afrontaré mi miedo. Permitiré que pase sobre mí y a través de mí. Y cuando haya pasado, giraré mi ojo interior para escrutar su camino. Allí por donde mi miedo haya pasado, no quedará nada, sólo estaré yo”.Frank Herbert

Mientras tanto, tienden a ponerse en el peor de los escenarios.

Al contrario que sus vecinos de triada, los sietes -alegres y un tanto despreocupados-, tienen tendencia al pesimismo.

Su mecanismo de defensa es la proyección

Ven en el otro lo que no quieren ver en ellos mismos y, por lo tanto, “el otro” siempre es alguien poco confiable. Alguien que les puede hacer daño, por lo que siempre estarán alerta. 

En el post del eneatipo cuatro veíamos que tendían a estar en el pasado y ahora vemos que a los seises les pasa lo contrario: están en futuro. 

Son los grandes escépticos del eneagrama. No se terminan de creer del todo casi nada.

Ama lo conocido y le asusta la incertidumbre en sí misma. Aunque, de partida, no haya un peligro evidente, el seis ya estará en posición de combate. 

Usarán su afinado sentido de la lógica para mantenerse estables; pero, hay veces que la vida les golpea con demasiada fuerza. Desde ahí, también pueden entrar en interminables teorías.

Toda elucubración será poca para mitigar sus inseguridades. Viven en una duda casi constante.

La duda y la culpa serán compañeras de viaje inseparables. Se exigen mucho a sí mismos, y si no llegan a cumplir sus expectativas, se castigarán fuerte. 
https://www.youtube.com/embed/3rkG3JThuqc

Miedo al miedo, mítica canción del grupo Los del rayo.

Mucha gente está ubicada en este eneatipo y en realidad es otro. La razón es que, en menor o mayor medida, todos tenemos inseguridades y todos sentimos miedo; así que, cuando alguien no tiene muy claro su eneatipo, tiende a ubicarse por aquí. Con ello, el eneatipo seis se convierte, muchas veces, en una especie de cajón de sastre del eneagrama.

A los miedosos les cuesta estar en el mundo y, aunque no tienen una cueva tan bien montada como los cincos, son personas más bien reservadas. Para relacionarse necesitan tener la situación controlada

Como los unos, son fanáticos del supuesto control; pero, como bien sabemos, controlar, controlamos poco. La vida nos va poniendo en nuestro sitio y a más necesidad de control, más vaivenes inesperados. 

De partida, no quieren novedades. Los experimentos los dejan para los sietes; ellos quieren las cosas de toda la vida. 

Si un seis va a comer, va a comer lo que ya sabe que le gusta; si va de viaje, mejor va a un lugar tranquilo y que conozca bien. En el caso de que le toque viajar a un lugar nuevo, la preparación previa del viaje será digna del mejor tour operador. Habrá rastreado internet de arriba abajo para recabar información y un mes antes ya tendrá un par de guías del país en su poder.

El seis no acepta lo que viene, no confía plenamente en la vida. Necesita saberse fuera de peligro; pero, para su desgracia,  siempre encontrará algo que amenace su paz.

Su idea loca tiene que ver con que “el mundo es un lugar inseguro y amenazador”.

Con todo ello, para relacionarse con el otro, procura hacerlo desde el conocimiento. Siempre tienen un plan B y si algo sale mal, serán muy rápidos en la reacción.

Como los unos y los treses tienen pavor a cometer errores.

A diferencia de los sietes, que son más tácticos, los seises son mucho más estratégicos.

Aprenden bien y rápido, pero no tanto por el amor al conocimiento de los cincos, como por necesidad de que nos les pillen en un renuncio. A más conocimiento, más sensación de que todo irá bien.

En el amor, por supuesto, siguen buscando la tan ansiada seguridad.

El seis tendrá problemas con la libertad y los límites. Los suyos y los de su pareja. Pueden ser muy exigentes, posesivos y celosos.

Ponen el foco en las relaciones y se las toman muy en serio; pero, aunque sean muy fieles, en el fondo no hay una entrega auténtica.

El seis está desconectado de la emoción y le cuesta pararse a sentir. Así que, en esto del amor, el peaje por ser tan mental, suele ser demasiado caro. El susto que tienen en el cuerpo no les deja pasar a sentir desde el corazón.

Estar en el miedo es la antítesis de estar en el amor.

… se abren de improviso

Y quizás te estés preguntando “pero el miedo es una emoción, ¿no?”. Entonces… en qué quedamos ¿les cuesta o no les cuesta conectar con la emoción?

Para ser precisos, habría que decir que no conectan con las emocioneS. Con la emoción del miedo no es que no conecten, se enganchan a ella y no la sueltan. El problema está con el resto de emociones. 

Les cuesta sentir la rabia y ocupar su sitio. 

No son de lágrima fácil y lo de mostrarse vulnerables no va con ellos

Y, aunque pueden ser muy divertidos, lo normal es que estén demasiado ocupados en el deber como para darse al placer. 

En general, son muy rígidos.

Son muy amigos de sus amigos y no toleran la traición. Y el seis no es muy de perdonar; así que, si le has fallado a un seis, será muy difícil recuperar su confianza.

En el trabajo suelen ocupar puestos de confianza de la dirección. Cuesta verlos como jefes de operaciones (aunque lo pueden hacer con un poco de esfuerzo). 

Buscan la jerarquía y, en cierta medida, llevan bien la sumisión.

Por ello, muchas veces serán sumisos, pero no siempre. Por ejemplo, un seis sexual puede ser bien rebelde. En cualquier caso, lo que sí que tendrán siempre muy claro es quién es la autoridad.

En este sentido, Gonzalo Morán, apunta

“(…) Esta ambivalencia y desconfianza, esta falta de brújula interna, hace que los Seis vivan en un mar de incertidumbre, buscando una Autoridad, ya sea en la forma de una persona o de una institución, en quien poder confiar y quien los guíe. Los Seis suelen ser obedientes y cumplir las reglas al pie de la letra, esto les da una sensación de seguridad, como si ateniéndose a las reglas les otorgase una cierta inmunidad que lograra que nadie pudiera hacerles daño.

También, suelen ser acusadores con quien no las cumplen, como diciendo «Miren yo como cumplo las reglas y los demás no». Se aferran a la autoridad...hasta que esta les de alguna prueba de que no es confiable y ahí, automáticamente, se transformaran en opositores.

Cabe notar que los Seis se manejan con la llamada «LEY DEL GALLINERO»: son sumisos con los que tienen arriba y déspotas con los que tienen debajo de ellos.

Según Claudio Naranjo, muchos 6 son «lame botas» (chupamedias, bah!).

(ver post)

Como vemos, que sean buenos segundos de abordo no significa que den la autoridad a cualquiera; si alguien está por encima suya, se lo habrá tenido que ganar a pulso. En el caso de no ser así, pueden pasarlo muy mal, pues quizás no se atrevan a tomar ellos el poder, pero verán claramente todos los defectos de un mal jefe.

También, con razón o sin razón, sienten como desde arriba se les intenta manipular. Pero, esto puede ser tan sólo una proyección.

Como bien dice Claudio Naranjo

“(…) el seis es la típica de la persona que se mueve según términos jerárquicos, con un implícito miedo a no cumplir con su deber o con lo que requiere un cierto código, ideología o fe. Es el individuo al que suele llamarse true-believer, el fanático. En tanto que los otros dudan, éste se protege contra la duda —un Quijote, a quien los «Sanchos» en particular llaman la atención por lo que, desde su punto de vista, es rematada locura.

El miedo a equivocarse, que en el tímido se manifiesta como excesiva sumisión, evasión de la responsabilidad de decidir, vacilación y excesiva cautela, y que en el fuerte — contrafóbico— se manifiesta en agresividad, lleva aquí a una obsesiva devoción por los ideales grandiosos.” 

Con todo ello, se sienten más cómodos en un papel secundario, un lugar en el que son valorados por su lealtad y porque siempre hacen las cosas de manera correcta

Quizás no serán tan brillantes como un siete, ni tan creativos como un cuatro; pero, pueden competir en eficiencia con el mejor de los tres o con uno hiperperfeccionista.

De hecho, si se descuidan, pueden tener cierta adicción al trabajo. 

Les suele faltar dejarse llevar, soñar un poco e imaginarse en nuevos escenarios laborales donde poder ser más útiles al mundo.

Con el dinero, al igual que los treses conservación, tendrá una relación de búsqueda de seguridad; es decir, aunque en su vida no haya tenido sueldos demasiado altos, se las habrá arreglado para tener un buena cantidad acumulada en el banco

Son como hormiguitas ahorradoras.

Eso sí, lo de invertir ya no lo verá tan claro a no ser que sea algo a tiro hecho. Si hay riesgo no querrá saber nada.

Curiosamente, a pesar de convivir con la ambivalencia, muchas veces, son percibidos como gente muy estable. Venden la seguridad que, en el fondo, no tienen.

Suelen estar un poco apagados y  les falta cierta pasión por la vida. 

Se sienten cobardes y acaban aburridos de sus propios devaneos mentales. Su cabeza no para de funcionar ni por un momento y esto, a ciertos niveles, tiene una parte práctica muy útil, pero les termina agotando.

Como algunas cuatros, pueden ser bastante tímidos y vergonzosos.

Se complementan muy bien con la triada de la emoción. Ellos les ayudan a poner un poco de orden en su agitado mundo emocional y ellas les sacarán de su cabeza para ayudarles a bajar al cuerpo y contactar con sus sentimientos. Es un win win en toda regla.

Más sobre el eneatipo 6 por aquí.

El eneatipo siete, la gula.

El eneatipo siete tiene pasión por la gula. Como veremos, es una gula de que va más allá del gusto por la comida.  La gula tiene un papel protagonista en la Divina Comedia de Dante y no hay que olvidar que era uno de los siete pecados capitales.

Como fijaciones principales tiene la autoindulgencia y la seducción – manipulación.

Como mecanismo de defensa tiene la sublimación del placer. Desde aquí, evita cualquier encuentro con lo doloroso.

Pasa a la acción pero sus movimientos llevan el sello de la racionalización (que le evita bajar al corazón) y la autoindulgencia (que le permite ser aparentemente libre).

Como sus compañeros de tríada los cinco y los seises, su cabeza siempre está de cháchara; parar la mente es realmente difícil y, desde ahí, es muy difícil bajar a la emoción. Los sietes razonan con agilidad y, siempre, están en un diálogo interno; pero, este parloteo les hace no conectar con su esencia y quedarse siempre en lo superficial.

Suelen estar de buen humor (un poco como los gnomos). Claudio Naranjo comentaba que a la mayoría de los eneatipos les va muy bien tender a comportarse como los sietes, excepto a los propios sietes, ya que, actuando siempre así dejan de ver la propia realidad por estar siempre en el lado optimista de la vida. Así, las personas de este eneatipo suelen ser alegres y joviales, pero, como veremos más adelante, no hay que confundirlas con la típica persona que siempre está de fiesta. El siete también ha podido estar en eso, pero no es requisito indispensable, y muchas veces se muestra al siete sólo de esa forma. Es mucho más neurálgica su tendencia a evitar el conflicto y no ver la parte dolorosa de la vida. Con ello, la actitud positiva ante la vida, que tanto bien hace a otros eneatipos —sobre todo a los de la parte de abajo del eneagrama aunque también, por ejemplo, a algunos nueves—, a los sietes ya no les sirve. Nuestros protagonistas, como consecuencia de su rechazo a sufrir, no se enfrentan al conflicto. Cuando la cosa se pone complicada o bien se escapan o le dan la vuelta al tema para evitar la confrontación. Podrían considerase una antítesis de otros eneatipos más combativos como los ochos y los unos, o, incluso, que algunos subtipos  como los cuatro sexuales o los seises contrafóbicos.

Matizar que el siete no es que no pueda estar en el conflicto, su dificultad es de enfrentarse a él con autenticidad y con ganas de mediar. Lo normal, desde la parte egoica, es que entre en el conflicto para salirse con la suya. Usará todos sus trucos dialécticos e intentará llevarse la razón. Si hace falta, volverá loco a sus interlocutor pero intentará quedar por encima. En la confrontación puede parecer muy seguro, pero la procesión va por dentro.

Los sietes tienen la capacidad innata de ser buenos comunicadores y la gente, en general, quiere estar con ellos.  Se venden muy bien y, en ocasiones, parece que están en el grupo desde la generosidad. Sin embargo, ni  son tan generosos como parecen, ni tienen al otro tan presente como pudieran hacernos creer. Esta forma de ser, tan servicial, esconde buenas dosis de arrogancia -interés propio- pero, eso sí, a este eneatipo no se le verá el plumero como le puede ocurrir, en un momento dado, a los treses (sobre todo a los sociales).

El siete tiene sed de ser el centro de todas las miradas, de que los demás le tengan muy presente y de que se le tenga en cuenta para todo. Se considera un ser especial. Como bien dice Claudio Naranjo,  “el siete es un niño mimado que quiere que le den todo.”

Aun con todo, esta buena propaganda de sí mismos esconde, en los sietes, una gran inseguridad. No hay que olvidar que después del 6, el 7 es el más miedoso del eneagrama.

En ocasiones, al igual que el rígido pasivo femenino (carácter de bioenergética), el siete -sobre todo social y sexual- hace como que no se entera y, mediante la evasión o manipulación, se olvida de lo que le están mostrando, pensando en algo más cómodo y menos confrontativo. En general son  tan indulgentes como les gusta que lo sean con ellos; lo importante es no ponerse a malas y mucho menos entrar en la tristeza.

Como explica  Gonzalo Hervás, profesor de la Universidad Complutense de Madrid y experto en emociones y psicología clínica:

“El bloqueo de una emoción puede ser un mecanismo automático de protección. Cuando la tristeza y otras emociones desagradables son muy intensas o nos generan sensación de descontrol, tendemos a negarlas. Lo cual, en general, tiende a amplificarlas”.

Los sietes son personas con una imaginación desbordante; necesitan tener muchas puertas abiertas, sueñan sin cesar y viven en el futuro (son muchas las cosas que quieren hacer y conseguir). Es un eneatipo narcisista –¡más incluso que los treses!– y piensa primero en sí mismo; así que, si para acceder a lo que quiere tiene que hacer alguna pequeña marrullería, pues la hará (sobre todo si es subtipo conservación).

Normalmente son gente muy leída y que ha vivido mucho, lo cual les hace poder hablar de casi todo, aunque de muchas cosas tengan solo una capa de barniz. Como hace tiempo recordaba nuestro amigo satero Gorka Iguiñiz, en una de nuestras minientrevistas en nuestro blog de Haiki:

“(…) me veo en esa charlatanería de sabelotodo -que únicamente escondía mi inseguridad-, en la dificultad para el compromiso y la autoindulgencia. A todo ello hay que sumar que, me vi, como un niño, compartiendo sus fantasías por no girar la cabeza y ver lo que había detrás.”

A los sietes la espontaneidad y desparpajo les hace salir del paso incluso en situaciones muy complicadas. Son muy locuaces y, gracias a ello, tienen bastante capacidad para convencer al otro de que se hagan las cosas como ellos/ellas quieren.

Muchas veces son como niños buenos que no terminan de crecer y que se asustan si aparece una complicación. Necesitan tener siempre la fiesta en paz y que se les ponga en cuestión o se les haga una crítica, no les gusta nada. Eso sí, incluso si se les pone de vuelta y media, pueden ser capaces de responder sin enfado aparente (o ni siquiera responder y ponerse a otra cosa). No les gusta estar en el lado negativo de la vida, el entusiasmo es su arma más potente; aunque les ocurran cosas negativas, rápidamente aplicarán las gafas de color rosa y transformarán la realidad para que parezca otra cosa. Eso de que “pase lo que pase es para bien”, puede ser su mantra de vida. Los cuatros verán siempre el vaso medio vacío y, además, se lamentarán de su mala suerte y siempre verán a otra gente que tiene el vaso más lleno que ellos. Mientras tanto, nuestros optimistas no es que vean el vaso medio lleno, verán mil formas de llenarlo hasta arriba en un pis pas.

Siguiendo esta idea, viene bien traer a primer plano las palabras de Paco Peñarrubia:

“(…) Siempre me he sobrepuesto a los males de este mundo negándolos de múltiples maneras, pero con un denominador común: si me lo monto bien, si soy feliz, si gozo y obtengo placer… esto significa que no han podido conmigo. O que mi estrategia no era errónea. O que no soy un iluso. Si tengo un buen proyecto, estoy a salvo de la rutina y el aburrimiento. Si entiendo las cosas con rapidez, si me las explico al instante, estoy a salvo de que me salpiquen, me dañen, me defrauden o me duelan. Con mi cabeza puedo crear un espacio disuasorio donde proteger mi “sensible” corazón. Gran parte de mi vida he vivido con la esa ilusión de felicidad, de placer. En el fondo, de profunda deshumanización aunque aparentara precisamente lo contrario. Luego, todo esto se ha ido cayendo, en la medida que he ido disolviendo mi rebeldía.”

A veces son una especie de arlekines o incluso bufones -el bufón era el único que se podía mofar del rey; es decir, que no tenía problemas ni conflictos ni siquiera con la misma autoridad- que estarán en la broma y el cachondeo constante. Para ellos, siempre hay algo positivo que ver en todo, aunque la realidad para el resto de los mortales sea de color gris.

En cualquier caso, esta sonrisa casi crónica del siete, siempre, esconde un niño triste. Lo que muestra al mundo es una jovialidad neurótica que le sirve para ser aceptado en un primer momento. Nuevamente, su realidad es diferente. Con el proceso personal nuestros optimistas empedernidos, se dan cuenta de la trampa y contactan con una tristeza muy profunda.

Como bien apunta, la experta en yoga, María Victoria Andreu:

“(…) Los Siete quieren estar siempre animados. Gustan de la aventura y de mantener altas sus expectativas. Existe una atracción química para las experiencias cumbre, como si en lugar de sangre circulara champán por sus venas. Están imbuidos por la creencia de que la vida no tiene límites. Siempre hay algo interesante que hacer. Si la vida no es aventura ¿para qué vivirla? ¿Por qué atarse si se puede avanzar?”.

Las personalidades pertenecientes al eneatipo siete suelen ser presas, como veremos más adelante, de diferentes gulas; las más evidentes y compulsivas suelen ser la de la comida y el sexo. Tienen tendencia a los excesos y si, en un momento dado, coquetean con las drogas, tendrán que tener cuidado con no caer en adicciones. En este sentido, serían como la antítesis de la austeridad de los cinco. Cuando nuestros golosos están desatados parecen comerse el mundo y también pueden parecerse a algunos doses.

Esta gula puede ser también de conocimiento y reconocimiento. Esta actitud tan hedonista se puede entender de diferentes formas; y, como bien apunta Claudio Naranjo:

“(…) puede estar enmascarada por una excesiva preocupación dietético-espiritual nacida de que la persona se siente inconscientemente culpable de su gula y se la prohíbe.”

Por un lado, son gente que puede ser bastante empática; aunque esa empatía tenga, a veces, la trampa de que, al final, esperan algo a cambio. No se trata de un dar, como el de los doses, o un perderse en los otros (confluir), como les ocurre a los nueves; es simplemente un estar en contacto. 

Por otro lado, pueden resultar un tanto crueles cuando han generado falsas expectativas en el otro y, de un día para otro, salen corriendo sin dar mucha explicación (o ninguna). Aunque bien sabemos que el eneatipo del eneagrama más cobarde por excelencia es el seis; éstos tienen un punto de lealtad que, en un momento dado, les puede hacer mucho más valientes que algunos sietes que sí que pueden resultar realmente cobardes. Estas huidas suelen resultar muy dolorosas para su entorno, pues el lugar que ocupaban difícilmente puede ser reemplazado. El miedo está ahí, aunque muchas veces el siete lo niega. Esta falta de compromiso les hace vivir siempre en la intensidad; todo ha de ser increíble y han de estar entusiasmados en todo lo que hacen.

Normalmente, con poco esfuerzo obtienen grandes resultados.

Son curiosos, imaginativos y fantasiosos. De hecho, les puede costar diferenciar la fantasía de la realidad. La creatividad (como en el eneatipo cuatro) es lo suyo. Como bien sabemos, las conexiones neuronales se van haciendo más abundantes cuanto más creativos podemos llegar a ser; por eso los sietes tienden a llegar a edades muy avanzadas en buen estado. Es más, desde hace tiempo también se sabe que esta capacidad creativa puede llevar incluso a crear nuevas neuronas (neurogénesis), fortaleza que los sietes no deben dejar de poner nunca en juego.

Victor Hugo Salamanca, comenta que los sietes son:

“hiperactivos, se lanzan en una actividad constante, haciendo y diciendo cualquier cosa que se les ocurra. Temen aburrirse y tratan de aumentar su estímulo y excitación manteniéndose en constante movimiento y distrayéndose con algo entretenido y nuevo, aunque hagan demasiadas cosas. Corren el riesgo de volverse superficiales, sin inhibiciones, volátiles, ostentosos, extravagantes.”

Así, todo lo dionisíaco les llama la atención; ahí donde esté el goce (son muy autoindulgentes) estarán los sietes con una sonrisa en la boca. Son “demasiado” expresivos y encantadores. Su lugar natural de estancia es el mundo epicúreo, buscando siempre el placer (y sobre todo, la ausencia de dolor). En este sentido, en uno de sus post, Isra García, experto en emprendimiento, hablaba de la existencia de los “Cabrones profesionales” y los venía a describir como:

“Es una forma de vida, es una filosofía, es un credo, es un club con que muchos o pocos pueden sentir afinidad. Está basado en los valores de un caballero de la mesa redonda, la picaresca de un trovador, la irreverencia y bribonería de un Don Juan del año 1613, persuasión y perspicacia, inteligencia social y emocional, creatividad, iniciativa, acción, pensamiento disruptivo, elegancia y descaro, humor, diplomacia, liderazgo compartido, el espíritu de equipo y esfuerzo prolongado. Es un grupo de personas que permanecen sobre los valores de la lealtad, la honestidad, dignidad, generosidad y respeto mutuo. Son cabrones porque son limpios haciendo el trabajo sucio”.

Son los aventureros del eneagrama y necesitan visitar miles de lugares y probar emociones fuertes.  Todos los planes del mundo son pocos; tienen una energía desbordante y han de inventar cientos de acciones ingeniosas para no caer ni por un segundo en el aburrimiento. 

A veces se sienten parte de un plan celestial que les hace ir en una dirección. El problema es que mientras transitan un sendero, a la vez, les apetece también ir por otro. Con lo cual, van repartiendo energías en varios frentes hasta que ocurre algo, o, simplemente, el día a día les desborda y se dan cuenta que no pueden con todo. Entonces, aparece la tendencia a abandonar un proyecto. El siete seguirá su camino por otro lado buscando más proyectos excitantes en los que embarcarse, pasando página a la velocidad de la luz.

Así, entre tanto alboroto, se dispersa su concentración; con todo ello, pueden resultar personas muy dispersas. Les será muy sanador focalizar en lo importante; en este sentido, centrarse en el eneatipo uno, con quien están directamente relacionados, les viene muy bien. No pensar en grandes y deslumbrantes planes les hará bien; han de bajar a lo concreto.

Ante tanto placer y búsqueda de la belleza, se hace difícil que se den cuenta de que, en realidad, es un eneatipo más del eneagrama y que tiene sus cosas buenas, pero también malas. En contraposición a esta idea, en un principio, tienden a pensar que ellos están de maravilla y que son el resto de eneatipos los que debieran cambiar para parecerse a ellos. Por todo ello, suelen tardar en entrar en crisis e incluso cuando entran en el proceso de crecimiento personal, a veces, les cuesta llegar a entender, realmente, cómo es su personaje y cuáles son sus mecanismos de defensa. De esta forma, los doses (los que, por norma general, se creen más cerca de Dios) y los sietes, suelen ser reacios a entrar en materia; pero cuando lo hacen, suelen caer con todo el equipo. Desde ahí, a veces con grandes crisis, pueden levantar el vuelo y, con el tiempo, ir encontrando su verdadera esencia. Al final, muchos de los que consiguen centrarse, acaban siendo terapeutas o en posiciones de mucha ayuda a los demás.

El Siete en el amor

Esta tendencia a buscar siempre algo más les lleva a evitar el compromiso; lo de estar atados no es para ellos. Como veremos más adelante, quien memos problemas tendrá con el compromiso de los tres subtipos de sietes, será el siete conservación.  

Muchas veces, los chicos sietes tienen una visión idealizada de la madre, lo que les lleva a buscar, consciente o inconscientemente, a una mujer imposible durante toda su vida. Lo del complejo de Edipo es un buen tema a resolver para ellos.

En cualquier caso, este eneatipo es demasiado libre como para comprometerse; así que se las apañan para no entregarse de lleno en sus relaciones. A veces, confunden libertad con libertinaje.

Al final, llega un día en que se dan cuenta de todo lo que se han perdido por no saber estar para el otro (debido a su egoísmo endiablado), cuando pasa la primera fase del enamoramiento. Muchas veces niega el miedo, el miedo en general, y en este caso el miedo a comprometerse.

Su gula les puede llevar a obsesionarse con temas como el de la pareja (igualito que l@s doses y treses sexuales) o con ser el centro de atención. Buscan la intensidad en las relaciones, sobre todo en las que tienen que ver con la pareja. En general, tienen facilidad para los temas afectivos –si no entran demasiado en harina- y suelen ir de flor en flor. A los chicos les es bastante cercana la figura del Don Juan.

En el sexo son bastante directos, no son muy de prelimiares (tampoco las chicas).

La seducción y persuasión, consciente o inconsciente, siempre está en sus vidas y les lleva a resultar muy atractivos. Muchas veces, saben de sus bondades y las usan para conseguir lo que quieren; otras muchas, enamoran al personal con su sola presencia. La gente queda prendida de ell@s sin que se esfuercen demasiado para ello (en esto se dan un aire al eneatipo dos). Esta actitud narcisista les lleva a no encontrar nunca el verdadero amor, confundiendo amor con placer; necesitan parar, olvidarse de su afán conquistador y bajar a tierra.

Muchas veces, ellos mismos comentan que el amor es ciego para explicar sus relaciones y no, el amor no es ciego, el que es ciego es el deseo. Y, como bien sabemos, los sietes lo ponen en juego con una facilidad pasmosa. Esto, en general,  les lleva a tener muchas relaciones, pero poco profundas.

Con todo ello, a los sietes no les gusta poner puertas al campo, todo ha de ser lo más libre y ligero posible. 

En este sentido, pueden tener problemas, como padres y madres, a la hora de poner límites a sus hijos.

El Siete en el trabajo.

El siete en el trabajo buscará la libertad y creatividad.

Su tendencia es tener varios frentes abiertos a cada cual más emocionante y divertido. Eso sí, si no focalizan un poco, la suelen liar parda y, a veces, no cumplen con sus compromisos. Rescatando las palabras de Claudio Naranjo:

“(…) Un rasgo fundamental en el eneatipo siete es la permisividad o indulgencia que considero la esencia de la gula. Y como esta autoindulgencia sería imposible con la imposición del superego o sometiéndose a la autoridad, este carácter es rebelde, aunque a veces de manera suave o diplomática. Los sietes tienen una apariencia gentil, dulce, amable y amistosa; pero no hacen mucho caso de la autoridad y presuponen implícitamente que a la autoridad es mala. No se embarcan en una lucha contra autoridad, como el seis o el ocho. Simplemente, hacen caso omiso, no la necesitan, como si hubieran perdido su fe en la autoridad. Así, no creen en la limitación de sus propios deseos y se permiten una amplia libertad, tan a sí mismo como a los demás. Su lema es: vive y deja vivir.”

Al siente no le gustan las normas y mucho menos la autoridad, sobre todo cuando es despótica; los sietes quieren ir a su aire, libres como el viento.

Siguiendo con el maestro chileno, Claudio Naranjo:

“el goloso comparte con el carácter lujurioso la rebeldía; pero, no se trata de una rebeldía abierta y directa, sino indirecta y sutil para la cual es más apropiada una palabra diferente: anticonvencionalismo.”

Así, a los sietes les gusta ser rebeldes pero sin que haya mucha movida. Serían una especie de rebeldes de postal.

Sin embargo, a los ochos (también a los unos) les da igual que haya jaleo; de hecho, si lo hay mejor que mejor.

Como bien comenta Enrique Villatoro,

“(…) El cambio sobreviene al reconocer y profundizar en lo que hay detrás de la búsqueda de grandeza, del interés, de sacar provecho para sí mismo. Por un lado, está la sensación de sentirse pequeño, inseguro y, hasta cierto punto, en inferioridad de condiciones. Por otro lado, hay una gran desconfianza en la autoridad vaya a ser justa y otorgue seguridad y protección. Con tal manera de pensar, parecía más fiable convertirse en la propia preferencia, en la propia autoridad, con un sentido interesado de la justicia, la seguridad y la autoprotección.”

En cualquier caso, como en el juego del ajedrez -que gracias a las limitaciones de sus reglas se puede ser infinitamente creativo-, a los sietes les viene bien ser conscientes de que la vida tiene sus normas y sus leyes de juego. Cuando son capaces de asumirlas, pueden ser libres de verdad y escapar de los caprichos del niño consentido que esconden en su interior.

El Siete en la alimentación

Tanto el siete como el nueve tienen pasión por la gula. La diferencia vendría a ser que al nueve le da igual lo que come, lo importante es que sea abundante y, normalmente, le sirve para narcotizarse. 

El siete, por contra, tiene tendencia al exceso pero no necesariamente ha de ser todo tan abundante. Lo importante es que haya nuevos platos sobre la mesa o que sean alimentos que él considera deliciosos. 

Además, para el nueve la compañía en la mesa no es algo tan importante, mientras que el siete valora mucho este espacio para socializar y disfrutar. 

Al siete le sana estar en la renuncia, justo lo contrario de lo que les viene bien a la mayoría de los cuatros. Los estoicos y epicúreos hablaban de un lugar de felicidad al que se llegaba desde lo esencial, desde la renuncia; a ese estado le llamaban ataraxia.

Más sobre el eneatipo 7 por aquí.

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El eneatipo ocho, la lujuria.

El ocho está en la antítesis del miedo

Comparte triada de la acción con el nueve y con el uno. 

Mientras los nueves pueden estar en un hacer mecánico, los ochos siempre están en un hacer dirigido a satisfacer sus impulsos. El nueve se desliga de lo que necesita y el ocho sólo hace por satisfacer estas necesidades básicas.

A partir de aquí, leerás una descripción del eneatipo ocho que pudiera parecer muy negativa. Eso no es así, el ocho es un eneatipo igual de “bueno” y de “malo” que el resto. Lo que ocurre es que es más extremo y escandaloso. Desde ahí, puede parecer el eneatipo más “chungo”, pero esperamos que quede claro que no es así.

Además, es el que contacta con la rabia y es capaz de expresarla incluso con violencia. Esto no es exclusivo de ellos, recordemos que la Santa Inquisición, plagada de unos, no podía ser más violenta.

A su vez, la agresividad en sí misma, puede ser algo muy necesario y que a otros eneatipos, como por ejemplo algunos treses, les cuesta muchísimo contactar con ella.

El ocho va por la vida como si todo fuera posible para ellos. Junto al tres, dos y siete es un carácter eminentemente narcisista. No tienen en cuenta al otro y pasan a la acción en un pis pas. Esta reacción tan rápida les hace estar al borde del precipicio de manera constante. Es como un resorte que se acciona sin dejar espacio a la reflexión.

La empatía no es su mejor virtud. Mientras que los cuatros son un eneatipo de gran emocionalidad, los ochos se encuentran en el extremo opuesto y son, en un principio, los más insensibles del eneagrama. Lo que sí comparten con algunos cuatros (sobre todo sexuales) es la tendencia antiintelectual.

Muchas veces, hablas con ellos y se van en medio de la conversación. Si por lo que sea el tema ha dejado de interesarles, se las piran y listo. No guardarán las formas y son indomables. 

Los verás manejándose a sus anchas en la ley de la selva y su instinto de supervivencia les hará resistir situaciones límites.

Tienen tendencia a la omnipotencia. Pueden resultar un tanto chulescos. Desde ahí, se creen los reyes del mambo. Sin embargo, esta superioridad lo único que hace es alejar a sus seres queridos.

En un eneatipo con mucho contacto con su parte animal, que huye de ser domesticado y ve “la educación” como una manera de prostituir su autenticidad. Por aquí, se diferencian de sus compañeros de tríada. los unos, y se colocan en la antítesis de la corrección del eneatipo tres. Los treses pueden llegar a ser bastante hipócritas, mientras que los ochos fardan de su honestidad radical.

Su pasión es la lujuria. Lujuria no sólo sexual, que también. Tienen tendencia al exceso descontrolado y se mueven como nadie en las situaciones límite.

Se podría decir que, incluso pueden ser todavía más orgullosos que los doses (lo cual es bien difícil), y se les identifica con la soberbia y prepotencia.

https://www.youtube.com/embed/jk886pOS4Mo
Lemmy, el cantante de Motorhead, podría ser un buen ocho.

El problema de sus excesos es que cuando se juega tantas veces con fuego, tarde o temprano, se terminan quemando y los ochos se han quemado varias veces. Pero es un eneatipo que se identifica con la fuerza; así que, termina resurgiendo de sus cenizas.

Son gente muy dura y curtida en mil batallas. No muestran su dolor y tampoco piedad.

De hecho, más que de fuerza podríamos hablar de potencia que es la fuerza en función de la rapidez. Son gente superrápida; para cuando tú vas, ellos ya han vuelto. Vamos… que se las saben todas.

En este sentido, Gonzalo Morán, apunta

“(…) Los Ocho rechazan todas las emociones que consideran «débiles»: tristeza, miedo, depresión, vergüenza, remordimientos, ternura, carencias, anhelos, etc. y parecieran ser insensibles al sufrimiento, gracias a su Mecanismo de Defensa de la Negación. Un buen ejemplo de esto es una historieta en donde muestran a un Mexicano apuñalado (México es un país con fuertes características Ocho) y un amigo le pregunta: «¿¿Te duele Manito???» a lo cual el susodicho responde: «Nah, …Solo cuando me río…».

Para un Ocho la rudeza es fuerza, la falta de consideración por los demás es honestidad y la persecución insensible de sus objetivos es «supervivencia». Es como si se dijeran a sí mismos : «Si al menos no me AMAN, me TEMERÁN»”

(ver post)

Como bien dice Gonzalo Morán, uno de sus mecanismos de defensa es la negación. Negación de su propia delicadeza y del propio dolor (tanto físico como emocional).

Pueden ser muy violentos y tienen un punto sádico. Castigarán sin miramientos a quien ellos crean que se lo merece. Con la autoridad tienen un “quilombo” permanente.

Junto a los doses sexuales son los “chicos malos” del eneagrama. De hecho, en su estado más grotesco, dejarán el papel de chico malo para el dos y ellos se apropiarán el de “macho alfa”.

Y más allá de la ayuda (en el fondo interesada) de los doses, el ocho no ayuda, el ocho salva.

Harán cualquier cosa antes de mostrarse débiles.

Van por la vida en modo desafiante y pueden ser muy vengativos.

Con un ocho mejor no meterse, sus respuestas suelen ser desproporcionadas.

Recordamos a una compañera satera ocho, contando las “maldades” que le hizo a un exnovio que la había traicionado y se te ponían los pelos de punta. 

El término medio no va con ellos: o blanco o negro, o estás conmigo o estás contra mí.

Es el eneatipo que mejor conecta con la rabia; ellos no tienen problema para sacarla y, al igual que los cuatro sexuales, podrán decapitar a quien se interponga en su camino.

Tienen una dirección clara y van a cumplir su objetivo sin ningún remilgo. Suelen tener una vida muy intensa; son adictos a las emociones fuertes y por donde pasan no vuelve a crecer la hierba.

Han podido vivir mil peripecias. Un año en la vida de un ocho es como una vida de intensidad de otro eneatipo.

Se dice que son buenos líderes, pero para que ello, tienen que estar muy muy centrados y lo normal, como en todos los eneatipos, es que el ocho esté a lo suyo.

Si realmente hay un despertar de la consciencia,  es cierto que todo lo que hemos explicado se rebaja en gran medida y, entonces, y sólo entonces, el ocho puede relacionarse con otra gente.

Siempre será muy categórico y vehemente, pero su nivel de violencia habrá remitido. Aún así, habrá eneatipos, como el cinco o el seis, que no quieran saber nada de ellos.

Su apariencia siempre será fiera y tendrán un punto salvaje. Tienen puesta una coraza, real y metafórica, que les permite resistir los golpes más fuertes.

Contactan con facilidad con su instinto y con sus deseos. En lenguaje naranjiano, como veremos en el apartado del amor, son propensos a lo dionisíaco.

Esto que, por ejemplo, para un seis sería algo fantástico para ellos es un problema. Al no tener medida de las cosas, lo llevan todo al extremo y no paran hasta satisfacer estos deseos. Lo malo es que su nivel de insatisfacción también es elevado; por lo que, en el fondo, no terminan nunca de sentirse satisfechos.  No es complicado que, desde ahí, puedan ser presa de más de una adicción.

Tienden a la soledad y muchas veces es una soledad impuesta desde fuera. En el grupo, muchas veces, son percibidos como gente molesta, personas que se saltan las normas, gente que hace frente a la autoridad y que no se cortará en decirle al rey que va desnudo.

No son moralistas como los unos, tienen sus propias reglas y pueden tener valores claros; pero, son los suyos y son extremos. 

Si fueran un estilo musical, serían hardcore. Los cuatros sexuales podrían ser los más punkis, pero ellos serían los que terminarían arrasando con todo. En palabras de Ichazo, “la fijación del ocho es la venganza”. No hablamos de la típica venganza que se sirve en plato frío. La venganza del ocho es en caliente y, muchas veces, desmedida. Si pueden humillar al otro, lo harán sin despeinarse.

Como bien dice Claudio Naranjo

“(…) El fenómeno sádico de disfrutar con la frustración o humillación de los demás puede considerarse como una transformación de tener que vivir con la de uno mismo (como un subproducto del triunfo vengativo), igual que la excitación de la ansiedad, los gustos fuertes y las experiencias recias representan una transformación del dolor en el proceso de endurecerse uno mismo ante la vida. (…) Es fácil apreciar cómo la dominación y la agresividad están al servicio de la lujuria: particularmente en un mundo que espera la contención del individuo, sólo el poder y la capacidad de luchar por los propios deseos puede permitir al individuo dar rienda suelta a su pasión de expresar el impulso. La dominación y la hostilidad están al servicio de la venganza, como si el individuo hubiera decidido en los primeros años de su vida que no vale la pena ser débil, adaptable o seductor, y se ha orientado hacia el poder en un intento de tomarse la justicia por su mano”.

Son gente desordenada y que tiende a perder el control (antítesis del tres).

De partida, no se fijará demasiado en el otro y tampoco empleará mucho tiempo en juzgarle; eso sí, si lo hace, será contundente y letal. Son pasión en estado puro.

Les cuesta ver que ellos, tan auténticos, también tienen su sombra y, por lo tanto, tienen complicado comenzar el camino hacia la luz. 

Están siempre en la batalla continúa y esta lucha, muchas veces, no es con el enemigo real del presente; están luchando con sus fantasmas del pasado. Les cuesta mucho estar en paz. No dan nunca su brazo a torcer.

Si sufren abandono o traición, que nadie espere el perdón del ocho.

Si están más neuróticos de lo habitual, serán gente antisocial y peligrosa.

No serán cuidados con el lenguaje, ni intentarán ver lo positivo de cada situación. Ellos no filtran, no dulcifican nada; según les viene lo vomitan al mundo.

También, curiosamente, se pueden parecer, en las formas, al seis contrafóbico. La diferencia es que el seis sexual entra en acción cuando siente el miedo, y el ocho no siente el miedo. Entra en acción desde el instinto y el deseo. Quiere algo y va a por ello.

Tienen un punto primitivo y tosco y, a la vez, pueden estar en contacto con un mundo ancestral que el resto de eneatipos ni huelen.

Algunos doses (sobre todo sexuales) pueden asemejarse a los ochos incluso físicamente. 

Si fuera un animal podría ser un gallo de pelea o  el rinoceronte negro. Este último es un animal de aspecto poderoso con el que no dan ganas de hacer bromas

Como sucede con el rinoceronte negro, hay más bien pocos ochos. En el caso, del rinoceronte negro, además, está en riesgo de extinción. Esperamos que no ocurra lo mismo con los ochos ;-)

Las crías de estos bichos nacen pesando 40 kilos y a los pocos días pueden hacer vida casi de adulto. Todo esto, como veremos, también los empareja con la infancia de los niños ochos.

De partida, les costará contactar con sus sentimientos y mucho más mostrarlos. No es que no sientan, sienten; pero, miran para otro lado y se dejan llevar por lo instintivo.

Pueden entrar en la lujuria más extrema. 

Son adictos a la adrenalina. Cuando otro eneatipo está viviendo emociones fuertes, el ocho todavía está esperando a que empiece la fiesta.

Su nivel de intensidad medio es muy superior al de los demás, por lo cual, la cotidianidad con ellos es complicada. Hasta que no entienden que abruman y son capaces de bajar un marcha el mundo les resulta esquivo.

El OCHO en el amor y sexo.

En el amor van a tope y, como vamos diciendo, la lujuria está muy presente en sus vidas.

Eso sí, pueden confundir amor con deseo y deseo con posesión. En cualquier caso, para ellos es un tema crucial.

Lo que para la mayoría de eneatipos puede ser un tabú sexual, para ellos puede ser el pan nuestro de cada día. Pueden tener tendencia a lo morboso y problemas con la pornografía.

También conviene recordar que el origen etimológico de la palabra lujuria no es sexual. Lujuria viene de lujo y tenía que ver con todo tipo de excesos. Y los ochos si algo son es excesivos. Si va a haber sexo lo habrá a toneladas y follarán como panteras. 

La suavidad y los preliminares, en principio, tenderán a saltársela. 

Así que, cuando conectan con alguien que está en la misma onda que ellos, las cosas fluirán (por lo menos por un tiempo); pero, cuando no es así, habrá un gran encontronazo y puede pasar cualquier cosa.

En estado patológico pueden entrar con facilidad en el mundo de las perversiones.

Está claro que cuando la lujuria aparece sin control, puede ser un problema. Pero, podríamos decir que, para algunos eneatipos, en esta sociedad tan castradora que hemos construido, poner un punto de lujuria en sus vidas podría tener su gracia.

Si alguien tiene intención de controlar a un ocho, será poco menos que intentar poner puertas al campo. El ocho luchará a muerte por lo que él entiende que es su libertad. Y si de paso aparece el riesgo, mejor que mejor.

El OCHO en el trabajo

En el trabajo pueden pasar del extremo de ir a su bola a, en el caso de estar medianamente centrados, ser los jefazos del invento.

En este caso depende de su nivel de conciencia porque puede evolucionar de no ser capaz de organizarse a sí mismo a poder organizar a mucha gente. Por desgracia, incluso estando en su peor estado, muchas veces son capaces de ocupar puestos de poder.

En cualquier caso, de partida, son anárquicos y les cuesta seguir normas; así que no será fácil integrarlos en un equipo de trabajo.

Eso sí, como decimos, si ya van teniendo más recorrido interior, pueden ser buenos líderes de organizaciones en las que, sí habrá normas, pero serán las suyas.

Tiene tendencia al poder. Si se pone a montar empresas, puede montar muchas y muy grandes. Les irá bien o mal, eso no es tan importante como el hecho de poder volcar por aquí su intensidad. Para él, a diferencia de un tres social, mostrar su poder no es importante; con que lo sienta él es suficiente.

El OCHO en la alimentación

La tendencia al exceso la llevarán a todos los terrenos de su vida. Si pensamos en su alimentación, como es de esperar, será abundante y desordenada. Pueden ser tremendos carnívoros y no atender demasiado a que los alimentos sean saludables.

Lo importante es la cantidad y engullen más que mastican. 

Eso de “un poco de cada cosa”, para ellos está bien, pero como aperitivo. Luego “me pones un mucho de cada cosa”. 

Y desde ahí, desde el exceso, se encontrarán, curiosamente, vacíos. Siempre tendrán ganas de más.

Más sobre el eneatipo 8 por aquí.

El eneatipo nueve, la pereza (de sí mismo)

La palabra confluencia suele usarse en la hidrografía para concretar el momento de unión de dos o más corrientes de agua. Y este es el término más preciso para resumir lo que le ocurre a este eneatipo.  El nueve confluye y se confunde con el otro.

A diferencia de sus compañeros de tríada, los ochos, el nueve se olvida de sus verdaderas necesidades y se pasa la vida haciendo para que los demás estén bien. Y ¿cómo está él mientras tanto? El nueve ni lo sabe; no es importante cómo se encuentra. De hecho, no se para ni a sentirlo. Vive en la más absoluta desconexión de él mismo.

En cualquier caso, en contraposición con los ochos, la descripción que vendrá a continuación pudiera indicar que los nueves no son un eneatipo que tiene demasiados problemas. Casi, casi, pareciera que está medio sano; pero bien sabemos que todos los eneatipos tienen (o pueden tener) el mismo grado de neurosis. El camino de crecimiento personal es para todos el mismo. Cada eneatipo dista del centro del símbolo del eneagrama la misma distancia y, por lo tanto, todos ellos tienen el mismo tamaño de sombra.

En cualquier caso, es el número central de triada de la acción y, de partida, es un eneatipo visceral. De hecho, en un momento dado, puede ser el de más acción de todos los eneatipos.  

Tienen una forma de ser que cae bien. Son amables y afables, no crean problemas, no son narcisistas y, de hecho, se podría decir que cuadran bien con el prototipo de bonachón. 

A su vez, aunque no es cosa sencilla, el nueve tiene el poder de transmutar esta apatía por el mismo y convertirse en una persona centrada que será insuperable en la mediación de cualquier conflicto.

Pero mientras llega a este estado, el nueve suele vagabundear por la vida, intentando no ser visto (y, normalmente, consiguiéndolo).  Aunque en general es gente voluminosa, muchas veces, tienen la capacidad de no llamar la atención. 

Tienen miedo de ellos mismos y ni se plantean sacar todo su potencial y ponerse a brillar.

Se sitúan en la antítesis del eneatipo dos. A los dos se les ve aunque no quieran y, por otro lado, además !suelen querer!

Normalmente, el nueve, y en esto coincide con los sietes, si ve problemas, esconde la cabeza como la avestruz y si te he visto no me acuerdo. Son resignados y evitan la confrontación. Necesitan que todo esté en paz y armonía. Cuantas menos cosas estridentes ocurran, mejor.

Pero volviendo a la pereza, conviene matizar varios aspectos.

¿Es el nueve un eneatipo que se queda en la cama mirando al techo? Puede hacerlo; pero, generalmente, no está en esas. Lo que le mueve es estar en la acción, aunque ciertamente, es una acción robotizada. 

El nueve no es que no haga, hace y hace, pero le cuesta dejar de hacer lo que está haciendo para hacer otra cosa que le sea más provechosa. Es como si fueran por la vida en piloto automático.

En este sentido, Gonzalo Morán, apunta

“(…) Los Nueve suelen usar el mecanismo de «narcotizarse»; es decir, llenarse con actividades superfluas que los mantengan distraídos: esto puede variar desde ser adictos a la televisión, a hacer crucigramas o arreglar primorosamente su jardín…mientras se les quema la comida. 

Cualquier cosa es válida con tal de «distraerse». Los Nueve suelen ser bastante despistados, se distraen fácilmente, pierden el hilo de las conversaciones, no recuerdan las cosas y suelen «desconectarse» de las cosas , «colgándose mentalmente» («estar en babia» como se suele decir) muchas veces no enterándose de lo que se dice o de lo que sucede a su alrededor.

Esto también los lleva a una cierta apatía, como si cuando se cayera el mundo ellos simplemente se limitaran a encogerse de hombros con resignación y seguir haciendo sus crucigramas o mirando su novela favorita”.

(ver post)

Con todo ello, el nueve se narcotiza con estímulos externos para no reconocer sus verdaderas emociones. Pueden desenchufarse de sí mismos con un sin fin de actividades y adiciones. Jugarán de manera compulsiva a videojuegos y no pararán de tragar telebasura (también comida basura). 

Cualquier cosa antes que encontrarse de frente con su realidad.

Así, ni siente ni padece y, aparentemente, lleva una vida tranquila y apacible.

Son pasivo-agresivos; es decir, tú les dices algo que te ha molestado de ellos y ellos se hacen los locos o se salen por la tangente (parecido a los sietes). Esta forma de no encarar la conversación puede parecer que no es violenta; pero, en el fondo, también lo es, pues no se puede debatir con ellos e intentar arreglar el problema. 

Además, así, ellos aguantan un reproche por aquí, otro por allá, y se van sintiendo siempre recriminados. Por ello, hay un día en que la gota colma el vaso y explota con agresividad desmedida. Luego se sienten fatal y vuelven a lo de siempre.

Como los cincos, son un eneatipo “lento”, en contraposición a otros muy “rápidos” como el siete o el ocho.

La palabra pereza viene del latín pigritia, que en un principio tenía más que ver con la flojera  que con la holgazanería. Flojera por ocupar su sitio y salir de este mundo robotizado.

A nivel intelectual suelen presentar bastante desinterés.

Como bien dice Claudio Naranjo

“(…) La combinación de pérdida de interioridad con el carácter resignado y abnegado que la acompaña resulta en un síndrome de «terrenalidad» confortable y bienintencionada, que puede ser exagerada hasta el punto de la literalidad y la estrechez. El eneatipo IX no sólo es alguien que no ha aprendido a amarse a sí mismo como consecuencia de la falta de amor, sino alguien que olvida su frustración amorosa por medio de una especie de paquidermismo psicológico, una sobresimplificación, una amputación psicológica que hace de éste el menos sensible y el más estoico de los caracteres.(…) es el tipo de persona  contento y generoso, cuya «apatía» no se revela tanto en una aversión hacia los asuntos espirituales como en una pérdida de interioridad, una aversión a la exploración psicológica y una resistencia al cambio que coexiste con una estabilidad excesiva y una inclinación conservadora. Su lema -para él y para los demás- podría ser «no balancees la barca».”

También se les asocia con la palabra latina Acidia, que venía a significar desidia (sin cuidado). En este sentido, tendría que ver con la ausencia de energía y tiene incorporada una cierta carga de tristeza

Claudio Naranjo también les otorga una “pereza del alma”.

Les cuesta saber cuáles son sus prioridades. Quizás tienen que entregar un trabajo el viernes, y hasta el jueves han estado haciendo otra cosa que no urgía para nada (confunde lo urgente con lo importante). 

Así que, el viernes tienen que volverse locos para entregar. 

Aparentemente, no han parado y puede parecer que son supereficientes (porque suelen conseguir entregar); pero, a diferencia de los treses, les cuesta poner el foco y planificarse bien. El tres es más maleable, tiene más cintura; mientras que el nueve es más tozudo y le cuesta pivotar de un lado al otro.

No tiene un objetivo claro, no es una acción para conseguir lo que él quiere, es un estar en el hacer, para no estar en contacto con sus deseos y sus necesidades

Así, normalmente, el nueve está en contacto con la gula (como el siete); con la gula de hacer mil cosas o de comer como si no hubiera mañana, pero el nueve no tiene el entusiasmo del siete. El siete disfruta en todo ello, el nueve no está en la acción desde el goce real. 

De hecho, ellos son los grandes masoquistas del eneagrama y son capaces de soportar carros y carretas. Eso sí, aunque habitualmente no contactan con la ira, cuando ya no pueden más, pueden tener reacciones iracundas desproporcionadas (¡para algo son compañeros de viaje de sus vecinos los unos y los ochos!).

Por otro lado, a diferencia de los eneatipos inferiores del eneagrama, cuatro y cinco, que están en la carencia, ellos están en la aparente abundancia. Pero es una abundancia normalmente material y concreta. Si rascamos un poco, veremos que detrás de ella, hay una carencia inmensa. 

Además, el cuatro y cinco, en general son bastante delicados y frágiles y el nueve, en un principio, es resistente y un tanto tosco.

Con sus excesos con la comida, el eneatipo nueve, consigue anestesiar lo que realmente le pasa por dentro. 

Mucha comida, muchas tareas por hacer, de todo mucho; pero, en el fondo, todo muy vacío. El nueve no se sacia y esta abundancia, en el fondo, es muy egoísta. De hecho, cuando confluye con el otro, no es que quiera ayudarle especialmente; es su táctica para estar entretenido y no tener que ocuparse de sí mismo.

El Nueve en el amor

El eneatipo nueve, el amor, lleva al extremo todo lo que venimos diciendo y le falta un poquito de egoísmo. Ser tan complaciente será siempre un mal negocio.

De partida, pone al otro por delante de él y cuando alguien no se quiere primero a sí mismo, el amor que puede ofrecer al otro es un amor cargado de necesidad. Confunden el amor con el apego. Es una forma infantil de poner la felicidad de uno mismo en manos del otro. Este mecanismo de evitación de la confrontación, en el nueve, se ve llevado al extremo; pero cuidado porque, en menor o mayor medida, otros muchos eneatipos como por ejemplo el cuatro también lo hacen. 

Los nueves son demasiado adaptables y esta es su particular manera de manipular. Es decir, si ellos están tan pendientes del otro, el otro nunca les dejará. Así “controlan” la situación y, además, se pueden vender como una especie de ángeles guardianes de sus parejas. 

En el fondo, hay un miedo atroz a la soledad, una desconfianza permanente en el otro y una inseguridad en uno mismo aplastante. Por todo ello, la codependencia, en el mejor de los casos, es un mal parche en este complicado mundo del amor.

Es una manera de reducir el miedo al abandono y el rechazo; pero, evidentemente, es pan para hoy, hambre para mañana. Sostener una relación así en el tiempo, es la mejor manera de garantizar la autoanulación y alejarnos de la felicidad.

Una de sus ideas locas es “la necesidad del otro siempre es más importante que la propia”.

También usan la deflexión como mecanismo de defensa, que viene a ser la imposibilidad de un contacto real  e intenso con el otro. Es decir, la confluencia de la que hablamos es una fusión desde el ego, no desde la esencia.

Ellos siempre han de poner buena cara a todo lo que ocurre; perdonan infidelidades, olvidan humillaciones y todo ¿para qué? 

Para no contactar con el dolor que realmente sienten. Por lo tanto, son perdones y olvidos mecánicos; no los hacen desde haber integrado lo ocurrido para luego decidir si perdonan y olvidan (o no).

Si están con una pareja, pase lo que pase, lo único que querrán es que la relación continúe. Tienen una resistencia al cambio brutal.

Pueden tener bastante desinterés por lo sexual y les costará la vida ponerse en modo “sensual on”. No son propensos a estar en el placer y dejarse sentir.

Por aquí les vemos, nuevamente, en las antípodas de los doses. 

Recordemos que uno de sus mecanismos de defensa es la retroflexión; es decir, antes que alguien les haga daño, ya se lo hacen ellos mismos. Así se convierten en objeto y diana de sus dardos envenenados. En este sentido, jamás harán reproches o reclamaciones a sus parejas. En cambio se comerán sus palabras, produciendo esto un daño emocional interior de gran dimensión.

El Nueve en el trabajo.

En su estado más patológico, serían los peones de carga. 

Tienen un punto estoico y pueden ser bastante hiperactivos en el terreno laboral.

Pueden soportar al más tirano de los jefes y estar en un entorno laboral tóxico, totalmente desconectados de la realidad. Son cumplidores

En general, no les pidas ni la creatividad del cuatro, ni el entusiasmo del siete, ni mucho menos  la eficiencia del tres, pero ellos no son de fallar. 

En cualquier caso, hagan lo que hagan, son mucho más valiosos de lo que parecen.

Para ellos, con que haya cierta armonía en el entorno laboral será suficiente. No son de soñar mucho y aspirar a grandes metas.

Si hay un compañero en apuros, allá estarán ellos para solucionar el tema; si hay mucho trabajo y “toca” quedarse el finde a trabajar, ellos saldrán de voluntarios. Incluso si hay que comerse algún marrón los tendremos siempre disponibles.

Intentarán ser lo más prácticos posible, y evitarán cualquier tipo de complicación.

Son los reyes de la procrastinación y dejan todo para el último momento. 

Tenemos un querido amigo, asesor fiscal, que “siempre” “casi” las lía parda. Y aquí lo importante es siempre y casi. Normalmente, no termina liándola y todo va bien, pero juega con fuego y sorprendentemente no se suele quemar.

Por ello, les conviene ir despertando para poder salir de esta situación de sometimiento y aguante continuo. Tienen especial dificultad en decir no, por lo que les veremos asumiendo lo inasumible. No saben poner límites a sus jefes o compañeros de trabajo que, a menudo, se aprovecharán de ellos.

Se habla de ellos como personas indolentes; es decir que se resignan con lo que tienen. Esto es muy diferente a la sana aceptación de lo que hay -que es algo que va bien para cualquier eneatipo-.

Si salen de esta rueda invisible, pueden pasar otros niveles y ser mucho más útiles al mundo.

Como decíamos previamente: si han tenido un cierto recorrido personal, pueden ser clave en los conflictos y convertirse en unos grandes mediadores.

El Nueve en la alimentación

Son gente totalmente descuidada, y, en el terreno de la alimentación, les dará igual qué comer mientras se abundante en cantidad de comida y en cantidad de veces que se sientan a la mesa. Comen con compulsión.

Son personas a las que les gusta estar acomodadas y la seguridad. Por ello, pueden tener una despensa llena para por si acaso. Despensa que representa la mochila que ellas mismas llevan a cuestas por no enfrentarse a su propia realidad.

Fueron niños que estuvieron atiborrados y ya de mayores, piensan que eso es lo normal. Los atracones son continuos y es más que posible que vuelvan a hacer lo mismo con sus hijos. El nueve se autoanula y esta forma de alimentarse es la mejor manera de autodañarse inconscientemente.

Para ellos, la comida sustituye cualquier contacto con su interior y se dan a ella con pasión. Suelen tener sobrepeso y una salud un tanto mermada.

Más sobre el eneatipo 9 por aquí.

El eneatipo uno, el perfeccionista.

Son gente que se deja llevar por su idea de justicia, que no necesariamente tiene porque coincidir con la del resto del mundo. Siempre quieren que todo se haga bien, pero a su manera; no suelen estar muy pendientes de las necesidades del otro y resultan personas muy poco empáticas y quizás un tanto “hepáticas”.

La soberbia no les deja ver más allá de sus propias ideas.

Su orden va por delante de todo y de todos. Son muy perfeccionistas y exigentes, tanto con ellos mismos, como con el resto del mundo. Algunos pueden haber llegado a cometer actos muy crueles y violentos, pensando que era lo que se debía hacer. El “debo de”, al igual que algunos seises, lo tienen muy presente.

Como bien apunta, Gonzalo Morán,

«(…) Al igual que los Cruzados Cristianos de la Edad Media que sentían tener la obligación moral de salvar la «Tierra Santa»de la amenaza de los Herejes, los Uno tienen la creencia muy arraigada de que el mundo es un lugar imperfecto que esta como esta porque la gente no hace lo que debería hacer, y esta en ellos tomar cartas en el asunto, ocuparse y arreglarlo…

Así tengan que inmolar en la Hoguera a quien se les cruce por el camino.» (post completo)

Respecto al amor admirativo del que siempre habla Claudio Naranjo, suelen andar un poco liados. Su excesiva altanería les lleva a no ver al otro.

Su idea loca es que “si no son perfectos nadie les amará”.

Esto implica renunciar a lo que ellos consideran como emociones negativas o inferiores (tristeza, vulnerabilidad o la lamentación). Con todo ello, tampoco aceptan de buen grado las críticas sobre su persona.

Por el contrario, si se encuentran bien, y no se dejan llevar por la IRA tan fácilmente, se pueden convertir en auténticos referentes éticos para quienes les rodean. También es cierto que muchas veces no muestran en público sus enfados; con lo cual, terminan «tragándose» la ira y, muchas veces, acaban somatizando esta emoción. En este sentido, suelen ser más críticos que agresivos o violentos -el ocho sí que puede ser realmente violento-.

Sanos, pueden ser metódicos, eficientes, organizados y los mejores buscadores de la tan necesaria verdad; una especie de héroes morales.

Pueden confundir el sincericidio con la sinceridad: es como si su juez interno estuviera de guardia las 24 horas del día.

Tienen tendencia al control, la rigidez y a sentirse superiores. Necesitan que el mundo les vea como personas sensatas.

Aunque es un eneatipo de la triada de la acción, en algunos casos, pueden parecer más racionales que los propios mentales.

Su tendencia neurótica va hacia lo obsesivo compulsivo. Si nos trasladamos a los caracteres de bioenergética, suelen coincidir con los rígidos obsesivos. Muchas veces, tienen una fisionomía muy rígida y es como si tuvieran cuerpos excesivamente tensados.

Más sobre los caracteres de la bioenergética por aquí.

En su infancia fueron niños buenos, que, normalmente, no hacían mucho ruido. En general, fueron muy criticados y, en muchos casos, fuertemente castigados. Por ello, son demasiado autodisciplinados. Incluso los unos jóvenes, en palabras de Claudio Naranjo, «es como si tuvieran mentalidad de viejo«.

Crecieron demasiado rápido y necesitaron de las reglas demasiado rápido. Más adelante, crearán sus propias normas que estarán por encima de las de la propia sociedad.

La herida de la infancia suele ser la injusticia y eso les lleva, en muchos casos, a una soledad extrema.

Más sobre el eneatipo 1 por aquí.

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Texto redactado por   Haiki

Agnieszka Stepien y Lorenzo Barnó

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