A veces esperamos que nos quieran como nosotros queremos y confundimos las limitaciones del otro con falta de amor.
El eneagrama y los tres amores de Naranjo —compasivo, dionisiaco y admirativo— nos ayudan a comprender qué ofrecemos y qué necesita el vínculo. Amar implica revisar expectativas, expresar necesidades y encontrarnos con la persona real, con sus posibilidades y dificultades. Comprenderla también requiere cuidarnos, poner límites y abandonar el intento de cambiarla.
El amor necesita honestidad, paciencia y disposición para aprender. Y, aunque duela, quererse mucho no siempre basta para sostener una relación. A veces toca recolocarla o tomar cierta distancia.
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1. LA PERSONA REAL Y LA QUE ESPERAMOS ENCONTRAR
«Si yo puedo hacerlo por ti, ¿por qué tú no lo haces por mí?».
Esta pregunta aparece en muchas relaciones. Escuchamos, damos cariño, nos mostramos disponibles… y esperamos encontrar algo parecido al otro lado. Cuando no llega, duele. Y fácilmente concluimos que a la otra persona no le importamos tanto.
Sin embargo, entre no querer y no poder hay una diferencia que conviene explorar.
A veces, nos relacionamos más con lo que esperamos de alguien que con lo que esa persona nos muestra. Por ser nuestra pareja, debería saber acompañarnos. Por ser nuestra madre, tendría que comprendernos. Por ser una amistad cercana, debería darse cuenta de lo que necesitamos.
Incluso, inocentemente, esperamos que nos den el amor incondicional que nosotros no somos capaces de ofrecer.
Algunas expectativas las expresamos; otras esperamos que se adivinen. Algo de nosotros tiene bastante claro cómo deberían querernos; aunque, nosotros mismos, no siempre sepamos pedirlo.
Si a esto sumamos cierta tendencia a querer un amor muy completo, nos olvidamos de amar lo que no hay. Amar lo que sí hay, es fácil. Pero una vez, se fue la idealización amorosa, lo que queda es una personita con sus cosas, sus minitraumas o pedazos de traumas, con tendencia a algún tipo de apego y con un sinfín de aspectos que de partida no queremos. Pero, poner el foco en lo sí hay y amar lo que no hay, muchas veces, posibilita amores de lo más sorprendentes.
Y cuando la realidad no encaja con ese guion, aparece el reproche.
2. NO TODOS TENEMOS IGUAL DE DISPONIBLES LOS TRES AMORES
La mirada de Claudio Naranjo sobre los tres amores puede ayudarnos a afinar esta cuestión: el amor compasivo nos conecta con la ternura y el cuidado; el dionisiaco, con el juego y el disfrute compartido; el admirativo, con el aprecio y el reconocimiento de lo valioso. Son capacidades que podemos cultivar.
Desde esta mirada, podemos preguntarnos qué estamos ofreciendo y qué necesita la otra persona. Quizá tengamos mucha facilidad para disfrutar juntos; pero, nos cueste acompañar su dolor. Quizá cuidemos muchísimo, mientras el deseo y la espontaneidad apenas encuentran espacio. O admiremos profundamente a alguien; pero, tengamos dificultades para expresar ternura.
Podemos estar dando algo valioso y, aun así, no estar atendiendo lo que el vínculo necesita.
El eneagrama también permite mirar nuestras defensas. Desde el orgullo del E2, podemos dar esperando una devolución afectiva que nos cuesta reconocer. Desde la avaricia del E5, podemos proteger tanto nuestro espacio que un acercamiento se viva como una invasión. Hablamos de tendencias del personaje, con los matices de cada persona y subtipo.
El problema aparece cuando convertimos nuestra forma de amar en la medida de todas las cosas: «Si a mí me sale, a ti también debería salirte».
Por suerte, el eneagrama nos ayuda a no pedir peras al olmo y a tener paciencia con los tiempos. El tempo del amor es siempre muy lento.
Quizá lo que para nosotros es accesible, para otra persona esté atravesado por miedo, vergüenza o una historia en la que mostrarse vulnerable resultó peligroso.
3. COMPRENDER LO QUE HAY Y DECIDIR CÓMO ESTAR
Reconocer una dificultad puede ayudarnos a salir del reproche. Pero hace falta preguntar, escuchar y observar: también hay falta de interés, decisiones de no implicarse y formas de manipulación.
A su vez, expresar lo que esperamos de la relación el vínculo amoroso es un buen punto de partida. Igualmente, contarnos y contar verdad sobre lo que ofrecemos, es requisito imprescindible para que se pueda crear un espacio de seguridad. Y ambos movimientos, pueden causar un dolor inicial; pero, evitar un dolor mucho más grande más adelante.
Tampoco podemos asegurar que alguien nunca cambiará. Que hoy no pueda no significa que sea imposible aprender; ese aprendizaje requiere su disposición y su trabajo. Nuestra insistencia no garantiza que ocurra. Muchos menos intentar cambiar al otro. Si lo hacemos será barco hundido antes de partir de puerto.
Con todo ello, hay un duelo que nos corresponde atravesar: soltar la relación que imaginábamos y encontrarnos con la que existe. Parece sencillo, pero amar lo que hay, solo lo que hay es todo un aprendizaje.
Aquí, la mirada compasiva puede ayudarnos a comprender las limitaciones del otro. Y esa comprensión también necesita incluir nuestras necesidades. Podemos reconocer su dificultad, expresar lo que nos duele y poner un límite.
El eneagrama pierde sentido si lo utilizamos como coartada: «Soy un cinco, ya sabes cómo soy». Conocer el personaje nos permite reconocer lo que necesitamos trabajar.
Quizá la relación encuentre una forma más honesta. Quizá necesitemos tomar distancia. Incluso, aunque duela, a veces, el amor, incluso un gran amor, no alcanza para que una relación se extienda en el tiempo. Ojalá perdure el vínculo amoroso; pero, eso de que el amor todo lo puede, funciona muy bien en las pelis. La vida real es un poco más cruda.
Podemos querer a alguien, apreciar lo que sí compartimos y reconocer que lo que hoy podemos construir juntos no es la mejor opción. La buena noticia, es que quizás ahora no sea posible; pero, la vida es una carrera de fondo y, a veces, por donde menos te lo esperas, el amor aparece para quedarse.
Autores: Agnieszka y Lorenzo
«Lo único que podemos amar es el ser real que somos. Lo otro son fantasías que perpetúan la guerra interior contra los aspectos que no nos gustan de nosotros mismos y que tratamos de destruir (casi siempre infructuosamente) y sustituir por los que sí nos gustan.Hellinger tiene una bonita frase al respecto: «Sólo podemos amar lo imperfecto». Yo interpreto esta frase como un canto a la realidad de lo humano. La cualidad esencial de lo humano es su propia imperfección. La esencia de lo humano la encontramos, por supuesto, en lo sublime, pero también en lo aparentemente burdo o negativo. ¿Quién sabe si la auténtica perfección es exactamente lo imperfecto que todos somos? Así que quizá somos perfectos en nuestros defectos, en nuestras maneras torpes, en nuestro subterráneo freudiano (donde rugen los más temibles -en apariencia- rostros del instinto y el desenfreno). La clave es mirarlos de frente, tomar conciencia y darles lugar; a continuación aprovecharlos al servicio de la vida, ya que, de hecho, pertenecen a la vida.»
Joan Garriga
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