Haiki
  • EL TIEMPO DEL SILENCIO.

    Queremos cambiar; bueno, queremos que las cosas cambien. Nos imaginamos un futuro próspero en el que nosotros somos los protagonistas de nuestra vida; nos soñamos comandando nuestra vida. Podemos hacer todo esto y mucho más, pero si seguimos metidos en la misma rueda de siempre, en realidad, nada cambiará. Por mucho que nos cuenten que  nuestros sueños son nuestra realidad, los sueños seguirán siendo sueños, mientras seguimos nuestro ritmo frenético del día a día.   Sólo desde la calma se puede soñar con un futuro diferente. Si no nos paramos a sentir lo que nos ocurre, seguiremos en piloto automático haciendo sin parar. Haciendo lo que sea, generalmente, mucho y, desde ahí, sin tiempo para conectar o reconectar. Si no hay conexión con la verdad profunda de lo que somos, todo será un brindis al sol. Encontrarnos con la nada que está detrás de todo este bullicio no es tarea sencilla; de hecho, llegar a no hacer nada, en realidad no es no hacer nada, es hacer nada. En esa nada, puede estar un maravilloso mundo escondido. La nada y el todo, según se mire, no están lejos como pudiera parecer. Además, sólo saboreando esa nada nos encontraremos con el

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