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¿Qué es la profecía positiva autocumplida?

La profecía autocumplida nos muestra cómo nuestras creencias pueden condicionar nuestra manera de actuar y terminar provocando aquello que esperamos. Desde la mirada del eneagrama, nuestras falsas creencias y automatismos distorsionan la realidad y limitan nuestras posibilidades.

Sin embargo, podemos darle la vuelta a la tortilla. A través de la autoobservación, el trabajo personal y la visualización, podemos cuestionar nuestras creencias, recuperar recursos y prepararnos para afrontar el futuro de otra manera.

Imaginar un futuro mejor no garantiza que llegue, pero nos ayuda a descubrir y dar los pasos necesarios para acercarnos a él.

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1. Las falsas creencias y nuestra manera de mirar el mundo

A veces, sin darnos cuenta, terminamos provocando aquello que más tememos. Otras veces, nuestra manera de mirar el futuro nos ayuda a abrir posibilidades que antes ni siquiera contemplábamos. Esto tiene mucho que ver con lo que conocemos como profecía autocumplida.

Para entenderlo, nos gusta volver a la figura de Jacobo Grinberg, el neurofisiólogo mexicano que investigó la visión extraocular, los estados expandidos de conciencia y la relación entre nuestra conciencia y la realidad. También se interesó por las prácticas aparentemente milagrosas de la chamana Pachita, de quien habla Alejandro Jodorowsky en La danza de la realidad. Su teoría sintérgica planteaba la existencia de una lattice, una especie de red de información presente en todas partes con la que nuestra conciencia interactuaría. Desde esta mirada, podemos relacionarnos con la realidad desde dos estados muy diferentes: el estrés o la paz. Aunque entre ambos existen muchos matices, nuestro estado interior condiciona cómo interpretamos lo que sucede y cómo respondemos.

Cuando vivimos atrapados en nuestras falsas creencias, miramos el mundo con unas gafas que distorsionan nuestra percepción. Algo que podemos relacionar con las «ideas locas» de Claudio Naranjo. En Carácter y neurosis, Naranjo explica cómo nuestras fijaciones y distorsiones cognitivas forman parte de nuestra estructura de carácter. Pero detrás de estas creencias también encontramos emociones, pasiones y mecanismos de defensa. Por eso, no basta con sustituir una creencia negativa por otra positiva. Necesitamos observarnos, reconocer nuestros automatismos y comprender qué hay detrás de nuestras reacciones. Solo así podemos empezar a mirar la realidad con otras gafas y responder con mayor libertad, en lugar de hacerlo siempre desde nuestro personaje.

2. La profecía autocumplida: del miedo a la posibilidad

Cuando vivimos en piloto automático, nuestras profecías autocumplidas suelen ser negativas. Nos imaginamos escenarios catastróficos y, desde esa expectativa, comenzamos a actuar. Por ejemplo, entramos en una relación convencidos de que terminará mal. Nos protegemos, desconfiamos, no acabamos de entregarnos y, sin darnos cuenta, nuestras propias actuaciones contribuyen a que ocurra precisamente aquello que temíamos. Es la profecía negativa autocumplida. Cuando finalmente la relación se tuerce, podemos decir: «¿Ves? Ya sabía yo que esto iba a acabar mal». Pero ¿hasta qué punto nuestras propias defensas han contribuido a ese desenlace?

Aquí es donde el trabajo de autoobservación que propone el eneagrama cobra especial importancia: descubrir cómo participamos en la construcción de aquello que después interpretamos como inevitable.

Pero también podemos darle la vuelta a la tortilla. Imaginemos que comenzamos una relación sin dar por hecho que la otra persona terminará haciéndonos daño. Podemos sentir miedo; pero, en lugar de dejarnos arrastrar por él, intentamos mostrarnos más disponibles, comunicar lo que sentimos y construir confianza. Quizá la relación no funcione, pero nuestra manera de actuar puede favorecer un desenlace diferente. Esta sería una forma de entender la profecía positiva autocumplida. No se trata de engañarnos ni de negar las dificultades, sino de cuestionar nuestras falsas creencias y abrir posibilidades que antes ni siquiera contemplábamos. Para ello un buen truco es cuando estamos en fase negativa, preguntarnos si eso que estamos afirmando es completamente seguro que es así y si siempre, siempre, es así. Por ahí también se suele abrir un rayito de esperanza. 

3. Visualizar un futuro mejor para empezar a construirlo

Aquí entra en juego la PNL (programación neurolingüística) y su trabajo con los recursos personales. Podemos recuperar experiencias en las que nos hemos sentido seguros, tranquilos y conectados con nosotros mismos. Visualizar esos momentos nos ayuda a recordar que contamos con recursos para afrontar situaciones futuras que podrían resultarnos estresantes. Desde ahí podemos anclar sensaciones positivas que nos pueden servir en otros momentos más estresantes.

Un ejemplo que siempre nos encanta rescatar es el de los jugadores de baloncesto. Sabemos que la visualización mental puede contribuir al entrenamiento deportivo. Un jugador puede practicar lanzamientos a canasta; pero, también entrenar mentalmente imaginando el movimiento y la pelota entrando en el aro. Evidentemente, visualizar no sustituye el entrenamiento físico; pero, puede complementarlo. Y esto podemos trasladarlo a nuestra vida cotidiana. Podemos imaginarnos afrontando una conversación difícil sin ponernos a la defensiva, respondiendo de otra manera ante una situación que nos desborda o dando ese paso que llevamos tiempo evitando. Visualizar no garantiza un resultado, pero puede ayudarnos a prepararnos para actuar de otra manera. Digamos que aumenta las posibilidades de que en la futuro realidad podamos responder de manera diferente.

Y aquí aparece una idea importante: trabajar en el presente es fundamental; pero, también, podemos aprovechar esa presencia para imaginar el futuro que queremos construir. No hablamos de imaginar un futuro maravilloso y esperar que el universo conspire a nuestro favor. No tiene nada que ver con eso. La parte Naif de que el universo conspira a nuestro favor, nos la saltamos. Hablamos de hacer un trabajo personal que nos permita reconocer nuestras creencias, comprender nuestros miedos y desarrollar los recursos necesarios para acercarnos a lo que deseamos.

Desde el eneagrama, esto implica algo más profundo que pensar en positivo: reconocer cómo nuestro personaje condiciona nuestras expectativas y empezar a responder con mayor conciencia. No necesitamos eliminar todos nuestros miedos. Podemos sentirlos y decidir que no sean ellos quienes dirijan nuestros pasos. Porque, cuando cambiamos nuestra manera de mirar la realidad, también podemos cambiar nuestra forma de actuar. Y, al hacerlo, aumentamos las posibilidades de que suceda aquello que deseamos. Nuestra transformación requiere, en general, un cambio en nuestra consciencia.

Imaginar un futuro mejor no garantiza que llegue, pero nos ayuda a descubrir y ver los peldaños necesarios para acercarnos a él. Sobre todo, nos recuerda qué no queremos y nos ayuda a dar un primer paso en la dirección adecuada.

Ahí está la fuerza de la profecía positiva autocumplida.

Para trabajar todas estas ideas y mucho más hemos lanzado:
Grupo ONLINE: Desmontando al EGO

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«Entre la Realidad y la percepción vivencial de la misma, existen muchos filtros legados por la historia personal y la educación.

Es el nivel de Conciencia de cada quien el que determina la realidad que percibimos».

Jacobo Grinberg

Texto redactado por Haiki

Agnieszka Stepien y Lorenzo Barnó

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«Una desviación y mal uso del eneagrama es convertirlo en una herramienta de poder para diagnosticar y manipular a los demás, utilizándolo para analizar e interpretar a las personas con las que nos relacionamos, tomando un rol de superioridad sobre ellas, cultivando así la importancia personal y engrandeciendo nuestro ego, que se enfoca en mirar más a los otros que a nosotros mismos, jugando a ser terapeutas, aunque no nos lo hayan demandado, atribuyendo el poder de saber más sobre otros seres humanos que ellos mismos, incluso vendiéndoles una transformación que nosotros no hemos logrado. Sobre todo puede ser fatal en nuestras relaciones humanas».

Antonio Pacheco

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«Me avergoncé de mí mismo cuando me di cuenta de que la vida era una fiesta de disfraces; ¡y yo asistí con mi rostro real!» Franz Kafka.

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«Capas o estratos de la neurosis según F. PerlsDentro de una visión más completa de la estructura de la neurosis de Fritz Perls, la dividió en cinco estratos que va de más a menos superficial y son las capas que la persona va atravesando cuando profundiza y comienza a ser consciente de sus mencanismos neuróticos.El primer estrato es el de los clichés. Es la capa más superficial y donde se mueven las buenas formas del trato casual. Tenemos conversaciones así a diario en donde no se escucha ni se dice nada, en donde no nos miramos a los ojos ni nos vinculamos. Es el estrato más mecánico, más automático y más frío.La segunda capa es la de Eric Berne o Sigmund Freud, que es donde se juegan o se representan los roles. Este estrato se refiere al personaje que representamos ante los demás: al matón, al niño bueno, a la seductora, etc., que no son más que medios de manipulación para lograr lo que se quiere del ambiente. Perls dice de los roles que son estrategias superficiales y sociales de vinculación. Clichés y roles componen el estrato del “como si”. Es decir, vamos por la vida “como si” fuera una persona segura, por ejemplo, y tengo una cantidad enorme de estrategias aprendidas e inconscientes para que ni los demás ni yo misma me de cuenta de mi inseguridad ni vulnerabilidad.Si el sujeto es capaz de traspasar los roles y el “como sí”, se enfrenta al tercer estrato de la neurosis:El impasse. Aquí se vivencia la antiexistencia pues al dejar el rol de lado, el sujeto ya no sabe quién es. Aquí es donde generalmente vienen las crisis porque el rol ya no sirve, no acomoda, ni da bienestar, pero no sabemos “vivir sin el”. Estamos en tierra de nadie. Es es este momento – ojalá antes – donde yo siento que el acompañamiento terapéutico se hace más que nunca necesario porque para atravesar dicho impasse es imprescindible que la persona se fíe de que puede sostenerse a sí misma, pero para eso tenemos primero que apoyarnos en alguien que le enseñe a confiar. «

Pedro de Casso

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