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¿Se puede ser más de un eneatipo a la vez?

Cuando alguien se acerca al eneagrama se suele hacer dos preguntas. 

Por un lado, si se puede ser más de un eneatipo a la vez, y, por otro lado, si se puede cambiar de eneatipo a lo largo de la vida.

La respuesta es clara, pero no es tan intuitiva como se podría pensar en un primer momento.

Nota importante 1: Todo lo que leerás en este post está basado en nuestro aprendizaje leyendo los libros de Claudio Naranjo y asistiendo a los SATs. 
Para profundizar en el Eneagrama siempre recomendamos hacer la formación del SAT.
Nota importante 2:Lo que leerás a continuación es la descripción del eneatipo en un estado de neurosis avanzado. Lo normal es que nadie tenga todas estas sombras a tope y te puedas identificar de manera gradual con lo que aquí te contamos.

1 Siempre hemos sido el mismo eneatipo

Para los recién llegados a este maravilloso mundo es totalmente lícita la pregunta: ¿Puedo ser más de un eneatipo? “Creo que soy un tres y un siete”.

Respuesta rápida: No. 

Respuesta lenta: No, pero todos tenemos rasgos de varios eneatipos. No es bueno ni malo; hay personalidades que en muchos aspectos de un eneatipo coinciden de pleno y se puede identificar claramente con uno de ellos y, otras veces, en las que no. Las que no coinciden tan claramente, tienen que hacer más trabajo de búsqueda para encontrar su eneatipo. 

Al final, aunque tengamos rasgos de varios eneatipos, en esencia siempre somos uno solo.

Dicho esto, no es menos cierto, que, en un primer momento, hay eneatipos que se parecen mucho y esto puede liar bastante el tema. 

Muchas veces, es todo un proceso de búsqueda personal, diferenciar si nos movemos más desde la envidia o desde el orgullo. Mucha gente, tarda años en estar seguro si, realmente, es un tres o es un dos. 

Un cuatro sexual y un ocho, en las formas, se pueden parecer mucho, aunque su motor básico de funcionamiento es muy distinto.

Incluso un seis social (“seis deber”) y un uno, desde fuera, puede parecer que actúan prácticamente igual. Aun así, el eneatipo seis tendrá más tendencia a la proyección y siempre estará en el miedo. Mientras tanto, el eneatipo uno se moverá por temas más morales o éticos. Pero, los dos tienen un alto sentido de hacer las cosas según se debe. En los matices, veremos que el seis lo hace según se debe y dice la norma y en el eneatipo uno, según se debe y dice la norma, siempre y cuando él no tenga una norma mejor.

Como vemos, llegar a concretar nuestro propio eneatipo suele llevar un tiempo. Y este tiempo es necesario. 

Ver nuestras falsas creencias, introyectos y mecanismos de defensa no es algo tan obvio como pudiera parecer.

Por ello, cuando alguien se acerca a cada eneatipo desde la sombra, muchas veces, NO se sentirá identificado con lo que lee o escucha.

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2 Entonces en qué quedamos ¿se puede cambiar de eneatipo a lo largo de la vida o no?

Podemos tener dos escenarios de partida. La persona super-descentrada que no se ha parado a mirarse ni un poquito y el que ya lleva un tiempo en esto de la introspección personal.

Si estamos en primer caso y la persona anda un tanto desconectada por la vida, puede ser que alguien que, realmente, sea muy envidioso, pero no se quiera (o más bien pueda) reconocer como tal. 

Quizás en vez de tener presente este rasgo de personalidad, piense que es más una persona autoexigente y listo. Hay cosas que, si no las trabajas, cuesta verlas. También, es complicado reconocer que no nos conocemos demasiado.

En cualquier caso, esta persona quizás, en un principio, piense que es un uno, pero, si comienza a bucear hacia dentro, con el tiempo, quizás termine viendo el cuatro que lleva dentro.

Por otro lado, si la persona sí ha hecho un trabajo personal previo, el tema se complica más. 

Por ejemplo, puede ser que algún goloso (eneatipo siete) lleve ya mucho tiempo de introspección y crecimiento personal y esté mucho más centradito. Puede que su tendencia a estar en mil frentes a la vez, se haya relajado y esté consigo mismo sin necesidad de estar en el hacer continuo.

Puede, vamos a seguir suponiendo, que su tendencia a la dispersión se haya ido suavizando y, ahora, sea capaz de enfocar y estar en la disciplina espartana que tanto gusta a los unos.

Si esta persona no se sitúa en cómo ha sido ella realmente durante la mayor parte de su vida, quizás no se sienta identificada en la descripción del eneatipo siete. O piense que antes era un siete y ahora se ve más en el cinco.

Este es un pensamiento lógico; pero, no es cierto. En esencia, seguimos siendo el mismo eneatipo que siempre fuimos, pero que ha evolucionado. Las tendencias neuróticas son siempre las mismas. Y es ahí donde tenemos que vigilarlos, porque, como bien sabemos, la cabra siempre tira al monte. A la que nos descuidamos, la esencia de nuestro verdadero eneatipo seguirá teniendo demasiado peso.

Muchas veces, no es tanto el cambio que experimentamos en nuestra forma de ser, sino que somos capaces de vernos y entendernos mejor. 

El proceso, nos da más consciencia de nuestra sombra y, desde ahí, podemos aceptarnos y, en consecuencia, también ser más empáticos con el mundo.

3 Y ¿Qué nos dice la bionergética de todo este lío?

Con todo ello, podemos afirmar que siempre hemos sido el mismo eneatipo y que sólo somos uno. 

Ok. Hasta aquí bien, pero ¿Qué pasa si ponemos el foco en la bioenergética?

Como bien sabes si nos lees hace tiempo, hay una relación más o menos directa entre cada eneatipo (y subtipos) y los caracteres de bionergética. Juanjo Albert escribió un libro muy interesante (ver aquí) sobre el tema y también tienes este post por si quieres saber cómo vemos nosotros este bonito mundo.

Y sí, en bioenergética se puede ser más de un carácter a la vez. 

Pues vaya contracción ¿no? Pues un poco sí; pero, no hay que olvidar que aunque la bioenergética (Lowen /Reihc) tiene en cuenta nuestra forma de ser, también pone el foco en el físico de cada carácter y su correspondiente herida de la infancia

Es decir. se habla de lo que nos pasó en los primeros años de vida y cómo todo ello quedó registrado, de una forma u otra, en nuestro físico. Recordamos que no tenemos un cuerpo, somos un cuerpo (y mucho más).

Así, por ejemplo, puede haber un eneatipo dos que, en principio, sea rígido, pero que tenga una fuerte herida en su fase oral. 

Podemos ver muchos doses con físicos muy potentes que cuadran más con el rígido fálico narcisista, pero vemos otros muchos (sobre todo chicas) que están en el rígido histérico y, además, son un poquito más alargados que el prototipo clásico de rígido. A su vez, pueden tener la boca más carnosa y los ojos saltones, lo que también nos podría estar dando pistas de rasgos orales.

Así que, como vemos, el mundo del eneagrama y de la bioenergética tienen mucho que ver aunque no son matemáticas. Recuerda que, podemos afirmar que la mayoría de nueves son masoquistas; pero, no todos los nueves son masoquistas. 

Tampoco podemos decir que todos los masoquistas son nueves; pero sí una gran parte. Lo que ocurre es que es eso: “sólo” una gran parte. Otros masoquistas pueden ser cuatros o incluso hay ochos con rasgos masoquistas.

Pero sobre todas estas particularidades, si te parece bien, profundizaremos en otro post.

De momento, quédate con la idea de que todo esto no es más que una excusa para conocerte mejor y entender el mundo que te rodea de manera más clara. 

Por ello, saber con certeza tu eneatipo no es tan importante como pudiera parecer; la clave está en conocer cada vez mejor el eneagrama y no tener prisa por situarnos en un eneatipo. En un principio, es más interesante ver qué rasgos de personalidad tenemos de cada eneatipo y, poco a poco, cuando la fruta esté madura, todo irá cayendo por su propio peso. Ahí entenderemos que, en esencia, siempre fuimos el mismo eneatipo y que el núcleo principal de nuestra neurosis sólo está presente en uno de ellos.

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Y si este post te ha gustado y quieres seguir profundizando, pronto estará disponible nuestro curso: Encuentra tu yo real gracias al eneagrama.

Nos puedes escribir a Haiki@haiki.es y serás el primero en enterarte de todos los detalles.

Texto redactado por   Haiki

Agnieszka Stepien y Lorenzo Barnó

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