La AUTOIMAGEN de cada eneatipo.-eneagrama

La AUTOIMAGEN de cada eneatipo

La autoimagen no es exactamente quienes somos, sino cómo percibimos el personaje que hemos construido para sentirnos queridos, valiosos y a salvo.

Cada eneatipo se aferra a una identidad diferente: correcto, generoso, eficaz, especial, autosuficiente, responsable, optimista, fuerte o bueno. El problema no está en estas “cualidades”, sino en necesitarlas para merecer amor o reconocimiento. Desde ahí, dejamos de vernos con claridad y justificamos muchos mecanismos de nuestro ego.

En este post repasamos cómo se ve cada eneatipo, qué parte de sí mismo no quiere ver y cuál puede ser su particular plan anti-autoimagen.

1. El personaje que creemos ser

Contarnos verdad es una de las cosas más complicadas que podemos hacer.

En general, nos mentimos al recordar nuestra infancia. Más allá de que resulta imposible recordarla exactamente como realmente fue, unos tipos de ego tienden a edulcorarla y otros a dramatizarla. No suele haber término medio.

Pero la mentira no tiene que ver únicamente con la memoria. También nos engañamos en el presente con bastante facilidad. A veces, somos muy indulgentes con lo que hacemos y, otras, nos fustigamos por casi cualquier cosa. Esta percepción distorsionada de la realidad depende del eneatipo, del subtipo, del momento vital e incluso del entorno concreto en el que nos encontremos.

La autoimagen no es simplemente la opinión que tenemos sobre nosotros. Es una construcción del carácter que intenta suplir la pérdida de una identidad más profunda. Allí donde falta una experiencia auténtica del ser, la personalidad fabrica una respuesta inventada pero que cree muy real.

La autoimagen contiene una promesa implícita: si logro ser así, mereceré existir, recibiré amor y estaré a salvo.

El problema aparece cuando el personaje termina apropiándose de nuestra vida. Dejamos de usar una determinada forma de ser y pasamos a creer que somos únicamente eso. Por ello, conviene observar cómo la percepción que cada eneatipo —y cada subtipo— tiene de sí mismo suele estar bastante desajustada.

Hagamos un repaso a la autoimagen construida desde el ego.

2. La autoimagen de los nueve eneatipos

TRÍADA EMOCIONAL

ENEATIPO 2: Soy GENEROSO

Autoimagen: «Soy una persona atenta e imprescindible».

A nada que estén medianamente neuróticos, los E2 se percibirán como personas que hacen mucho bien a los demás. Se ven afectuosos, vitales, generosos y preocupados por el bienestar ajeno. Muchas veces están convencidos de que, a pesar de su gran labor humanitaria, no esperan nada a cambio.

Aunque es cierto que suelen ser amables y serviciales, su orgullo les impide reconocer con claridad sus propias necesidades. Presentan su hambre de amor como abundancia:

«Yo no necesito nada; soy quien da».

Sin embargo, este dar puede esconder una tendencia a la seducción y la manipulación. A su vez, puede resultar, muy a su pesar, muy invasivo. Secretamente esperan ser elegidos, adorados o tratados de una manera especial. Necesitan sentirse indispensables y ocupar un lugar privilegiado en el corazón de los demás.

No aman únicamente al otro. También pueden enamorarse de la imagen que el otro les devuelve: gran amante, gran madre, compañero incomparable o persona dotada de sentimientos extraordinarios. Para sostener esta autoimagen necesitan ocultar su dependencia, su envidia, su hostilidad, su vacío y su miedo al abandono.

Aquí encontramos el germen de la neurosis del E2 y la razón por la que les cuesta tanto reconocer su propio orgullo.

Plan antiautoimagen

Dejar de hacer tablas inconscientes de Excel y comprender que la vida no es un lugar donde ir dejando facturas para que algún día sean pagadas. Necesitan aprender a reconocer sus necesidades, pedir directamente y dar sin convertir el amor en una contabilidad secreta.

ENEATIPO 3: Soy EFICAZ

Autoimagen: «Soy una persona logradora y valiosa».

Los E3 se perciben como personas que saben lo que quieren y conocen los pasos necesarios para conseguirlo. En su autoimagen dan por hecho que ser eficaces es la única opción posible.

Son especialistas en fabricar una imagen. Observan aquello que el entorno premia y se transforman en ello. Pueden mostrarse competentes, atractivos, exitosos, seguros, agradables o socialmente impecables.

En lugar de preguntarse «¿quién soy?», se preguntan:

«¿Qué funciona?».

«¿Qué esperan de mí?».

«¿Qué necesito representar para ser valorado?».

Su tendencia al éxito nace de la necesidad de reconocimiento. Por eso, convierten la vida en una sucesión de metas, certificados y logros. Si para mantener esa imagen necesitan desconectarse de sus emociones —a pesar de ser un eneatipo potencialmente emocional—, lo harán.

Cuando viven sus vínculos desde una profunda sensación de traición, pueden desarrollar una dureza excesiva. No terminan de fiarse del otro y su vida se vuelve fría, controlada y aparentemente invulnerable.

El problema llega cuando la representación se resquebraja y aparece la pregunta que permanecía oculta:

«Si no soy mi trabajo, mis logros, mi apariencia o mis papeles, ¿quién soy?».

Plan antiautoimagen

Abandonar su tendencia camaleónica y poner el foco en ser transparentes, mostrando su propia emoción. Necesitan descubrir qué desean realmente y aprender a actuar sin convertir cada movimiento en una estrategia para obtener reconocimiento.

ENEATIPO 4: Soy  ESPECIAL

Autoimagen: «Soy una persona única, pero hay algo roto en mí».

Los E4 dan por hecho que quien no vive las emociones como ellos es poco menos que una ameba. Se perciben como personas especiales, profundas y complejas. Desean ser vistas, pero, cuando alguien realmente las ve, pueden comenzar a sospechar.

Hacen apología de su propia complejidad y se presentan como seres únicos, dotados de una intuición fuera de este mundo. Se sienten incomprendidos y creen que pocas personas pueden acceder a su verdadera profundidad. Al mismo tiempo, viven sumidos en la carencia. Se perciben como personas rotas, inadecuadas o indignas de amor. No viven esa falta como algo pasajero, sino como parte esencial de su identidad.

Mira lo que le falta, se compara y concluye que los demás poseen alguna cualidad esencial que a él le ha sido negada. Detrás de esta autoimagen denigrada también existe una fantasía grandiosa: ser alguien especialmente sensible, complejo o destinado a ser descubierto por un amor excepcional.

Se sienten inferiores y, a la vez, secretamente distintos. Si, además, tienen muy activada su conexión con el E1, pueden volverse extremadamente exigentes con el mundo y consigo mismos.

Plan antiautoimagen

Comprender que sentir mucho no siempre significa sentir con mayor profundidad. Tanta emoción puede convertir la vida en un drama. Aunque solo sea durante un rato, necesitan comprobar que la vida también puede ser más sencilla y que su herida no tiene por qué convertirse en su identidad.

TRÍADA MENTAL

ENEATIPO 5: Soy INDEPENDIENTE

Autoimagen: «Soy una persona autosuficiente y sabia».

Los E5 se perciben como personas que saben mucho y creen que el conocimiento es poder. Aspiran a no necesitar, no depender y no quedar atrapados por las demandas ajenas. Están convencidos de que la mayoría de la gente les sobra y, a no ser que hayan realizado un trabajo personal claro, no suelen querer saber demasiado de los demás. Para un rato y según quién, bien; pero solo para un rato.

Se ven como personas capaces de controlar sus emociones y consideran que esto es algo bueno. Se creen especialmente sensatos. Y es cierto que suelen ser buenos observadores, analíticos y capaces de comprender cuestiones complejas. El problema aparece cuando llevan estas cualidades al extremo. Entonces buscan demasiada independencia y ponen una enorme distancia entre su mundo y el de los demás.

Debajo de su imagen de autonomía puede existir otra percepción más dolorosa: sentirse frágiles, inadecuados, vacíos, faltos de energía e incapaces de responder a todo lo que el mundo exige.

Por eso, reducen sus deseos y necesidades:

«Si necesito muy poco, nadie podrá privarme de nada».

Esta percepción retroalimenta su neurosis y los condena a su mecanismo de defensa del aislamiento.

Plan antiautoimagen

Aprender ciertas habilidades sociales y sacar su cabecita al mundo para compartir parte de lo que saben. No se trata solo de observar la vida, sino de participar en ella, implicarse y comprobar que relacionarse no tiene por qué dejarlos vacíos.

ENEATIPO 6: Soy PREVISOR.

Autoimagen: «Soy una persona responsable y leal».

Los E6 se perciben con mucha ambivalencia. A veces se creen personas muy seguras; pero, en determinadas situaciones, se cagan de miedo.

Se preparan mucho antes de salir al mundo. Sin embargo, tarde o temprano sienten que esa preparación no es suficiente y entran en ansiedad. Suelen ser perseverantes y constantes, y harán lo que sea necesario para sentir que pertenecen a la manada.

Su habitual pesimismo y su tendencia a imaginar escenarios catastróficos no los ven como un problema. Al contrario: se consideran personas responsables y previsoras.

Su autoimagen se construye dentro de una especie de tribunal interior. En el fondo sospechan que pueden estar equivocados, ser culpables o no tener un criterio suficientemente fiable. Por eso, buscan una autoridad, una norma o una garantía externa que les confirme que están haciendo lo correcto.

Según el subtipo, pueden mostrarse prudentes e inofensivos, responsables y cumplidores o fuertes e intimidantes, como si no sintieran miedo. Son imágenes diferentes construidas sobre una misma dificultad para confiar en sí mismos.

Aunque dudan mucho, pueden percibirse como personas muy leales. Y sí, pueden serlo. Pero, cuando todo se complica y el miedo toma el mando, en favor de la seguridad pueden terminar comportándose como Judas.

Plan antiautoimagen

Dejar de querer tenerlo todo bajo control y desarrollar un criterio interno en el que puedan apoyarse. También necesitan confiar en que la vida, aunque solo sea algunas veces, puede sorprendernos con cosas bonitas.

ENEATIPO 7: Soy OPTIMISTA.

Autoimagen: «Soy una persona positiva y libre».

En un estado de neurosis medio, los E7 se perciben como personas que saben vivir la vida. Se ven ingeniosos, positivos, interesantes y capaces de encontrar una salida para cualquier situación.

No suelen tener en cuenta su tendencia a evitar el dolor y los conflictos. Consideran que su alegría es una de sus mayores virtudes. Cuando esa alegría es moderada y está conectada con un entusiasmo sano, les viene muy bien, como a todos. Pero corre el riesgo de descontrolarse y convertirse en euforia. Cuando esto sucede, continúan viéndose como personas altamente positivas y optimistas, sin darse cuenta de que se han volado y han perdido el contacto con sus raíces.

La racionalización les permite convertir la búsqueda de ventajas en idealismo, la autoindulgencia en libertad y la dificultad para comprometerse en amplitud de horizontes.

Se creen merecedores de lo mejor y van de flor en flor buscando disfrute. Suelen sacar pecho de su vitalidad, de su astucia y de su capacidad para convencer, seducir o salir bien parados. Es una percepción complicada porque mucha gente encumbra precisamente las bases de su neurosis. Por eso, cuando nuestros golosos consiguen moderarse un poco, tienen bastante mérito.

Plan antiautoimagen

Enfrentarse a la parte dolorosa de la vida y poner el foco en el compromiso. Necesitan permanecer en el presente cuando la realidad no es agradable, en lugar de escapar hacia nuevas posibilidades, planes o fantasías.

TRÍADA DE LA ACCIÓN

ENEATIPO 8: Soy PODEROSO.

Autoimagen: «Soy una persona fuerte y segura».

Los E8 se perciben como personas honestas, independientes y que van de cara. Se ven como gente realista que llama a las cosas por su nombre, frente a un mundo que consideran hipócrita, débil o cobarde.

El “detalle” de no ver demasiado al otro no lo consideran un problema, porque tampoco encuentran algo tan interesante que mirar. Su amor admirativo suele ser limitado y pueden creer que su verdad es lo único verdaderamente importante. Lejos de reconocer su egoísmo o individualismo, suelen verse como personas protectoras. Defienden a los suyos, combaten aquello que consideran injusto y se atribuyen el derecho de decidir qué debe hacerse. Sin embargo, esta protección puede esconder posesividad y dominio.

Son personas realmente determinadas y autónomas. Su fortaleza suele ser también física, lo que puede desconectarlas todavía más de su vulnerabilidad. Siempre quieren más y si no se controlan este más se apodera de su día a día. Puede ser más poder en el trabajo o más cosas en su poder. Si sospechan que alguien les quiere humillar, sacarán las garras de inmediato.  Para ellas, ser fuertes no es únicamente una cualidad, sino también una prohibición. No se permiten sentirse débiles, dependientes, tristes, culpables o necesitadas.

Conocen bien sus necesidades y se sienten muy seguras a la hora de satisfacerlas. El «único» problema es que pueden dejar más de un cadáver por el camino. En el fondo, la invulnerabilidad es la armadura de quien ha dejado de esperar recibir amor y ha decidido que solo tendrá aquello que sea capaz de tomar.

Plan antiautoimagen

Conectar con la sensibilidad de su propio niño interior. Necesitan comprobar que escuchar al otro y mostrar vulnerabilidad no implica necesariamente perder fuerza ni quedar sometidos.

ENEATIPO 9: Soy TRANQUILO

Autoimagen: «Soy una persona pacífica y sin problemas».

Los E9 se perciben como gente buena. Y este suele ser, precisamente, uno de sus problemas: nuestros bonachones, de tan buenos, pueden acabar en tontos. La bondad infinita puede convertirse en un problema, aunque ellos no lo vean. Además, como casi todo el mundo los considera buenas personas, el entorno también desea que continúen así. Por eso, su cambio suele resultar especialmente complicado.

En plena neurosis, interpretan su capacidad para fusionarse con los demás como algo positivo. Sin embargo, el peaje es caro: evitan el conflicto, anulan su propio deseo y dejan de atender sus necesidades.

Su autoimagen es difusa. Se ven como personas sencillas, pacientes, adaptables, útiles y sin grandes complicaciones. Su identidad se apoya en la pertenencia, las costumbres, el trabajo y las necesidades de quienes los rodean:

«Soy aquello que hace falta que sea».

Su voluntad, su ambición y el conflicto se viven como amenazas para el vínculo. En el fondo, opera la convicción de que ellos no son tan importantes y de que sus deseos pueden esperar. Su tendencia a conformarse con todo puede volverlos excesivamente comodones. Buscan no importunar y pueden ofrecer una apariencia de madurez que, en realidad, nace de la falta de contacto consigo mismos.

Plan antiautoimagen

Dejar de narcotizarse y abandonar su habitual hacer robotizado. Necesitan descubrir qué quieren, ocupar su propio lugar y comprender que entrar en conflicto no significa necesariamente romper el vínculo.

ENEATIPO 1: Soy ÍNTEGRO.

Autoimagen: «Soy una persona correcta y justa».

Los E1 se perciben como personas coherentes, comprometidas y buenas. Adoran su propia rectitud y creen que solo ellos son suficientemente responsables. Así, sin darse cuenta, pueden terminar embargados por una superioridad moralista.

No suelen reconocerse como personas iracundas. Su agresividad se transforma en corrección, exigencia, crítica y preocupación por mejorar las cosas. Lejos de ver su rigidez habitual, consideran que su disciplina, orden y contundencia son valores dignos de imitación. Creen poseer un don especial para percibir cuáles son los valores adecuados y dan por hecho que esos valores son los únicos válidos. Desde ahí, necesitan tener razón y desean que el mundo sea cada día un lugar más perfecto.

Su premisa secreta es:

«No merezco amor si no soy perfecto».

Algunos se identifican con su imagen idealizada y se sienten superiores por su excelencia. Otros se identifican con una imagen denigrada y nunca creen haber hecho lo suficiente.

No se dan cuenta de que esta percepción los aleja de una emocionalidad auténtica y de cualquier atisbo de espontaneidad. Su tragedia consiste en que, buscando ser buenos, pueden terminar siendo poco amorosos.

Plan antiautoimagen

Poner el foco en volverse más tolerantes. Necesitan aceptar lo que existe, aunque no coincida con lo que debería existir, y abrir espacio para la emoción, el descanso, el placer y la espontaneidad.

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3. Más allá de la autoimagen

Ir más allá de la autoimagen no consiste en sustituir una imagen negativa por otra más positiva.

Se trata de dejar de vivir pendientes de demostrar que somos generosos, eficaces, especiales, sabios, responsables, optimistas, fuertes, buenos o correctos.

La autoimagen siempre contiene una parte de verdad. El problema no está en que el E1 pueda ser responsable, el E2 generoso o el E8 fuerte. El problema aparece cuando necesitamos ser eso para sentir que merecemos amor, reconocimiento o seguridad.

Entonces la virtud deja de ser libre y se convierte en una obligación del personaje.

Para desmontar esta construcción necesitamos observarnos sin indulgencia, pero también sin fustigarnos

Escuchar el cuerpo, atender nuestras contradicciones y permitir que los demás nos devuelvan una imagen diferente de la que hemos construido.

Contarnos verdad implica reconocer nuestras cualidades; pero, también, observar para qué las utilizamos.

Quizá no se trate tanto de construir una autoimagen mejor como de dejar de defender constantemente la que ya tenemos. Cuando el personaje pierde fuerza, podemos comenzar a descubrir quiénes somos más allá de aquello que aprendimos a representar.

Autores: Agnieszka y Lorenzo (Haiki)

«Creamos una máscara que interponemos entre nosotros y el mundo y con esta máscara nos identificamos».

Claudio Naranjo

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