Nuestros perezosos de sí mismos tienen la habilidad de, a pesar de ser normalmente muy grandores, pasar desapercibidos. Según el clown esencial Alain Vigneau: «son personas que están desconectadas de la vida». Son los masoquistas por excelencia y, a diferencia del 2 que puede con todo, el 9 soporta todo. Son los reyes del olvido de sí mismos.
Esta manera de desconectarse de sus necesidades y perderse en el otro o en los otros, tiene tres variantes en función del instinto. Aunque el contranúmero es el social, tampoco es que sea exactamente un subtipo demasiado contrapasional. Eso sí, son los únicos que tienen ganas de pertenecer al grupo; de hecho, son bastante participativos y ponen muchas ganas en caer bien.
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Los subtipos del nueve, como ocurre en sus vecinos los ochos, no se diferencian tanto entre sí como en otros eneatipos. Podríamos decir que aquí no nos encontramos el contranúmero de manera clara. Generalmente, se habla del nueve social como contrapasión por eso de ser más activo que el resto y además tener ciertas ganas de aparecer en el mundo.
A su vez, el nueve sexual y el conservación tienen la pasión por no ser vistos muy desarrollada. De hecho, esta tendencia pasar desapercibidos es algo que tienen entrenado desde la misma infancia. Estos dos nueves, sin dejar de ser bonachones como los sociales, son más tímidos y suaves. La bondad andante será el nueve social. Un corazón con patas que de tan presente que tienen el amor compasivo o maternal se pasa de frenada y se pierde en el otro. El nueve conservación es más concreto, mientras que los otros dos nueves son más soñadores. Los sexuales normalmente suelen ser presa de la ensoñación del amor romántico. Tanto el nueve social como el nueve sexual son personas excesivamente generosas, mientras que el nueve conservación va más a su bola. De hecho, es el único subtipo del nueve que se permite, en un momento dado, entrar en el conflicto.
Con todo ello, el nueve, más allá del subtipo, está muy desconectado de su necesidad. Claudio Naranjo contaba que si los tres subtipos están ante un vaso de agua el nueve social pensará que habrá alguien que lo necesita y lo irá ofreciendo al grupo si pararse a ver si lo necesita él; el sexual dará por hecho que no lo necesita nadie ¿Qué es eso de tener sed?!! y el conservación, aunque note algo de sed, pensará que todavía puede aguantar más tiempo sin beber, así que dejará el traguito para más adelante.
Mientras tanto, lo más probable que aparezca un ocho y se lo beba.
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El nueve social trasforma la pasión de la pereza en la pasión por la pertenencia. Necesita sentirse parte de algo más grande y, por ello, se convierte en el más bonachón de los bonachones.
Son personas bastante parlanchines, aunque no llegan a la pesadez de los sietes. También, son los que aparentemente son más felicianos de los tres subtipos. De hecho, junto a los sietes y los doses, este subtipo podría estar en este combo optimista y que siempre va con una sonrisa por la vida.
En palabras del terapeuta Antonio Pacheco: «No tienen vida propia, subordinan sus necesidades a la del grupo. En el fondo se sienten poco importantes como individuos, por eso se convierten en dadores haciendo lo indecible para conseguir reconocimiento y valoración. Aparentemente se nutren en los grupos pero su vida es insatisfactoria.
A diferencia de sus compañeros de subtipos al nueve social se le ve un poquito. Se le ven en las ganas de ser útil y de participar. De hecho, de partida, por momentos podría recordar a un eneatipo siete social.
Valora la amistad y suele tener una presencia en lo social desde la participación.
En palabras del psicoterapeuta Jordi Pons: «Pueden sentir que si no forman parte de un grupo les falta su identidad. Se funden con el grupo, con las metas, ideales del grupo y tomar esta misión del grupo y entonces su identidad pasa a ser este propósito o misión del grupo. Para ellos es muy importante estar «a buenas» con los integrantes del grupo. Les cuesta decir no o confrontar con alguien del grupo. Su peor pesadilla es que le den la espalda en el grupo.»
Con ello, no tomará las riendas de un grupo, pero intentará aportar con sus intervenciones.
Eso sí, a pasar de su esfuerzo, su tendencia a no ser visto, le hará estar en una frustración constante.
Le pasa un poco como al tres conservación que quiere ser visto, pero sin que se le note que hace esfuerzos para ello. Nuestros nueve sociales, igualmente, quieren pertenecer, pero se empañan en no ser vistos. Si en el grupo hay conflicto, su tendencia será a la evitación. Como apunta la terapeuta Miriam Ortiz de Zárate: «Me costaba mucho abordar situaciones de conflicto. De hecho, me costaba verlas. Podía tener personas a mi alrededor que me hacían daño, que me agredían, y yo tenía una enorme capacidad de aguante, no me daba cuenta, actuaba como un puching ball, y me dejaba recibir los golpes sin hacer acuse de recibo. Ahora, percibo claramente las agresiones; sé cuándo algo me hace daño o me duele. Esto me ha pasado especialmente con mi pareja: ha sido duro aceptar sus mecanismos de venganza (y los míos). Poner mis límites, defenderme, abordar conversaciones difíciles, son cosas que antes no sabía hacer y que ahora hago mucho mejor. (…) Siempre he tenido que hacer algo extra para sentirme con derecho a estar en los grupos y nunca me he visto totalmente integrada: era un anhelo que no se satisfacía, una fantasía que no tenía correlación con la realidad. Por ejemplo, soy miembro fundador de un coro desde hace diez años y una de las cantantes más antiguas, soy la presidenta y tengo una relación especial con el director, con el cual somos buenos amigos desde hace veinte años. Sin embargo, constantemente me ataca la idea de que no pertenezco, de que no me he ganado suficientemente el derecho de estar ahí, que no canto tan bien como… Es totalmente irreal, una fantasía. Puedo verlo y me puedo reír, pero es un tipo de pensamiento recurrente, especialmente si estoy susceptible o si aparece cualquier dificultad.»*
Aun con todo, el nueve social tenderá a la prudencia y discreción y hará lo que sea porque el grupo esté cohesionado. Así, muchas veces, la tendencia habitual del nueve a la confluencia, se ve directamente en el grupo. Es como si pudiera hacer cualquier cosa para que el grupo esté bien (olvidándose, nuevamente, de él mismo). Necesita sentirse parte de algo, por ello la palabra clave para ellos es la participación o pertenencia. Han de ser uno más, aunque sea el último mono. Si es parte de la tribu para el nueve conserva será suficiente.
Cuando sale de su neurosis, curiosamente, puede pasar de no ser visto en el grupo a convertirse en un buen jefe. Un jefe con un mando generoso que sí ve al otro y pone mucho cuidado en su mandato.
En los conflictos sociales tienen el potencia de ser un gran mediador aunque ha de trabajar en esta línea para conseguirlo.
Tienen un problema claro de límites con su pareja. Transmutan su pasión innata por la pereza de sí mismo, por la pasión por la simbiosis. Es una adicción en la fusión con el otro. Aunque es tentador usar la palabra unión para el eneatipo nueve sexual, sería más preciso usar otras de corte más neurótico como simbiosis o fusión.
Siguiendo esta idea, Claudio Naranjo, comentaba que este subtipo podría recordar por momentos al eneatipo cuatro. Es como si, a diferencia de sus compis de subtipos, ellos sí sintieran que algo no va bien del todo; que, por lo menos en el amor, hay un margen de mejora claro y no quieren conformarse con lo que hay. Eso sí, a diferencia del cuatro, cuando siente que la cosa no va bien, se lo tragará e intentará no preocupar al otro con sus cosas. El otro siempre por delante de ellos. Para más inri, incluso después de haberse tragado su propio dolor, son capaces de no ser conscientes de él.
También, suele tener cierta confusión con quien lleva el peso de la pareja. Ellos como buenos nueves piensan que su pareja es quien está al frente de la relación; pero, en la mayoría de las ocasiones, la pareja se sustenta, mal que bien, por la entrega incondicional del nueve sexual. Y de aquí llegamos al poderoso tema del amor incondicional. Ciertamente, para que el amor incondicional real se dé, tiene que haber ciertos condicionantes y el nueve sexual se los salta. Por eso, para ellos es muy importante que haya cierto equilibrio en el dar y recibir. Decir no es todo un trabajito.
Aunque el nueve tiene su flecha bien directa al tres, en el caso del nueve sexual y el tres sexual se diferencian en el tema de la seducción. Los dos están pendientes del otro, pero el tres usa la seducción – manipulación y el nueve funciona desde la inocencia.
En cualquier caso, es quien lleva al extremos el concepto de confluencia que tan bien representa al nueve. Siguiendo esta idea, el terapeuta Antonio Pacheco apunta: «Es una persona que se satisface con la unión, se nutro sirviendo al otro para complacer sus deseos y necesidades. Busca la simbiosis, la fusión. Es como si metiera dentro de la piel del otro para ver el mundo a través de sus ojos, para servir y vivir a través de él».
Son muy de obedecer y de respetarse poco. Mantienen lealtades infantiles en edad bien adulta quedando al servicio de los otros. Cuando su amigo, padre o hermana necesita algo ¿A quién llamará? efectivamente !a nuestro resignado a nueve sexual que nunca les fallará!!
Como veíamos con el amor de algunos cuatros, tienen tendencia al amor romántico (ver aquí), con todo lo que ello implica de imposibilidad real de amar. Los nueve sexuales pueden tener un punto emotivo mayor que sus compañeros de tríada.
Es como si ellos desaparecieran. En vez de hablar en primera persona pasarán a hablar siempre en plural. El “nosotros” es su nueva identidad y pensarán siempre lo que es mejor para su pareja, y ellos quedarán en último lugar. Así se hacen invisibles para sí mismos y se ponen al servicio.
Todo este movimiento anti-narcisista, del que tanto pueden aprender los sietes o treses, a ellos les termina sentando fatal. Cuando se lleva al extremo el altruismo o ser excesivamente bueno, tampoco funciona.
Al final, viven en la confusión y en la identificación con el otro. Un otro que también puede ser objeto de proyecciones.
Son leales y celosos.
Con todo ello, pierde autonomía y conciencia de lo que es, realmente, importante para él.
Es como si ya de adultos, como le ocurre al nueve social con el grupo, siguieran buscando la fusión que tuvieron con mamá durante el primer año de su vida. El tema del contacto-retirada no lo tiene bien pillado; por ello, será estupendo que vayan practicando, en la medida de sus posibilidades, con pequeños distanciamientos de su pareja.
En realidad, se produce una renuncia del instinto sexual propio, en favor del de sus pareja.
Suelen llevar al extremo su incapacidad de sostenerse sobre sus propios pies y, en consecuencia, el otro pasa a ser todo para él.
Como dice, Juanita Richter, en los 27 personajes en busca del ser:
“(…) en España existe la mosquita muerta: nadie notaría a esa persona, se confunde con el diseño del papel de la pared. En inglés se dice que hay personas que son como las flores de la pared: se pierden en el entorno.
Tienen una necesidad de ser a través del otro. Se produce una especie de sustitución. Porque el nueve sexual no tiene su propio lugar en el mundo.”
Siguiendo con Richter, ahora en primera persona, “con los hombres he tenido menosprecios, no he recibido lo que querían dar, me he ido con actitud de sobrada y luego me he perdido.
Yo siempre me preguntaba por qué soy tan invisible para los hombres. Y me di cuenta que no los veo yo a ellos. En realidad no había estado sola sino que había hecho de pareja de mi hijo.Cuando entendí esto, me puse las pilas para liberarlo a él y para emparejarme yo.”*
Este subtipo tiene gula por comida, pero lo hace con cierta discreción. Se atiborran pero lo hacen en un rincón sin que les vea nadie. Aún así, no renuncia a la narcotización propia del nueve. Usan al otro para desaparecer y entrar en simbiosis. Necesitan la fusión con alguien para consumar sus eternas ansias de confluencia. Es una contradepencia muy loca. Hacen pensar a su pareja o persona cercana que ellos son imprescindibles pues sus cuidados son evidentes. Detrás de ello, está la necesidad neurótica de que el otro les necesite –aunque sea como «esclavos» o depositarios de mucha basura emocional-.
Este subtipo tiene que mirarse mucho su tendencia a confluir y dar pasos en la dirección del desapego. Así, como muchos cincos abandona la nave de golpe y porrazo sin dar explicaciones, el nueve sexual (como muchos cuatros) está en el extremos opuesto. Por ello, le toca revisar sus relaciones en la vida y ver a quien le está dando más lealtad de la que toca.
Tiene pasión por la comida y pone en ella todas sus esperanzas de satisfacción. Transforma la pasión por la pereza por la pasión por el apetito. Con sus voraces ganas de comer tapan su desconexión con la emoción de la ira o el deseo.
En palabras de la divulgadora eneagrámica Ana Ceres de SoyEneatipica: «Apetito no solo se refiere a comida y bebida, mi apetito es voraz por las redes sociales, series, entretenimiento en pantallas, puedo consumir horas y horas vacías de entretenimiento en pantallas y seguir queriendo más. Eso es apetito. Y me da un poco más igual lo que coma, como cualquier cosa siempre que me llene la barriga; eso sí, satisfacer esas necesidades básicas es necesario y si no, estoy muy mal.»
Suelen ser gente con problemas de obesidad y les puede gustar beber más de la cuenta. Pueden ser, en secreto, alcohólicos.
En este sentido, Antonio Pacheco comenta: «La pereza se manifiesta como apatía, negligencia, descuido y abandono de sí mismos. NO se ocupan de sus necesidades e intereses, incluso descuidan su salud y pueden llegar a enfermar por dejadez. Hay una gran voracidad de estímulos externos para mantenerse activos y distraídos, para evadirse y no mirar dentro de sí mismos. Viven como anestesiados«.
Es quien lleva más al extremo el tema de la invisibilización y son capaces de desaparecer de este mundo. Estar con la gente les saca de su zona de confort; así que, prefieren evitarla. Son muy tímidos y vergonzosos y, si pueden, se escaparán de cualquier aglomeración.
Aun con todo, sí tendrán presente a su seres cercanos, familia y amigos, pero el resto del planeta les puede sobrar.
En cualquier caso, a diferencia del ocho conservación, que era fiero a más o no poder, el nueve conservación es un bonachón. Una persona que se percibe como noble e inofensiva. Mientras tanto se relame en su narcotización y se revuelca en su «hacer robotizado«. Su vida es triste, gris y decadente.
Por todo ello, el nueve conservación se tiene que volver un poco más «egoista» y salirse esa obsesión por el apetito. Necesita poner color a su vida y conectar con el placer en sí mismo. La terapeuta Emilia Ligi reflexiona: » El proceso de apertura me ha hecho conocer e integrar los opuestos, lo masculino y lo femenino, y ha dado forma a mi materia. También le he dado permiso para existir a mi egoismo y a mi placer. Conocer el lado oscuro, aceptarlo, me ha convertido en un ser tridimensional y no en una pintura egipcia. En un trabajo chamánico sobre nuestro animal-guía, apareció una mosca que se posaba con insistencia en mi mano. La acepté como animal-guía. Pero ¿cómo aceptar a este ser atado, por la cultura, al mal, al diablo? Sencillamente, aceptando tener en mí aquel lado humano poco conocido e indeseado: al escuchar sus razones, he podido darle la libertad de actuar y he descubierto que no quería matar a nadie. Al contrario, es un sano egoismo que convierte mi vida en algo mejor y que coloca el sentido del altruismo en un lugar menos absoluto: un paso importante hacia el equilibrio interior. Mi barriga ha sido el contenedor de la expresión de mi espiritualidad; desde la niña interior he accedido a una espiritualidad que me ha permitido ver las cosas desde otro plano. Y, desde allí, he visto y comprendido cuál es mi materia y mi caos primordial, y cómo había llegado a quedarme allí parada, usando solo la parte del cerebro reptiliano. Si queremos ver la huella de nuestro pie, debemos quitarnos de encima».*
Con todo ello, les vendrá muy bien pararse a ver qué pasa con sus habituales adicciones. Qué esconden con sus atracones, qué esconden detrás de beber a escondidas… Necesitan dar pasitos hacia su parte más luminosa y ver cómo ir sacando sus cabecita al mundo. En este sentido, no olvidemos que el eneatipo nueve tiene un caminito directo al tres y muchas veces a este tipo de nueve le conviene mucho mirar con cariño al tres social.
*Extracto del libro 27 personajes en busca del ser de Claudio Naranjo.