Haiki
  • EL CENTRO DE NOSOTROS MISMOS.

    Por Agnieszka Stepien y Lorenzo Barnó Fue Copérnico el que puso patas arriba la sociedad de su tiempo, contándoles que ya no eran el centro del universo; más tarde vendría Darwin demostrando que ni siquiera éramos unos seres especiales creados a imagen y semejanza de lo divino, simplemente éramos unos animales que veníamos de algo parecido a un mono y éste, a su vez, de algo similar a una ardilla y así sucesivamente. Por último, y ya en el siglo pasado, Freud se percató de que nuestro consciente no era más que una parte de nuestro yo, que había otra parte, seguramente, mucho más potente que se llamaba inconsciente.

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