Claudio Naranjo relaciona los tres venenos del budismo —deseo, aversión e ignorancia— con el eneagrama.
El deseo, entendido como apego neurótico, se vincula al vértice derecho y a los tipos emocionales. La aversión, como rechazo o agresividad, se sitúa en el vértice izquierdo. La ignorancia, raíz profunda del sufrimiento y del olvido de sí, ocupa el vértice superior.
Desde ahí, Naranjo propone leer los nueve eneatipos como combinaciones de estos venenos: E2 deseo-deseo, E6 aversión-aversión, E9 ignorancia-ignorancia, etc.
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Os dejamos con un resumen del texto que Claudio Naranjo comparte en su libro Dramatis Personae
Las patologías relacionales o los eneatipos a la luz de los tres venenos del budismo
1 Los tres venenos del budismo
Claudio Naranjo parte de una idea central del budismo: los tres venenos son las fuerzas que mantienen en movimiento el samsara, la rueda de la vida condicionada.
En su representación iconográfica aparecen tres animales: la serpiente, el gallo y el cerdo.
1.1. Deseo
La serpiente simboliza el deseo, pero no un deseo sano o instintivo, sino un hiperdeseo neurótico, cercano al apego o a la sed de posesión.
Este deseo se relaciona con tanhā, término sánscrito que puede traducirse como apego, ansia o sed.
1.2. Aversión
El gallo representa la agresión o aversión.
Cuando deseamos algo, también surge rechazo hacia aquello que nos lo impide.
Por eso deseo y aversión están profundamente vinculados: quiero algo y rechazo todo lo que amenaza ese querer. Sin embargo, Claudio Naranjo distingue entre una aversión neurótica y una energía instintiva sana. No toda agresividad es patológica; también puede existir una fuerza vital legítima, ligada a la defensa, al límite o a la vida animal.
1.3. Ignorancia
El cerdo representa la ignorancia, considerada por el budismo como la raíz más profunda del sufrimiento.
No se trata de simple falta de información, sino de ceguera espiritual, inconsciencia y desconocimiento de la propia naturaleza pasional.
Aunque en Occidente se suele decir que el budismo atribuye el sufrimiento al deseo, Claudio Naranjo matiza que la verdadera raíz es la ignorancia: sufrimos porque no vemos claramente cómo funciona nuestra mente.

2 Los tres venenos y el eneagrama
Una base ternaria
Claudio Naranjo observa que los tres venenos no actúan de manera aislada. Se persiguen, se transforman unos en otros y se alimentan mutuamente.
El deseo puede generar aversión; la aversión puede reforzar la ignorancia; y la ignorancia puede alimentar nuevos deseos y rechazos.
A partir de esta dinámica, plantea una hipótesis: quizá los caracteres del eneagrama puedan explicarse desde esta base ternaria, igual que los subtipos se entienden como combinaciones de distintos centros o predominancias.
2.1 Deseo en el vértice derecho
El deseo se sitúa en el vértice derecho del eneagrama, asociado a los tipos emocionales. Estos eneatipos viven con especial intensidad el deseo de vínculo, reconocimiento, amor o valoración.
Sufren especialmente por el apego en sus relaciones, porque su identidad se organiza en gran medida a través de la mirada y la respuesta de los demás.
En este grupo, el deseo no es solo una inclinación afectiva, sino una forma de dependencia emocional.
2.2. Aversión
La aversión se ubica en el vértice izquierdo, relacionado con caracteres más distantes, rebeldes o menos adaptados a la necesidad de gustar.
La agresividad no siempre aparece como violencia visible; también puede expresarse como frialdad, oposición, retirada o rechazo.
2.3 La ignorancia
La ignorancia, por su parte, se sitúa en el vértice superior, donde predominan formas de desconexión de la vida interior, dificultad para el insight y olvido de sí.
3 Los nueve eneatipos como combinaciones
3.1. El grupo del deseo
En el ángulo derecho, donde predomina el deseo, el E2 aparece como deseo-deseo, pues expresa con claridad la búsqueda de vínculo, amor y reconocimiento.
El E4 sería deseo-aversión, ya que dentro de su mundo emocional hay una fuerte carga de rechazo, dolor y agresividad.
El E3 sería deseo-ignorancia, porque su autoengaño y su construcción de una falsa identidad revelan una profunda inconsciencia de sí.
3.2. El grupo de la aversión
En el ángulo izquierdo, el E5 sería aversión-ignorancia, ya que tiende a retirarse, desconectarse y tener poco contacto expresivo con su propia vida interna.
El E6 representa la fórmula aversión-aversión. Su agresividad puede manifestarse hacia fuera o volverse contra sí mismo en forma de autoantagonismo.
El E7 sería aversión-deseo, por su gula, su búsqueda constante de estímulos y su huida del dolor.
3.3. El grupo de la ignorancia
En el vértice superior, el E8 sería ignorancia-deseo, porque la lujuria expresa una intensificación del deseo desde una escasa mirada interior.
El E9 sería ignorancia-ignorancia: el tipo que encarna con más claridad el olvido de sí, la desconexión interna y el desvío de la atención hacia lo ajeno
Finalmente, el E1 sería ignorancia-aversión, pues la ira, aunque no siempre visible, implica rechazo hacia el otro o hacia la propia experiencia.
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El presente texto es un resumen del texto que Claudio Naranjo comparte en su libro Dramatis Personae
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Observaciones al texto:
1_La atribución de los animales
En la iconografía budista más habitual, suele decirse:
gallo: deseo, apego, codicia
serpiente: odio, aversión, agresión
cerdo: ignorancia, confusión
En tu texto aparece, siguiendo a Naranjo, la serpiente como deseo y el gallo como aversión.

2_Tanhā no es sánscrito
Tanhā es pali. El equivalente sánscrito sería tṛṣṇā.
“Este deseo se relaciona con tanhā, término pali que puede traducirse como sed, ansia o apego.”
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