En algún momento nos preguntamos cuál es nuestro propósito y cómo poner nuestros dones en juego. Quizás la respuesta no esté fuera, sino en aprender a distinguir nuestros deseos profundos de las necesidades del ego.
El eneagrama no revela nuestro propósito, pero puede ayudarnos a despejar el camino y a conectar lo que somos con lo que el mundo necesita.
Comprender los tres instintos del eneagrama nos ayudará en esta búsqueda. Así podremos hacer lo que deseamos, lograr que sea realmente útil y cuadrar las cuentas con tranquilidad.
…
El propósito no se encuentra:
se despeja y se construye
1. Quitar ruido para escuchar la llamada
¿Puede el eneagrama ayudarnos a identificar nuestro propósito en la vida?
En realidad, el eneagrama no nos dice cuál es nuestro propósito ni asigna una misión concreta a cada eneatipo. Nos ayuda a ver las capas del ego que nos impiden escucharnos. Cuanto más fijados estamos a nuestro carácter, más difícil resulta distinguir entre un deseo profundo y una necesidad neurótica.
El primer paso consiste en conocernos: reconocer qué nos mueve, cuáles son nuestras fortalezas y qué limitaciones necesitamos aceptar o trabajar. Son preguntas que también aparecen al definir nuestro objetivo profesional: ¿quién soy?, ¿qué se me da bien? y ¿dónde siento que puedo encajar?
El propósito comienza a despejarse cuando dejamos de preguntarnos únicamente qué queremos conseguir y empezamos a escuchar qué quiere expresarse a través de nosotros.
2. Tres instintos para bajar el propósito a tierra
Para que un propósito pueda sostenerse necesita integrar los tres instintos del eneagrama.
El instinto de conservación nos recuerda que necesitamos una base material suficientemente estable. Gurdjieff insistía en la importancia de tener esta parte bien asentada. Por mucho que algo nos ilusione, si no podemos sostenerlo económicamente, tarde o temprano se tambaleará. Poner el foco en cuadrar cuentas será imprescindible para no montar un castillo de naipes.
El instinto sexual nos conecta con el deseo, la energía y aquello que sentimos que tenemos que ofrecer. Nos invita a reconocer nuestros dones y a encontrar nuestra forma particular de ponerlos en juego. No basta con tener un talento: necesitamos desarrollarlo con dedicación.
El instinto social amplía la mirada. Nos conecta con las demás personas y con las necesidades reales del mundo. Podemos crear algo maravilloso, pero, si no ayuda a nadie ni responde a ninguna necesidad, difícilmente encontrará su lugar. Encontrar el problema que resolvemos al mundo es parte de este trabajo personal.
La pregunta sería: ¿qué necesita el mundo y qué podemos aportar desde lo que verdaderamente somos?
3. Cuando el don se convierte en servicio
Sergio Fernández sitúa el servicio en el centro de esta reflexión: «El propósito no se entiende para con uno mismo, sino para los demás». Para él, encontrarlo implica reconocer el talento, desarrollarlo y ponerlo al servicio de algo más grande que nosotros. La posibilidad de vivir de ello sería una consecuencia, no el punto de partida.
Desde la mirada del eneagrama, este camino también requiere aprender a distinguir nuestros verdaderos dones de las falsas virtudes del ego.
Quizás el propósito no sea una respuesta definitiva que encontramos de una vez para siempre. Tal vez se va revelando cuando alineamos lo que somos, lo que deseamos hacer, lo que podemos sostener y lo que la vida necesita de nosotros.
«Quien tiene un “para qué” puede encontrar casi siempre el “cómo”».
Viktor Frankl
Autores: Agnieszka y Lorenzo (Haiki)
…
SESIONES de ACOMPAÑAMIENTO INDIVIDUAL
.
También te gustará:
Las FALSAS VIRTUDES de los eneatipos del eneagrama
Las FALSAS VIRTUDES de los eneatipos del eneagrama
.
…

…
